miércoles, 9 de octubre de 2019

Liquid Trio Experiment 2 - When The Keyboard Breaks: Live in Chicago (2008)



El “heavy metal” ha sido en las últimas décadas un estilo tremendamente resbaladizo a la hora de ubicar a una banda determinada en alguno de los infinitos sub-géneros que como en un fractal que se despliega sin límite han ido apareciendo a lo largo de todo este tiempo. Pese a ello, creemos no equivocarnos si afirmamos que el “metal progresivo” es una de las variantes que goza de mejor saludo hoy en día y que dentro de ella, una de las bandas más representativas, si no la que más, son los norteamericanos Dream Theater. En 1997, su batería Mike Portnoy quiso comenzar un proyecto paralelo, una especie de supergrupo, para lo que se puso en contacto con el teclista Jordan Rudess, el bajista Tony Levin y el guitarrista Dimebag Darrell. Rudess, quien había dicho que no previamente a Dream Theater, aceptó esta vez la oferta, al igual que Levin. No ocurrió lo mismo con el guitarrista y los demás intentos por encontrar uno a la altura fueron también infructuosos.

No deja de ser paradójico que Portnoy buscase una banda que no tuviera relación alguna con Dream Theater y finalmente terminase por crear una especie de “projeKct” si se nos permite adoptar la terminología acuñada por Robert Fripp para los diferentes satélites de King Crimson. Al fallar las distintas alternativas para la guitarra fue el de los propios Dream Theater, John Petrucci, quien terminaría por ocupar esa plaza en la banda. Poco después sería Jordan Rudess quien acabaría integrándose en Dream Theater por lo que Liquid Tension Experiment, que era el nombre del supergrupo de Portnoy, terminaría compartiendo tres miembros con la formación “matriz”.

Liquid Tension Experiment lanzaron un par de discos de estudio con ese nombre y dieron multitud de conciertos en los que podíamos escuchar a la banda en plenitud. El disco que hoy comentamos recoge una de esas actuaciones pero no una cualquiera sino una muy especial: se trata de un concierto celebrado en Chicago en 2008 en el que, en plena actuación, el teclado de Jordan Rudess comenzó a fallar. El músico abandonó el escenario para tratar de solucionarlo y, mientras tanto, el resto de la banda continuó con el espectáculo improvisando casi al 100% durante el resto de la velada. Pese a que incluso pasó un buen rato hablando por teléfono con los técnicos de Roland en Japón, no fue posible arreglar el problema así que, en plena locura en el escenario, en el último tramo del concierto, el teclista volvió a salir pero para tocar la guitarra lo que produjo una cascada de intercambios de instrumentos entre los músicos e incluso la incorporación al show de algún espectador no previsto. Todo ello hace de esta una grabación muy particular por lo que tiene de irrepetible.

Liquid Tension Experiment en su formación original como cuarteto.



“Universal Mind (When the Keyboard Broke)” - Las primeras siete piezas del concierto transcurrieron sin problemas pero al llegar a esta, perteneciente al primer disco de Liquid Tension Experiment, algo no iba bien. En palabras de Rudess, el teclado empezó a tocar como medio tono por encima de lo debido. Luego descubriría que la membrana situada por debajo de las teclas del aparato se había desplazado y eso hacía que cuando pulsaba una de ellas, el sintetizador interpretaba que estaba tocando dos consecutivas a la vez pero eso fue después de la actuación. En el momento en que todo empezó a ir mal, Rudess se fue entre bastidores para tratar de solucionarlo.

“The Chicago Blues & Noodle Factory” - Ante esa situación, y tras preguntar al público si querían que siguieran con el espectáculo mientras se solucionaba el problema con el teclado, la banda, reducida a trío, comenzó a improvisar. La primera pieza comenzaba con un blues clásico que enseguida evolucionaba hacia una trepidante pieza rockera perfectamente estructurada en la que los tres músicos se complementaban a la perfección con momentos de caos muy “crimsonianos” de los que salían magistralmente. No en vano, contaban con Tony Levin, curtido en mil y una batallas con todo tipo de músicos imaginables.




“Fade Away or Keep Going?” - Terminada la primera pieza de la “jam session” y tras confirmar Jordan Rudess que no iba a poder incorporarse al concierto a corto plazo, el trío comenzó con otro blues lento en el que Petrucci se iba a lucir con fraseados que en algún momento evocaban a Santana pero sin renunciar a la espectacularidad de sus solos, marca de la casa. La cosa marchaba e incluso los músicos le decían a Jordan que se tomase su tiempo para arreglar el teclado.

“The Haunted Keyboard” - Comenzaba así la siguiente pieza con Tony Levin al stick dibujando una introducción que enseguida iba a transformarse en una frenética pieza de jazz-rock con toques psicodélicos de la que emergía un poderoso estribillo de guitarra muy evocador. A mitad de la pieza la banda se detiene en lo que será un interludio alucinógeno lleno de extraños sonidos procedentes de la guitarra de Petrucci durante el cual la banda manifiesta su deseo de que alguien esté pirateando el concierto porque “está quedando realmente bien”. La sucesión de efectos sonoros se prolonga así hasta el final de la pieza dando paso al corte más extenso del disco.

“Close Encounters on the Liquid Kind” - El tema comienza con cierta calma pero poco a poco va acelerándose durante los dos primeros minutos para mostrar a partir de ese momento los primeros esbozos melódicos más o menos reconocibles. Es entonces cuando Petrucci se enfrasca en una larga intervención llena de virtuosismo pero en la que quizá debería haber dejado más espacio a Portnoy y Levin, que quedan limitados a simples comparsas durante demasiado tiempo. Cuando por fin tienen un pequeño hueco, el guitarrista vuelve a ocupar todo el protagonismo, eso sí, con una de sus intervenciones más inspiradas en la que no falta algún guiño a Led Zeppelin (con esbozo del riff de “Whole Lotta Love” incluido). La parte final es un despliegue de facultades casi gimnástico por parte de un Petrucci agotador. Un auténtico “tour de force” que gustará a los amantes del “guitar hero” clásico pero que adolece de una cierta estructuración que de más sentido a todo lo que suena. En el último tramo se deja escuchar la clásica melodía de cinco notas que sirvió para establecer comunicación con los extraterrestres en “Encuentros en la tercera fase”, la película de Spielberg a la que se homenajea en el título de la pieza.

“Ten Minute Warning” - Se realiza entonces el anuncio de que en apenas diez minutos volverá a haber un teclista en el escenario. Verdad a medias, como veremos después. Entretanto, asistimos a un precioso dúo entre Levin y Petrucci impulsado por la imparable batería de un Portnoy metido por unos instantes a émulo de Stewart Copeland. Probablemente sea nuestra pieza preferida del disco por el equilibrio entre el sentido musical que posee y las dosis de exhibicionismo, también presentes pero ahora mucho mejor integradas en el propio tema.




“That 'Ol Broken Down Keyboard Blues” - Sin solución de continuidad, la pieza anterior enlaza con este nuevo blues cuya interpretación estaba siendo realmente espectacular hasta que Rudess decide reincorporarse al concierto. Ante la imposibilidad de reparar su teclado, Jordan subió al escenario para pedirle guitarra a un Petrucci que se encontraba en pleno solo. Culminado el relevo, el propio Petrucci hizo lo propio con el bajo de Levin quien en ese momento estaba tocando el stick. Con esa nueva configuración terminó de interpretarse la pieza. Una verdadera pasada, dadas las circunstancias.

“Liquid Anthrax” - Para culminar la transformación de la banda, Mike Portnoy dejó las baquetas para tomar el bajo mientras que su puesto en la batería lo iba a ocupar uno de los espectadores del concierto: Charlie Benante, el titular del instrumento en Anthrax, la banda de “trash metal” (de ahí la referencia del título de la pieza). La segunda parte del tema iba a ser una versión de “How Many More Times”, clásico de Led Zeppelin con el que se iba a poner un broche de oro al concierto.

“That's All Folks!” - El último corte es en realidad la despedida de la banda una vez confirmado que el teclado de Rudess no tiene arreglo. Una breve explicación de lo sucedido y la preceptiva disculpa ponen fin a la grabación.

No había ninguna intención de grabar este concierto y menos aún de publicarlo pero las circunstancias que sobrevinieron hicieron que la banda buscase una grabación de la mesa de mezclas y la publicase a través de Lazy Tomato, un subsello creado específicamente por la banda para lanzar todo este tipo de grabaciones no del todo oficiales del mismo modo que hacían en Dream Theater con el sello Ytsejam. De este modo se da salida a un material que no tiene la calidad de un concierto “oficial” pero sirve para combatir los lanzamientos pirata del mismo por parte de terceros.

Por todo lo dicho, el lector no debe buscar aquí un disco de factura impecable. No lo es. Es una grabación en vivo sin edición de ningún tipo por lo que todos los fallos están ahí. La calidad de la grabación es aceptable pero no excelente. Está lejos de ser un registro en directo como los que habitualmente salen a la venta con todos los errores corregidos, partes reinterpretadas, etc. Ese es a nuestro juicio su mayor activo: escuchar a los músicos exactamente como sonaron aquella noche y disfrutar de sus interpretaciones y su talento para la improvisación, cosa que no siempre es posible en otro tipo de discos a los que estamos acostumbrados. De hecho, en lugar de publicar el concierto completo, la banda optó por hacerlo solo a partir del momento en que surge el problema. Una anécdota, en fin, que no debería ir mucho más allá pero que consideramos que puede ser disfrutada por muchos lectores, sean o no seguidores de Dream Theater o Liquid Tension Experiment.

Nos despedimos con un ejemplo de cómo sonaba Liquid Tension Experiment en vivo cuando no había problemas.


miércoles, 2 de octubre de 2019

Bryce Dessner - El Chan (2019)




Uno de los artistas a los que llevamos tiempo queriendo traer al blog es el guitarrista y compositor estadounidense Bryce Dessner. Ya hablamos de él de forma tangencial cuando reseñamos el proyecto “Planetarium” firmado por el propio Dessner en compañía de Nico Muhly o Sufjan Stevens pero teníamos ganas de centrarnos en un disco formado por piezas exclusivamente suyas y qué mejor ocasión que la publicación reciente de un disco con tres estrenos del músico en el sello Deutsche Grammophon.

Dessner comenzó a ser conocido como miembro de la banda The National con quienes ha grabado un buen número de discos que han alcanzado un gran reconocimiento incluso en forma de premio Grammy pero la faceta que más nos interesa de Bryce es la de compositor, digamos, clásico. Entre 1999 y 2010, aproximadamente, el guitarrista estuvo centrado en The National pero a partir de esas fechas comenzó a trabajar por su cuenta en direcciones alternativas sin abandonar la banda con quienes, de hecho, ha lanzado un nuevo disco no hace mucho tiempo. Ya en la época anterior, Dessner formaba parte de una formación instrumental que oscilaba entre el rock y el jazz por el carácter improvisado de sus obras. Se llamaban Clogs y estaban integrados por compañeros de estudios de Dessner en Yale y su estilo podía ser una buena anticipación de lo que después haría nuestro hombre en solitario. En su carrera como compositor, Dessner se ha centrado en formaciones pequeñas y en obras para solistas pero también ha escrito piezas para orquesta. El disco que comentamos hoy tiene un poco de todo ello ya que nos ofrece un concierto, una obra de cámara y una tercera para dos pianos. Como curiosidad, todo el trabajo está dedicado al director de cine mexicano Alejandro González Iñárritu con quien Dessner colaboró componiendo algunas piezas para la película “The Revenant” y firmando otras junto a los titulares de la banda sonora: Ryuichi Sakamoto y Alva Noto. De hecho, el título del disco, “El Chan”, es una referencia al espíritu protector de El Charco del Ingenio, una laguna cercana a la ciudad de San Miguel de Allende en la que reside Iñárritu junto con su esposa Maria Eladia Hagerman, también receptora de la dedicatoria del trabajo de Dessner. En correspondencia a la atención del músico con él, Iñárritu es el diseñador de la portada del disco.

En la grabación participan las otras protagonistas del disco: las hermanas Katia y Marielle Labèque (que ya aparecieron en el blog en su día). Junto a ellas intervienen los miembros de la Orchestre de Paris dirigida por Matthias Pintscher, el MDH Quartet, el guitarrista David Chalmin y el propio Bryce Dessner interpretando también la guitarra.

Bryce Dessner junto a las hermanas Labèque.



“CONCERTO FOR TWO PIANOS” - El primer movimiento comienza de forma fulgurante con el piano lanzado a una carrera desenfrenada que nos recuerda a veces a alguna pieza de John Adams. Llega entonces un parón en el que la orquesta dibuja sus primeras intervenciones pero que enseguida vuelve a transformarse en una montaña rusa en constante diálogo entre las pianistas y el resto de instrumentistas. Todo el movimiento tiene un aire cinematográfico muy interesante y fresco que lo hace francamente atractivo. El segundo movimiento, por su parte, es bastante más calmado aunque no exento de intensidad cuando es necesario. Los pianos copan la atención en el inicio siendo arropados por la orquesta en determinadas partes. Dentro de ella, las distintas secciones gozan de una cierta libertad de modo que podemos escuchar a las cuerdas en diálogo con las hermanas Labèque para dejar poco después esa tarea en manos de la percusión o los vientos. La influencia de Adams nos parece cada vez más evidente. El movimiento final es heredero directo del primero y está lleno de una energía desbordante desde los primeros compases. Los pianos se reparten la parte rítmica, al estilo de Michael Nyman y la melódica alternativamente convirtiéndose en una locomotora imparable a la que la orquesta apenas puede seguir el ritmo a duras penas. A mitad de la pieza se hace el silencio y escuchamos una intervención de corte melancólico del piano, de nuevo en la linea de Nyman, tras la que afrontamos el segmento final de la obra.

“HAVEN” - Si a lo largo del concierto anterior encontrábamos varias influencias más o menos claras de otros artistas, en esta pieza es más evidente el peso de la música de Steve Reich en Dessner. Es una composición para guitarras, en el más puro estilo de “Electric Counterpoint”, con el apoyo puntual de los pianos en determinados instantes. “Haven” es una exquisitez pero no consigue quitarse de encima el enorme peso de Reich que invade toda la primera mitad de la obra. Es entonces cuando entramos en un delicado interludio en el que los pianos pasan al primer plano y que es nuestro momento favorito de toda la pieza que concluye volviendo al tapiz de guitarras del principio.



“EL CHAN” - Dividida en siete movimientos breves, esta suite es la que da título al disco y hace acreedor a Iñárritu de la dedicatoria del mismo. “El Charco del Ingenio” nos introduce en la acción con un firme duo de pianos que bien podría simular la tensión en la superficie de la laguna del mismo nombre. “Points of Light” tiene tintes más ambientales y no se encuentra demasiado lejos del John Cage de “In a Landscape” o “A Room”, por poner dos ejemplos. Con “Four Winds” llega un cambio notable al ser una pieza tremendamente dinámica en la que las dos pianistas dan buena muestra de su virtuosismo. El movimiento se diluye poco a poco hasta casi mezclarse con “Ballade d'Alende” en la que volvemos a encontrar el rastro de Cage. Igualmente breve es “Coyote” aunque contrasta con la anterior al pasar de una atmósfera tranquila a otra tremendamente exaltada. “Pool of El Chan” recoge la parte de la música de Cage que anticipaba a su manera el minimalismo. Por último, “Mountain” nos ofrece un delicado cierre ambiental con el que concluye el disco.




Dessner se ha convertido en otro de esos músicos a seguir que han ido surgiendo en los últimos años. Artistas que se saltan todas las clasificaciones y que hacen música de muy diversos géneros sin complejos y que compaginan exitosas carreras en el mundo del rock, el pop o la electrónica con interesantísimas inmersiones en otros campos mal llamados cultos. Junto a nombres como los de Jonny Greenwood (Radiohead), Richard Reed Parry (Arcade Fire) o el propio Johann Johannsson (que tocó en bandas de metal), Max Richter (colaborador en varios discos de Future Sound of London), Olafur Arnalds (batería en una hardcore) o Dustin O'Halloran (con varios proyectos entre el rock independiente y el ambient electrónico), Bryce Dessner nos está ofreciendo una música muy interesante. Tanto es así que podríamos hablar del surgimiento de una corriente “neoclásica” en años recientes formada por músicos de características comunes como los que hemos citado y algunos más que podríamos añadir. Los múltiples contactos y relaciones entre muchos de ellos, además, nos permitirían hablar casi de una escuela que, de consolidarse, puede ocupar un lugar importante en los libros de texto del futuro. En ese contexto conviene no perder mucho de vista a Dessner por lo que pueda llegar a ofrecernos.

Nos despedimos con un fragmento del "concierto para dos pianos y orquesta" interpretado en vivo:


 

lunes, 23 de septiembre de 2019

Jan Garbarek / Kjell Johnsen - Aftenland (1980)



En sus primeros años, el sello ECM estaba consagrado al jazz contemporáneo y muy centrado en la improvisación como forma de sacar la verdadera esencia de sus artistas. La nómina de la discográfica en aquel tiempo estaba plagada de músicos que eran verdaderos maestros en el arte de la creación espontánea como Paul Bley, Gary Burton, Chick Corea o Keith Jarrett. Uno de los artistas más prolíficos en ese terreno era el saxofonista noruego Jan Garbarek quien en apenas una década participó en más de 20 discos del sello, entre los que se encontraban nueve firmados por él como artista principal.

Desde hace unos meses, ECM está reeditando varias de las grabaciones claves en la historia del sello dentro de una serie denominada “Touchstones”. Entre ellas ocupa un lugar destacado el disco que traemos hoy aquí. Se trata de una grabación de 1979 firmada por Garbarek y el organista Kjell Johnsen. En ella, uno de los trabajos en cuya preparación más disfrutó el saxofonista, en sus propias palabras, ambos artistas nos presentan una serie de improvisaciones conjuntas grabadas en la iglesia de Engelbrekt. A lo largo de las nueve composiciones recogidas en el disco, Garbarek toca el saxo soprano y el tenor además de la flauta en uno de los cortes. Johnsen, por su parte, se encarga del órgano.

Jan Garbarek


“Aftenland” - Abre las hostilidades Kjell Johnsen con una serie de notas que recuerdan a otros compositores contemporáneos para el instrumento como Olivier Messiaen. Son notas largas que evolucionan de un modo cadencioso, algo perfecto para que Garbarek comience a improvisar por encima. El saxofonista no busca en ningún momento el virtuosismo instrumental sino ofrecernos las notas justas que encajen en el tapiz que nos muestra el teclista. Es una música glacial, cortante, pero también pasional a su manera. La progresión de la pieza, más intensa a cada compás hace que sea imposible relajar la atención siquiera por un instante y eso es algo que continuará sucediendo durante el resto del disco.

“Syn” - Pese a que el esquema de la pieza podría parecer similar al anterior, lo cierto es que el planteamiento es justo el contrario ya que aquí es Garbarek quien propone y Johnsen el que elabora la respuesta a partir de los fraseos del saxofonista. Tras un breve silencio en la parte central, el organista se desmelena y nos vuelve a recordar a Messiaen (en este caso al más dinámico) en un final muy interesante con Garbarek a una gran altura.

“Linje” - Enlaza ahora el disco tres temas cortos encabezados por esta pieza que casi podría ser un solo de saxo tenor ya que el órgano se limita a un sutil acompañamiento muy en segundo plano. Garbarek toca como nunca y la pieza se hace demasiado breve.

“Bue” - El órgano tiene aquí mayor presencia que en el corte anterior y sus filigranas, pese a desarrollarse en un plano mucho más atrasado que el que ocupa el saxo, son lo más interesante de la composición.

“Enigma” - Contrastando con la pieza precedente, ahora el órgano muestra mucho más músculo y nos brinda el duelo más notable con el saxo de Garbarek en la introducción. Mediada la pieza entramos en ambientes más calmados y sutiles en los que podemos disfrutar de la peculiar sensibilidad del músico noruego.

“Kilden” - El siguiente corte es una especie de culminación de lo que se nos ha presentado en los anteriores. Saxo y órgano fundidos en una danza con mucho de ritual en la que cada uno de los dos músicos sabe leer perfectamente su papel y se complementan para ofrecernos el que probablemente es el tema más completo de todo el trabajo.

“Spill” - Por un momento, Garbarek abandona el saxo para tomar la flauta y afrontar con ella un duelo precioso frente al órgano de Johnsen. Continuas réplicas y contrarréplicas en una bellísima batalla incruenta que bien podía ser la de un pájaro contra la tormenta. Una auténtica maravilla.

“Iskirken” - Se recupera aquí el esquema de “Aftenland” la pieza inicial del disco, con el órgano ejecutando largos acordes que forman la base perfecta para la improvisación de Garbarek. Es esta una de las piezas favoritas del saxofonista que no dudó en incluirla en la antología de su obra que ECM publicó en 2002.

“Tegn” - El corte que cierra el disco es el que tiene un mayor componente folclórico de todo el trabajo. Tanto la melodía de saxo como las del órgano tienen un fuerte sabor tradicional que no desentona en modo alguno con el resto de piezas del trabajo.


Con “Aftenland”, la tierra del anochecer, Garbarek completó una de sus colaboraciones más peculiares ya que hasta ese momento, sus discos a dúo habían sido casi siempre acompañado de un guitarrista (o, en su defecto, de un contrabajista) pero nunca antes con un teclista. El que éste tocase el clásico órgano de iglesia hacía de la colaboración algo aún más excepcional dado lo estrechamente relacionado que se encuentra ese instrumento con la música clásica y, en especial, la religiosa. Desde ese punto de vista, podríamos ver aquí una primera semilla de los discos junto a voces gregrorianas que grabaría mucho más adelante. El resultado es poco convencional pero muy atractivo hasta el punto en que, como decíamos más arriba, el disco está entre aquellos que ECM ha decidido calificar como de “hitos” en su catálogo. Solo por ello ya merece la pena acercarse a esta grabación así como también a la música de Garbarek que merecería una atención más frecuente por nuestra parte.