miércoles, 10 de septiembre de 2014

Michael Nyman - Out of the Ruins (1989)



En los tiempos actuales, un compositor nunca puede estar seguro de cuándo y cómo va a llegarle la gran inspiración. Siglos atrás, si un músico tenía una gran idea podía adaptarla de inmediato al formato que más le interesase en aquel momento y esa obra “competiría” en igualdad de condiciones con el resto. Hoy es diferente. Si escribes una pieza para, pongamos, una banda sonora y la cinta pasa desapercibida, es más que probable que con ella se olvide también la música. Al contrario, si tienes la suerte de poner el ambiente sonoro a una película de éxito, aunque no sea tu mejor obra, es posible que se convierta de inmediato en una de las más recordadas.

Viene a cuento esta disertación porque la obra que hoy traemos al blog nos parece un claro ejemplo de la primera clase. En 1989, Michael Nyman recibe el encargo de escribir una pequeña pieza para un documental del programa “40 Minutes” de la BBC, una especie de “Informe Semanal” a la inglesa. La música acompañaría a un reportaje sobre el devastador terremoto de Armenia del 7 de diciembre de 1988 que dejó un balance estimado de alrededor de 50.000 víctimas mortales. Como resultado del encargo, Nyman escribió una obra coral de escasos veinte minutos de duración que sigue siendo hoy en día, una de las mejores composiciones de toda su carrera. El músico compuso una estremecedora melodía adaptando un texto procedente del “Libro de las Lamentaciones” del místico armenio del S.X Gregory of Narek a sugerencia de la directora del documental, Agnieszka Piotrowska. La obra fue grabada el 2 de octubre de 1989 en la Iglesia de San Echmiadzin (del S.IV aunque con varias remodelaciones posteriores) por parte del Holy Echmiadzin Chorus dirigido por Khoren Meykhaneijan.

Imagen actual de la iglesia en la que se hizo la grabación.


“Out of the Ruins” – Como corresponde con el motivo del documental, la obra tiene un profundo tono dramático, lleno de intensidad. El coro, a cuatro voces, despliega una interesante serie de recursos que van desde el canto gregoriano hasta las polifonías cercanas al barroco en una demostración de talento por parte de Nyman que alcanza una de sus mayores cotas como compositor sin partir en esta ocasión, al menos que nosotros sepamos, de ninguna otra obra de otro artista. En la partitura, siempre pausada y contenida encontramos momentos de gran belleza y pocos momentos para el relax ya que siempre hay algo que atrapa nuestra atención y nos mantiene pendientes del desarrollo de la misma. Indispensable para cualquier seguidor del músico.



La superlativa calidad de la obra compuesta por Nyman para el documental convertía en una auténtica lástima el hecho de que muy probablemente su eco se iba a disipar sin dejar demasiada huella a pesar de ser publicada en un CD con fines benéficos. Por ello, el compositor no quiso olvidarla y realizó una primera adaptación de la misma al formato de cuarteto de cuerdas en respuesta a una petición de Alexander Balanescu. De ese modo, “Out of the Ruins” se convirtió en la base del que sería el “Cuarteto de Cuerda No.3” de Michael Nyman. Como quiera que tampoco esa adaptación de la obra alcanzara una repercusión demasiado importante, años más tarde la melodía fue incorporada por el compositor a la banda sonora de la película “Carrington” pese a lo cual, creemos que no hay demasiados aficionados a la música en general que reconozcan la melodía y menos aún que la relacionen con su autor.

En todo caso, estamos convencidos de que en su concepción original para coro es, con mucho, como mejor suena la obra y por ello tenemos que recomendar el disco que la recoge, a pesar de su escasa duración y de que no es un CD fácil de localizar hoy en día. Puede adquirirse en el enlace siguiente:

amazon.co.uk

Nos despedimos con la adaptación de la obra para la banda sonora de "Carrington".

domingo, 7 de septiembre de 2014

Steven Wilson - Cover Version (2014)



En 2003, Steven Wilson tuvo una curiosa idea. Era en aquel entonces el líder de Porcupine Tree y participaba en varios proyectos más (No-Man y Bass Communion entre ellos) de los que ya hemos hablado en muchas ocasiones aquí pero no había  publicado nada bajo su propio nombre. Si hay una característica notable en la obra de Wilson, al margen de su extraordinaria capacidad para crear nueva música, esa es la enorme cantidad de influencias diferentes que es capaz de asimilar; su capacidad para escuchar músicas de todo tipo y su total ausencia de complejos a la hora de reconocerlo, incluso cuando esas músicas no encajan en absoluto con lo que uno puede esperarse de una de las grandes figuras del rock progresivo actual.

Retomando el comienzo de la entrada, la idea de Wilson era grabar con cierta periodicidad una versión de una canción que, por un motivo u otro, le hubiera influido en su carrera o, sencillamente, le pareciese relevante en aquel momento. Esa canción sería grabada sin ningún tipo de parafernalia (algunas, de hecho, se registraron en habitaciones de hoteles con la única ayuda de un portátil) y publicada en forma de single con otra composición propia del artista como “cara B”. La “gracia” del invento radicaba en que el disco no tendría ningún indicativo acerca de la canción interpretada ni del autor de la misma a modo de juego con el oyente. En realidad, los CDs ni siquiera venían acompañados de un “artwork” al uso. Como el propio Wilson explica en el disco que hoy comentamos, la ambiciosa idea consistía en publicar un “single” cada pocos meses aunque por diferentes circunstancias esto no pudo llevarse a cabo quedando la serie reducida a seis “singles” aparecidos entre 2003 y 2010, fecha en que se editó el último de ellos incluyendo, ahora sí, el correspondiente “artwork” y una bonita caja en la que guardar los cinco volúmenes anteriores junto con el sexto y último.

El seguidor de la trayectoria de Wilson en sus distintos grupos podría hacerse la equivocada idea de que las canciones escogidas por el artista para hacer su propia versión procederían de nombres clásicos del rock progresivo, quizá algún grupo más cercano al “heavy metal” o ¿por qué no? al “krautrock” o a la música electrónica, géneros todos ellos cercanos a lo que Wilson había hecho con Karma, Altamont, Porcupine Tree o I.E.M. Sin embargo, y ese es en nuestra opinión uno de los atractivos del disco, los artistas y canciones elegidos no tienen nada que ver con ninguno de esos estilos sino más bien, como indica el propio autor en las notas del CD, con la música que cualquier joven que hubiera crecido en los ochenta en el Reino Unido habría escuchado. El deseo de Wilson a la hora de afrontar cada versión era dar una visión completamente diferente de la original, desnuda, sin apenas producción adicional y que llegase a su público casi inmediatamente después de ser grabada. Cada una de las “caras B”, al menos en los primeros volúmenes, parecía una respuesta, una continuación escrita por Wilson de la original lo que nos ofrece un interés adicional por la confrontación de ideas y conceptos que se producía.

Hace unos meses, y para hacer más amena la espera antes del anunciado nuevo disco de Wilson, apareció una recopilación de los seis “singles” en un CD titulado, evidentemente, “Cover Version” lo que facilita al seguidor la adquisición de un material que, en su momento, fue lanzado en ediciones limitadas y que ahora sólo era accesible mediante el pago de importantes sumas de dinero a vendedores en e-bay.

Los 6 singles de la serie junto con la caja en que podían guardarse.


“Thank You” – La primera elección de Wilson para la serie “Cover Version” era esta canción de Alanis Morissette que aparecía en el disco de 1998 “Supposed Former Infatuation Junkie”. La versión de Wilson es dramáticamente desnuda (como la propia aparición de Alanis en el videoclip de la canción), con la voz del artista a punto de quebrarse en muchos momentos. Los arreglos son escuetos y apenas incluyen una guitarra acústica, piano, órgano y un par de coros interpretados por el propio Wilson. La elección del tema fue un gran acierto y la versión es fantástica, tanto que el músico la incorporó al repertorio en directo de Blackfield, su colaboración con Aviv Geffen.

“Moment I Lost” – Un piano ligeramente distorsionado es el primer acompañante de la voz de Steven en los instantes iniciales de la canción hasta la aparición de la guitarra acústica. Se trata de una clásica balada de esas con las que Wilson nos solía deleitar en los discos de Porcupine Tree hasta la fecha. Aunque los arreglos e instrumentación son aquí mucho más limitados, reconocemos ya al músico que hace no mucho nos regaló esa maravilla titulada “The Raven that Refused to Sing”, especialmente cuando suena el mellotron.

“The Day Before You Came” – Si la elección de Alanis podía sorprender a los seguidores de Wilson, la de ABBA debió dejar a todos con la boca abierta. La canción escogida fue una de las últimas grabadas por el cuarteto sueco y, de hecho, apareció sólo como single y como tema inédito de una recopilación de singles en 1982 a modo de despedida de la banda. A pesar de la reputación “festivalera” del grupo, esta canción tiene una pátina de tristeza que Wilson sabe amplificar para convertirla en una balada casi dramática añadiéndole unos coros estremecedores.



“Please Come Home” – Para dar la réplica a ABBA, Wilson escribe una canción más alegre cuyos primeros acordes de piano recuerdan a otro mítico cuarteto como fueron los Beatles. Aunque en 2004, que fue cuando apareció “Cover Version II”, el “brit-pop” ya languidecía, hay algo de ese movimiento en la pieza, de la que destacamos el solo de guitarra eléctrica de la parte central y los arreglos de sintetizador que sirven de fondo para la mayor parte del tema.

“A Forest” – La tercera elección para la serie “Cover Version” apareció en 2005 y tenía como protagonista este tema del disco “Seventeen Seconds” de The Cure. Contrariamente a las dos primeras entregas, en esta ocasión asistimos a un versión electrónica, cercana a la música industrial a cargo de un Steven Wilson cuya voz pasa por diferentes filtros y efectos a lo largo de casi toda la pieza. La transformación de uno de los primeros himnos de la banda de Robert Smith es casi completa y cuesta mucho reconocer el tema aún tras varias escuchas. El mérito de Wilson es que, desfigurando casi por completo la canción, consigue crear otra también magnífica.

“Four Trees Down” – La canción propia del “Cover Version III” era otra balada acústica de la “factoría Wilson” quien, está claro, utilizaba estos singles para dar salida a muchas de esas canciones que, por su formato y temática, no acababan de encajar bien en Porcupine Tree. Vistos con la perspectiva de los años, muchos de los temas de la serie son excelentes anticipos de la evolución del artista en sus discos como solista de los últimos años.

“The Guitar Lesson” – La cuarta elección de la serie “Cover Version” tenía como protagonista a un artista mucho menos popular que las tres primeras: el músico escocés Nicholas Currie cuyo nombre artístico es Momus. Escoge Wilson además una de sus canciones más controvertidas por lo peliagudo de la temática que, por otra parte, tiene mucho que ver con los oscuros personajes que pueblan el imaginario más reciente de nuestro artista y toca algunos de sus temas más recurrentes como son la adolescencia y los protagonistas con rasgos psicopáticos. En esta ocasión, Wilson no transforma en exceso el tema original, respeta su estructura de vals y el ambiente onírico como de cuento infantil, acaso reduciendo algo la instrumentación en algunos segmentos de la canción y añadiendo algún efecto sonoro.

“The Unquiet Grave” – La réplica al tema de Momus la da otra versión aunque en este caso lo es de una canción tradicional inglesa con historia de fantasmas de por medio que muy bien podía servir como continuación de la historia de “The Guitar Lesson”. La versión que aquí escuchamos toma la forma de una balada llena de efectos sonoros electrónicos y distorsiones vocales que consiguen crear un ambiente mágico e irreal, perfectamente adecuado para la canción.



“Sign “O” the Times” – El lanzamiento de 2006 de la serie “Cover Version” se atrevía con uno de los temas más importantes de la carrera de un músico como Prince. Wilson se atreve con una canción memorable y muy original en la concepción de su autor que apenas utilizaba un par de arpegios electrónicos y una escueta línea de bajo para construir una canción inolvidable. Steven se las arregla para mantener a su manera ambos elementos pero su interpretación es lánguida, distante en un primer momento para ir ganando en intensidad conforme avanzamos en la canción. Los poderosos “riffs” casi de “heavy metal” que sustituyen la parte de bajo en la segunda mitad de la canción son un ejemplo perfecto de la transformación que sufre la pieza que termina por desarrollarse en medio de una tormenta de distorsión sonora que apenas deja escuchar nada más hasta el final.

“Well You’re Wrong” – Es inevitable acordarse del inicio de “Strawberry Fields Forever” al escuchar los primeros acordes del tema, una canción extrañamente optimista para los estándares de Wilson que contrasta enormemente con el tema anterior. De nuevo nos tenemos que fijar en las texturas de mellotron que adornan todo el tema como una de sus partes más destacadas aunque no es una canción que vaya a dejar huella en los seguidores del lider de Porcupine Tree.

“Lord of the Reedy River” – En 2010 se cerraba la serie “Cover Version” con el tema más antiguo de todos a los que en ella se rinde tributo. La canción apareció en 1971 en el disco “H.M.S. Donovan” de, claro está, Donovan. El “Dylan británico” como se le conocía en sus comienzos, es una importante influencia para Wilson cuyo estilo, especialmente en este tipo de baladas acústicas, tiene mucho que agradecerle al viejo trovador. Quizá sea esta la canción en la que Wilson de muestra más cercano al original de toda la serie lo que interpretamos como una señal de profundo respeto.

“An End to End” – Una serie de acordes electrónicos abre la que es la última canción de la colección; una oscura pieza en la que el mellotrón campa a sus anchas de nuevo y en la que nos parece reconocer una cierta influencia del Bowie de “Space Oddity”. La magia se produce cuando escuchamos los primeros coros y armonías vocales en las que Wilson es maestro. Sólo por eso merecería ya la pena esta canción pero es que, además, se trata de un gran tema directamente emparentado con algunos momentos del disco que en aquel momento estaba por llegar: “Grace for Drowning”.


A estas alturas, recomendar cualquier trabajo de Steven Wilson es un ejercicio de reiteración innecesario por cuanto cualquier seguidor del blog habrá reparado ya en nuestra admiración por el artista británico. No deja de ser atractivo, en todo caso, este acercamiento a un Wilson algo diferente, que confronta su música con la de otros artistas aunque los resultados puedan ser algo irregulares. De cualquier forma, y mientras esperamos el siguiente disco de estudio de Steven, viene muy bien recordar estas canciones aisladas que nos fue presentando a lo largo de la pasada década en las que encontramos importantes pistas de lo que iba a llegar después. El disco está disponible en los enlaces de costumbre:

amazon.es

burningshed.com

Nos despedimos con la versión de "Thank You" en directo a cargo de Blackfield:

 

jueves, 4 de septiembre de 2014

Meredith Monk - Piano Songs (2014)



A veces, el hecho de que en un estilo concreto de cualquier modalidad musical surjan dos o tres figuras de gran talla tiene el inconveniente de ensombrecer otros nombres que atesoran méritos indiscutibles por su cuenta. En el caso de la artista que hoy nos acompaña, sus inquietudes multidisciplinares tampoco facilitaron que hoy sea especialmente conocida por destacar en uno de los campos que ha frecuentado. Por último, y aunque muchas veces preferimos pensar que no es así, que Meredith Monk haya sido una mujer en un mundo de hombres puede haber disminuido el impacto de su obra.

Monk ha dividido su obra en todos los campos del arte a su alcance. Comenzó como bailarina, lo que le llevó pronto a coreografiar sus propios montajes pero no se iba a quedar ahí. La artista ha compuesto música, cantándola ella misma en la mayoría de los casos, ha dirigido cine, teatro... parafraseando a Terencio y su célebre adagio, bien podríamos decir que Meredith Monk “es artista; nada artístico le es ajeno”.

Por algún motivo, su obra no ha tenido la trascendencia que creemos justa y eso a pesar de ser alguien reivindicado por figuras como Philip Glass (quien siempre se ha sorprendido de lo poco conocida que es para el gran público), Wim Mertens (que la introdujo al público europeo a finales de los setenta, organizando y presentando conciertos suyos) o Peter Greenaway (el cineasta le dedicó un capítulo de su documental “Four American Composers” en el que Monk compartía protagonismo con Robert Ashley, John Cage y Philip Glass).

La obra musical de Monk, por otra parte, no tiene por qué ser menos accesible que la de muchos de sus contemporáneos. Gran admiradora de Erik Satie, Frederic Mompou y Bela Bartok (especialmente su “Mikrokosmos”) y con raíces comunes con la corriente minimalista, la mayoría de sus composiciones son para piano y voz, especialmente a partir de 1972, año en el que “redescubrió” el instrumento tras un tiempo componiendo sólo para voz, con acompañamientos ocasionales de cuerdas o de órgano. En cualquier caso, la principal seña de identidad de su música (tanto como lo serían sus características largas trenzas en el aspecto visual) se encuentra en su garganta: la voz de Meredith es extraordinaria y abarca un rango tonal amplísimo, algo que explota sin complejos en sus discos y conciertos. La mayor parte de su obra grabada ha aparecido en el sello ECM y a él pertenece su última grabación titulada “Piano Songs”. En ella, los pianistas Bruce Brubaker y Ursula Oppens repasan varias piezas de todas las épocas del repertorio de Monk. La mayoría de ellas fueron escritas para dos pianos (y dedicadas a dos de los intérpretes clásicos de la Steve Reich Ensemble como eran Nurit Tilles y Edmund Niemann.

Meredith Monk contemplando la ejecución de sus piezas por Oppens y Brubaker.


“Obsolete Objects” – La primera pieza del disco es una composición de 1996 para dos pianos de la que no nos consta grabación previa alguna. En ella, Monk explora el lado más declaradamente minimalista de su producción. Mientras uno de los intérpretes imprime un frenético ritmo a su parte, el otro ejecuta rápidas ráfagas melódicas de corta duración.

“Ellis Island” – En 1981, la compositora rodó “Ellis Island”, película de aire documental para cuya banda sonora creó esta piezas. Tiene varias similitudes con la anterior pero está narrada a una velocidad mucho más pausada. Aunque no conocemos ninguna grabación de la propia artista con la obra, sí la habíamos escuchado antes a cargo de Jeroen Van Veen en una de sus cajas dedicadas a la música minimalista.

“Folkdance” – Composición de 1996 que añade a los pianos un elemento percusivo a cargo de los intérpretes en forma de golpes sobre el propio armazón del instrumento y palmas, además de puntuales exclamaciones vocales destinadas a reforzar el ritmo. La pieza es una sólida muestra del estilo de Meredith, insistente de un modo admirable con una serie de escuetas melodías que van evolucionando e interaccionando entre ellas hasta formar un todo robusto.



“Urban March (shadow)” – Escuchamos a continuación una de las piezas más recientes del disco a pesar de contar ya con más de 10 años de antigüedad (fue escrita en 2001). Apareció en su momento en el disco “Mercy” en versión para piano, sintetizador y voces. La interpretación que oímos aquí se estructura alrededor de un grupo de cuatro ocho notas que se repiten una y otra vez mientras crecen enroscándose alrededor de esa melodía una serie de variaciones muy conseguidas.

“Tower” – Una breve pieza del año 1971 es lo siguiente que escuchamos. Inédita hasta hace poco, cuando fue publicada en el disco “Begginings” del sello propiedad de John Zorn, Tzadik, se trata de un ejercicio de estilo en el que el ritmo y la repetición cobran toda la importancia que se resta al desarrollo melódico.

“Paris” – De un año después es la siguiente composición y, al igual que la anterior, permanecía inédita hasta su aparición en el “Begginings”. Es la primera pieza para piano solo que escuchamos en esta colección y la interpretación corre por cuenta de Ursula Oppens. Se abre aquí Monk a otras influencias, entre ellas, un cierto aire jazzístico y algunas serie de giros melódicos que podrían parecer estridentes dentro del conjunto y que, quizá, encuentren en John Cage a su padre espiritual.

“Railroad (travel song)” – Si antes era Ursula la que ejecutaba una pieza para piano solo, ahora lo hace su “partenaire” en la grabación, Ed Brubaker. El tema, de 1981, no había sido grabado antes si no estamos errados y es una exploración más por terrenos cercanos a un minimalismo que empezaba a mirar hacia formas más asequibles. Buena parte de la obra de Gavin Bryars, por poner un ejemplo, estaría en una linea similar a la de esta composición.

“Parlour Games” – Volvemos a los dos pianos aunque seguimos con piezas inéditas, en este caso, con una escrita en 1988. Seguidores como somos desde hace tiempo de la música de la artista norteamericana, ésta nos ha parecido la obra más atractiva de todo el disco, coincidiendo con la de mayor duración. Aunque la estructura es similar a la muchas otras, con uno de los pianos encargándose del armazón rítmico y el otro ejecutando el tema y variaciones correspondiente, encontramos que el desarrollo más largo permite a Monk alcanzar momentos de gran belleza que en piezas más breves apenas llegamos a intuir. Escuchando composiciones como esta es cuando apreciamos la importante influencia de Meredith en artistas como Wim Mertens.

“St. Petersburg Waltz” – Vuelve Ursula Oppens a encargase en solitario de las teclas para interpretar esta composición de 1993 que ya apareciera en el disco “Volcano Songs” de Monk interpretada entonces por Nurit Tilles. La pieza, conservando todo el estilo de la artista, transpira influencias clasicistas que probablemente tengan que ver con el San Petersburgo del título. El lado más íntimo y sincero de Meredith aparece en esta pieza del modo más desnudo posible.

“Window in 7’s” – Y, como ocurría anteriormente, a un tema interpretado por Ursula en solitario le sucede otro con Bruce Brubaker como único intérprete. En esta ocasiónse trata de una pieza de 1986 aparecida en el que es nuestro disco favorito de Meredith Monk: “Do You Be”. Una vez más, la pianista Nurit Tilles era la intérprete en aquella ocasión aunque tenemos que señalar que Brubaker está a la altura.

“Totentanz” – La pieza más reciente de todo el trabajo es esta danza para dos pianos escrita en 2006 y recogida en el disco “Impermanence” en una versión muy diferente para grupo y voces. La adaptación e interpretación que escuchamos aquí es magnífica y logra que la traslación no pierda demasiado frente al original, resaltando detalles que podían pasar inadvertidos en aquel.

“Phantom Waltz” – Cierra el disco una pieza lenta de 1989 que también permanecía inédita hasta su grabación por parte de Jeroen Van Veen en su “Minimal Piano Collection Vol.X-XX). Pausa y reflexión para concluir un muy buen trabajo que sirve, a nuestro juicio, como introducción perfecta a la música de una de las artistas más notables de las últimas décadas.


A raiz del último comentario destacamos lo que es al mismo tiempo una fortaleza y una debilidad del disco para el oyente que no esté familiarizado con la obra de Meredith Monk: la ausencia de su voz. La ventaja es que aquel que no conozca a la artista no se encontrará aquí con un elemento tan sorprendente y original como la forma de cantar de Meredith que, si bien es fascinante, puede chocar y hasta retraer al oyente novato evitando que siga profundizando en la obra de la artista. Por otra parte, gracias a ello quizá disfrute de una música que le puede llegar a interesar lo suficiente para seguir profundizando sin complejos en el resto de obras de Monk. Siendo esto cierto, también lo es el hecho de que una antología como esta, sin la voz de Meredith Monk pierde buena parte de su esencia y el oyente no deja de escuchar una versión “mutilada” de la compositora. Con todo, el disco nos parece magnífico y muy recomendable para los lectores del blog, familiarizados ya con este tipo de propuestas artísticas. El disco puede adquirirse en los siguiente enlaces:

amazon.es

fnac.es

Nos despedimos con la parte dedicada a Meredith Monk del documental de Peter Greenaway, "Four American Composers":