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domingo, 15 de febrero de 2015

Richard Reed Parry - Music for Heart and Breath (2014)



Cada vez encontramos más casos como el del músico que nos ocupa: artistas procedentes del mundo del pop-rock que se atreven a dar el salto a músicas más “serias” como la clásica. Lo cierto es que el panorama ha cambiado mucho respecto a décadas anteriores. Hace años, sólo algunas figuras consagradas de estos estilos decidían dar el paso y lo hacían, habitualmente, sin la formación necesaria y apoyándose en arreglistas y compositores más duchos en esos menesteres. La cosa, como decimos, es ahora diferente. Mientras que en sus comienzos el rock y los estilos de música populares eran la vía de expresión escogida por muchachos cuyas habilidades y ambiciones iban poco más allá de escribir bonitas canciones y tocar con cierta habilidad una guitarra, de un tiempo a esta parte son un medio más a disposición de artistas con una formación académica a la altura de cualquier intérprete de sala de conciertos. Evidentemente estamos simplificando una serie de situaciones pero no creemos alejarnos demasiado de la realidad en este planteamiento.

Así, resulta que, hoy en día, los integrantes de un buen número de bandas de rock de éxito son gente con una sólida base musical y esto hace que sus inquietudes vaya más allá y exporen caminos alternativos más cercanos a la música culta consiguiendo integrarse en algunos de los sellos más representativos de ese mundo cada vez menos hermético que es el de la clásica.

Vamos a Canadá, concretamente a Montreal y a los primeros años de la década pasada. Allí encontramos a Arcade Fire, una banda que casi antes de nacer, se enfrentaba a su primera crisis importante. En ese momento se incorpora a la formación Richard Reed Parry, multi-instrumentista como la mayoría de miembros del grupo. Aquellos fueron años turbulentos con entradas y salidas de personal, discusiones y la grabación de un prometedor EP titulado igual que el grupo que supuso la salida de la banda de varios de los músicos que lo habían grabado. A pesar de las controversias, Arcade Fire salió adelante publicando una serie de discos que les han granjeado los elogios de la crítica, el cariño de un amplio público y la admiración de muchos compañeros de profesión incluyendo a “vacas sagradas” como el mismísimo David Bowie, quien colabora en el último disco de la banda. El grupo mantiene una formación mucho más extensa de lo habitual en el rock y ésta se amplía aún más en directo. Su sonido es muy original, especialmente por la gran cantidad de instrumentos poco habituales en estos estilos musicales como el , banjo, el xilófono, el acordeón, la celesta, el glockenspielm, el sitar, clarinetes y demás hermanos de la familia de las maderas, etc. Otra de las características de la banda es su forma de trabajar coral en la que todos los miembros aportan su participación en la composición de músicas y textos aunque parece ser que el rol central lo juegan el matrimonio formado por Win Butler y Regine Chassagne junto con nuestro protagonista hoy: Richard Reed Parry.

Paralelamente a su carrera con Arcade Fire, Parry ha realizado una serie de colaboraciones con otros artistas y también se ha introducido en el mundo de la composición “clásica” junto con otros “compañeros de armas” de similar trayectoria como Jonny Greenwood de Radiohead y los hermanos Dessner de The National además del “enfant terrible” de la música contemporánea, Nico Muhly.

Así, en 2014 llegó a nuestros oídos el disco de debut de Parry, nada menos que con el sello Deutsche Grammophone. Algo así tenía que llamar nuestra curiosidad y el comprobar que entre los intérpretes se encontraban los miembros del Kronos Quartet o los de yMusic, terminó por decidirnos a darle una oportunidad al disco.

El trabajo reúne una serie de piezas con un concepto en común que es la exploración de los ritmos corporales de los propios intérpretes. De primeras, eso nos recordó a los experimentos de Reich en los que la capacidad pulmonar de los ejecutantes de los instrumentos de viento era la que determinaba la duración de sus intervenciones. Entonces, los resultados eran muy atractivos así que teníamos que comprobar si el efecto se conservaba en esta nueva investigación sonora.

Explica el propio autor el concepto que reside tras el disco:

“son una serie de composiciones que usan los movimientos involuntarios de algunos órganos del cuerpo (particularmente el corazón y los pulmones) como parámetros para la interpretación. No existen indicaciones de “tempo”: éste está marcado por los ritmos cardíacos o respiratorios de los ejecutantes. Cada uno debe tocar, por ejemplo, en sincronía con su respiración (o con la de otro de los músicos) acompasándose con el ritmo de inspiración, de espiración o con ambos. Para conseguir la sincronía con los ritmos cardíacos, cada músico está equipado con un estetoscopio. El hecho de que los latidos de cada intérprete tengan una cadencia diferente termina por crear una suerte de “puntillismo musical” en el que las melodías se alinean y se salen de fase constantemente”.

En esencia, estaríamos ante un proceso afín a la creación de “fases” de Steve Reich pero gobernado por los ritmos corporales y no por procesos matemáticos. Los efectos son igualmente fascinantes.

Richard Reed Parry


“Quartet fo Heart and Breath” - La primera composición, a pesar del nombre de “cuarteto”, es, en realidad un sexteto interpretado por los miembros de yMusic, Rob Moose (violín), Nadia Sirota (viola), Clarice Jensen (violonchelo), Alex Sopp (flauta), Bill Kalinkos (clarinete) y C.J.Camerieri (trompeta). Es una pieza en la que las cuerdas y los vientos alternan los papeles de modo que primero son aquellas las que se encargan de la parte rítmica en pizzicato con los segundos en las tareas melódicas y después justo al contrario. La música resultante tiene mucho en común con alguna de las composiciones más experimentales de Wim Mertens para grupo y es de una gran belleza y fragilidad.



“Heart and Breath Sextet” - Los miembros de yMusic reciben el refuerzo de Nico Muhly al piano para esta extensa pieza que se abre con una serie de lamentos encadenados de violín a los que se suman de forma progresiva el resto de instrumentos. La parte de piano actúa como una especie de argamasa que empasta a la perfección el conjunto. Por momentos se acerca al ambiente del “Concierto para Piano” de Gavin Bryars aunque las propias características conceptuales de la obra condicionan mucho un desarrollo coherente de todos los instrumentos que terminan funcionando como entidades individuales aunque no siempre. De hecho, el sector central de la composición es especialmente brillante en la linea del Michael Nyman romántico de alguna de sus bandas sonoras. En el último tramo se vuelve a crear esa tensión algo caótica del comienzo consiguiendo, en su conjunto, una obra muy interesante y atractiva.

“For Heart, Breath and Orchestra” - Un grupo de catorce músicos entre los que repite Muhly quien además del piano toca la celesta y dirige la orquesta se enfrenta a la partitura de la siguiente obra del disco. También es la primera pieza en la que el propio Parry aparece como intérprete de piano y contrabajo. La música parece surgir a borbotones y encontramos en ella grandes influencias de alguno de los nombres más celebrados del pasado siglo como Olivier Messiaen aunque también de Ligeti. Sin embargo, el resultado final es profundamente minimalista aunque sea este un minimalismo “orgánico”, por así decirlo, nada mecánico y dotado de un pulso propio.

“Interruptions I-VII” (Heart and Breath Nonet)” - La obra más extensa del disco se compone, en realidad, de siete pequeños movimientos ejecutados por los miembros de yMusic con el refuerzo de Parry al contrabajo y los hermanos Dessner a las guitarras. En la primera de las piezas el protagonismo es para la viola, algo que se repite en el comienzo de la segunda aunque doblado por el contrabajo y convenientemente acompañado por el resto de cuerdas en momentos puntuales. El tercer movimiento se centra en vientos y cuerdas alternandose. Particularmente interesante nos resulta el cuarto movimiento con un ritmo constante construído a partir de una amalgama indescifrable de instrumentos de entre los que se destaca el cello con una extraordinaria melodía. El mismo espíritu es compartido por las guitarras de los miembros de The National que lideran la siguiente parte de la obra en su comienzo siendo luego el principal soporte rítmico en apoyo de los vientos, una vez más, en la tradición de Wim Mertens. Similar coñaboración pero ahora entre guitaras y cuerdas es la que encontramos en el penútimo movimiento de la obra para cerrar con el corte más ambiental que, como indica su propio título, se basa en una serie de “drones” de cuerda.



“Duet for Heart and Breath” - La primera obra que Parry escribió pensando en el concepto de la sincronía de la ejecución con los ritmos corporales del intérprete fue este dueto que aquí enfrenta al autor con la viola de Nadia Sirota. La pieza consiste en una serie de repeticiones al piano sobre las que la solista esboza breves trazos melódicos. Podría formar parte por derecho propio de cualquier catálogo de música minimalista de los últimos años aunque tampoco suena demasiado lejano a algunas obras de cámara de Arvo Pärt.

“Quartet for Heart and Breath (for Kronos)” - Cerrando el disco, encontramos la versión para cuarteto de cuerda de la pieza que abría el trabajo. La interpretación, a cargo del Kronos Quartet, es impecable y cierra un trabajo muy recomendable.

Dentro de la lista de obras de músicos “pop” dentro de parámetros clásicos que hemos escuchado en los últimos años, el disco de Parry nos parece de lo más original y fresco. No se trata de un trabajo de imitación de otros artistas sino de un verdadero esfuerzo por experimentar en el que, pese a que las premisas puedan parecer similares a otras (ya hemos citado a Reich), los resultados no lo son. Podemos disfrutar así de un disco que a nuestro entender puede gustar mucho a lectores del blog afines a la música de Mertens y al minimalismo en general pero también a muchos otros. Si Parry continúa en el futuro con esta vertiente de su trabajo, estamos seguros de que volverá a aparecer por al blog aunque no es descartable que en algún momento nos fijemos también en Arcade Fire. Tiempo al tiempo. Por ahora, su “Music for Heart and Breath” está disponible en los siguientes enlaces:

deutschegrammophon.com

prestoclassical.co.uk


sábado, 3 de marzo de 2012

Signal - Glassworks Live at Le Poisson Rouge (2011)



Aprovechando la última entrada que tenía por objeto el disco clásico de Philip Glass, “Glassworks”, nos hacemos eco de una interesantísima grabación del año pasado. En realidad, la idea inicial era la de comentar el disco al que ahora nos vamos a referir pero nos parecía que perdería parte de su sentido sin la entrada de ayer por lo que decidimos proceder de este modo.

Brad Lubman es un director de orquesta en cuyo currículum encontramos los nombres da algunas de las mejores orquestas del mundo en todo tipo de repertorios aunque con especial incidencia en la música del último siglo. De forma paralela, ha colaborado con otro tipo de formaciones de vanguardia incluyendo las más renombradas del campo de la música contemporanea como son el Ensemble Modern, la London Sinfonietta o la ASKO Ensemble por citar sólo tres de ellas. Actualmente está al frente de Signal, una de las más atractivas formaciones dedicadas a la música de nuestro tiempo. Una de las particularidades de Signal es que no se limitan a tocar en salas de conciertos al modo clásico sino que actúan en todo tipo de eventos, festivales e incluso nightclubs en un esfuerzo por acercar la música contemporanea a todo tipo de oyentes.

David Handler y Justin Cantor son dos empresarios que en 2008 decidieron adquirir el local en el que se encontraba el mítico Village Gate, abierto en 1958 en la esquina de Thompson y Bleecker Street en pleno Greenwich Village neoyorkino y por cuyo escenario desfiló la flor y la nata del jazz, el blues y el soul de la época (Coltrane, Billy Holiday, Duke Ellington, Bill Evans o Aretha Franklin junto con estrellas internacionales como Jacques Brel. Tan pronto se podía asistir a un recital de poesía de Allen Ginsberg como a una actuación de Jimi Hendrix o a un homenaje a Timothy Leary. La idea de los nuevos propietarios era la de recuperar el viejo espíritu del local abriendolo de nuevo a todas las artes, desde el cabaret al teatro, pasando por los monólogos, actuaciones de bandas de rock, DJ’s, y, también, música contemporanea. De este modo, se han interpretado en el local sinfonías de Arvo Pärt, obras de Steve Reich y también algunas composiciones de Philip Glass. El nombre bajo el cual se reabriría el mítico local iba a ser “Le Poisson Rouge”.


Cartel del antiguo Village Gate, aún presente en su ubicación original.

Pues bien, en un momento determinado, alguien (quizá el propio Lubman, acaso Michael Riesman) se dio cuenta de que “Glassworks” estaba próximo a cumplir 30 años. Probablemente ese alguien reparó en el hecho de que esa obra jamás se había interpretado en su totalidad en un concierto en Nueva York. Juntando uno y otro hecho, surgió la idea de organizar una velada en Le Poisson Rouge a modo de homenaje en la que se iba a interpretar de principio a fín el disco de Glass. El programa se iba a completar con la interpretación de una de las piezas más representativas del repertorio inicial: “Music in Similar Motion”.



Signal en plena actuación. Justo bajo el cartel de "exit" podemos ver a Michael Riesman a los teclados.


El concierto, como bien podeis suponer, fue grabado y publicado en CD por el sello del propio Glass, Orange Mountain Music el año pasado. El disco nos deja una interpretación absolutamente fiel al original que sirve para mostranos la vigencia absoluta del disco tres décadas después. Michael Riesman aparece como artista invitado encargandose de los teclados. Junto a él, los miembros de Signal: Kelli Kathman (flauta), Jessica Schmitz (flauta, piccolo), Ken Thompson (saxo soprano, clarinete, clarinete bajo), Bill Kalinkos (saxo soprano, clarinete), David Crowell (saxo tenor), Josh Rutner (saxos tenor y soprano, clarinete bajo), Caleb Burhans (viola), Lauren Radnofsky (cello), Matt Marks (corno francés) y Nathan Koci (corno francés), todos ellos bajo la batuta de Brad Lubman.

Para adquirir el disco:

amazon.es

fnac.es

Queremos aprovechar la entrada para dejaros un regalo que sirve para unir en cierto modo las últimas cuatro entradas del blog. Se trata de un enlace a una retransmisión en "streaming" de la NPR, la radio pública estadounidense. En ella podemos escuchar un concierto del año pasado en el que los miembros de Signal junto con la Wordless Music Orchestra, ambas formaciones dirigidas por Brad Lubman, interpretan un programa compuesto por la "Sinfonía No.4" de Philip Glass, basada en el disco "Heroes" de David Bowie y Brian Eno, el "Concierto de Cámara" de Gyorgy Ligeti y el estreno de una pieza orquestal escrita por Jonny Greenwood, miembro de Radiohead.

npr.org