domingo, 21 de septiembre de 2014

Astor Piazzolla - Cafe 1930 (2014)



Sucede poco pero sucede a veces que músicas populares, tradicionales, habitualmente tenidas por “menores” terminan por hacerse tan grandes que alcanzan la mayor de las categorías incorporándose por méritos propios al repertorio de la música “grande”, la música “culta” y ganándose el respeto de la academia (aunque también, en muchos casos, la desconfianza de quienes antes la disfrutaban).

Algo así ocurrió con el “jazz” y nombres como los de George Gershwin o “Duke” Ellington, con el rock y Frank Zappa y también con el tango de la mano del músico que tenemos hoy aquí: Astor Piazzolla. Hace tiempo apareció el argentino en el blog y ya trazamos una semblanza biográfica que no vamos a repetir hoy. En aquel momento nos centramos en un disco grabado por él al frente de su quinteto, en un formato tradicional en su música en aquel entonces pero la obra de Astor trascendió aquellos conjuntos y evolucionó para adaptarse a todo tipo de formación clásica como el cuarteto de cuerda o la orquesta prescindiendo, incluso, de un instrumento tan característico como el bandoneón.

El disco que hoy recomendamos ha sido publicado recientemente por Brilliant Classics y recoge interpretaciones del violinista Piercarlo Sacco y del guitarrista Andrea Dieci, ambos italianos. En ella repasan de forma deliciosa varias composiciones de la última etapa del compositor argentino escritas para sus instrumentos o para formaciones similares, encargándose de arreglar aquellas partes que no se corresponden con éstos. Si la música de Piazzolla es brillante de por sí, en las versiones del disco refulge aún con mayor intensidad.

Piercarlo Sacco


HISTOIRE DU TANGO

“I. Bordel 1900” – Originalmente la “historia del tango” estaba escrita para flauta y guitarra pero funciona igualmente bien con el violín. Piazzolla narra la evolución del mismo a través de cuatro movimientos que reflejan cuatro estadios capitales del tango. El primero de ellos lo sitúa en los burdeles de finales del S.XIX donde solía interpretarse con guitarra y flauta, incorporándose más tarde el piano y el bandoneón. El movimiento es vivo, pícaro, con una alegría primitiva muy propia de aquellos ambientes.

“II. Cafe 1930” – La segunda etapa llega en los años 30 cuando la gente, en palabras de Piazzolla deja de bailar el tango casi exclusivamente para sentarse y escucharlo, disfrutarlo como música al margen de su utilidad lúdica. En esta etapa suelen utilizarse dos violines, dos bandoneones, ocasionalmente un contrabajo... la música se ralentiza y aparece un lado romántico del que este movimiento es un ejemplo perfecto. Piazzolla es todo sensibilidad en temas llenos de emoción y cuajados de melodías memorables que se suceden una tras otra. No nos extraña que el dúo de intérpretes escogiese el título de éste movimiento y no otro para identificar el disco.

“III. Nightclub 1960” – En los sesenta llega el gran salto internacional del tango que se expande más allá del entorno del Río de la Plata mezclándose con otras músicas y alcanzando audiencias nuevas. Es la época del llamado “nuevo tango”. Astor suena aquí en su versión más inconfundible y personal a través de un violín que bien podría ser su bandoneón reencarnado y con una guitarra precisa, siempre puntual, marcando el ritmo seco y vital de la música de Piazzolla. La segunda mitad del movimiento recuerda la intensidad del clásico “Adiós Nonino” siquiera por unos instantes recordándonos que el talento para la melodía melancólica del musico era abrumador.

“IV. Concert d’aujourd’hui” – El final de la particular historia del tango de Piazzolla se produce con la adopción de esta forma musical por parte de compositores clásicos como Bartok o Stravinsky, ambos muy admirados por Astor. Como cabía suponer, la música aquí se complica y evoluciona hacia sonoridades que, aunque conservan formas “tanguistas”, albergan influencias y tendencias de las vanguardias clásicas con las que Piazzolla tuvo ocasión de mantener un contacto intenso en su etapa formativa junto con Nadia Boulanger.

CINCO PIEZAS

“I. Campero” – A principios de los años ochenta escribe Piazzolla esta colección de piezas para guitarra que es, curiosamente, su única obra para este instrumento. La primera de ellas recoge un ritmo popular como la milonga y le da forma clásica, siempre con un aire de melancolía inconfundible.

“II. Romántico” – En la segunda de las piezas nos parece encontrar retazos del “jazz-tango” que Piazzolla trató de alumbrar en dos discos hoy por hoy inencontrables y que abandonó poco después. Escuchando este tema, sin embargo, entendemos muy bien la admiración que el argentino suscita en artistas actuales como Pat Metheny.

“III. Acentuado” – Volvemos al sabor del Piazzolla más clásico con esta pieza que nos recuerda a alguna de sus composiciones más célebres para su quinteto de finales de los sesenta. Tanto es así que tras la magnífica introducción rítmica, que justifica por sí sola el título de “acentuado”, parece que va a irrumpir en cualquier momento un bandoneón o un violín, algo que no sucede. Esta “ausencia” sin embargo, es perfectamente suplida por la propia guitarra en una interpretación soberbia de Dieci.

“IV. Tristón” – Con un aire procesional se desarrolla este movimiento lleno de melancolía en el que con apenas tres notas, una de las cuales se repite casi constantemente, Astor consigue crear un ambiente absolutamente fantástico. Una simplicidad que tiene algo de relación, probablemente, con Satie, otro maestro a la hora de evocar estados de ánimo.

“V. Compadre” – Cerrando la obra encontramos una pieza que también parte de elementos folclóricos y que en ciertos momentos nos suena, incluso, aflamencada, aunque es una impresión pasajera puesto que enseguida Piazzolla nos lleva de nuevo a su terreno añadiendo ligeros aderezos de jazz aquí y allá.

QUATRE ÉTUDES TANGUISTIQUES

“I. Décidé” – Escritos, al igual que la “Historia del tango” en París, los cuatro estudios fueron concebidos para flauta aunque ya el propio autor apuntaba la posibilidad de adaptarlos al violín (realmente son seis aunque aquí sólo escuchamos cuatro de ellos). La partitura ofrece al intérprete la posibilidad de huir de la, en ocasiones, fría interpretación académica y soltar todo lo que lleva dentro en un estudio del que tenemos la impresión de que, sin la importante dosis de pasión que le pone Sacco, no podría sonar tan bien como lo hace.

“II. Lento: Meditativo” – En un estilo opuesto al tema anterior, escuchamos aquí una profunda pieza de violín que suena mucho más clasicista que otras obras de su autor, con un cierto sabor centroeuropeo en algunos pasajes que podría tener relación con la admiración de Piazzolla por músicos como Bartok.

“III. [Crotchet = 120]” – Llega a continuación lo que es casi una miniatura emparentada directamente con la primera de las cuatro piezas de la serie tanto en ritmo y temática como en la pasión y el desgarro que desprende la interpretación.

“IV. Avec anxiété” – Cierra la serie otro precioso movimiento que combina momentos lentos, casi dramáticos, con otros mucho más vivos. En muchos instantes de la obra tenemos la impresión de que funciona mucho mejor con el violín de lo que lo hace con la flauta para la que fue concebida inicialmente.

“Celos” – Cerrando el disco encontramos una milonga arreglada por los dos intérpretes para violín y guitarra. Como cierre es verdaderamente delicioso ya que condensa todo lo que hace inmortal a la música de Piazzolla: es accesible pero su belleza trasciende las barreras de los simples géneros. Puede disfrutarse por igual, como reflejaba su “historia” en un burdel, en un café, en un club o en una sala de conciertos.

Andrea Dieci



También podemos disfrutar la música de Piazzolla, y no de un modo menor, en la comodidad de nuestros hogares y este disco es un ejemplo de ello. La selección es exquisita y las interpretaciones difícilmente mejorables. El hecho de que, además, el disco esté editado en un sello como Brilliant lo convierte en algo totalmente accesible (en determinada cadena de grandes almacenes los discos del sello habitualmente no llegan a los 4€). Os dejamos algún enlace en el que adquirirlo:

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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Jeremy Limb - The Piano Music of Philip Glass (2013)



Pocos habrían apostado por ello en los primeros años de la década de los setenta pero hoy por hoy Philip Glass se ha convertido en un músico popular; un compositor cuyas obras muchas veces sirven de reclamo para vender discos entre un público muy amplio que reúne a amantes del pop, reciclados compradores de música “new age” y también a melómanos más cercanos a la música clásica aunque también este círculo es uno de aquellos en los que la música de Glass suscita pasiones más encontradas.

Es muy habitual hoy encontrarse discos de todo tipo de intérpretes que, entre los más clásicos de los clásicos, incluyen alguna pieza de Glass para acercarse a un público moderno y las discográficas, siempre atentas a cualquier detalle que les pueda hacer ganar dinero, empiezan a recurrir a su figura como reclamo. En esta línea, asistimos en los últimos tiempos a la aparición de multitud de discos dedicados en exclusiva a obras de Glass interpretadas por artistas “residentes” de los sellos que sirven lo mismo para un roto que para un descosido. Quizá estemos siendo injustos al meter en ese saco a Jeremy Limb y el sello Quartz Music pero su juventud y trayectoria como músico para la BBC y como arreglista de todo tipo de música sugiere que el suyo es uno de esos casos. Su discografía es aún escasa y recoge discos del tipo de “Romantic Classics: A Sensual Collection” por poner un ejemplo. En 2008 publicó una recopilación de piezas de Ludovico Einaudi, en 2012 hizo lo propio con Michael Nyman y el pasado 2013, siempre con Quartz Music, le tocó el turno a Philip Glass.

El hecho de grabar este tipo de trabajos no debería ser un inconveniente a la hora de valorar a un intérprete. Sin ir más lejos, el antiguo miembro de la Michael Nyman Band, John Lenahan, ha publicado varios discos de este corte dedicados también a Einaudi, Glass y, cómo no, el propio Nyman, manteniendo su prestigio como intérprete clásico y grabando para los mejores sellos. A modo de anécdota, destacamos el hecho de que Limb podría vivir perfectamente al margen de su faceta como pianista ya que es un afamado humorista, actor y guionista que suele tener siempre algún espectáculo en cartel en teatros del Reino Unido. La razón de hablar de este disco hoy aquí es lo reciente de su publicación y, por tanto, lo fácil de encontrar que sería para cualquier lector interesado y también lo asequible del repertorio que sería, a nuestro juicio, una perfecta “puerta de entrada” para el oyente deseoso de penetrar en el universo musical de Philip Glass.

Para este disco doble, Limb escoge lo más accesible del repertorio para piano de Glass que ya de por sí es la parte de su producción más fácil de asimilar para el aficionado menos familiarizado con la música minimalista. La interpretación es francamente buena aunque no sea la obra del compositor norteamericano la mejor para marcar las diferencias entre ejecutantes por su sencillez y falta de requerimientos virtuosos (lo que no impide que existan grabaciones personalísimas como una reciente de Bojan Gorisek).

Jeremy Limb


En el primero de los dos discos, encontramos una pieza clásica del compositor como es “Opening” del disco “Glassworks” para pasar a continuación a una selección de temas de la banda sonora de “Las Horas”, con toda probabilidad la obra más popular de las escritas por Glass para la gran pantalla. Aprovecha Limb el arreglo de la misma que realizó Michael Riesman para piano solo y escoge ocho de los catorce arreglos: “An Unwelcome Friend”, “Dead Things”, “I’m Going to Make a Cake”, “Something She Has to Do”, “Tearing Herself Away”, “The Hours”, “The Poet Acts” y “”Why Does Someone Have to Die?”.



El segundo disco comienza con la siempre interesante “Trilogy Sonata”, arreglo para piano sólo de tres momentos de la gran trilogía operística de Glass compuesta por “Einstein on the Beach”, “Satyagraha” y “Akhnaten”. El propio Glass adaptó el “Knee Play No.4” de la primera de las obras para piano de modo que pudiera formar parte de sus recitales de piano. Su mano derecha, Michael Riesman, realizó la transcripción del final del tercer acto de “Satyagraha” para piano y también para órgano. Partiendo de estos dos temas, el pianista Paul Barnes hizo lo propio con la danza de la tercera escena del segundo acto de “Akhnaten” y la unió con su propia revisión de las otras dos piezas conformando una especie de sonata clásica para piano que fue bautizada como la “Sonata de la Trilogía”. Limb ejecuta aquí una versión muy fiel a la grabada por el propio Barnes de una obra que no ha sido grabada en demasiadas ocasiones. Lo contrario ocurre con el siguiente grupo de piezas del disco: “Metamorphosis”, celebérrima serie de cinco composiciones originales para piano que se cuentan entre lo más grabado e interpretado de la producción de Glass. Cerrando el disco, una curiosidad poco conocida como es “Modern Love Waltz”, pieza breve que suele pasar desapercibida en la obra del compositor, quizá por no ir ligada a una composición mayor.




A pesar de que Philip Glass es, con mucho, el músico al que más entradas hemos dedicado en el blog, no nos habíamos centrado aún en su música para piano y creemos que este disco de Jeremy Limb es un modo tan bueno como cualquier otro de hacerlo. Como siempre y por si estáis interesados en adquirirlo os dejamos un par de enlaces.

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El propio Limb se presenta a sí mismo mejor de lo que nosotros podríamos hacerlo en el siguiente vídeo que combina sus facetas de músico, actor y humorista:

 

domingo, 14 de septiembre de 2014

Michael Nyman - Drowning By Numbers (1988)



La relación artística entre Michael Nyman y Peter Greenaway era, en sus mejores años, tremendamente estrecha. Tanto es así que la interacción entre ambos a la hora de influir cada uno en el trabajo del otro era notable, hasta el punto de que el cineasta llegaba a marcar las pautas de la música que quería para sus películas. En esta línea, había una obra que obsesionaba al director: la “Sinfonía Concertante” de Mozart y desde que Nyman y él se conocieron, estuvo tratando de que el músico hiciese algo a partir del material musical contenido en la obra del compositor austriaco. La idea de Greenaway consistía en que Nyman escribiese nada menos que 92 variaciones de cuatro compases concretos del segundo movimiento de la obra, uno para cada uno de los personajes que aparecían en su película “The Falls”.

Cuando Greenaway preparaba su película “Drowning by Numbers”, parecía llegado el momento de ampliar esa pretensión y Peter le encargó específicamente a Nyman el uso de la sinfonía como base del material que terminaría convirtiéndose en la banda sonora de la película. Concretamente, el movimiento original de la sinfonía sonaría en su versión “convencional” justo antes de cada una de las cuatro escenas centrales de la película y toda la banda sonora de Nyman debería estar basada en esa pieza (aquí fue el músico quien impuso esa condición, la de usar el movimiento completo como fuente y no sólo cuatro compases). No era la primera vez que Nyman iba a trabajar a partir de partituras de Mozart pero sí la más interesante por cuanto que debería generarse una banda sonora completa a partir de un único movimiento de la sinfonía “mozartiana”.

En 1991, la BBC hizo una serie de documentales en los que varios compositores y realizadores contemporáneos homenajeaban a Mozart. Nyman presentó una especie de opereta que representaba un juicio en el que él mismo era acusado de plagiar la obra del compositor austriaco, cuyo papel interpretaba la soprano Ute Lemper apareciendo sendos bustos de Haydn y Beethoven como fiscal y abogado defensor respectivamente. Es difícil calificar como plagio una adaptación como la de Nyman quien, por otra parte, había hecho de ese modo de trabajar a partir de material ajeno una especie de sello personal siendo la banda sonora de “The Draughtsman’s Contract” a partir de música de Henry Purcell su ejemplo más evidente. Queda claro, pues, cómo se tomaba Nyman en aquel entonces las críticas sobre su forma de componer a partir de música pre-existente.

Como era habitual en aquellos años, la banda sonora estaba interpretada por la Michael Nyman Band integrada por Alexander Balanescu, Miranda Fulleylove, Rosemary Furniss, Briony Shaw, Jackie Shave (violines), Jonathan Carney (violín y viola), Kate Musker y Joe Rappaport (viola), Anthony Hinnigan y Andrew Shulman (violonchelos), Robin McGee (contrabajo), David Fuest (clarinetes), John Harle (saxos), David Roach (saxo), Andrew Findon (saxos y piccolo), John Wilbraham (trompetas), Michael Thompson (trompa), Steve Saunders (trombón) y el propio Michael Nyman al piano.

Escena de la película de Greenaway


“Trysting Fields” – La primera pieza del disco concede al violín y la viola todo el protagonismo (como ocurre también en la “Sinfonía Concertante) e interpretan fragmentos de la obra de Mozart repitiendo ciertos grupos de notas al modo minimalista construyendo así un tema nuevo que recuerda, evidentemente, al original pero que tiene un aire definitivamente diferente. El hecho de que las cuerdas lleven todo el peso, ayuda a mantener un tono clasicista que no se mantendrá en toda la banda sonora sino sólo en momentos concretos.

“Sheep and Tides” – Quizá el tema más conocido de todo el disco es este precioso vals que ha servido de sintonía para varios programas de radio y televisión. Como es característico en el Nyman más popular, los vientos ejecutan toda la parte rítmica y son las cuerdas las que interpretan la juguetona melodía central la mayor parte del tiempo. En este breve fragmento tenemos que reconocer que Nyman estuvo tocado por las musas ya que es una pieza fantástica.



“Great Death Game” – Llegamos a uno de los motivos más repetidos en la banda sonora en el que intuimos ese lado más oscuro de la música del compositor inglés que, incluso en temas aparentemente inocentes sabe ocultar una especie de sombra perturbadora que mantiene al oyente en vilo.

“Drowning By Number 3” – Nuestra melodía favorita del disco es esta emocionantísima pieza que es tan simple como conmovedora. Un bajo continuo a cargo de las maderas es el único apoyo del violín para ejecutar un tema triste pero sereno, extremadamente sencillo aunque con esa cualidad tan difícil de alcanzar que lo hace inolvidable.



“Wheelbarrow Walk” – Llegamos a una de las piezas más populares en el repertorio de la Michael Nyman Band, especialmente cuando le aplican todo el músculo del que son capaces en los conciertos y convierten el tema en un torbellino arrollador. En la banda sonora, en cambio, suena mucho más contenido al carecer del impulso del piano rítmico y los vientos a toda máquina. Un tema muy interesante pero que suena mejor en versiones posteriores.

“Dead Man’s Catch” – Con un delicado comienzo, con aire de miniatura de cajita de música se abre la siguiente pieza del disco hasta que el piano reclama su cuota de protagonismo arrastrando tras él al resto de la banda. Nyman tiene un gusto especial a la hora de tratar determinadas piezas lentas como esta y aquí destaca sobremanera.

“Drowning By Number 2” – La trompa y el resto de metales ejecutan una melodía parsimoniosa y repetitiva que poco a poco va acelerándose hasta la llegada a modo de refuerzo de las cuerdas. La parte final del tema es la más interesante y en ella volvemos a reconocer alguna melodía de la obra de Mozart sin apenas modificación, algo mucho más habitual en esta banda sonora que en otras de Nyman basadas en partituras ajenas.

“Bees in Trees” – Como si de una segunda parte de “Sheep and Tides” se tratase, Nyman recupera el ritmo de vals y partes de la melodía de aquella para construir esta miniatura que se diría que tiene el objetivo de que no olvidemos aquel fantástico tema antes de entrar en la parte final del trabajo.

“Fish Beach” – Otra de las grandes melodías del músico que pasó al repertorio habitual de la Michael Nyman Band es esta pieza lenta que comparte el tono entre triste y contemplativo de buena parte del disco. El material melódico es mínimo y sólo la repetición continua del mismo consigue atrapar al oyente de un modo singular.

“Wedding Tango” – El dramatismo llega a su momento culminante con este tango en el que el piano vuelve a tener un papel importante aunque la verdadera novedad la representan los vientos utilizados, como siempre, a modo de armazón rítmico. En la segunda mitad del tema, éste se transforma en un vals que vuelve a apuntar la melodía central de la obra de forma magistral antes de cerrar con un nuevo giro en el que piano y cuerdas dialogan durante unos instantes.

“Crematorium Conspiracy” – Recupera Nyman el tono dramático adornado de una mayor solemnidad en otra pieza repetitiva en la que las mínimas variaciones se van sucediendo de forma casi imperceptible.

“Knowing the Ropes” – Quizá sea esta la pieza más reconocible de toda la banda sonora para los seguidores de Nyman ya que recopila todas las virtudes de sus obras anteriores, especialmente de sus trabajos para cine: ritmo vigoroso, protagonismo de los instrumentos menos habituales y una energía desbordante. Como alguno de los temas anteriores, es ya un clásico de su autor y pasó rápidamente al repertorio de los conciertos. En cierto modo funciona como tema final del disco ya que recupera varios de los motivos que han sonado anteriormente pero el autor prefirió cerrar con otra pieza similar.

“Endgame” – Si el disco se abría con cuerdas, tenía que cerrarse de igual modo y con una pieza muy similar a la inicial que incluso recicla las mismas melodías cerrando así, como tantas otras veces, el círculo con una vuelta al comienzo aderezada por un somero repaso a otros temas de la banda sonora.


La de “Drowning By Numbers” es nuestra banda sonora favorita de todas las que Nyman realizó para Greenaway, por encima, incluso, de la popular “The Draughtsman’s Contract”. Esto puede resultar algo paradójico puesto que se trata de la menos personal de todas ellas, especialmente desde el punto de vista de la instrumentación. En todas las anteriores reconocíamos con facilidad el estilo de la Michael Nyman Band mientras que en esta, aunque éste sigue siendo evidente, la mayor presencia de cuerdas dulcifica un tanto el sonido, en ocasiones basto (entiéndase el uso del término), de la banda. Sin embargo, lo que puede perderse en personalidad se gana en musicalidad con un aire que, sin llegar a ser clásico del todo, sí que tiene un tono más serio y formal. El disco no debería ser difícil de encontrar puesto que pertenece a la parte más popular del catálogo de su autor. Podéis adquirirlo en los siguientes enlaces:

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Como despedida os dejamos con el 2º movimiento de la "Sinfonía Concertante" de Wolfgang Amadeus Mozart del que procede gran parte de la banda sonora: