domingo, 27 de septiembre de 2015

Yes - Tormato (1978)



Dejamos al final de la entrada anterior a Yes con su formación “clásica” reunida de nuevo (se puede discutir qué Yes es más clásico, si el de Bruford o el de White a la batería pero el resto de componentes son los mismos). Acababan de lanzar un disco que volvía en cierto modo al sonido más identificativo de la banda y se encontraban ante el reto de volver a trabajar juntos para grabar nueva música. Como ya indicamos, Wakeman se incorporó tarde a la creación de “Going for the One” con lo que su labor se limitó a la de intérprete. La gira que siguió a aquel disco sirvió para engrasar de nuevo la maquinaria y conjuntar así al quinteto de cara a la creación de más musica.

Las sesiones de grabación comenzaron poco después de concluir la gira mundial y la primera sorpresa iba a llegar pronto ya que no iba a haber en el disco ninguna pieza de larga duración (la más extensa no llegaba a los ocho minutos). Inesperado para los seguidores de la banda ilusionados con la posibilidad de volver a escuchar a la formación que grabó “Tales from Topographic Oceans” y muy decepcionante en cierto modo. No iba a ser la duración de los temas el único foco de descontento para los aficionados y, con el paso del tiempo, para los propios integrantes de la banda.

En el aspecto sonoro, Wakeman incorporaba algún nuevo teclado a su repertorio como el Polymoog Synthesizer pero tambíen se atrevía con el clave, instrumento barroco por excelencia pero menos solemne que el órgano que utilizó con profusión en el disco precedente. Por lo demás, Jon Anderson canta y toca la guitarra acústica, Steve Howe se encarga de las guitarras y la mandolina, además de hacer coros, Chris Squire toca el bajo, el piano y toma parte también en los coros y Alan White es el responsable de la batería y de un amplio surtido de percusiones. También interviene en los coros.

Imagen de la contraportada del disco. El cambio estético no es sólo visual.


“Future Times / Rejoice” - Comienza el disco con dos temas enlazados. El primero de ellos obra de todo el grupo y el segundo firmado sólo por Anderson. Un riff de teclado algo más extenso de lo habitual abre la pieza replicado después por la guitarra de Howe. La batería marca un ritmo marcial y Jon comienza a cantar el texto de la canción con la ayuda del resto en los coros que ocupan un lugar algo más secundario con respecto a épocas pasadas del grupo. El segundo tema comienza con Anderson cantando una intrincada melodía a la que se van sumando el resto de componentes del grupo. El sonido es más crudo que en discos anteriores y, aunque la esencia progresiva de la música de Yes sigue ahí, existe un acercamiento a formás más convencionales. Con respecto al disco anterior, la presencia de los teclados de Wakeman es más importante y eso tiene su peso en el trabajo.

“Don't Kill the Whale” - El único corte que fue extraído como “single” de “Tormato” fue esta canción del dúo Anderson/Squire. Comienza con un riff de guitarra muy directo que desemboca en una canción más cercana que nunca a un formato pop-rock del que la banda había estado alejada hasta ahora. Seguimos teniendo interesantes segmentos de teclados y guitarra e incluso una gran melodía coral a mitad de la pieza pero algo estaba cambiando. Incluso se aprecia un cierto endurecimiento del sonido que evoluciona hacia planteamientos más propios del AOR que pronto se convertiría en una corriente de gran importancia.



“Madrigal” - Anderson y Wakeman firman la pieza más corta del disco, una canción en la que el teclista utiliza el clave como instrumento principal y casi único acompañamiento de Anderson. Más adelante aparece Howe a la guitarra acústica poniendo el contrapunto perfecto al dúo en un tema verdaderamente delicioso.

“Release, Release” - De nuevo Anderson, ahora junto con la sección rítmica formada por White y Squire, son los autores de una de las canciones más dinámicas de todo el disco. Un tema rock de gran energía que se nos antoja que constituyó una influencia muy importante para bandas posteriores y pensamos en The Police. El tema que da nombre al último disco del grupo de Sting, “Synchronicity”, debe mucho a esta composición, especialmente a su primera parte ya que la segunda cambia la intensidad inicial por un enfoque más tranquilo que termina con un solo de White al que se añade sonido ambiente que da la apariencia de hallarnos en un concierto (aunque Wakeman aclararía más tarde que se grabó en un partido de fútbol).

“Ariving UFO” - La “cara b” del disco comenzaba con una pieza de Anderson, Wakeman y Howe. El título hace referencia a los OVNI y los sonidos con los que comienzan tiene mucho que ver con los clásicos efectos “marcianos” que suelen utilizarse para acompañar este tipo de películas e historias. Al margen de eso, la pieza es la clásica canción de Yes con continuos cambios de ritmo, diferentes secciones y un hueco para cada uno de los instrumentistas. Aunque no suele ser recordada especialmente, es una de nuestras composiciones favoritas del disco.

“Circus of Heaven” - El único corte del disco firmado por Anderson en solitario surgió tras leer éste una novela de Ray Bradbury. La pieza es una balada con clara influencia de la música africana tanto en los ritmos como en los arreglos, especialmente los de guitarra. La segunda parte de la misma cambia hacia un sonido más ambiental y en ella podemos escuchar la voz de Damion, hijo de Jon y podría ser un anticipo de lo que empezaría a hacer el cantante un poco después, tanto en solitario como en sus discos en colaboración con Vangelis.

“Onward” - Anderson es el autor de uno u otro modo de todos los cortes del disco con la única excepción de esta magnífica balada a cargo de Chris Squire. Quizá sea la mejor composición de todo el trabajo y cuenta con unos arreglos orquestales de gran belleza a cargo de Andrew Price Jackmanm, compañero del bajista en muchos proyectos al margen de Yes (también de otros miembros de la banda como Steve Howe). Se trata de una balada de gran belleza que ha sido recientemente recuperada por los Yes actuales para abrir los conciertos tras el fallecimiento de Chris Squire el pasado mes de junio. Algo paradójico ya que no formó parte del repertorio de la banda en la gira que siguió a la publicación de “Tormato”.



“On the Silent Wings of Freedom” - El tema clave en la evolución del sonido de Yes entre los discos anteriores a este y lo que vendría a partir del próximo es esta composición de casi ocho minutos de duración (la más larga de “Tormato”). En ella encontramos cosas de las etapas más recordadas de la banda con un comienzo en el que Howe raya a gran altura sobre un ritmo imparable a cargo de Alan White, relampagueantes teclados a cargo de Wakeman y un Squire que experimenta con nuevos sonidos para su bajo. Anderson, mientras tanto, se ve arropado en determinados momentos por los inconfundibles coros que caracterizaron los mejores años de la banda y todo esto ocurre al mismo tiempo que el sonido evoluciona hacia planteamientos que comienzan a acercarse a los del “hard rock” que comenzaba a despuntar como tendencia mayoritaria en la música de finales de los años setenta. Sin llegar a la magnificencia de otras “suites” de la banda, el tema es un cierre muy digno para un disco controvertido.

Como apuntábamos al comienzo, aunque las ventas del disco no fueron del todo mal, la recepción por parte de los aficionados de la banda y de la crítica no fue del todo buena. El sonido del disco es, en lineas generales, pobre, algo que reconocieron los propios músicos más tarde. Las canciones, sin ser realmente malas, no llegan al nivel medio que había caracterizado al grupo hasta este momento y, a pesar de algún buen tema como “Onward” se echa en falta esa canción que sirva para enganchar a los viejos seguidores de la banda. Como tampoco “Don't Kill the Whale” fue un single especialmente exitoso, la sensación general era de de un proyecto fallido, decepción que se torna aún mayor cuando se confronta con las expectativas que suscitaba el hecho de ver reunida a la formación que grabó un disco como “Tales from Topographic Oceans” trabajando desde cero en un nuevo disco (recordemos que Wakeman llegó a las sesiones de “Going for the One” con el disco ya compuesto). Con “Tormato” se puso el punto final a toda una etapa en la historia de Yes (aunque en aquel momento no lo sabían) ya que poco después todo saltaría por los aires con los cambios más traumáticos sufridos por la banda en su carrera pero habrá tiempo de hablar de todo eso más adelante.


sábado, 19 de septiembre de 2015

Yes - Going for the One (1977)



Sólo han pasado unas semanas desde que hablamos aquí de “Relayer”, en nuestra opinión, el disco que ponía fin a la etapa más creativa de Yes y desde entonces hemos vuelto a escuchar con atención los trabajos inmediatamente posteriores de la banda, dos de los cuales nos ocuparán en esta y en la próxima entrada del blog. Por algún tipo de desavenencias, nunca aclaradas del todo por ninguno de sus protagonistas, el teclista Patrick Moraz dejó de formar parte del grupo. Entre la grabación de “Relayer” y la del siguiente trabajo, la banda tuvo tiempo de hacer una gira con aquel trabajo, de tomarse un descanso para que cada miembro pudiera publicar sus propios trabajos en solitario, algo que para todos ellos era una experiencia nueva. Jon Anderson publicó “Olias of Sunhillow”, Chris Squire su “Fish Out ot Water”, Steve Howe, “Beginnings”, Alan White, “Ramshakled” y Patrick Moraz, “Story of I”. Tras este breve hiato, la banda se volvió a reunir para una nueva gira por Norteamérica en cuyo repertorio se incluían algunos temas de los cinco discos en solitario de cada uno de sus miembros. A la conclusión, empezaron los planes para un nuevo trabajo y las correspondientes sesiones en Suiza, a donde la banda se había trasladado por motivos fiscales. Fue ahí donde surgieron los problemas con Moraz aunque no está claro si esto ocurrió antes o después de que alguien sugiriera contratar a Rick Wakeman ¡como músico de sesión! Para el disco.

La cuestión es que Moraz abandonó Yes y su sustituto iba a ser su carismático antecesor en el puesto. Fue aquella una reunión muy especial para Wakeman quien manifestó en alguna ocasión que la banda que el dejó tenía muy poco que ver con la que encontró a su regreso, mucho más madura hasta el punto en que, según el teclista, empezaron a conocerse casi desde cero. Lo cierto es que la labor de Rick en el disco se limitó a la interpretación sin llegar a aportar ninguna composición, algo lógico ya que todo el trabajo estaba hecho cuando él llegó.




“Going for the One” - Un riff con aire a viejo rock'n'roll abre una pieza que empieza a tomar forma con la entrada de la voz de Anderson y los clásicos coros de la banda. Es un comienzo abrumador, lejos de las largas introducciones de discos anteriores y no permite apenas respiro. Está claro que el hecho de concentrar todas las ideas de la canción en cinco minutos obliga a esto y el resultado es estupendo. El sabor del rock clásico, como decimos, está muy presente y apenas hay tiempo para disfrutar los veloces teclados de Wakeman o las guitarras, siempre atinadas de Steve Howe pero, a pesar de todo, es una canción con el inconfundible sello de Yes (firmada por Anderson en solitario) que contó con una gran acogida.



“Turn of the Century” - Muy diferente es el siguiente corte del disco introducido por una preciosa guitarra acústica que es el único acompañamiento de la voz de Anderson en los primeros instantes. A título de curiosidad, hay una breve melodía a cargo del propio Howe que bien pudo inspirar el célebre tema de saxo de “Baker Street”, el éxito de Gerry Rafferty que apareció pocos meses después. Estamos, en todo caso, ante una balada magnífica a la que Jon Anderson saca todo el partido. Es, además, el único tema del disco que firma Alan White y lo hace junto con los citados Anderson y Howe. La segunda parte de la pieza nos regala un extraordinario pasaje en el que el piano de Wakeman dialoga con el bajo de Chris Squire de forma memorable. Se incorpora enseguida la guitarra de Howe y la pieza alcanza niveles de excelencia elevadísimos, a la altura de lo mejor de la banda en discos anteriores. El cierre, de nuevo con Howe a la guitarra acústica, es delicioso.

“Paralells” - Wakeman se pone ante las teclas del órgano de la iglesia de St.Martin en Vevey, para ejecutar una introducción solemne que desemboca en una robusta canción sostenida siempre en el colchón proporcionado por Rick. El tema es la aportación de Squire al disco en el apartado compositivo y contiene el clásico despliegue de recursos de la banda además de mostrarnos a un Howe en estado de gracia, por encima del siempre excesivo Wakeman que aquí se encuentra como un niño con zapatos nuevos frente a un órgano que le permite esa grandilocuencia a la que es tan dado a veces.

“Wonderous Stories” - Anderson ejerce en el disco como el líder de la banda y firma aquí su segunda pieza en solitario (participa como autor en todas las del disco salvo en “Parallels”). Se trata de otra balada de esas que tanto prodiga el vocalista y es también una de las canciones más breves del grupo en mucho tiempo, como corresponde al primer single del disco. No tiene, por tanto demasiada historia aunque en ella podemos escuchar los habituales solos de todos Wakeman y Howe, mucho más subordinados al conjunto que de costumbre.

“Awaken” - No podía terminar el disco sin una larga suite y esta llega para ocupar la mayor parte de la “cara b” del disco. Escrita por Anderson y Howe, recuerda en el comienzo a algunos momentos del “Tales from Topographic Oceans”, justo hasta que suena el “riff” central de la pieza que nos introduce en una aventura fascinante. Para muchos, incluídos los propios miembros de la banda, “Awaken” está entre las mejores cosas que jamás se grabaron bajo el nombre de Yes y damos fe de lo atinado de la afirmación. Con una estructura compleja, cambios constantes de ritmo y un desarrollo laberíntico, en esta composición se resumen las mejores cualidades de una banda ya mítica. Wakeman vuelve al órgano pero aquí todo suena ajustado, preciso, sin que sobre nada. Lo mejor, sin embargo, está por llegar. Tras una pausa comenzamos a escuchar una sutil pulsación metálica alrededor de la que crecen auténticas estructuras de teclados (piano, órgano, mellotron...) de gran belleza (que inspirarían, probablemente, a Mike Oldfield para su “Incantations”). Anderson ejecuta el arpa como preludio de su emotiva intervención vocal, una auténtica invocación espiritual, un nuevo “padrenuestro” con el que Anderson practicamente despide un trabajo excelente: “Master of images / Songs cast a light on you / Hark thru dark ties / That tunnel us out of sane existence / In challenge as direct / As eyes see young stars assemble / Master of light / All pure chance / As exists cross divided / In all encircling mode / Oh closely guided plan / Awaken in our heart / Master of soul / Set to touch / All impenetrable youth / Ask away / That thought be contact / With all that's clear / Be honest with yourself / There's no doubt / No doubt / Master of time / Setting sail / Over all our lands / And as we look / Forever closer / Shall we now bid / Farewell farewell...”



Con “Going for the One”, Yes vuelven a esquemas propios de la etapa anterior de la banda, a un sonido más puramente progresivo y renunciando al acercamiento al jazz del disco anterior. En el apartado estético, curiosamente el cambio fue en otro sentido: en lugar de seguir con las portadas de Roger Dean se pasaron al bando de la gente de Hypgnosis, responsables del diseño de alguna de las mejores portadas de discos de la historia del rock y relacionados, principalmente, con la carrera de Pink Floyd (aunque muchos otros grandes como Led Zeppelin, Genesis, AC/DC o Alan Parsons pasaron también por el estudio de diseño del equipo). El disco conserva, eso sí, el logotipo clásico de la banda que diseñó Dean en su momento.


Pese a lo que indicábamos en la introducción y en la anterior entrada dedicada a Yes cuando señalamos que “Going for the One” era, en cierto modo, un paso atrás en la evolución de la banda, de ninguna forma queríamos decir que se tratase de un mal disco. Al contrario, nos parece un trabajo magnífico tomado de forma aislada y nuestras críticas aparecen al ubicarlo dentro de una linea temporal en la que lo vemos como un retorno a caminos ya recorridos con anterioridad. Esta tendencia no iba a consolidarse ni mucho menos en discos posteriores en los que asistiríamos a una cara absolutamente diferente de la banda, algo que comenzaremos a ver en la próxima entrada.

Os dejamos con un breve documental sobre la grabación del disco:

domingo, 13 de septiembre de 2015

Mahan Esfahani - Time Present and Time Past (2015)



Hemos hablado en alguna ocasión de la “resurrección” que está experimentando el clavicémbalo en las últimas décadas en las que cada vez más compositores recurren a este instrumento a la hora de componer nuevas obras. Este resurgimiento no se refiere sólo a las composiciones sin también a los intérpretes. Así, en los últimos años nos encontramos con que instituciones del calibre de la Royal Philharmonic Society o la prestigiosa revista Gramophone han otorgado sus premios al mejor instrumentista del año a un intérprete de clavicémbalo por primera vez en su historia.

Algo más singular es, si cabe, que ese reconocimiento haya recaído en ambos casos sobre la misma persona: el intérprete de origen iraní Mahan Esfahani. Apenas sobrepasada la treintena, su carrera es ya más que notable. Comenzó a estudiar piano pero pronto se inclinó por el particular sonido del clave formandose en las mejores instituciones, incluyendo la Universidad de Stanford. En los últimos años ha elevado su instrumento a cotas inalcanzadas llegando incluso a ofrecer en 2011 el primer recital de clave en la historia de los populares “Proms” desde su primera edición en 1895.

El último hito de su carrera tiene que ver con el disco que hoy comentamos, el primer recital para clave que publica el sello Deutsche Grammophon (a través del sub-sello Archiv) en tres décadas. En su afán por revitalizar su instrumento, Esfahani ya combinó en su primera grabación publicada músicas separadas por varios siglos como eran las de William Byrd y Ligeti. Ahora profundiza en esa dualidad con “Time Present and Time Past”, su trabajo más reciente que junta música del barroco y contemporánea en un disco de gran atractivo. Aunque buena parte del disco son piezas para clave en solitario, hay otras en las que Esfahani se acompaña de los miembros del Concerto Köln.

Mahan Esfahani.


ALESSANDRO SCARLATTI
“Variations on “La Follia” - Comienza el disco con las variaciones escritas por Scarlatti sobre uno de los temas más antiguos que se conservan en la tradición europea, melodía que será recurrente en el disco y utilizada por Esfahani, en sus propias palabras, como “una constante alrededor de la cual organizar todo el programa del disco de forma que cualquier oyente aprecie las relaciones entre los mundos musicales que en el él se recogen. La interpretación del teclista iraní es irreprochable.



HENRYK GORECKI
“Harpsichord Concerto” - Hace un tiempo hablamos aquí de esta obra en su adaptación para piano. Le llega, por tanto, el turno a su versión original para clave. En aquella ocasión nos decantamos a favor del piano en el hipotético duelo entre instrumentos pero tenemos que admitir que hay algo de sombrío, de tenebroso incluso, en el sonido del clave que el piano no es capaz de reproducir como lo hace aquí Esfahani con la ayuda del Concerto Köln, especialmente presentes en el segundo movimiento del concierto. La obra es una de nuestras favoritas de Gorecki a pesar (o quizá por ello) de que se aleja mucho de sus trabajos más conocidos como su “Sinfonia No.3”.

CARL PHILIPP EMANUEL BACH
“12 Variations on Les Folies d'Espagne” - Volviendo a “La Follia”, escuchamos aquí las variaciones escritas por uno de los hijos de Johann Sebastian Bach, considerado uno de los más grandes maestros del clave de su época. Las variaciones, para clave solo, son de una gran belleza y ofrecen una oportunidad perfecta a Esfahani para explotar sus cualidades.



FRANCESCO GEMINIANI
“Concerto Grosso in D minor” - Corelli también se aproximó a la melodía que actúa de eje en todo el disco en su “Opus 5”, raiz del “Concerto Grosso en re menor” de Geminiani que llega a continuación. La versión del Concerto Köln es absolutamente fantástica y sigue la linea más reciente de las interpretaciones del barroco con una aspiración historicista que huye de las más edulcoradas que abundaron en las décadas anteriores.

STEVE REICH
“Piano Phase” - La idea del disco le llegó a Esfahani mientras estudiaba ciertas piezas de música minimalista, género en el que no se había interesado demasiado y que tenía conceptualizado como “fácil”. En cuanto empezó a profundizar en él fue reparando en las complejidades que encerraba y en la cercanía de muchos de su códigos a los de la música barroca. El enfoque de su adaptación al clave de “Piano Phase” de Reich no difiere del original de la obra, es decir, el intérprete grabó las dos lineas musicales que luego se irán separando repetición tras repetición creando el clásico efecto en el oyente de las “fases” de Reich, magnificado, si cabe, por la claridad y limpieza del sonido del clave. El propio Reich afirma que “Mahan Esfahani ha realizado una grbación brillante. Su atención al detalle convierte la música en algo luminoso. Estoy extremadamente impresionado y emocionado por su interpretación”.



JOHANN SEBASTIAN BACH
“Harpsichord Concerto in D minor BWV 1052” - Como cierre, el intérprete escoge un concierto para clave de J.S.Bach, este sin relación con “la follia”. Forma parte de una serie de obras de su autor de las que sólo se ha conservado la versión para clave, existiendo indicios de que, realmente, eran adaptaciones de conciertos hoy perdidos escritos originalmente para otros instrumentos.


No es la primera vez que traemos al blog discos en los que intérpretes clásicos combinan obras de periodos antiguos (barrocas en su mayor parte) con composiciones de músicos contemporáneos en un intento de mostrar que las similitudes entre ambos universos son mayores de lo que habitualmente se piensa. En esta ocasión, el resultado nos parece fantástico y puede contribuir, además, a vencer un cierto reparo que instrumentos como el clave, en desuso durante mucho tiempo, pueden suscitar en determinados oyentes.