miércoles, 16 de enero de 2013

Philip Glass - Einstein on the Beach (2012)



Hace ya varios meses que apareció una nueva grabación completa de “Einstein on the Beach”, una de las obras claves para entender el género minimalista. Hasta entonces, existían dos versiones de la ópera: una inicial publicada por la antigua CBS con una grabación de 1979 y de la que hablamos aquí mucho tiempo atrás y una regrabación actualizada editada por Nonesuch en 1993. La primera de ellas tenía una duración de casi tres horas distribuidas en cuatro LP’s (años después, cuatro discos compactos) mientras que la segunda se acercaba a las tres horas y media. Ninguna de ellas abarcaba la duración real de la obra en sus representaciones teatrales en las que estaba más cerca de las cinco horas que de las cuatro.

La última grabación publicada el año pasado procede de una representación que tuvo lugar en 1984 en la Brooklyn Academy of Music, también conocida como BAM. Aquella fue la segunda vez que se organizó el montaje original tras su gira inicial tras el estreno en Avignon en 1976 y reunió de nuevo a sus dos autores: Philip Glass como compositor y Robert Wilson como director de escena. A lo largo de 2012 se produjo una especie de revival de la ópera durante el cual, el BAM acogió una nueva serie de representaciones. Aprovechando el tirón, el sello de Philip Glass, Orange Mountain Music, decidió desempolvar las cintas de la vieja grabación para regalarnos (es un decir) el que, a día de hoy, es el registro de mayor duración de “Einstein on the Beach” con 3 horas y cuarenta minutos de música ininterrumpida. No debería llevarse a engaño el lector con estos datos ya que, realmente, cualquiera de las grabaciones contiene la ópera completa. La diferencia está en la duración de alguna de las secciones que, como bien es sabido, cuando hablamos de música minimalista depende de la decisión del intérprete. La aparición de esta grabación nos da la excusa perfecta para volver a hablar, esta vez de forma más extensa, de esta obra de uno de nuestros músicos favoritos.

La carrera musical de Glass no fue fácil en ningún momento, especialmente desde que desarrolló su particular estilo y fundó el Philip Glass Ensemble en el que las discográficas no terminaron de ver una salida comercial. Con ayuda de algunas personas, fundó su primer sello propio en el que publicar su música en 1971 bajo el nombre de “Chatham Square Productions” sin llamar demasiado la atención de otras discográficas en Estados Unidos aunque, curiosamente, alguien en la vieja Europa sí se fijó en la música de Glass: Richard Branson, fundador de Virgin Records, quien editaría en años sucesivos un LP con los dos primeros fragmentos de “Music in Twelve Parts” y la banda sonora de un documental sobre el escultor Mark de Suvero bajo el título de “North Star”. El nuevo lenguaje preconizado por Glass había empezado a tomar forma definitiva, precisamente, con “Music in Twelve Parts” y se desarrolló aún más con “Another Look at Harmony”. La culminación de todo el proceso se produjo con “Einstein on the Beach”. Con todo, el músico norteamericano no consiguió vivir de su música, incluso después de haber sacudido los cimientos de la tradición con su sorprendente monumento musical. Es sabido que meses después de estrenada la ópera, Glass (también Steve Reich, dicho sea de paso) ejerció de taxista en Nueva York e, incluso, como fontanero como relata en su libro “El Ruido Eterno” el crítico Alex Ross. Cuenta el autor que un conocido periodista musical de la Gran Manzana contrató los servicios de un fontanero para una obra en su cocina y cuando llegó a casa se encontró de rodillas bajo su fregadero, nada menos que al músico sobre el que había escrito meses antes una elogiosa pieza en su periódico.

Trailer de las recientes representaciones de la ópera en Londres

Llamará la atención de todo aficionado el hecho de que cualquier grabación, aunque sea sólo sonora, de “Einstein on the Beach” muestra dos nombres como autores: Glass y Wilson, máxime cuando la labor de uno y otro está claramente delimitada. El primero se encargó de la música y el segundo de la escenografía. Sin embargo, es tal la relación entre música, imágenes y escenarios que no es posible desvincular el nombre de ninguno de los dos artistas de la obra en su conjunto. Comenta Glass en las notas escritas con motivo del estreno de la obra que ambos partieron de una idea más o menos vaga acerca de lo que querían. Llegaron a un acuerdo general acerca de la temática, la duración, la estructura (4 actos, 9 escenas y 5 “knee plays” o breves fragmentos de enlace entre ellas) y el personal que requerido en escena (4 actores, 12 cantantes –que supieran bailar y actuar si fuera posible-, un violinista y un grupo de músicos formado por teclistas, intérpretes de viento y cantantes –lo que se ajustaba a la formación habitual del Philip Glass Ensemble-). Wilson terminó una serie de bocetos  de gran formato sobre los que Glass compuso y adaptó la música. Existían tres imágenes centrales: el tren, el juicio y una lanzadera espacial. Cada una de ellas llevaba asociado un tema musical que acompañaría a cada imagen a lo largo de la representación. El personaje de Einstein en la obra estaría encarnado en el violín (instrumento en el que el físico hizo sus pinitos) y el material musical más importante estaría localizado en los “knee plays”, entreactos muy breves que Glass bautizó de ese modo porque, en cierto modo, sirven de “bisagra” entre las escenas de la obra. Los textos carecen de estructura narrativa real y no tienen correspondencia alguna con lo que ocurre en el escenario. Wilson escogió fragmentos de obras del poeta Christopher Knowles, de la propia coreógrafa de la obra, Lucinda Childs y de Samuel M. Johnson. En cualquier caso, la elección de uno u otro texto no es fija y, de hecho, hay notables diferencias entre las tres grabaciones disponibles cuyas partes narradas no coinciden en absoluto en varias de las escenas.



“Knee Play 1” – Abre la ópera el primero de los actos “bisagra”. Una serie de acordes de órgano de tono solemne acompañan a una serie de recitados de números: one-two-three-four / two-three-four-five-six / one-two-three-four-five-six-seven-eight que se repiten una y otra vez con una cadencia lánguida por parte del coro masculino. Al mismo tiempo, una vocalista lee uno de los textos en segundo plano.

“Acto 1º, escena 1ª” – Con la imagen del tren de fondo, unos saxofones ejecutan una breve secuencia de notas que da paso a una veloz sucesión de melodías repetitivas hasta la extenuación a cargo de los teclados y los vocalistas. Cuando señalábamos antes que “Einstein” era la culminación de todo un proceso anterior, teníamos en mente esta escena cuya música es una adaptación de la primera de las cuatro partes de “Another Look at Harmony”, composición que Glass terminó en los meses previos al estreno de la ópera. La escena recoge la esencia del minimalismo más “duro” al oído para el oyente desprevenido.

“Acto 1º, escena 2ª” – Aparecen las imágenes del juicio por primera vez en el escenario, de nuevo sobre un fondo de órgano muy similar al del comienzo de la obra. La diferencia estriba en que ahora no hay voces recitando números sino teclados jugando con secuencias de notas que quedan incompletas y se repiten desde el principio una y otra vez. La segunda parte de la escena gana en dinamismo cuando escuchamos casi al unísono lo que podría ser una marimba acompañada del violín y del coro masculino en uno de los momentos más hipnóticos de la obra, fascinante y evocador a partes iguales. El segmento final de la escena está presentado por un sólo de órgano casi lúgubre, de desarrollo muy lento sobre el que se desarrolla uno de los monólogos de Samuel M. Johnson. En la producción original se utilizó un texto sobre París que fue reemplazado en la versión de 1984 y en las sucesivas por otro del mismo autor titulado “all men are equal”. Tras la conclusión del discurso, podemos escuchar una “cadenza” en la que el intérprete del teclado se “desmelena” con una melodía que, en el contexto de una ópera tan austera nos suena casi barroca.

“Knee Play 2” – En los últimos instantes de la “cadenza” anteriormente referida se incorpora el violín enlazando sin solución de continuidad con la segunda “bisagra” de la obra, un sólo a cargo del instrumento que representa a Einstein acompañado de un texto recitado por la misma voz del segmento inicial de la ópera.

“Acto 2º, escena 1ª” – Glass adapta en este momento la segunda parte de su “Another Look at Harmony” para esta danza que acompaña a las imágenes de la lanzadera espacial en el escenario. La música se torna frenética de nuevo durante toda la escena en una vertiginosa secuencia de teclados y vientos que continúa la estela de ese colosal monumento que era “Music in Twelve Parts”. Philip Glass en su versión más genuina y inaccesible. Lo malo, llegados a este punto, es que muchos de los oyentes asistirían a la ópera con un rictus de horror. Lo bueno, por contra, es que los supervivientes saldrían del teatro convertidos sin remisión a la causa “glassiana”.

“Acto 2º, escena 2ª” – La música se transforma de nuevo bajando en intensidad y velocidad. No obstante, seguimos moviéndonos en los parámetros del fragmento anterior aunque con menor profusión instrumental. Los teclados reducen su presencia, los vientos se limitan a marcar un ritmo continuo en segundo plano y son los vocalistas, separados en dos grupos (masculino y femenino) quienes interpretan melodías diferentes que convergen a ratos cantando alguna secuencia al unísono para separarse de nuevo en un ciclo que se repite una y otra vez.

“Knee Play 3” – El tercer entreacto es coral y durante el mismo, los vocalistas repiten de forma incesante secuencias de números similares a los del comienzo de la obra pero a mayor velocidad. Existen varios temas melódicos que se repiten varias veces antes de dejar paso de forma abrupta al siguiente en una pieza que, en realidad, no deja de ser la suma de varias miniaturas vocales independientes.

“Acto 3º, escena 1ª” – Se desarrolla entre el juicio que ya vimos en el primer acto y la prisión. Una introducción de órgano nos prepara para la parte central en la que los teclados se acompañan de un coro mixto que vuelve a recitar diferentes secuencias de números del uno al ocho mientras que la voz principal lee otro de los textos que jalonan la ópera. En los últimos instantes de la sección central, desaparece el coro y son los teclados y los vientos los que se encargan de todo. Los últimos momentos nos llevan a otro texto (“I Feel the Earth Move”) que es recitado mientras el saxo soprano retoma el tema de órgano que escuchamos al final del segundo acto.

“Acto 3º, escena 2ª” – Segunda danza de la ópera, aunque distinta de la anterior por cuanto es esencialmente coral y con un gran protagonismo del violín que no deja de sonar en toda la escena ejecutando una turbulenta melodía llena de ascensos y descensos en un auténtico “tour de force” por parte del intérprete.

“Knee Play 4” – Continúa el violín como protagonista absoluto (quizá emplear este término sea contradictorio con la temática de la ópera, si se nos permite el chiste relativista, pero nos parece el más adecuado). El único acompañamiento es el de coro masculino en otro de los habituales recitados, aunque en este caso no son series de números sino secuencias de notas (do-re-mi-fa-sol). Como pasaba en el anterior “knee play” se ejecutan una serie de melodías independientes enlazadas para formar una pieza unitaria. Algunas de las melodías más bellas de la obra se encuentran en este fragmento.

“Acto 4º, escena 1ª” – Regresamos a los momentos más desenfrenados, ahora a cargo de los teclados que repiten una y otra vez una veloz serie de notas. Aprovechando este armazón, escuchamos algunos solos de saxofón, flauta y el resto de los vientos, probablemente improvisados, que aportan una novedad realmente refrescante en la pieza. Nunca la música de Glass sonó tan cercana a la de Terry Riley como en esta escena (en especial, pensamos en su “Poppy Nogood and the Phantom Band”). Una nueva “cadenza” de teclado sirve para enlazar con la siguiente escena.

“Acto 4º, escena 2ª” – Acaso estemos ante una de las partes más conocidas de la ópera, habitualmente subtitulada como “Bed”. Son varios los recopilatorios centrados en la carrera de Glass que, a la hora de escoger un corte representativo de “Einstein on the Beach”, optan por esta escena. En realidad, “Bed” no es muy diferente de otros momentos de la ópera en los que el órgano es el principal protagonista pero la intervención de la soprano en lo que sería lo más parecido a una “aria” clásica que se puede encontrar en “Einstein” hace que, de entrada, su asimilación pueda ser más sencilla que otros fragmentos.

“Acto 4º, escena 3ª” – Como si de una especie de resumen de la obra se tratase, Glass deja para la escena final una selección de todos los elementos que han conformado la ópera: Se abre la misma con un solo de órgano al que más tarde se incorporan los coros con los habituales recitados numéricos y los vientos en oportuno contrapunto. Más tarde nos quedamos de nuevo con los teclados en veloces secuencias ascendentes y descendentes para terminar de nuevo con todos los instrumentos y voces en una especie de “climax” si es que el término es aplicable a una obra tan particular como es esta.

“Knee Play 5” – Las estructuras circulares tan habituales en la música de Glass sobrevuelan el ultimo fragmento de la ópera que es una recreación del que la abría minutos atrás con la misma melodía y los mismos recitados cambiando ligeramente los ejecutantes (ahora es el coro femenino el que recita, por ejemplo). Un texto de Samuel M. Johnson acompañado del violín en una preciosa secuencia final nos despide de una obra monumental en el sentido más amplio del término.



Hay un inconveniente a la hora de adquirir la grabación de la ópera que hemos comentado hoy y es que, aunque parezca inexplicable, no está disponible en formato físico sino exclusivamente como descarga digital a través de la plataforma itunes. No tenemos nada en contra de este formato siempre que exista la alternativa en CD pero no parece que este vaya a ser el caso. Cuando se anunció el lanzamiento, pensamos que ocurriría como con la más reciente edición de “Music in Twelve Parts”: primero se dijo que sería exclusivamente como descarga pero finalmente apareció también en formato físico. No parece que este vaya a ser el caso puesto que, en lugar de eso, se ha optado por una edición reducida en un sólo disco con fragmentos “recortados” de todas las escenas de la obra. Para compensar, el CD se acompaña de un DVD que contiene el documental “Einstein on the Beach: The Changing Image of the Opera” que recoge varios instantes de la producción.

Podeis comprar el disco aquí:


Al respecto de la obra, tenemos que recomendar encarecidamente la visita a la página web del BAM, que dedica una completísima sección a “Einstein on the Beach”, tanto a representación de 1984 como a la del año pasado. De ella hemos extraído los siguientes videos:




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