miércoles, 30 de enero de 2013

Henryk Gorecki - Miserere (2012)



El siglo XX fue, sin duda, una de las épocas más trágicas de la historia de la humanidad y sus años centrales estuvieron cuajados de guerras en las que el número de víctimas mortales fue infinitamente superior a épocas anteriores. Esto es algo que se reflejó de forma sobresaliente en el arte y muy especialmente en la música. Quizá sea cierto que los artistas son seres de una sensibilidad mucho más afinada que el resto y dentro de ese colectivo, creemos que los músicos destacarían aún más que los practicantes de otras actividades. Ciertamente, la música compuesta en el pasado siglo refleja como ninguna otra actividad el dramatismo de aquellos años, el sufrimiento y la desesperación que recorrieron la vieja Europa durante décadas. Si repasamos las obras de los compositores más notables de ese periodo, encontraremos muy pocas piezas alegres, muy poca esperanza y una gran oscuridad. Por el contrario, son muchas las composiciones marcadas por la tragedia que, en muchos casos, los músicos vivieron en sus propias carnes.

En el caso del polaco Henryk Gorecki, no son pocas las obras sobre las que planea la sombra del horror con el que el músico se tuvo que enfrentar en buena parte de su vida. Aunque por edad, lo peor de la Segunda Guerra Mundial transcurrió en su primera infancia y no pudo ser consciente de lo que sucedía a su alrededor, sí tuvo que enfrentarse al fallecimiento de su madre pianista cuando apenas contaba dos años y a la prohibición de acercarse al piano que dejó por una extraña superstición de la nueva esposa de su padre quien no quería que el instrumento sonase en la casa. De profundas creencias católicas, pudo vivir la represión que sufrían sus correligionarios en la Polonia comunista lo que le acarreó varios problemas en su vida académica, especialmente en su etapa como docente. Como veremos, esa doble faceta religiosa y política tiene un amplio reflejo en la obra central del disco que hoy tratamos.

La grabación nos permite escuchar a una de las más vigorosas formaciones corales que operan en la actualidad. Los Angeles Master Chorale fue fundada en 1964 por Robert Wagner y su actividad se centra en los conciertos que habitualmente celebra en el Walt Disney Concert Hall. En sus inicios, se centraban en un repertorio más bien clásico (Mahler, Verdi, etc.) pero conforme pasaron los años se han acercado a compositores contemporáneos, especialmente desde que tomó las riendas su actual director, Grant Gershon, en 2001. Con él a la batuta han publicado discos con música de Philip Glass, Steve Reich o Nico Muhly. A pesar de que una de las primeras obras que cantaron de la mano de Gershon fue, precisamente, el “Miserere” de Gorecki, no ha sido hasta el pasado año 2012 que se decidieron a grabar la pieza acompañada de otras dos composiciones más breves del autor polaco.


Los Angeles Master Chorale


Abriendo el disco, encontramos la más reciente y breve pieza del recital, titulada “Lobgesang, Op.76”. Escrita en el año 2000, combina dos elementos con los que Gorecki acostumbra a jugar: un envoltorio aparentemente religioso y un trasfondo que va más allá. El texto que se canta son unos breves versos, obra del propio músico, que rezan: “Alabado, alabado sea el Señor, eres grande, oh, Señor, Oh, Dios mío, tú que vives por toda la eternidad. Por la eternidad”. Sin embargo, detrás de la obra hay un encargo de una pieza para conmemorar el sexto centenario del nacimiento de Johannes Gutenberg. La composición es una poderosa pieza muy adecuada para un coro tan monumental como el que realiza la grabación. El estilo es muy cercano al de la “Pasión según San Juan” de Arvo Pärt con una melodía llena de fuerza e intensidad. Hacia el final de la composición, encontramos una sorpresa codificada por el compositor en forma de melodía interpretada por Theresa Dimond al glockenspiel (único elemento ajeno al coro presente en todo el disco). En ella, Gorecki esconde su homenaje al inventor alemán en forma de melodía oculta formada por la traslación a notación musical de las letras del apellido del bueno de Johannes. Todo es muy sutil y un oyente distraído ni siquiera reparará en la presencia del instrumento.

La segunda pieza del disco es el “Miserere, Op.44”, escrito en 1981. Poco después del nacimiento del sindicato “Solidaridad” en Polonia, surgieron pequeños movimientos gremiales que luchaban por sus derechos. Concretamente, en marzo de 1981, un grupo de granjeros decidieron unirse para crear una especie de alianza comercial al margen de los dictados de la autoridad central del país. El movimiento no fue legalizado por lo que se convocó una huelga en aquellas fechas. Los delegados de “Solidaridad” se reunieron con los representantes gubernamentales en la ciudad de Bydgoszcz. Ninguna de sus peticiones fue atendida y miembros de la policía estatal junto con grupos de paramilitares disolvieron violentamente las concentraciones. La brutalidad mostrada por estas fue tal que, ante las protestas del sindicato, los periódicos publicaron noticias sobre las cargas por primera vez desde que el régimen comunista dominaba el país. Gorecki, muy afectado por ese hecho, dedicó su partitura “a Bydgoszcz”. Esta dedicatoria no fue estéril ya que supuso que el estreno de la obra no se llevase a cabo en aquel momento sino varios años más tarde, en 1987. En aquella ocasión, la dedicatoria fue ampliada para incluir en ella al sacerdote Jerzy Popieluszko, crítico con las actuaciones del gobierno comunista y cuyo cadáver fue hallado en 1984 tras ser asesinado por las fuerzas de seguridad. El estreno del “Miserere” cerca de la ciudad natal de Popieluszko sirvió como doble homenaje al cura y a los sindicalistas represaliados en 1981. Musicalmente, la obra guarda muchas similitudes con la popular tercera sinfonía del autor, con una potente masa coral desplazándose muy lentamente a lo largo de la partitura, con distintas capas musicales que evolucionan sin sobresaltos repitiendo las primeras palabras del “adagio” latino: “Domine Deus noster” a lo largo de doce movimientos prácticamente indistinguibles entre sí aunque con una marcada línea ascendente desde los primeros instantes, en un profundo “pianissimo” explotando los registros más graves del coro que termina en un exultante penúltimo movimiento, con el coro al completo repitiendo obsesivamente la frase, cada vez más rápido antes de terminar de nuevo “pianissimo” con el cierre en el que aparecen por primera vez las últimas dos palabras del “adagio”: “Miserere nobis”, apiádate de nosotros, resaltadas y separadas de la primera parte de la expresión en lo que parece un ataque velado a la autoridad comunista de la época.

Cerrando el disco tenemos “Piesni Maryjne, Op.54”, una colección de cinco canciones populares polacas dedicadas a la Virgen María y adaptadas por Gorecki para coro en 1985. El compositor polaco siempre arrastró las consecuencias de una lesión mal curada en su hombro en su juventud. A causa de ello y de la infección que sufrió en la zona, sufría periódicos episodios dolorosos que le incapacitaban para tocar e impartir clases. Fue durante uno de esos periodos cuando comenzó a recopilar una buena cantidad de material popular y cuando realizó la adaptación de las canciones que más le gustaban. La primera, “Madre del Señor de los cielos” recuerda mucho al estilo de otro músico con el que siempre termina comparándose a Gorecki: el británico John Tavener. Hay dos líneas melódicas principales, una muy repetitiva a modo de bajo continuo formada por voces mixtas (y que tiene también algo del “tintinnabuli” de Arvo Pärt) y otra sólo con voces femeninas que es la que carga con la parte principal del texto. La segunda canción “La más sagrada Madre” es, probablemente la más popular de su autor en este formato tan reducido y la más larga, con mucho, de la colección. Tanto la temática mariana como el hecho de que sea una pieza estrictamente coral nos remite de forma inevitable, una vez más a Tavener. La tercera melodía lleva por título “Te saludamos, María”. Quizá sea la más diferente al resto de todas, con una melodía más alegre que las demás que nos recuerda lejanamente a alguna otra del compositor renacentista español Juan de Anchieta, por improbable que sea la conexión. La penúltima canción es “Qué triste es partir” y mantiene un cierto regusto de música antigua que refuerza la conexión de Gorecki con Pärt y Tavener. Cerrando el ciclo y también el disco llega “Cantaremos tus oraciones por siempre”, en una línea similar a las anteriores.

Es interesante comprobar como poco a poco van apareciendo nuevas grabaciones dedicadas a Henryk Gorecki. Teniendo en cuenta que es un compositor del que una parte importante de su obra no ha sido publicada jamás en formato discográfico, queremos creer que en los próximos años descubriremos mucha música destacada de la que no teníamos noticia. Mientras tanto, podéis haceros con este “Miserere” en los siguientes enlaces:





Os dejamos con otra versión del "Miserere" de Henryk Gorecki:

4 comentarios:

  1. No estoy seguro de coincidir del todo con la cuestión del número de víctimas de las grandes guerras del siglo XX. Imagino que no menos sangrientas serían, por ejemplo, las masacres perpetradas por los conquistadores españoles durante el sometimiento de los incas, los aztecas y los demás pueblos indígenas de las Américas. Sin embargo, antes que a las cifras –sería estéril e insensible por mi parte debatir solamente con números– intuyo que das más importancia al sentimiento trágico que han inspirado las guerras modernas. No sé exactamente de qué aspectos depende que veamos con una óptica más trágica los conflictos del siglo pasado, pero creo que podríamos intuirlos. Lo primero que se me viene a la cabeza es la cercanía en el tiempo. También se me ocurre que el recuento de las víctimas es algo relativamente reciente. Otro aspecto sería el modo de comunicar, de dar a conocer el conflicto. Si seguimos tomando como ejemplo la conquista del Nuevo Mundo, es posible comprobar cómo los historiadores de la época trataban a los conquistadores como héroes y relataban las batallas con la mayor pompa y ensalzamiento posibles. Sin embargo, algo ha cambiado –para bien– en la mentalidad del ser humano, dado que en el caso de la II Guerra Mundial, «conquistadores» como Hitler o Stalin no han pasado a la posteridad como héroes sino como hombres sanguinarios, y las batallas no suelen ser contempladas como relatos épicos sino como carnicerías. Imagino que la diversificación de los medios de comunicación, así como la evolución del pensamiento, los valores éticos y la sensibilidad humanos juegan un papel importante en esto. Y no digamos ya el sentimiento que comunican los artistas con respecto a los conflictos. Los músicos que, a partir del Renacimiento y Barroco, se encontraban en el Nuevo Mundo estaban relacionados con las misiones y sus obras solían tener finalidades didácticas dirigidas al «público» indígena. El reflejo musical de la tragedia en semejantes circunstancias se me antoja improbable. Sin embargo, un compositor del siglo XX, la época por excelencia del «yo», del individualismo, de la introspección… sobre todo si el propio compositor ha vivido la tragedia en primera persona, no como miembro de un estamento concreto sino como un civil (o tal vez un militar) más… Un compositor en tal contexto va a empaparnos no tanto con sus vivencias como con el profundo estigma que deja una experiencia tan deshumanizante en un «yo» con ganas de expandirse, de definir su individualidad.

    En fin, no estoy seguro de que toda esta parrafada se sostenga en pie por algún sitio. Tal vez debería haberme limitado sólo a comentar la obra, de la que, por cierto, poseo una edición diferente a la que comentas. En mi caso, la interpretación del «Miserere» corre a cargo del Chicago Symphony Chorus y el Chicago Lyric Opera Chorus… Imagino que tuvieron que reunir a ambas formaciones para disponer del número de intérpretes necesario (si no me equivoco, Gorecki escribió la obra para 120 voces). Lo que más me llama la atención es que mi edición también incluye una colección de canciones populares, de entre las que también destaca una de ellas por ser más alegre que las demás. El bajo continuo mixto y la melodía de voces femeninas que describes también están presentes en esta pieza, así como el aroma renacentista. No obstante, la colección que te comento se llama «Szeroka Woda» («Aguas Abiertas») y data del año 1979. Un ejercicio interesante por mi parte sería escuchar «Piesni Maryjne» y comprobar si realmente tiene tantos rasgos en común con «Szeroka Woda» como parece.

    Un saludo y gracias, una vez más, por tus interesantes reseñas.

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  2. Es una discusión difícil de concretar pero la potencia de fuego, y la brutalidad de las armas modernas no creo que tengan parangón con las guerras de otras épocas aunque, como dices, no creo que sea fácil de concretar. Quizá la diferencia del Siglo XX fue el tipo de víctimas ya que estas guerras se cebaron con la población civil como pocas antes. Sin embargo, si tenemos en cuenta que la población mundial en 1500 se calcula en unos 550 millones de personas y que algunas estimaciones de muertos sólo en la Segunda Guerra mundial alcanzan los 73 millones (unos 31 millones en el caso de la Primera), creo que no hay genocidio comparable en términos absolutos.

    En cualquier caso, lo que quería resaltar es que todos los grandes compositores del S.XX han estado marcados de una forma u otra por estos hechos. Messiaen estuvo en un campo de concentración, Ligeti tuvo que huir de la dictadura nazi y después de la comunista... y un buen puñado más tuvieron que exiliarse. Todo ello se refleja en una música mucho más oscura, fría e introspectiva que la de los siglos precedentes que, en el peor de los casos, reflejaba las crisis personales de los autores.

    Volviendo al disco, no conozco la versión que indicas aunque le seguiré la pista.
    Un abrazo y gracias por comentar.

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  3. Realmente da miedo escuchar esta música, más al principio, casi al final, se diluye... Fácilmente puedes recordar y aproximarte al horror nazi, o las dictaduras represoras de europa... Es interesante la comparación que haces con las músicas de los siglos anteriores (renacimiento, barroco, )sí que hubieron guerras (las de los 30 años, las luchas protestantes y católicas, los horrores de la inquisición...), pero creo que a principios de siglo XIX, el descubrimiento del inconsciente en Europa, sus manifestaciones y cómo afectaba la sociedad en el ser humano, en sus neurosis, en su anomia , ha dado paso ha sentir una música que también incluyera esas actitudes y por tanto a componerlas. NO sé, es una idea que hace tiempo me ronda. Porque en el arte, también se vé, hay una explosión de colores muy diferentes en el expresionismo, impresionismo, de los anteriores movimientos. Y creo que está relacionado con esa parte nuestra interior Inconsciente y supraconsciente, que nos habla del interior de uno (desconocido) y que nos une a todos a la sociedad y a una parte superior, esencial, divina que nos conecta a todos.... tema interesante... gracias por tus comentarios..

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  4. Pues creo, Laura, que has explicado mejor que yo cómo el individualismo ha transformado la música (y el arte en general) y por qué a partir del romanticismo las obras empiezan a estar mucho más marcadas por las experiencias personales del artista. Si el autor ha vivido guerras, diásporas, exilio... la música no sólo va a ser bastante devastadora, sino que las nuevas generaciones vamos a ver aquellos hechos históricos a través de la música que los inspiró y eso nos ayudará a entenderlos como un desastre que aportó mucho sufrimiento a las personas afectadas y no como una epopeya con héroes y villanos (imagen transmitida por los cronistas de la antigüedad a la hora de hablar de batallas y conquistas).
    Por cierto, cuando Mike ha puesto los acertados ejemplos de Ligeti y Messiaen, se me ha venido a la cabeza el "Concierto fúnebre para violín y orquesta de cuerdas" de Karl Amadeus Hartmann. Lo que transmite es también realmente devastador (en especial, el segundo movimiento) y, precisamente, está escrito en 1939, el año de arranque de la II Guerra Mundial.
    Un saludo ;)

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