domingo, 9 de octubre de 2016

Moby - Play (1999)



Se estima que cada año se publican en el mundo alrededor de 100.000 nuevos discos (al menos es lo que se dice aquí) o, lo que viene a ser lo mismo, unos 2.000 cada semana. Ante esa avalancha continua de música, no es difícil entender que, salvo un esfuerzo titánico de promoción por parte de una discográfica, si un título no consigue destacar en las primeras semanas desde su puesta a la venta, tiene verdaderamente difícil hacerse notar posteriormente.

A pesar de ello, muy de cuando en cuando se da el caso de discos que pasan desapercibidos pero que de repente y sin previo aviso irrumpen en las listas y llegan a superventas. En el panorama actual, ésto suele suceder gracias a la utilización de alguno de los cortes de dicho disco en campañas publicitarias, bandas sonoras de películas de éxito o gracias a algún vídeo viral de internet. A partir de entonces, el trabajo en concreto vive una especie de segunda vida y coloca a su autor en un primer plano que parecía habersele escapado en un primer momento.

Richard Melville Hall no era un completo desconocido cuando lanzó “Play”, su quinto disco, en 1999. Sin embargo, sí parecía haber tomado algunas decisiones equivocadas. Comenzó haciendo música electrónica de baile en los primeros noventa sin demasiada repercusión (aunque sí la suficiente para remezclar canciones de varias estrellas) y decidió cambiar radicalmente de estilo y acercarse al punk justo en el momento en que la electrónica iba a alcanzar los mayores índices de popularidad.

“Play” parecía destinado a pasar sin pena ni gloria pero la decisión de autorizar el uso de todas las piezas del disco para su uso en campañas publicitarias y bandas sonoras iba a tener importantes repercusiones en los meses posteriores a su publicación. Poco a poco, varios de los cortes empezaban a sonar en radio y televisión y esto terminó por convertir el disco en un superventas global. Moby se convertía en una estrella y lo hacía con un disco de música electrónica muy elegante, lleno de “samples” y con un puñado de cortes verdaderamente notables. La particularidad del disco es que para la varios de los temas, lo que Moby hace es crear una serie de bases rítmicas y texturas sonoras que sirva para acompañar “samples” extraidos de un disco de recopilación. El trabajo en cuestión fue publicado por el musicólogo Alan Lomax en 1993 bajo el título de “Sounds of the South: A Musical Journey from the Georgia Sea Islands to the Mississippi Delta” y Moby selecciona una serie de fragmentos cortos a los que da nueva vida en “Play”. La grabación de Lomax fue realizada por encargo de la Biblioteca del Congreso y recoge grabaciones de campo realizadas por el estudioso en los años treinta de artistas locales del area de los Apalaches, del Delta del Mississippi y demás cunas del folclore estadounidense.

Richard Melville Hall: Moby.


“Honey” - El primer corte del disco, sin ir más lejos, se basa en una grabación de Bessie Jones titulada “Sometimes”. A la canción a capella de la artista, Moby le añade una potente base rítmica de piano, percusiones programadas y algunos “samples” más procedentes probablemente de la misma recopilación. Todo ello con la adición de algunas texturas electrónicas se convirtió en un verdadero “hit” que aún hoy sigue sonando muy bien.




“Find My Baby” - Algo similar ocurre con la siguiente canción. Moby toma los primeros seis segundos del blues “Joe Lee's Rock” interpretado por Boy Blue, los reproduce en “loop” y toca por encima la guitarra ayudado por una base rítmica. Poco a poco va añadiendo nuevos elementos, arreglos de cuerdas, una linea de bajo contagiosa, “scratches”, coros y demás parafernalia hasta convertirlos en un gran tema electrónico que fue, como el corte anterior, uno de los muchísimos “singles” que fueron extraídos del disco.

“Porcelain” - La que es, probablemente, nuestra pieza favorita del disco, estuvo a punto de no formar parte del mismo ya que Moby no estaba del todo convencido del resultado final. La base de la pieza son unas cuerdas reproducidas al revés que pertenecían a la banda sonora de la película “Exodus”. El efecto es verdaderamente interesante pero lo mejor de la canción viene después con la escueta melodía de piano que se repite luego durante toda la pieza y con la melancólica voz de Moby que interpreta una melodía cadenciosa. Los arreglos y la producción son extraordinarios y no es de extrañar que el tema fuera utilizado en bandas sonoras y clips publicitarios en todo el mundo.




“Why Does My Heart Feel so Bad?” - De nuevo un tema de piano, un ritmo electrónico y unos acertados fondos electrónicos sirven para dar nueva vida a otra canción olvidada. Se trata del himno gospel “He'll Roll Your Burdens Away” de los Banks Brothers. Es posible que el trabajo de Moby sea, en realidad, más cercano al de un productor que al de un compositor puesto que lo que hace es “adornar” un tema ajeno pero el resultado es tan sorprendente que no podemos quitarle mérito alguno.




“South Side” - El tema comienza como una canción hip-hop más pero el estribillo y los arreglos posteriores la llevan al terreno de la electrónica que se hacía en aquellos momentos. El propio autor menciona una gran influencia de la música “house” pero los toques de rock que tiene el tema en muchos momentos nos hacen ser muy reticentes a la hora de englobar la pieza en un estilo concreto. La canción se grabó con la colaboración de Gwen Stefani quien cantaba originalmente junto con Moby en la misma pero su voz desapareció de la mezcla que apareció en el disco (no así de los singles).

“Rushing” - Uno de los temas más ambientales del disco, quizá junto con “Porcelain”. Todo el peso lo lleva la electrónica con extensos pasajes dominados por colchones de cuerdas y un piano muy protagonista ejecutando arpegios de forma constante. Otra de nuestras piezas favoritas.

“Body Rock” - Continuamos con la técnica más utilizada en el disco. Moby toma fragmentos de “Love Rap” de Spoony Gee, uno de los pioneros del hip-hop en los setenta y los reviste de un poderoso armazón de electrónica bailable. La fórmula empieza a repetirse demasiado pero aún suena bien.

“Natural Blues” - Volvemos al blues más primitivo con otra de las grabaciones de Lomax. En este caso se trata de “Trouble So Hard” de la cantante Vera Hall, canción actualizada por completo por Moby con arreglos entre el “house” y el “ambient” que dan un resultado excelente.




“Machete” - La tendencia del disco se rompe con un tema techno sin concesiones. Ritmos desenfrenados, percusiones contundentes al estilo de The Prodigy, unas partes vocales que podrían haber firmado los Chemical Brothers y una producción monolítica. Una rareza dentro del disco en la que sólo algunas guitarras nos recuerdan al Moby de temas anteriores.

“7” - El tema más peculiar del disco, tanto por su escasa duración (apenas un minuto) como por su contenido: una base rítmica irregular sobre la que se escucha algún punteo aislado de guitarra. Casi una anécdota.

“Run On” - Tras un par de temas de transición, Moby vuelve a tomar “samples” de un tema tradicional, en este caso de la versión del grupo vocal Bill Lanford and the Lanfordairs grabada en 1949. El músico le añade un ritmo electrónico y un piano que martillea continuamente dos acordes. Muy simple pero efectivo a más no poder.




“Down Slow” - Una pieza similar a “7” aunque ligeramente más larga. Un sencillo “loop” de percusión con unas escuetas notas de piano y un par de acordes electrónicos hacia el final. Un transición hacia el segmento final del disco.

“If Things Were Perfect” - Esta vez es una linea de bajo repetida hasta la saciedad la que sirve de base para un lento recitado por parte del artista en el que apenas una percusión muy sencilla y algunos “scratches” sirven de acompañamiento.

“Everloving” - La versión más íntima de Moby aparece aquí en esta pieza cuyo esqueleto lo forma un tema de guitarra acústica sobre el que se escuchan algunas voces. Conforme avanza la pieza se incorpora el piano y la percusión pero básicamente nos encontramos ante el mismo tema que en los primeros instantes. Es en la segunda parte en la que aparece una poderosa melodía electrónica y el tema adquiere tintes casi épicos. Quizá sea el tema con una evolución más interesante de todo el trabajo.

“Inside” - Un marcado ritmo nos recibe antes de que Moby despliegue todo su arsenal de sonidos ambientales electrónicos y comience a crear capas y capas de sonido que evolucionan parsimoniosamente. Junto con “Porcelain” y “Rushing” forman un trío de temas que se encuentran entre lo mejor del sonido “ambient” de la época del disco.

“Guitar, Flute & String” - Una miniatura para que la que el músico no se molestó demasiado en buscar un título si se nos permite la maldad. Lo cierto es que sí, suena una guitarra, pero tanto la flauta como las cuerdas son claramente electrónicas. El tema es de agradable escucha pero tampoco tiene mayor historia.

“The Sky is Broken” - El disco parece querer despedirse con los temas más intrascendentes del mismo. Moby es un activista vegano, entusiasta de la meditación trascendental y del yoga (lo que le granjeó alguna parodia por parte del rapero Eminem en un videoclip). Es posible, a pesar de la percusión, que esta pieza sea adecuada para alguna de esas prácticas a las que es tan dado (para el veganismo no creo que tenga aplicación práctica).

“My Weakness” - Para cerrar el disco, el artista se guardó un experimento delicioso. Con un distorsionado “loop” de un coro africano como motivo central, Moby crea un “in crescendo” de cuerdas y texturas electrónicas de gran belleza. El músico afirma que se inspiró en la música de los impresionistas franceses para crear la pieza y lo cierto es que el ambiente que se logra con ella tiene algo de mágico. Fue utilizada para acompañar una de las escenas más emotivas del último capítulo de la serie “Expediente-X”.

Hay algo de justicia poética en el éxito de “Play”. Decíamos al principio que hay discos que pasan desapercibidos un tiempo para luego triunfar de forma inesperada meses después de su publicación. Con este trabajo no sólo pasa eso sino que, por virtud de los “samples” empleados en muchas de sus canciones, el reconocimiento les iba a llegar a los autores originales de las mismas muchas décadas después de su publicación.

Tenemos que reconocer que hemos seguido la trayectoria de Moby de un modo un tanto distraído. Con un ojo puesto en lo que hacía pero sin prestarle una atención excesiva. “Play”, sin embargo, sigue pareciéndonos un gran trabajo tantos años después y creemos que este es un buen momento para que aparezca en el blog.

Os dejamos con "South Side" en directo.


miércoles, 5 de octubre de 2016

Vangelis - Rosetta (2016)



En marzo de 2004, la Agencia Espacial Europea lanzaba al espacio una sonda que iba a afrontar una misión apasionante. El objetivo era nada menos que aterrizar sobre el cometa “67P/Churyumov–Gerasimenko”, un pedrusco de apenas cuatro kilómetros de largo procedente de Cinturón de Kuiper. La misión concluyó con éxito hace ahora dos años, en noviembre de 2014, cuando el módulo “Philae” se separó de la sonda “Rosetta” y tomó contacto con el nucleo del cometa.

Habitualmente estas noticias científicas pasan desapercibidas y es por ello que se recurre a todo tipo de estrategias para darles visibilidad. Así, los aficionados a la música nos llevamos una gran sorpresa cuando la Agencia publicó una serie de tres videos en youtube sobre la misión acompañados por música de Vangelis, compuesta y grabada para la ocasión. La música de los tres “clips” se interrumpía con un fundido pero nunca creímos que algún día verían la luz las composiciones completas. Los antecedentes con su autor y algunas obras de similar temática que creó en el pasado parecían apuntar en esa dirección (nunca se publicó, por ejemplo, la música que compuso para un video de la NASA en el que acompañaba a imágenes de la Tierra y Luna tomadas desde la sonde Juno). En los vídeos se veían imágenes detalladas del cometa tomadas por la sonda “Rosetta” así como infografías generadas por ordenador sobre el “aterrizaje” de “Philae” en el mismo.

Así quedó la cosa hasta que en la primavera pasada algunas webs de venta de discos comenzaron a mostrar entre los lanzamientos futuros un disco de Vangelis titulado, precisamente, “Rosetta”. Desde ese momento, todas las noticias apuntaban hacia la veracidad del anuncio: había un nuevo disco del músico griego en camino. A finales de julio, Decca confirmaba la aparición de Rosetta para el mes de septiembre. Esta vez ibamos a escuchar al Vangelis de siempre, en solitario, sin orquestas, cantantes ni músicos invitados. Sólo el compositor y sus sintetizadores. Prometedor ¿verdad?

"67P/Churyumov–Gerasimenko"


“Origins (Arrival)” - La apertura es solemne como corresponde a un disco de estas características. Un “drone” profundo de fondo con algunos efectos de viento y una fanfarria de metales emulados con el clásico sonido de Vangelis nos preparan para un lento desarrollo melódico de gran intensidad, cercano en su planteamiento a algunos momentos de la banda sonora de “Alexander”. Comienzan los efectos sonoros espaciales y un afilado sonido de órgano que esboza una nueva melodía acompañado por el sordo impacto de las percusiones. En el tramo final se dibujan algunas secuencias que nos remiten al Vangelis de “Spiral” para terminar de conformar un interesante comienzo.




“Starstuff” - Entramos ahora en una fase más ambiental en la que las melodías apenas se dibujan unos instantes para luego desvanecerse. Quizá sea este el equivalente de 2016 del Vangelis de los momentos más pausados de “Heaven and Hell”, con sonidos y timbres más próximos al de “Oceanic”. Una pieza más disfrutable por los seguidores del griego que por el público en general, intuímos.

“Infinitude” - Comenzamos a encontrarnos con esas melodías que han hecho inconfundible al compositor. En este caso es con un tiempo lento de cuerdas con refuerzo de coros sintéticos en la linea de “El Greco” (el disco de 1998, no la banda sonora del mismo nombre, rica en melodías, como esta, de aire bizantino). El tema central se repite varias veces otorgandole a la pieza un aire procesional muy adecuado para trasladarnos hasta el siguiente corte.




“Exo Genesis” - Una serie de arabescos al piano nos reciben combinados con percusiones en lo que podría ser una actualización algo domesticada de determinados pasajes del citado “Heaven and Hell”. Con la entrada de las cuerdas entramos en un segmento más orquestal con apuntes hacia la magnífica “suite” de “Chariots of Fire” aunque nunca termina de de desembocar en todo lo que promete.

“Celestial Whispers” - Entramos ahora en un segmento de gran belleza melódica en el que un sonido muy evocador dibuja un precioso tema al que, en nuestra opinión, no le hace ningún favor alguno de los arreglos del acompañamiento. Con todo, nos parece una gran muestra de inspiración por parte de su autor que sigue siendo capaz de ejercicios de estilo como este.

“Albedo 0.06” - Entramos en el primer tema en el que los ritmos y secuencias electrónicos se hacen notar de forma clara. Si obviamos el tema central de la obertura del disco, que se apunta un par de veces, el ambiente, los sonidos y el esquema general de la composición podría formar parte de la banda sonora de Blade Runner sin problema alguno. Quizá peque, como ocurría con algún tema anterior, de no terminar de desplegar todo aquello que parece anticipar pero lo cierto es que nos parece un gran tema.

“Sunlight” - Un tema que podríamos calificar como de transición es el que nos va a llevar hasta la segunda mitad del disco. Retazos de melodías en el comienzo que van siendo arropados por abrumadores colchones de cuerdas en los instantes siguientes. Volvemos a acordarnos de “Oceanic” lo cual no es precisamente bueno ya que ese trabajo no se cuenta precisamente entre los que más apreciamos de Vangelis.

“Rosetta” - Llegamos al que creemos que va a ser uno de los temas más polémicos del disco. Se trata de una melodía que se acerca en las formas al mítico “Alpha” del disco “Albedo 0.39”. Sin embargo, la elección de los sonidos y los arreglos transforman lo que en su momento era una épica pieza espacial en algo más cercano a la banda sonora de un film erótico de los años setenta. Las trompetas sintéticas de la parte final, que acompañan a unos timbales pretendidamente solemnes no contribuyen a mejorar la cosa. Quizá estemos equivocados pero creemos que aquí Vangelis arruina una melodía con mucho potencial.




“Philae's Descent” - Afortunadamente el disco remonta de forma espectacular desde aquí hasta el final, empezando por esta pieza en la que el músico griego se desmelena y nos ofrece una selección de su sonido más épico. Encontramos aquí destellos de las mejores partes de “Chariots of Fire”, “Heaven and Hell” y de temas como “Nucleogenesis” del citado “Albedo 0.39”. No es el gran Vangelis de los años setenta pero se le parece mucho y eso, a estas alturas, es todo un logro.

“Mission Accomplie (Rosetta's Waltz)” - Llegamos al momento más emotivo del disco, el vals central del trabajo en el que Vangelis se hace plenamente reconocible. La pieza es bonita, qué duda cabe, pero es dulzona a más no poder y tiene algo de autocomplaciente. Es el Vangelis de las músicas para los grandes acontecimientos, las ceremonias inaugurales y los fastos televisados para todo el planeta. Desde luego, está lejos de la faceta que más nos gusta del compositor pero tenemos que reconocer que como himno funciona bien.

“Perihelion” - Otro tema polémico, en especial en los ambientes más técnicos y conocedores de las interioridades de los sintetizadores. Decimos eso porque la base completa de la pieza (a excepción de un interludio central), la secuencia central de la misma, parece ser un preset del Korg Kronos programado en homenaje a la banda alemana Tangerine Dream (el preset se llama Tangerine Skyes y, de hecho, se aproxima mucho a alguna secuencia mítica del grupo como la del tema “Green Desert”). La composición, que en una primera escucha nos entusiasmó, está construida a partir de esa secuencia sobre la que Vangelis va incorporando sus sonidos clásicos con profusión de percusiones, efectos electrónicos y golpes orquestales. Es cierto que a ún músico de la altura del autor de “Blade Runner” se le debe exigir algo más de implicación que la mera utilización de bases creadas por otros pero lo cierto es que, pese a todo, “Perihelion” nos gusta mucho.




“Elegy” - El mejor momento de todo el disco, en nuestra opinión, llega justo aquí. Por un momento el compositor deja a un lado ritmos, secuencias y percusiones y nos regala una muestra de su talento en estado puro con un tema de cuerdas con regusto clasicista. Una melodía en la que, permítasenos la comparación, encontramos rasgos mozartianos (en algún momento parece que vamos a escuchar un coro entonando el “confutatis”). Soberbio, brillante e inspirado hasta niveles que sólo un grande puede alcanzar.




“Return to the Void” - El cierre del disco es íntimo. Muy electrónico y evocador, consiguiendo reflejar completamente lo que anuncia el título: el regreso del cometa al vacío para continuar con su viaje infinito. Magnífico cierre para uno de los regresos más esperados de los últimos años.

La música electrónica ha estado siempre muy ligada al espacio y son incontables los artistas que han creado obras con esa inspiración. No deja de ser una anécdota pero ya en su segundo disco, “Alpha Centuri”, la banda alemana Tangerine Dream titulaba uno de los cortes “Fly and Collision of Coma Sola”. El tema hacía referencia al cometa descubierto por el astrónomo español José Comas y Solà. Curiosamente fue estudiando una serie de fotografías del mismo realizadas por Svetlana Gerasimenko cuando el también astrónomo Klim Churiumov descubrió ese otro cometa que es, precisamente, el objeto de la misión Rosetta.

Vangelis tiene ya una larga cantidad de trabajos relacionados con el cosmos o con los viajes espaciales (desde el disco “Albedo 0.39” hasta “Mythodea” pasando por determinados temas individuales de otros LP's como “The Motion of Stars” o “Intergalactic Radio Station”). No es de extrañar que para la ocasión, el músico griego haya retornado en ciertos momentos a los sonidos y estructuras de sus discos más recordados asegurandose así un factor siempre interesante cuando hablamos de músicos consagrados: el de la nostalgia.

A estas alturas, Vangelis está muy por encima del bien y del mal y nada de lo que haga puede modificar demasiado la visión que tenemos de su carrera. Siempre hay expectación ante un nuevo disco suyo y tenemos que decir que, en este caso, no se ha visto defraudada en absoluto. Puede que “Rosetta” no sea recordado como uno de sus cuatro o cinco mejores trabajos pero tampoco como una obra decadente. Nosotros no tenemos muchas dificultades a la hora de encontrar unos cuantos discos suyos más flojos que este último sin necesidad de irnos muy atrás en el tiempo y eso es una buena señal a la hora de recomendar este trabajo.


 

domingo, 2 de octubre de 2016

Jeroen Van Veen - Tiersen "Pour Amelie" Piano Music (2015)



Que en el pianista holandés Jeroen Van Veen reside un antólogo es algo de lo que no nos cabe ya la menor duda. Sus grabaciones tienen un espíritu enciclopédico muy de agradecer que nos ha acercado las integrales para piano y otras recopilaciones de gran amplitud de un buen número de músicos contemporaneos del entorno del minimalismo.

En muchas de esas ocasiones, el enciclopedismo raya con la obsesión ya que no son pocos los músicos de cuyas obras nos ha brindado el artista distintas colecciones en las que escuchamos interpretaciones diferentes de las mismas piezas junto con otras nuevas. Es el caso del disco que apareció a finales del año pasado en Brilliant Classics en el que Van Veen repasa a lo largo de dos discos algunas de las mejores composiciones para piano del compositor francés Yann Tiersen.

Autor e intérprete son ambos viejos conocidos de los lectores del blog ya que han protagonizado un gran número de entradas anteriormente. No podía faltar, por lo tanto, una reseña de este trabajo, muy recomendable, por cierto, para cualquier seguidor de cualquiera de los dos músicos.

La primera vez que Van Veen se acercó a la música de Tiersen fue en su monumental caja de diez discos titulada “Minimal Piano Collection”. En ella, el francés compartía volumen con Michael Nyman y podíamos escuchar una selección de once piezas de muy corta duración en su mayoría. Todas ellas vuelven a sonar aquí pero esta vez acompañadas de un muestrario mucho más amplio del repertorio de su autor. Aunque el primero de los discos está titulado “Pour Amelie” y el segundo “Goodbye Lenin”, lo cierto es que la música del primero no pertenece exclusivamente a esa banda sonora sino que incluye piezas procedentes de discos anteriores (alguna no utilizada en la película) y también de trabajos publicados con posterioridad a la misma.

Jeroen Van Veen


En el primer disco el orden de los temas es cronológico y abarca todos los trabajos del músico del periodo 1994-2003 con la excepción de “La Valse des Monstres”, cosa curiosa ya que en la banda sonora de Amelie sí aparecía música de ese disco. Van Veen rescata de “Rue des Cascades” los siguientes temas: “Comptine d`été No.2”, “Comptine d`été No.3”, “Le vieux en veut encore”, “Toujours la”, “Comptine d`été No.1” y “La piece vide”. De “Le Phare” aparecen cuatro arreglos para piano de composiciones en las que, originalmente, sonaban otros instrumentos como acompañamiento. Es el caso de “La dispute”, para piano y melódica, “Sur le fil” y “La Chute”, para piano y violín y “Les jours heureux”, para piano, clave, piano de juguete y violin. La banda sonora de “Amelie” está representada por “Comptine d`un autre été: l`après midi”, “La valse d`Amélie” y “Le Moulin”. “L'Absente”, trabajo del mismo año que la película, aporta “L`absente” y “Le retour”. Menos conocidas son las piezas procedentes de “Les Retrouvailles” (“Le matin”, “La plage”, “Les retrouvailles” y “La jetee”) y “Tabarly” (“Tabarly”, “8 mmm” y “Point Zero”), discos ambos posteriores a las bandas sonoras de “Amelie” y “Goodbye Lenin”. A esta última, como ya indicamos, está dedicado en su totalidad el segundo CD de la colección en el que aparecen títulos pertenecientes al disco de la banda sonora y otros que no se corresponden con el mismo aunque la música sí que aparece en la película. Eso ocurre con “Coma”, “From Prison to Hospital”, “Mother”, “Selling Dishes”, “Birthday Preparations” y “Finding the Money”.




Van Veen ofrece una colección de interpretaciones que guardan una gran fidelidad hacia las originales, si acaso con un enfoque algo más clasicista allí donde Tiersen se asoma más al folk, pero con una solvencia absoluta. Por poner un ejemplo, en la primera parte de “La Valse d'Amelie”, el pianista holandés convierte una pieza juguetona en una “gymnopedie” más de Erik Satie. En la segunda parte, y en un claro contraste, la dota de una energía ausente en el original con algún “fortissimo” que puede sobresaltar al oyente más desprevenido. En el segundo disco, al margen de su faceta de intérprete podemos apreciar también la de arreglista ya que la banda sonora contaba con la participación de una nutrida orquesta que aquí, por razones obvias, no está presente.

En ambas tareas el desempeño de Jeroen Van Veen es excelente y eso hace de este doble disco una elección excelente para introducirse en el mundo de Yann Tiersen, un compositor que nos ha brindado trabajos inspiradísimos en los últimos años explorando también otro tipo de territorios más cercanos al rock y a la experimentación electrónica aunque sin olvidar el estilo que le hizo popular y que tan bien representado está en la grabación que nos ofrece el sello Brilliant Classics y que hoy os recomendamos. En la linea de este último comentario, acaba de aparecer una nueva grabación del músico con piezas para piano que no tardaremos en comentar por aquí. Hasta entonces, no está de más escuchar a Van Veen y su homenaje al compositor.