domingo, 13 de enero de 2013

Pet Shop Boys - Actually (1987)



Hemos hablado en varias ocasiones ya de la música de Neil Tennant y Chris Lowe en su encarnación como dúo bajo el nombre de Pet Shop Boys pero casi siempre ha sido con el motivo del lanzamiento de sus nuevos discos. Queremos echar la mirada atrás unos cuantos años para hablar de los primeros trabajos del grupo inglés durante una serie de entradas que irán apareciendo por aquí intercaladas con otras de distinta temática en las próximas semanas. Lo lógico sería empezar por el principio pero hemos optado por comenzar por el segundo disco de la banda que fue el que supuso su confirmación y nos mostró que había mucho más que sólo buen pop detrás de ellos, con letras afiladas cuya actualidad, más de 25 años después de su publicación, nos llama mucho la atención.

“Actually” figura habitualmente en los puestos más altos de los rankings que se suelen elaborar con los mejores discos de su década y, ciertamente, merece ese reconocimiento ya que es un trabajo lleno de buenas canciones que supuso, además, la confirmación de sus autores como una de las bandas a seguir. El sonido del disco es un claro hijo de su tiempo con la producción de Stephen Hague, habitual de los grupos de Parlophone y abundante uso del popular sampler “Fairlight” (programado por Andy Richard) del que proceden buena parte de los timbres utilizados en el trabajo. Además de Richard, participan programando algunas secuencias y sonidos: Gary Maughan, Adrian Cook y Blue Weaver.
Cartel de la poco conocida película protagonizada por Pet Shop Boys


“One More Chance” – La canción procede de los primeros años del dúo en los que tenían una gran relación con el productor Bobby Orlando (Bobby O, de nombre artístico). Fue escrita en 1984 e inicialmente sólo Orlando y Neil Tennant aparecían acreditados como autores, a pesar de que Chris Lowe escribió varias partes de sintetizador en la versión que formó parte del disco por lo que en las últimas ediciones de “Actually” ese dato aparece convenientemente rectificado. En su momento, el tema iba a formar parte del disco de debut del dúo y llegó a aparecer como single en tiradas muy cortas en algunos países aunque no fue hasta 1987 que vio la luz de forma definitiva. El tema se abre con un redoble de tambor seguido de una sorprendente exhibición de “samples” y efectos electrónicos sobre la base de un persistente ritmo continuo. La estructura de la canción es extraña y no termina de ajustarse a los parámetros habituales del pop salvo en sus últimos instantes en los que todos los elementos parecen ponerse de acuerdo por fin para asociarse de un modo más convencional. Hemos escuchado muchos discos electrónicos con gran abundancia de samples pero siempre que escuchamos esta canción nos reafirmamos en la idea de que en ella se hace uno de los usos más inteligentes de esa tecnología que podemos recordar.



“What Have I Done to Deserve This?” – Una canción escrita en épocas distintas por autores diferentes. Neil empezó a construirla antes incluso de grabar “Please”, el primer disco de Pet Shop Boys pero en aquel momento no fue posible contar con Dusty Springfield para cantar en ella como estaba previsto por lo que la cosa se demoró. Parte de la letra está escrita por Alle Willis (quien escribió otros grandes éxitos como la popular “I’ll be There for You”, sintonía de la serie televisiva “Friends”) y el resto fue elaborado por Chris y Neil a partir del material anterior. La canción cuenta el arrepentimiento de una pareja tras romper su relación. En ella, la mujer tenía una posición superior y el hombre era su empleado, según indica el propio Tennant. A raíz de ello, muchos han querido ver alguna relación entre la canción y la película “¿Qué he hecho yo para merecer esto?” rodada en 1984 por Pedro Almodovar. Desde este punto de vista, la canción sería una especie de “spin-off” centrada en el personaje del marido de la protagonista, enamorado en realidad de una mujer para la que en una ocasión hizo de chofer. La participación de Dusty Springfield en la canción sirvió en cierto modo para relanzar su carrera y propició que los miembros de Pet Shop Boys escribiesen varias canciones para sus próximos discos. A pesar de ser uno de los mayores éxitos de la banda en su momento, nunca ha sido una de nuestras canciones favoritas.

“Shopping” – Una de las muestras más claras del punzante humor del dúo en una de sus letras más críticas y desgraciadamente actuales. Recapitulemos. Nos encontramos en 1986 en el Reino Unido, en los duros años del gobierno de Margaret Thatcher y su ultraliberalismo económico. En esos momentos, buena parte del sistema público británico estaba siendo desmantelado y privatizado vendiéndose al mejor postor (“We’re buying and selling your history”). Además se acababa de aprobar una ley que suponía de facto la desregularización de los mercados financieros conocida entonces como el Big Bang (“There’s a big bang in the city, we’re all in the make”). Tennant y Lowe escribieron esta mordaz crítica con abundantes referencias a la situación: “My gain is your loss: that’s the price we pay. I’ve heard it in the house of commons: everything’s for sale”. “Mi ganancia sale de tus bolsillos, ese es el precio a pagar. Lo he oído en la Cámara de los Comunes: todo está a la venta”. Toda una declaración de intenciones que hoy nos suena demasiado. Hay muchas otras perlas de este tipo y es que toda la letra hace referencia a esa situación (“It’s easy when you got all the information, inside help, no investigation”). “Shopping”, cuenta con la participación del miembro fundador de Art of Noise, J.J.Jeczalik en el Fairlight y nos parece una de las canciones más notables del disco a pesar de no haber aparecido como single.

“Rent” – Otro gran éxito con una letra intencionadamente ambigua. Aparentemente cuenta la historia de un “escort” masculino que alquila su compañía a mujeres pudientes aunque Tennant siempre ha sostenido que la canción está narrada desde un punto de vista femenino. La canción tiene la forma de una balada aunque el acelerado ritmo subyacente consigue crear un efecto muy curioso. Poco tiempo después, Tennant y Lowe hicieron otro arreglo de la canción para Liza Minelli en la que ésta sí que se presenta como una balada siendo el resultado radicalmente diferente. El humor de Pet Shop Boys suele aparecer en sus canciones en forma de frases contundentes y ésta no es una excepción. El estribillo “I love you, you pay my rent” es demoledor en sí mismo.




“Hit Music” – Canción habitualmente minusvalorada por su aparente trivialidad pero que, como suele ocurrir con el dúo, encierra un mensaje algo más profundo bajo su letra irrelevante a priori. Explica Neil Tennant que, de hecho, fue su primera canción con referencias al SIDA, enfermedad que comenzaba a ser trágicamente común en aquellos años (aunque el disco se editó en 1987, la canción data de unos años antes). Como afirma el experto en el dúo, Wayne Studer en su página web escuchando la canción hoy en día, este giro se nos antoja mucho más evidente que entonces. El tema se construye alrededor de una línea de bajo que recuerda inmediatamente al “Peter Gunn” de Henry Mancini, tema que pocos meses antes había sido revisado por Art of Noise en una versión que alcanzó gran popularidad y que seguramente estaba presente, siquiera a un nivel inconsciente, en la cabeza del dúo cuando grabaron el disco. A partir de esa base, Tennant y Lowe fabrican una canción que tenía todos los ingredientes para convertirse en un auténtico éxito y que, paradójicamente, pasó desapercibida.

“It Couldn’t Happen Here” – Al igual que ocurría en la anterior canción, el tema de ésta es el SIDA. En los primeros años de la enfermedad, su incidencia parecía centrarse en los Estados Unidos en donde avanzaba a gran velocidad mientras que en Gran Bretaña el impacto era menor. Cuenta Neil que un amigo suyo de la época solía decir que a causa de las diferencias en los comportamientos entre la comunidad homosexual de uno y otro país, la extensión de la plaga nunca sería tan amplia en las islas (de ahí el título: “No podría ocurrir aquí”). Cuando el cantante recibió la noticia de que su amigo había contraído el síndrome, comenzó a trabajar en la canción. La música surgió como un proyecto en el que el compositor italiano Ennio Morricone se iba a encargar de crear la banda sonora de una extraña película del dúo, que se iba a estrenar un año después, basada en el propio disco “Actually”. La idea de rodar un film surgió para compensar en cierta forma la ausencia de conciertos de la banda (en aquella época, Pet Shop Boys no daban conciertos, cosa que se les criticaba con fuerza). La banda sonora nunca llegó a terminarse pero Morricone envió una cinta con alguna cosa que había compuesto y dio permiso al dúo para hacer lo que creyeran conveniente con el material, así que adaptaron parte de las melodías entregadas con la ayuda de Angelo Badalamenti quien hizo todos los arreglos orquestales. Desde un punto de vista exclusivamente musical, nos parece una de las melodías más brillantes de la carrera de Pet Shop Boys que demostraba, además, que no se limitaban a hacer brillantes himnos pop con envoltorio electrónico sino que sabían desarrollar canciones en registros muy diferentes.

“It’s a Sin” – Probablemente el mayor éxito alcanzado por los Pet Shop Boys en todos los años que llevan publicando música. Lo más curioso es que, en palabras de Neil Tennant, escribió la canción en un cuarto de hora. El cantante fue educado en un colegio católico y la letra habla en tono de confesión de cómo todo lo que ha hecho en su vida puede considerarse pecado según afirmaban sus educadores “cuando echo la vista atrás es siempre con un sentimiento de vergüenza, todo lo que he hecho, sin importar cuándo, dónde o con quién tiene un denominador común: es pecado”. El grupo tuvo que soportar acusaciones de plagio por parte de un cantautor que afirmaba que la melodía era una copia de la estrofa del “Wild World” de Cat Stevens pero ganaron el caso en los tribunales. El parecido, que existe, nos parece muy anecdótico. Por otra parte, si hay una canción a la que siempre nos ha recordado el éxito del dúo es “I Will Survive” de Gloria Gaynor y quizá por ello, el dúo ha interpretado en muchas ocasiones en sus conciertos un “medley” de ambos temas. Musicalmente, “It’s a Sin” es una de las producciones más exuberantes del grupo con un sonido absolutamente “ochentero” (esos golpes de orquesta los delatan) pero se convirtió en un himno poderosísimo que cualquier oyente reconoce hoy tras unos pocos compases.

“I Want to Wake Up” – Una de las canciones más convencionales en cuanto a su temática de todo el disco puesto que habla de la clásica historia de amor no correspondido en la que el interés romántico del protagonista  está enamorado de otra persona. No es una canción desdeñable en modo alguno pero dentro del contexto de un disco tan brillante como “Actually”, es uno de los temas que pasan más inadvertidos y quizá eso sea intencionado para relajar un poco el nivel de atención del oyente conforme nos acercamos al final del disco.

“Heart” – Otro single que alcanzó el número uno de las listas británicas aunque en su origen, ni siquiera iba a ser cantado por el grupo ya que la canción fue escrita para Hazel Dean, cantante de efímero éxito en las pistas de baile. Se llegó a pensar en enviar la canción a Madonna pero finalmente no se atrevieron a hacerlo por lo que el dúo decidió grabarla e incluirla en el disco. Los samples vocales tan característicos del tema y que forman la base rítmica del mismo se construyeron a partir de la voz de Neil Tennant mezclada con la del tenor italiano Luciano Pavarotti y la de la cantante de Prefab Sprout, Wendy Smith. Realmente, “Heart” no deja de ser una buena canción pop pero sin la profundidad que sí tienen otras de las canciones presentes en el disco. Los propios miembros del grupo no terminan de explicarse su gran éxito ya que no es uno de los temas en los que tenían más esperanzas depositadas. Comenta al respecto Chris Lowe que “Heart” fue una demostración de cómo las listas de ventas no reflejan en modo alguno la calidad de una canción y creemos que es cierto ya que, de hecho, el single es uno de los cuatro únicos números uno que ha obtenido el grupo en el Reino Unido en su carrera cuando han escrito al menos 20 o 25 canciones mejores que esta. El videoclip, sin embargo, es impagable y si os lo preguntais, sí. el vampiro es Ian McKellen.


“King’s Cross” – El título de la canción hace referencia a la mayor estación ferroviaria de Londres y la letra admite muchas interpretaciones aunque sus autores hablan de ella como una reacción hacia el creciente desempleo en aquellos años. Otras versiones hablan de otra canción sobre el SIDA (la estación era un conocido núcleo de prostitución y un lugar habitual de citas entre homosexuales) y la más disparatada se refiere al texto como una referencia al incendio de la estación en el que fallecieron 31 personas en aquellos días, algo descartable ya que el disco estaba en las tiendas dos meses antes del suceso. Estamos ante una de esas grandes canciones que suelen pasar desapercibidas dentro de los discos del dúo y que con el paso de los años no hacen sino ganar posiciones en el repertorio de favoritos de los aficionados. La frase musical del estribillo se nos antoja como una de las melodías más inspiradas que nunca han aparecido en un disco de Pet Shop Boys y eso, definitivamente, es mucho decir.

Aunque llegaron un poco tarde al boom del tecno-pop (cuando apareció “Please”, su disco de debut, ya habían sido publicados prácticamente todos los discos que hoy se consideran clásicos en el género), Pet Shop Boys han sido prácticamente los únicos que han sobrevivido hasta nuestros días manteniendo una actividad regular y publicando discos con cierta frecuencia. Además, lo han hecho manteniendo un altísimo nivel de calidad para el que nos cuesta encontrar ejemplos a la altura. No creemos que esta entrada vaya a servir a estas alturas para descubrir a ningún oyente la existencia de esta banda pero sí vemos posible que muchos lectores que tengan abandonado este disco en sus estanterías hagan el ejercicio de desempolvarlo y darle una escucha. Estamos convencidos de que ésta será tan placentera como lo fueron las primeras. Si aún no poseéis el disco, es un buen momento para haceros con él. Os sugerimos un par de sitios para hacerlo:

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Nos despedimos con el medley de "It's a Sin / I Will Survive" interpretado en la gira Discovery en Rio de Janeiro:

jueves, 10 de enero de 2013

Oystein Sevag - Space for a Crowded World (2012)



Cuando recibimos el disco del que hoy vamos a hablar, apenas hace unas semanas, estábamos escribiendo una reseña sobre el disco de debut de Oystein Sevag y prometimos que pronto habría un hueco en el blog para este nuevo trabajo. Creemos que este es un buen momento para dedicarle unas líneas, una vez madurado lo suficiente.

Lo cierto es que con “Space for a Crowded World”, Sevag consigue sorprendernos una vez más. No era fácil predecir por dónde iba a salir en esta ocasión tras haber roto todos nuestros esquemas con su anterior “The Red Album” en el que mezclaba jazz, folk, electrónica e influencias de todo tipo en un “collage” sonoro realmente novedoso en el músico noruego. Sin embargo, esperábamos un lanzamiento en una línea similar, colaborando con distintos instrumentistas y profundizando en las ideas apuntadas entonces. Por el contrario, el teclista nórdico recula y vuelve a sus orígenes con un disco fundamentalmente electrónico y de corte ambiental. En los meses anteriores a la grabación, Sevag dio una serie de conciertos en solitario interpretando exclusivamente sintetizadores. Esa experiencia le inspiró para volver a sonidos y atmósferas más cercanas, por citar un ejemplo, a las de su disco “Visual”, firmado a dúo con el guitarrista Lakki Patey y que llevaba el revelador subtítulo de “an ambient experience”.

Al contrario que en sus últimos trabajos, el músico noruego apenas recurre a intérpretes adicionales. Así, todo lo que escuchamos en el disco procede de los sintetizadores de Sevag con intervenciones puntuales de la intérprete alemana de “theremin” Barbara Buchholz en dos de los cortes y de la vocalista noruega Benedicte Torget en otro.



“Landing” – Abre el disco una pieza que cualquier seguidor identificaría inmediatamente como obra del músico noruego. Un solemne fondo electrónico sobre el que se desarrolla una melodía de piano con un cierto carácter improvisado que perfectamente podría haber sido interpretada por la guitarra de Lakki Patey en el disco anteriormente citado. Todo el conjunto está teñido de una gran melancolía y sensibilidad y sirve para ponernos en situación ante lo que viene después.

“Urban Nocturne” – Continuando con las mismas premisas del corte inicial pero sustituyendo el sonido del piano por uno de los clásicos tonos sintetizados de Sevag, a modo de fantasmagórico instrumento de viento nos vamos adentrando en paisajes extraños en los que los sintetizadores del músico noruego resplandecen como una aurora boreal en la oscuridad de la noche.

“Gentle” – Conforme nos adentramos en el disco, vamos descubriendo piezas más interesantes. En la que nos ocupa, podemos escuchar una bonita línea de bajo como fondo que se ve adornada por los mismos timbres utilizados en el corte anterior y sonidos de piano que no terminan de concretarse en la melodía que parecen anunciar.

“Song from Another Place” – Continuando con la tónica general del disco, nos adentramos en uno de los temas más profundos, ya desde los primeros compases. Es entonces cuando nos sorprende la aparición del “theremin”, instrumento electrónico de timbre maravilloso cuando se interpreta bien y que suena como un gato histérico en la mayoría de las ocasiones en que un ejecutante atrevido se atreve con él sin la suficiente destreza. Ni que decir tiene que en este caso estamos ante un ejemplo del primer tipo en el que Barbara Buchholz cumple con nota su cometido.

“A Butterfly’s Dream” – Llegamos así a uno de los cortes que más nos recuerdan al Sevag de sus primeros discos, con ambientes puramente electrónicos y desarrollos melódicos no del todo definidos, siempre con sus timbres y sonidos inconfundibles. Tras una larga introducción ambiental se hace el silencio para que hable el piano y despida la pieza con un fragmento tremendamente simple y bello a partes iguales. La melodía final, de aire clásico, es uno de los mejores momentos de un trabajo ajeno a los sobresaltos.

“Time Shadows” – De un modo casi furtivo podemos apreciar algunos ramalazos jazzisticos infiltrándose en medio de tanto “ambient”. En este caso, son los sonidos electrónicos emulando a un contrabajo los que juegan en clave de jazz con el piano en una combinación que da mucho juego a pesar de la brevedad del corte.

“A Sparkling Point of View” – Superado el ecuador del disco encontramos esta preciosa pieza electrónica llena de elementos atractivos. Desde los sonidos de campanillas del inicio formando secuencias en el más puro estilo de Klaus Schulze hasta los modernos ritmos electrónicos de última generación que dominan la segunda parte de la pieza, todo contribuye a la conformación de la pieza más atractiva del trabajo en nuestra opinión.

“Lights After Dark” – Volvemos a escuchar el “theremin” pero en esta ocasión en su versión más efectista, creando sonidos de ciencia ficción y efectos electrónicos del tipo de los que adornaban los discos de música electrónica de los primeros años setenta. Sobre un oscuro “drone” procedente de los sintetizadores de Sevag, la thereminista alemana se exhibe aprovechando todo el potencial sonoro de su instrumento, también en los registros más graves del mismo, pocas veces utilizados por otros intérpretes.

“Call” – Tras escuchar dos de los cortes más interesantes del disco, enfilamos ya la parte final del mismo con un retorno al comienzo y otro tema ambiental con improvisación a los teclados por encima.

“Contact” – La última gran sorpresa del disco llega de la mano de la vocalista noruega Benedicte Torget, quien, prácticamente “a capella”, entona un canto de claras raíces tradicionales. Para no romper la magia, Sevag se limita a acompañarla con un sonido de campanillas muy característico en su música, especialmente en su “Close Your Eyes and See”. Tras un breve interludio de piano, volvemos a escuchar la preciosa voz de la cantante, doblada en varias pistas y dándose la réplica a sí misma cerrando una pieza impresionante rodeada de la orquesta electrónica del músico en el papel de una sección de cuerda virtual.

“Stroke of the Wing” – Como cierre del disco, asistimos a una suerte de versión extendida del corte inicial completando así un trabajo excelente.

Ya hemos dejado clara anteriormente la alta estima en la que tenemos a Sevag en el blog. Su nuevo disco no nos hace sino reafirmarnos en este convencimiento. Quizá no sea su mejor trabajo aunque no es fácil valorar esto cuando la música es tan distinta entre unos y otros discos pero nos revela que el artista noruego sigue siendo capaz de crear varias composiciones magníficas de las cuales habría aquí presentes al menos tres o cuatro. El regreso del músico a los sonidos más electrónicos es bienvenido y suena especialmente refrescante tras anteriores trabajos enfocados en una banda más amplia. Es posible que “Space for a Crowded World” sea un disco de transición y los siguientes regresen al punto en que se hallaba el músico un tiempo atrás pero no por ello lo consideramos un disco menor. Como suele ocurrir con músicos más o menos minoritarios, no hemos encontrado fragmentos del disco en la red para ilustrar la entrada aunque existen breves muestras de todos los cortes del disco en itunes:


Para adquirirlo en formato físico, recomendamos el siguiente enlace:

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Por último, os dejamos un video (de calidad casera) procedente de uno de los conciertos de presentación del disco:

lunes, 7 de enero de 2013

Wim Mertens - Open Continuum (2011)



Si hay un ámbito al que el músico belga Wim Mertens no ha llevado aún sus composiciones, ese es el de la orquesta sinfónica y es que en los más de 30 años de carrera del compositor hemos podido escuchar piezas para piano, para todo tipo de formaciones de cámara, para instrumentos solistas, para voces e incluso para instrumentos electrónicos o exclusivamente para percusiones. Por el motivo que sea, la escritura para una agrupación orquestal de gran tamaño es un paso al que Mertens parece mostrarse reticente.

Sin embargo, en los años más recientes han existido acercamientos a este formato en forma de adaptaciones de algunas de sus viejas composiciones para orquesta. El primero de ellos tuvo lugar en 2005 cuando el músico grabó con una orquesta belga bajo la dirección de Dante Anzolini una selección de piezas de su repertorio para el disco “Partes Extra Partes”. La idea tuvo su continuación el 2008 cuando el músico, acompañado de la Orquesta Sinfónica de Tenerife dirigida por Dirk Brosse, ofreció un concierto en la Sala Sinfónica del auditorio Adán Martín de la propia capital tinerfeña. De esa actuación surgió una caja con dos CDs y un DVD que vio la luz en 2011. Aunque las notas de prensa en las que se presentaba el concierto hablaban de la presentación del disco anteriormente citado, el repertorio fue bastante más amplio y en él figuraba alguna composición inédita. Como parece lógico, los trabajos en los que se basa el repertorio del concierto son aquellos escritos para el “Wim Mertens Ensemble” (especialmente “Integer Valor”) quedando fuera los discos de piano.

Espectacular interior de la sala de conciertos del auditorio.

“In and for itself” – Comenzaba el concierto con una pieza escrita para el concierto conmemorativo del 25 aniversario de la carrera de Mertens que tuvo lugar en 2005. El tema fue publicado anteriormente en el disco “Partes Extra Partes” aunque lo cierto es que, a pesar del nuevo título y de la orquestación, nos encontramos ante una adaptación de una pieza para piano titulada “Von Ganz Unten” que formó parte del disco “Der Heisse Brei” de 1999.

“Varieties of Invariants” – La primera pieza realmente nueva del disco es este tema de piano. Solemos catalogar la música de piano en varios grupos: piano y voz, ensemble e instrumentos solitas y esa clasificación no deja de ser muy simplista ya que, incluso entre los discos de piano (o piano y voz) hay muchas diferencias de estilo. La pieza actual se contaría en el grupo de las menos melódicas, de las que están más destinadas a crear un estado de ánimo concreto y en el contexto del concierto sirve perfectamente como introducción de la siguiente composición.

“Multiple 12” – A estas alturas, hablar de este tema procedente del disco “Vergessen” sería algo reiterativo para los lectores del blog puesto que ya nos hemos ocupado de él en muchas ocasiones. No queremos omitir el comentario puesto que consideramos que es una de las piezas que mejor soporta el cambio hacia la orquesta, recordándonos en sus instantes iniciales a un clásico del género como “Façades” de Philip Glass. Nos empezamos a dar cuenta durante su ejecución, además, de lo que será uno de los puntos más interesantes del concierto: no se trata de meras transcripciones orquestales sino que se ven activamente acompañadas por el piano del propio Mertens ¿improvisando? Nuevas melodías que actualizan en cierto modo las partituras originales.

“The way down” – Comentábamos más arriba que “Integer Valor” iba a ser el disco más representado en “Open Continuum” y este es el primer ejemplo. Para muchos seguidores del compositor belga, entre los que nos contamos, se trata con toda probabilidad de su obra maestra, al menos, en cuanto a la composición para “ensemble” se refiere. Además, es, por sus propias características, uno de los discos que mejor puede adaptarse al formato orquesta. En esta pieza concreta tenemos la evidencia de que esto es cierto. Se trata de una especie de marcha procesional muy solemne. En la versión hasta ahora conocida era un corte mucho más oscuro de lo que se muestra con la orquesta y esta es una transformación que le sienta realmente bien a pesar de ser uno tema con escaso desarrollo melódico.

“Tout ça, c’est fini” – Llegamos así a una de las piezas más intensas de “Integer Valor” (tenemos que dedicar una entrada pronto a ese disco, dicho sea de paso). La adaptación consigue transformar en un grado considerable el tema original. El tratamiento más agresivo de los metales y la voz del artista consiguen mostrarnos una versión casi cortante de la composición. A pesar del enfoque ten distinto frente a la pieza que conocemos, no nos disgusta el resultado.

“Al” – Si hay una pieza en el disco que merece ser destacada por encima del resto, no puede ser otra que “Al”. No hace mucho que hablamos del triple disco “Alle Dinghe” y entonces ya dimos buena cuenta de nuestra opinión acerca de esta joya surgida de un Mertens en un estado de inspiración máxima. No se nos ocurren motivos para modificar lo más mínimo la partitura original para trío de cuerdas; es más, seguimos quedándonos con ese formato pero la versión para orquesta de la composición sigue siendo magnífica.

“Often a bird” – Aunque anterior en dos años a “Integer Valor”, “Jardin Clos” fue un disco que ya anticipaba en buena medida lo que iba a ser aquel trabajo. En “Open Continuum” se comporta de modo similar a los temas de aquel disco aunque no se trata de una versión que aporte demasiado frente a la original.

“The way up” – En cierto modo se trata de una especie de contrapartida de la anterior “The way down”, una marcha algo más desarrollada en la que la voz de Mertens es la que ejecuta las partes melódicas. Nunca fue uno de nos cortes favoritos en la obra original aunque tampoco suena mal en esta nueva versión.

“Zusammensetzen” – Para los asistentes al concierto tinerfeño esta era una composición nueva. Para los que compraron el disco en 2011, sin embargo, no lo era tanto puesto que la pieza apareció publicada en el intervalo de tiempo transcurrido entre ambos sucesos como parte del disco “Zee versus Zed”. Se trata de uno de nuestros cortes favoritos del concierto.

“In 3 or 4 days” – Entramos ya en el segundo CD que compone “Open Continuum”. En la versión que conocíamos del disco “Integer Valor”, éste era uno de los temas más sorprendentes por la utilización de sonidos electrónicos como parte de la sección rítmica de la pieza. La transcripción orquestal de los mismos no es todo lo afortunada que podría haber sido con lo que, aunque el resultado es aceptable, teníamos mayores expectativas para esta pieza concreta.

“The paths not taken” – Una de las cosas que más no llamó la atención al ver el repertorio del concierto fue la poca representación que tenían los discos más recientes del músico en el mismo. Concretamente esta pieza es la única procedente de “Receptacle”, el trabajo más próximo en el tiempo a la actuación (junto con “L’Heure du Loup” que ni siquiera apareció en el concierto). A pesar de la participación de la orquesta, el enfoque es el de un tema de piano y voz en el que el resto de los instrumentos actúan como un mero refuerzo, salvo en la parte final en la que son protagonistas. Con todo, el resultado es satisfactorio.

“La fin de la visite” – Entramos así en una sección de tres temas consecutivos procedentes de “Integer Valor” y que cierran la parte central del concierto antes de pasar a los “bises”. El primero de la serie ya era uno de los platos fuertes del disco original y mantiene todo ese espíritu. Destacan sobremanera los metales en la melodía principal que gana en épica frente a su primera encarnación.

“To obey” – Estamos ahora ante una pieza que ya encerraba en su primera versión un espíritu orquestal con lo que la versión del concierto apenas presenta novedades.

“Yes, I never did” – Sin dudarlo, creemos que esta era la mejor pieza de todas las presentes en “Integer Valor” y también una de las mejores escritas por su autor. Quizá por ello, no nos termina de convencer esta nueva versión. Es cierto que las cuerdas suenan incluso más poderosas que en su concepción inicial pero el ritmo arrollador que marcaban los instrumentos de viento desde el comienzo en aquel disco, no nos envuelve con la misma fuerza aquí quedando atenuado frente al resto de la orquesta. A pesar de la comparación, nos sigue pareciendo una composición magnífica y de lo más destacado del concierto.

“Further hunting” – Antes de la despedida con algunos grandes éxitos de la etapa más popular de Mertens, el belga incorpora esta pieza procedente de “Skopos”, su disco de 2003. De alguna forma, se trata del tema menos “orquestal” de todo el disco ya que el tratamiento de las distintas secciones instrumentales es el mismo que tienen en el disco de estudio los instrumentos independientes. No hay adaptación al nuevo medio sino una transcripción casi literal de modo que lo que funciona para una formación más reducida, no lo hace del mismo modo con el grupo de instrumentos aumentado hasta alcanzar las dimensiones del concierto. Junto con la inicial “In and for Itself” posiblemente estemos ante dos de las piezas más prescindibles de la obra.

“Birds for the mind” – La que fue una de las primeras incursiones de Wim Mertens en la música para el cine tuvo lugar tras la llamada de Peter Greenaway para encargarle la música de la película “El vientre del arquitecto”. A pesar de que en el montaje final hubo apenas cuatro composiciones nuevas y se completó el “score” con viejos éxitos del belga y una partitura adicional de Glenn Branca, la composición que aparece aquí traspasó las fronteras del cine y se convirtió en una de las más exitosas de Mertens a mediados de los ochenta, por lo que se incorporó como “bis” habitual a sus conciertos. Tenemos que reconocer que, arropada por la orquesta, la voz (y el piano) de Wim, suenan mejor que nunca en esta nueva interpretación.

“Close cover” – Y ya en plena despedida, no podían faltar dos clásicos del disco “Struggle for Pleasure”. El primero de ellos, el que probablemente sea el tema más popular de los escritos por el compositor belga: “Close Cover”. La curiosidad por escucharlo con el apoyo de toda una orquesta sinfónica justificaba su presencia y el arreglo de la pieza fue exquisito sin que ésta interfiriese lo más mínimo en la popular melodía de piano que todos conocemos tan bien.

“Struggle for pleasure” – Más complicada nos parecía la adaptación de esta pieza por su carácter fundamentalmente rítmico que no termina de encajar con una gran masa orquestal. Se optó por la alternativa más lógica que era la misma que en “Close Cover”, un apoyo en determinadas partes sin pretender que la orquesta sea protagonista. Con todo, en determinadas secciones, el conjunto no termina de sonar todo lo fluidamente que debería.

“A sandy shore” – Cuando todo hacía prever que el concierto había llegado a su fín, Mertens nos regala un “bis” inesperado procedente de la banda sonora de “Father Damien”. Era esta una película cuya música le fue encargada al músico en la misma época en la que trabajaba en el disco “Integer Valor” y no podemos evitar la sensación de que para la misma, Mertens se nutrió de descartes procedentes de aquel trabajo. En el caso concreto de esta pieza, el músico belga adapta una melodía presente en el disco “Jardin Clos” bajo el título de “Not Me” a la que añade alguna línea melódica nueva. Con todo, “A sandy shore”, funciona bastante bien en la versión de “Open Continuum” aunque nunca la habríamos escogido como cierre de un concierto.

A pesar del gran trabajo realizado por la orquesta, no podemos afirmar que el resultado sea del todo convincente. Como suele ocurrir con este tipo de adaptaciones orquestales de música que no fue concebida originalmente para este formato, encontramos que muchas de las piezas suenan impostadas y no llegan a convencernos. Hay excepciones, (¿cómo no?) en las que los nuevos arreglos muestran una dimensión distinta del tema original y que justifican el experimento pero, en líneas generales nos quedamos con las versiones originales. En cualquier caso, “Open Continuum” es un documento muy interesante que todo seguidor de Mertens puede disfrutar, tanto en su versión de sólo audio como en el DVD que completa la caja. Como siempre, lo podéis adquirir en los siguientes enlaces:

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Podéis escuchar el disco en spotify