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miércoles, 5 de noviembre de 2014

Philip Glass - Symphony No.4 "Heroes" (2014)



Continuando con la tarea de revisión de lo más destacado del catálogo de Philip Glass que se está realizando desde el sello Orange Mountain, era previsible que tras la nueva grabación de la “Sinfonía No.1 (Low)” no tardase mucho la de su hermana, la “Sinfonía No.4 (Heroes).

Glass es un músico muy dado a organizar parte de su obra en “trilogías”, unas veces como resultado final (la trilogía operística de “retratos” que incluye “Einstein on the Beach”, “Akhnaten” y “Satyagraha”), otras como punto de inspiración (como las obras de Cocteau “La Belle et la Bete”, “Orphee” y “Les Enfants Terribles”) y otras como colaboración creativa con otros artistas (la trilogía “-qatsi” junto a Godfrey Reggio. Cuando comenzó a plantearse su inmersión en la música sinfónica escogió como inspiración otra célebre trilogía: la berlinesa de David Bowie conformada por sus discos “Low”, “Heroes” y “Lodger” de la cual salieron, a día de hoy, la sinfonía nº1 y la nº4 (ignoramos si habrá algún día una “Lodger Symphony” como estaba planeado).

Como ocurría con la “Low Symphony” que comentamos aquí recientemente, Glass adaptó una serie de temas del disco “Heroes” para que sirviesen de base de su sinfonía más ambiciosa hasta aquel momento y, al igual que en aquella ocasión, tomó como base la reedición del sello Rykodisc que incluía algún tema que no formaba parte del disco original aunque pertenecía a las mismas sesiones. Por ello uno de los cortes no se corresponde en apariencia con ninguno de “Heroes” como apareció en 1977. Existían dos grabaciones anteriores de la obra: una a cargo de Dennis Russell Davies con la American Composers Orchestra publicada en Point Music y otra posterior con Marin Alsop al frente de la Bournemouth Symphony Orchestra para el sello Naxos. La razón de que se decidiera regrabar la obra por parte del propio Davis con la orquesta de la que es director residente (la Sinfonieorchester Basel) es la misma que propició la reciente edición de la “Sinfonía No.1”. Las primeras grabaciones se hicieron en estudio y estas nuevas proceden de registros en directo de la nueva interpretación, sin retoques de ningún tipo.

Dennis Russell Davies y Philip Glass


“Movement I – Heroes” – La canción escogida como fuente de inspiración para el primer movimiento de la sinfonía es la que daba título al disco de Bowie y una de las más populares de toda la discografía del artista. El gran mérito de Glass a la hora de enfrentarse a ella es que prescinde de toda referencia tópica a las partes más reconocibles del tema. De hecho, cuesta mucho reconocer la pieza original en el movimiento de la sinfonía. En él, las cuerdas son las integrantes de la estructura principal quedando las flautas reservadas para la melodía central. El movimiento tiene un gran dinamismo y Glass maneja las distintas partes de la orquesta con acierto.

“Movement II – Abdulmajid” – Este es un tema electrónico que no aparecía en “Heroes” pero sí en la reedición antes mencionada de 1991. Se trata de una pieza tremendamente vanguardista para la época, incluso dentro del contexto de un disco tan avanzado como fue “Heroes”. Quizá por ser tan raro, Glass respeta mucho más la melodía central del mismo así como su estructura aunque su sello personal está muy presente. Desde el comienzo, escuchamos una música muy oscura, deslizándose a ras de suelo, que va elevándose poco a poco apoyada en las percusiones y los violines de intensidad creciente. Un cambio rítmico muy notable comandado por los metales nos introduce en una brillantísima segunda parte en la que disfrutamos de los momentos de mayor inspiración, probablemente, de toda la sinfonía.

“Movement III – Sense of Doubt” – Una de las grandes piezas instrumentales del disco de Bowie tiene una magnífica contrapartida en la versión de Glass. Lo que en “Heroes” era una pieza oscura basada en una profunda serie de notas sintéticas, adquiere tonalidades aún más tétricas desde el primer momento del tema. Los vientos ejecutan la ominosa fanfarria inicial varias veces mientras, tímidamente, asoman percusiones y cuerdas aportando un leve destello antes de entrar en una sección fascinante comandada por las flautas con una melodía de la cosecha particular de Glass que nos maravilla de principio a fin.

“Movement IV - Sons of the Silent Age” – En esta ocasión el compositor norteamericano toma apenas un motivo inicial del original para desarrollar a partir de él una melodía de corte romántico a cargo de las maderas que va evolucionando de un modo preciosista arropada por las cuerdas, éstas sí, claramente dentro del estilo repetitivo del autor. Tras este segmento inicial asistimos a la clásica combinación de las diversas capas orquestales al modo de obras como “Akhnaten” o “Koyaanisqatsi” que han convertido la música de Glass en un especie de marca comercial absolutamente reconocible. Tras un interludio anunciado por los metales, entramos en la segunda parte del tema que viene a ser una suerte de repetición de la primera cambiando los instrumentos escogidos para ejecutar las partes principales.

“Movement V – Neuköln” – Otro de los instrumentales del disco original disfruta de su oportunidad dentro de la sinfonía. Glass toma de nuevo un tema casi literal como base de la pieza pero prescinde por completo de los incendiarios fraseados de saxo que caracterizaban el tema de Bowie. Domada así en cierto modo la pieza, se convierte en un interludio amable sobre el que sigue planeando un cierto tono amenazante y ominoso.

“Movement VI – V2 Schneider” – Quizá la pieza más compleja de la serie es la que cierra el disco porque refleja influencias múltiples: la de Kraftwerk en Bowie y Eno quienes dedicaron el tema al miembro de la banda alemana Florian Schneider y la de Bowie / Eno en el propio Glass. Si este era el tema más cercano al “krautrock” de “Heroes”, se convierte también en el movimiento más trepidante de la sinfonía a través de unos violines electrizantes que arrastran tras de sí al grueso de las cuerdas y a una percusión casi metronómica, digna de los propios y homenajeados miembros de Kraftwerk. Tras varios minutos de músicas con el sello de Glass profundamente incrustado en ellas, llega el homenaje al tema central de Bowie con la orquesta en todo su esplendor en un rendido tributo del compositor norteamericano a la figura del autor de “Scary Monsters”.

No parece muy probable que Philip Glass complete algún día la serie de sinfonías basadas en la llamada trilogía berlinesa de David Bowie con una obra basada en “Lodger” cuando ha completado ya seis más desde ésta “Sinfonía No.4” sin referencia alguna a ese disco. Lo que si ha cambiado mucho es el panorama que se presenta ante sus seguidores a la hora de poder seguir su música sin perderse ninguna obra importante y es que Orange Mountain sigue publicando novedades cada poco tiempo que son combinadas con grabaciones como ésta en las que se pretende ofrecer versiones “definitivas” de obras anteriormente disponibles en el mercado. Desde el blog seguiremos prestándoles el espacio que merecen aunque, dado el ritmo de publicación del sello, muchas de ellas van quedándose fuera. Aquellos interesados en adquirir esta 4ª sinfonía de Glass, lo pueden hacer en los siguientes enlaces:

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Os dejamos con un interesante análisis del disco (en alemán) en el que se pueden disfrutar varios fragmentos de la obra:

miércoles, 16 de julio de 2014

Philip Glass - Symphony No.1 "Low" (2014)



“Baby, I’m been breaking glass in your room again”. Así comienza una de las canciones que integran el mítico disco de David Bowie titulado “Low” del que ya hablamos aquí tiempo atrás. Unos años más tarde, Philip Glass podría haber hecho suya la frase cambiando su apellido por el del autor del disco en un divertido juego de palabras ya que, efectivamente, el compositor norteamericano se permitió el lujo de “romper” metafóricamente a Bowie (a su música, lógicamente) transformando un icono del pop rock de los años setenta como era “Low” en una sinfonía, bautizada inicialmente como “Low Symphony” a secas y que hoy, tras haber sido engrosado el ciclo sinfónico de Glass con otras nueve obras, es más conocida como la primera sinfonía de su autor.

La sinfonía tiene tal mezcla de ideas en ella que se convierte en un símbolo perfecto de una forma de hacer música que bien podría abarcar las últimas décadas del siglo pasado. Para empezar, el disco original nace de la colaboración artística de dos personajes de gran categoría como son David Bowie y Brian Eno quienes en el momento de componer el disco estaban influidos por otro grupo icónico de la época como era Krafwerk pero también por el minimalismo americano del propio Glass y, especialmente, de Steve Reich. No es, por tanto, extraño, que el compositor se fijase en parte del material del disco cuando Dennis Russell Davies le encargó en 1992 la composición de una sinfonía para, como solía decir medio en broma, medio en serio, “evitar que se convirtiese en uno de esos compositores de ópera que nunca se deciden a escribir sinfonías”. Hay que añadir aquí que Glass tardó en empezar pero una vez que lo hizo, ha construido un ciclo sinfónico realmente robusto que se ha saltado, incluso, la histórica maldición de la novena sinfonía. Cuando el compositor habla de la idea de utilizar como inspiración el disco de Bowie y Eno (aunque sólo Bowie lo firma, Glass les menciona a ambos situándolos en un mismo nivel) lo hace como algo natural. Al igual que muchos otros músicos “clásicos” basaron algunas de sus obras más conocidas en material ajeno (procedente del folclore en la mayoría de las ocasiones), él creyó adecuado partir de una obra rock para escribir su sinfonía porque, ¿qué es el rock sino el folk, la música popular de nuestro tiempo? Explica el músico que en “Low” encontró un ejemplo del uso de técnicas compositivas clásicas y de vanguardia con las que él mismo trabajaba en muchos momentos, integradas en un tipo de música alejado, en principio, del academicismo más estricto con lo que se convertía en una obra en la frontera que separaba mundos muy diferentes, convirtiéndose así en el punto de partida perfecto para una sinfonía contemporánea.

Lo cierto es que “Low” constaba de once canciones de las que Glass utiliza sólo dos que serían la base del primer y tercer movimiento de la sinfonía mientras que el segundo estaría inspirado en una canción grabada en las mismas sesiones que el disco pero que no formó parte del mismo originalmente. Sí lo hizo de alguna reedición posterior que, con toda  probabilidad, fue la que tomó como base el compositor norteamericano para su obra aunque nunca se consideró una canción del disco y en las ediciones más recientes de “Low” no aparece.

Dennis Russel Davies grabó la “Low Symphony” con la Brooklyn Philharmonic Orchestra en diferentes sesiones con cada sección de la orquesta interpretando su parte por separado y mezclando el resultado final en el estudio en lo que fue una de las primeras referencias de Point Music, sello independiente que Glass estaba lanzando en aquel entonces. La grabación que hoy comentamos es muy diferente a aquella. Davies dirige ahora la Orquesta Sinfónica de Basilea y junto a ella interpreta en vivo la obra completa con lo que eso supone en cuanto a vigor y coherencia musical. Sirve, además, para rescatar una obra que, si no estaba descatalogada como parte del viejo catálogo de Point Music, le debe faltar poco. Con ello, y teniendo en cuenta que Glass, a través de Orange Mountain Music se ha hecho con los derechos de las grabaciones de sus obras para Nonesuch, es de esperar que las sinfonías que van de la segunda a la quinta no tarden en ser publicadas de nuevo en el sello del músico (de la sexta en adelante ya aparecieron en el mismo).

Glass y Bowie en una foto promocional de la época de la primera grabación de la sinfonía.


“Movement I – Subterraneans” – Originalmente, “Subterraneans” era un tema cuasi-instrumental de corte electrónico que cerraba el disco “Low”. Una pieza experimental en la que el papel de Brian Eno era innegable y cuyo uso de cintas magnetofónicas y manipulaciones electrónicas bebía directamente de la vanguardia clásica. Sólo en la parte final, tras un sólo de saxo, escuchamos una breve letra. Glass comienza la adaptación con la orquesta interpretando una lenta melodía mientras las flautas repiten incesantemente una serie de breves arpegios. El movimiento se desarrolla muy lentamente mientras se van incorporando diferentes secciones y músicos a la interpretación. Tras varios minutos en los que el compositor se limita a jugar con un número muy limitado de elementos hasta llegar al ecuador del movimiento cuando la pieza se revitaliza mediante la aparición de las percusiones y de un ritmo mucho más vivo. Los vientos esbozan una serie de melodías extraídas de la pieza original que, sin llegar a cristalizar en un tema central de esos que no puedes quitarte de la cabeza, funcionan muy bien en este contexto.

“Movement II – Some Are” – La pieza que inspira el movimiento central de la sinfonía, ni siquiera aparecía en el disco, como ya hemos dicho. Se trata de una intrigante canción en la que Bowie interpreta una melodía deliciosa acompañado, casi al unísono, por un piano y una serie de efectos electrónicos. Un tema que se desarrolla con una gran lentitud, casi parsimoniosa y que contrasta brutalmente con el tratamiento que Glass le da en el segundo movimiento de su sinfonía. Lo que en manos de Bowie era una pieza llena de quietud, en manos de Glass se transforma en un movimiento vibrante en el que hasta la melodía principal, idéntica en cuanto a las notas empleadas, cambia de forma radical convirtiéndose en un auténtico torbellino, apoyado por la orquesta en pleno, con un papel principal reservado para las percusiones. El estilo propio del Glass orquestal aparece aquí aportando su forma de entender la música de modo que la simbiosis es total: Glass se aprovecha de la gran melodía de Bowie y Eno y la transforma en algo aún mejor haciéndola suya en buena parte. Tras el inicio en donde el tributo al tema original es evidente, asistimos a una sección central igualmente brillante pero 100% glassiana con fragmentos deudores de “Glassworks” o “Koyaanisqatsi”. En el tramo final, volvemos a escuchar la melodía del comienzo del movimiento cerrándose así la parte más destacada de la sinfonía en nuestra opinión.

“Movement III – Warszawa” – Para cerrar la sinfonía, Glass escoge el que, probablemente, sea el tema más estremecedor de todo el disco. Otra pieza sintética en la que destaca la triste melodía central de flauta y los inquietantes cantos finales. Curiosamente es la única pieza de “Low” cuya autoría está compartida entre Bowie y Eno aunque, repetimos, la sombra del ex-miembro de Roxy Music es alargada. Glass opta por un tratamiento conservador que parece un sencilla transcripción de la pieza original perdiendo por ello gran parte de la intensidad y la fuerza que poseía aquella. Poco a poco, sin embargo, Glass va llevando la obra a su terreno con ligeras variaciones en el tema central que termina por sonar familiar a los seguidores del compositor hasta el punto de casi olvidar su origen. Con todo, y tomando como referencia la pieza que inspira el movimiento, éste tercer y último de la sinfonía sale perdiendo claramente con su contrapartida en el disco de Bowie y Eno.

Fragmento del segundo movimiento de la sinfonía: "Some Are" en la versión de 1993


Es muy difícil analizar un trabajo como este sin caer en la comparación constante con la obra original y, a pesar de la dificultad de luchar contra el recuerdo de un disco que, sin duda, es una de las grandes obras de arte del rock, Glass sale airoso en muchos momentos (no es casual que Bowie incluyese la versión sinfónica de "Some Are" en algún recopilatorio propio) aunque en otros, cosa que creemos inevitable, no consigue librarse del tremendo peso del disco del músico británico. Pese a todo, recomendamos el disco tanto a los seguidores de uno como a los de otro artista e incluimos en la terna a Eno, ya que el propio Glass lo hace así. El disco, que ha aparecido recientemente y toma el relevo de la grabación original de la sinfonía de 1993, puede adquirirse en los siguientes enlaces:

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