miércoles, 7 de noviembre de 2012

Paul Machlis - The Bright Field (1995)



Conocimos a Paul Machlis hace ya muchos años como parte del prodigioso dúo que el pianista californiano formó junto con el violinista escocés Alasdair Fraser. De esa asociación nacieron un par de discos maravillosos de música celta con un delicioso toque clásico. Es innegable que Fraser era la figura más visible del dúo pero eso no ha impedido a Machlis desarrollar una modesta carrera en solitario de forma paralela a los discos a dúo con Alasdair y, en una segunda etapa con Skyedance, la superbanda celta liderada por el propio Fraser y un buen puñado de instrumentistas que se cuentan entre lo más granado del género.

El “boom” de la música de origen celta que se produjo en los años ochenta gracias a la extraña asociación que muchos sellos hicieron entre ésta etiqueta y la de música “new age” desembocó en todo tipo de fusiones estilísticas entre artistas de origen irlandés y escocés (y, en menor medida, bretones y gallegos) y músicos de otros estilos. Dentro del amplio abanico de posibilidades abierto en aquellos años, la vía escogida por Fraser y Machlis era, quizá, la más clasicista y no nos referimos a que tuviera relación con formas académicas cercanas a la llamada música culta sino a que acudían a las fuentes primigenias del género. Fraser, además de ser un violinista superdotado, es un gran investigador de la música de sus mayores y no se limitó a tocar aires, jigas y danzas tradicionales sino que revitalizó un importante repertorio de músicos relativamente olvidados de los siglos XVIII y XIX cuyas partituras acumulaban polvo en las bibliotecas sin que nadie se atreviese a rescatarlas.

La música de Fraser y Machlis era, por tanto, música celta pero con un tratamiento extremadamente cuidado, con arreglos exquisitos e instrumentaciones sobrias. Recientemente hemos dedicado varias entradas a Nightnoise y son éstos, quizá, el único referente estilístico con el que se les podría comparar. Tras publicar un par de discos junto con Fraser, Machlis asumió el reto de grabar por su cuenta y publicó un primer disco, “The Magic Horse”, realmente sorprendente y arriesgado del que hablaremos en su momento. Saltamos ahora hasta 1995, año en que apareció su segundo trabajo: “The Bright Field”. En palabras de Machlis, el pianista buscó una formación absolutamente clásica (piano, violín y cello) para dar un aire más serio a su música acercándose a lo que podría llamarse música celta de cámara. El trío iba a estar integrado por el propio Machlis (piano y sintetizadores), Alasdair Fraser (viola, violin) y Barry Philips (cello). Como apoyo, interviene en varios temas el guitarrista William Coulter.


Una de las pocas imagenes promocionales del pianista.


“Wintersuite” – Unas evocadoras notas de piano replicadas por el violín constituyen la introducción de la pieza que pronto despega de la mano de un Alasdair Fraser, tocado por la mano de alguna diosa celta, quien nos regala una rápida melodía de aire tradicional. Sin embargo, en la segunda parte del tema volvemos a la calma con el piano retomando las riendas en una transición muy delicada que culmina en un pasaje final de continuos diálogos entre viola y piano primero y entre viola y cello más tarde. La forma de tocar de Machlis, al igual que la de otros pianistas de origen celta (pensamos en Tríona Ní Dhomhnaill o Mícheal Ó Suilleabhain) es muy particular, llena de cambios de ritmo, arpegios y tresillos que le dan una vivacidad muy especial a cualquier melodía. Como cierre del tema, se retoma por unos instantes el motivo inicial.



“Buchanan Mist” – Concebida casi como una pieza de piano sólo, el resto de instrumentos apenas intervienen como un leve acompañamiento. La composición de Machlis estaría en la línea de muchos otros pianistas que hicieron fortuna en aquellos años con melodías de fácil escucha pero en este caso, estamos ante una pieza muy inspirada y lejos de los clichés tan explotados en su género.



“The Promenade” – De nuevo, Machlis se reserva todo el protagonismo en una pieza folclórica con alguna incipiente referencia clásica pero que se permite guiños a ritmos cercanos al rag time. Tras los minutos iniciales la composición da un giro hacia lo celta con el apoyo de la guitarra que actúa como sostén rítmico.

“Dancing Boots” – El título de la pieza ya nos da una idea aproximada de por dónde van a ir las cosas. Es la guitarra en esta ocasión la que rompe las hostilidades marcando un ritmo festivo desde el comienzo para que el piano de Machlis se explaye a sus anchas en el corte más alegre de lo que llevamos de disco. Si de algo peca la composición es de ser excesivamente breve y de dejarnos con ganas de más (particularmente, encontramos que hay varios momentos que exigían la irrupción del violín de Fraser para hacer despegar la pieza y convertirla en una danza memorable).

“The Selkie” – Volvemos a los tiempos lentos y cuando eso viene acompañado del violín de Fraser sólo podemos sentarnos, escuchar con atención y disfrutar. Quizá sea esta la pieza que más se acerca a aquello que Machlis pretendía en su declaración de intenciones inicial: crear una suerte de música celta de cámara. Hay en el disco grandes melodías que, sin duda, entrarán más fácilmente en nuestros recuerdos pero “The Selkie”, especialmente en su segundo tramo, clásico a más no poder, será siempre una de nuestras favoritas.

“The Early Morn” – Machlis retoma el protagonismo a los teclados en una pieza, algo insulsa en su mitad inicial pero que gana muchos enteros en la parte final con una melodía mucho más inspirada en cuya ayuda acude el cello para terminar por resucitar la composición aunque sin llegar a los niveles de excelencia de su predecesora.

“Shetland Air” – Disfrazada bajo la forma de un aire tradicional con ritmo de vals llega esta melodía de piano sólo que podría ser la primera parte de una breve suite para este instrumento junto con la siguiente. Por su brevedad y su carácter cíclico y repetitivo nos recuerda a alguna miniatura similar de George Winston y toda la pieza tiene un cierto aire a cajita de música muy agradable.

“Éamonn Á Chnuic” – Llegamos a la única pieza de todo el trabajo basada en una melodía tradicional. Machlis elabora una serie de variaciones al piano sobre el tema inicial que vuelven una y otra vez sobre una breve melodía pero añadiendo en cada ocasión elementos nuevos.

“Along the Western Shore” – Acercándonos al final del disco nos encontramos con otra de esas composiciones de aromas tradicionales en las que Alasdair Fraser nos regala una interpretación prodigiosa. El acompañamiento de guitarra nos sitúa más cerca que nunca de los estilos puramente folclóricos. Además, como suele ser habitual en los músicos celtas, la pieza combina distintas melodías y ritmos que aparecen enlazados en una especie de suite breve. Machlis ocupa un segundo plano con los sintetizadores de modo que el tema es el que más nos recuerda a los discos publicados como dúo con Fraser.

“Pennan Den” – La única composición del disco que aparece firmada por otra persona  aparte de Machlis es este aire tradicional en cuyos créditos se cita a James Watt. Ignoramos si se refiere al inventor escocés de la máquina de vapor quien también hizo sus pinitos como músico y constructor de instrumentos musicales. En cualquier caso, la tonada tiene todo el aire tradicional de las músicas escocesas de los siglos XVIII y XIX con lo que bien podría ser una curiosidad del famoso ingeniero.

“The Bright Field” – Fraser y Machlis acostumbran a cerrar sus discos con un tema lleno de emoción y este no iba a romper esa regla no escrita. Se trata de un bonito dúo de viola y piano que representa a la perfección lo que ambos músicos pueden hacer cuando se sienten inspirados.

En las últimas semanas estamos teniendo en el blog muchos ejemplos de músicos que, partiendo de raíces celtas y de otros folclores, han construido poco a poco carreras notables con un estilo propio. Como en todos los fenómenos que terminan por convertirse en moda (y eso pasó con la música celta hace unos años), no es oro todo lo que reluce y se grabó y publicó mucha “morralla” aprovechando el tirón de modo que se hacía difícil separar el grano de la paja. Creemos que la perspectiva del tiempo transcurrido ayuda mucho a la hora de valorar en su justa medida la valía real de aquellos artistas y que Machlis, Fraser, Nightnoise o Loreena McKennitt por poner sólo algunos ejemplos recientes aparecidos en el blog, se cuentan entre los músicos que merecen la pena, más allá de modas y tendencias. Paul Machlis, por centrarnos en nuestro protagonista de hoy, no ha sido especialmente prolífico como solista pero eso le da más importancia si cabe a sus pocos discos publicados. Si queréis darle una oportunidad a “The Bright Field”, lo podéis adquirir en los siguientes enlaces:

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