sábado, 2 de noviembre de 2019

Wim Mertens - Ver-Veranderingen (1981)



Allá por el año 2000, los seguidores de Wim Mertens teníamos una idea más o menos clara de su carrera. Su discografía era extensísima pero con un poco de esfuerzo no era complicado organizarla cronológicamente. Sin embargo, a partir de entonces la cosa iba a empezar a complicarse. Por esas fechas se iba a publicar “If I Can”, un disco con grabaciones del año 1986 y casi al mismo tiempo, “At Home-Not At Home”, un CD con el mismo título que un viejo single de vinilo publicado por el músico en 1981 pero cuyo contenido era mucho más amplio hasta el punto de conformar un disco completo repleto de grabaciones realizadas en aquellas fechas. Algo después, apareció en el mercado la caja recopilatoria “Moment” y en ella aparecía un disco desconocido hasta ese momento y también grabado en 1981. Su título: “Ver-Veranderingen”. Afortunadamente para los coleccionistas, ese CD también fue publicado de forma independiente poco después evitando a los seguidores del músico el tener que adquirir una caja de 13 discos para poder tener el único que les faltaba. Para rematar, más recientemente se publicó el disco “Double Entendre” como parte de una nueva edición del clásico “Struggle for Pleasure”. En ese trabajo aparecían varias piezas inéditas de 1982 junto con algunas versiones actualizadas regrabadas para la ocasión.

Un verdadero galimatías, en suma, que complica sobremanera la organización del catálogo de Wim Mertens pero que tampoco supone un gran obstáculo para el disfrute de su música. Queremos hablar hoy de “Ver-Veranderingen”, probablemente el disco que contiene las primeras obras en solitario del artista belga si tenemos en cuenta que “For Amusement Only”, de 1980, era un trabajo firmado a dúo con Gust de Meyer. Se trata de un disco de corta duración, como lo eran todos los publicados por Mertens en los primeros ochenta. Siempre se cuenta que Mertens debutó en el teatro con la música para “De Macht der theaterlijke dwaasheden”, la obra de Jan Favre para la que compuso “Maximizing the Audience”. Sin embargo no fue así. En 1980 hizo la música que acompañaría a las representaciones de la obra “Ver-Veranderingen” en Lovaina y, como el lector perspicaz habrá adivinado, es precisamente esa música la que comentaremos aquí hoy. En su grabación participaron John Ruocco (clarinete y saxo), Pieter Vereertbrugghen (percusión) y el propio Wim Mertens al piano eléctrico.


Imagen de Mertens en sus inicios.


“So That” - El clarinete de Ruocco es el claro protagonista de una pieza llena de notas de muy larga duración que años más tarde sería adaptada por Mertens como una de las secciones de “To Keep Them From Falling”, una muy interesante obra coral que nunca formó parte de un disco independiente aunque sí aparece en alguna recopilación.

“Limes” - Seguimos en la misma linea del tema anterior. Notas extensísimas poniendo a prueba la capacidad pulmonar de Ruocco y que anticipaban la necesidad de contar con un superdotado en ese sentido como era Dirk Descheemaeker, colaborador posterior de Mertens y músico casi indispensable en su carrera.

“The Ship” - Mucho más interesante es esta pieza que combina clarinete y saxo de un modo mucho más rítmico e interesante. Conceptos claramente minimalistas, por más que Mertens rehuya ese término, que más adelante serían la base de muchas de las mejores composiciones del belga.

“Tiresias” - Mismos instrumentos en la siguiente composición en la que cada uno de ellos ejecuta de forma sincopada una melodía distinta que al combinarse con la del otro, crea un curioso efecto por el cual termina surgiendo una música muy atractiva de lo que parecía un caos sin demasiado sentido.

“Contentu Melodiae” - Se incorpora aquí el piano eléctrico de Mertens para construir una interesante base sonora que le da mucho más cuerpo a la pieza de saxo que se dibuja por encima. De nuevo estamos ante una pieza con elementos melódicos mínimos y continuas repeticiones que terminan por tener un efecto hipnótico en el oyente.




“2 and 3 = 1” - Algo similar ocurre ahora aunque con el añadido de la percusión que se combina con el piano eléctrico en uno de los mejores momentos del disco. Es una de esas piezas que, como ocurre con la mayor parte de este trabajo, no son maravillas por sí mismas pero sí resultan muy clarificadoras para entender cómo se iba a desarrollar el estilo de Mertens en los años venideros.

“'t Klopt” - Llegamos a la primera pieza del disco en la que es Mertens el único intérprete con su teclado. Ritmo constante y muy ligeras variaciones son los elementos fundamentales de una pieza muy breve, como todas las del disco.

“Gleaner” - Prácticamente es una continuación del corte anterior con el añadido de una percusión metronómica y del saxo que juega también un papel más rítmico que melódico.




“Tsjueh” - Regresamos al saxo soprano en solitario en una pieza de esas que Mertens suele reservarse para trabajos “especiales” como “Instrumental Songs” o sus “ciclos”, abundantes en composiciónes para instrumentos solistas con repeticiones continuas y cambios melódicos muy sutiles.

“Wording” - Cerrando el trabajo escuchamos un tema interpretado exclusivamente con instrumentos de percusiones. Muy extraño, sin lugar a dudas, y que podría ser considerado una rareza en la carrera de Mertens de no ser porque en los tiempos más recientes ha vuelto a publicar varias piezas de similares características.

Los cortes “So That”, “The Ship” y “Tiresias” ya habían sido publicados como “caras b” del single de “Close Cover” en 1983 y todos ellos junto con “Limes” fueron regrabados con una formación instrumental más amplia para el disco “Sources of Sleeplessness” varios años después. Las versiones que aquí aparecen son las originales. En cualquier caso, “Ver-Veranderingen” no es un disco facil de asimilar e incluso para los seguidores de Mertens, debería encuadrarse en la categoría de las rarezas solo aptas para arqueólogos musicales. Su interés radica, como ya hemos dicho, en lo que anticipa más que en lo que es pero no está de más darle un repaso de cuando en cuando.



 

domingo, 27 de octubre de 2019

Jeroen Van Veen - Sakamoto: For Mr Lawrence. Piano Music (2019)




Hay un artista al que nunca hemos terminado de prestar la atención que merece pese a que casi todo lo que habíamos oído de él nos había parecido bueno o muy bueno. Sin embargo, por unas cosas u otras, no encontrábamos el momento adecuado para meternos en su obra. Nuestro desconocimiento de la misma, al margen de hitos puntuales como algunos temas de la Yellow Magic Orchestra o sus bandas sonoras para “Merry Christmas Mr.Lawrence” o “El último emperador” era casi total hasta el punto de que, cuando hace unos meses vimos en una tienda su disco “BTTB”, pensamos que era una novedad por lo que decidimos buscarlo al llegar a casa para darle un par de escuchas. El resultado nos fascinó pero fue entonces cuando reparamos en el hecho de que, lejos de ser una novedad, se trataba de una reedición con ocasión del 20º aniversario del lanzamiento original del disco. A modo de reparación por ese absoluto desconocimento de la carrera del músico decidimos comprar el disco y nuestra intención era que se convirtiera en la primera reseña de Ryuichi Sakamoto (porque es de él de quien hablamos) que apareciera en el blog.

Comoquiera que las cosas no siempre salen como uno las planea, recientemente supimos que nuestro admirado Jeroen Van Veen había decidido lanzar una de sus ya imprescindibles antologías pianísticas dedicada, en esta ocasión, a la obra de Sakamoto. El músico japonés comenzó su carrera precisamente componiendo para ese instrumento aunque sus primeros éxitos llegaron en el campo del pop electrónico como miembro de la antes citada Yellow Magic Orchestra. También sus primeros trabajos en solitario tuvieron a los sintetizadores y los samples como protagonistas. En la última etapa de su carrera ha regresado con frecuencia al piano con discos como el citado “BTTB” lo que hace de Sakamoto un artista ideal para pasar a formar parte del ya extenso repertorio de Van Veen. Explica el pianista holandés en las notas del disco la gran versatilidad de las composiciones de Ryuichi que suenan muy diferentes en las diferentes versiones de estudio de lo que lo hacen interpretadas en directo. Para la ocasión, Van Veen estuvo trabajando sobre las partituras publicadas por Sakamoto hasta completar tras volúmenes pero justo cuando estaba terminando, recibió una nueva versión de las mismas con nuevos arreglos aún mejores por parte del compositor por lo que decidió volver a grabarlo todo, conservando en algunos casos la primera versión para mostrarnos así las dos interpretaciones de la pieza. El resultado final es una extensa caja de cinco discos publicada, como es habitual en Van Veen, por el sello Brilliant Classics.

Ryuichi Sakamoto


El primero de los discos recoge fundamentalmente piezas de Sakamoto para el cine así como varios cortes de “Async”, uno de sus últimos trabajos. Escuchamos así el celebérrimo tema central de “Merry Christmas Mr.Lawrence”, la juguetona “Dancing in the Sky”, la preciosa melodía principal de “El Cielo Protector” o uno de los temas de “Gohatto”. En general es un disco meditativo con muchas piezas que casi se podrían catalogar de “ambient” como es el caso de “Ubi”, del disco “Async”, que bien podrían firmar Harold Budd y Brian Eno junto con maravillas románticas como “Aubade”, impresionistas como “Mizu no naka no bagatelle” o minimalistas (“Reversing”).




El segundo disco sigue la linea del primero, con piezas procedentes de las bandas sonoras de “El último emperador”, “Tacones Lejanos”, “The Revenant” o incluso de la de un videojuego para la PlayStation2 que Sakamoto realizó en su momento. Junto a ellas escuchamos composiciones pertenecientes a otros trabajos incluyendo una de las canciones más populares de la Yellow Magic Orchestra (versionada en su día por artistas que van desde Michael Jackson hasta Eric Clapton). Destacamos “M.A.Y. In the Backyard”, en el más puro estilo de Steve Reich, la emotiva “Zero Landmine”, grabada para un disco benefico contra el uso de las minas anti-persona que contó con la participación de estrellas internacionales de la talla de Kraftwerk o Brian Eno, “Behind the Mask” (la pieza de la YMO a la que nos referíamos antes) o “Rain” de “El último emperador” pese a que en esta versión para piano solo pierde mucha de su fuerza original.




El tercer disco se basa en el disco “Coda” que el músico publicó en 1988 y que aquí aparece casi en su totalidad acompañado de una pieza de su disco de debut en solitario, “Thousand Knives” (magnífica la versión de Van Veen) o de un par de ellas procedentes de sendos trabajos de la Yellow Magic Orchestra. A destacar “1919”, de nuevo en una linea muy próxima a la música de Steve Reich, “Before the War” que nos recuerda al mejor George Winston, “A Brief Encounter” con esa solemnidad tan rotunda, “The Fight”, las “debussianas” “Beyond Reason” y “Last Regrets” o “Castalia” de la etapa de Sakamoto con la YMO.




El cuarto disco, por su parte, se centra en el CD “BTTB” de 1999 con la adición de un par de piezas procedentes de otros trabajos. Precisamente son estos dos temas los que abren el disco con “Amore” del disco “Beauty” como el más destacado. No queremos hablar demasiado de “BTTB” porque será un disco que comentaremos con más detenimiento en el futuro pero no podemos dejar de mencionar como la gran influencia del trabajo a Erik Satie, presente en casi todo el álbum pero muy especialmente en composiciones como “Opus”, “Intermezzo” o “Lorentz and Watson”. Magnífica y muy inspirada es “Sonatine” mientras que “Bachata” tiene un aire “raveliano” muy marcado. Mención especial para la delicada “Energy Flow”, una joya que se cuenta entre nuestras preferidas de todo el disco.




El último CD de la colección es el más variado ya que prácticamente todos los cortes proceden de discos diferentes salvo en el caso de “1996” que aparece representado con tres y “Heart Beat” que lo hace con dos. Piezas como “Tamago 2004” con su aire a Chopin o “Before Long” (de nuevo Debussy) son de lo mejor de este volumen en el que también destacan “Tatorso”, la vagamente “glassiana” “Bibo no Aozora” o la vivaracha “Sayonara” que cierra el disco junto con la igualmente rítmica “High Tide”.




Sakamoto ya había grabado varios discos en los que él mismo interpretaba muchas de sus composiciones en arreglos para piano como los titulados “/04” y “/05” pero hoy en día no son demasiado fáciles de encontrar. Es por eso que esta antología de Jeroen Van Veen gana en interés y es absolutamente recomendable tanto para los seguidores del músico japonés como para aquellos que quieran introducirse en su obra partiendo de cero. Pese a haber ganado varios premios de gran prestigio incluyendo un Oscar, un Grammy, un BAFTA o dos Globos de Oro, su obra no termina de ser lo conocida que debiera más allá de sus dos o tres bandas sonoras más populares. Esta recopilación no es en absoluto representativa de su obra ya que se limita a las piezas para piano solo y a arreglos para ese instrumento cuando Sakamoto podría ser considerado principalmente un artista electrónico. Sin embargo, se trata de música tan interesante que esta antología nos parece casi imprescindible para cualquier amante de la música de piano, acierto que hay que anotar en la cuenta de un Jeroen Van Veen que sigue ofreciendonos maravillosas colecciones monográficas que nos permiten acceder de golpe a una gran cantidad de música de un mismo autor. Si a eso añadimos la calidad habitual (y el excelente precio) de las grabaciones del sello Brilliant Classics, es casi absurdo perderse este lanzamiento.

sábado, 19 de octubre de 2019

Suso Sáiz - Un Hombre Oscuro (Live Solo Performances 1990/1994) (1995)



Toca hablar de Suso Sáiz. Probablemente sea el músico más importante de este país entre aquellos a los que no conoce casi nadie o quizá el artista más desconocido entre los importantes. Sea como fuere, lo cierto es que, si bien su nombre aparece en decenas de discos, muchos de los cuales se cuentan entre los más importantes editados en España, no son muchos los aficionados que reconocen al músico gaditano de nacimiento y madrileño de adopción entre los créditos de esos trabajos.

Suso es un músico que ha hecho del riesgo la razón de ser de su carrera en solitario utilizando su talento como guitarrista y productor para otros como un modo de obtener esos ingresos que no conseguía extraer de sus propios discos. Es un artista tremendamente abierto a todos los géneros que no tiene reparos en asegurar que disfruta tanto de componer y tocar como de escuchar el trabajo de otros y es esta doble faceta de creador y melómano la que, probablemente, le ha dado el bagaje suficiente para convertirse en el gran productor del panorama nacional. Estilísticamente, sus gustos se situaban en las vanguardias clásicas de finales del siglo pasado, desde John Cage hasta los minimalistas, especiamente, Steve Reich. Si unimos a la ecuación a músicos (o no-músicos) como Brian Eno, tendremos una idea muy clara de por dónde iban los tiros. En sus inicios colaboró con el percusionista Pedro Estevan en una época en la que el percusionista trabajaba en el programa de “Los Payasos de la Tele” suministrando a Miliki los instrumentos más disparatados para que los tocase ante los niños. Anécdotas aparte, fue con Estevan y con la cantante María Villa con los que formó La Orquesta de las Nubes, una formación extremadamente adelantada para la España de principios de los ochenta pero que aún hoy es recordada con nostalgia por todos cuantos tuvimos la suerte de disfrutarla. A partir de ahí llegaron los primeros discos en solitario, las apariciones como guitarrista en discos de los más diversos artistas y estilos (Duncan Dhu, La Dama se Esconde, Luis Eduardo Aute) o las labores de producción en discos de Esclarecidos, Javier Álvarez, Tahures Zurdos, los Planetas, Celtas Cortos, los Piratas...

Una lista interminable que le permitía ganarse la vida y tener tiempo para sus propios discos y para trabajar en otros de artistas más afines entre los que se cuenta prácticamente todo aquel que fue alguien en las llamadas “nuevas músicas” en España durante las décadas de mayor esplendor de esas corrientes alternativas. Inevitablemente el nombre de Suso Sáiz acabo siendo una especie de sello de calidad para todo disco en el que apareciera impreso. En el blog hablamos ya tiempo atrás de Suspended Memories, el grupo que formó junto a Jorge Reyes y Steve Roach pero iba siendo hora de dedicarle una entrada a uno de sus trabajos en solitario. Podíamos haber elegido una de sus obras más conocidas como es la banda sonora de “Al Filo de lo Imposible” pero hemos preferido acercarnos a un disco bastante más personal y representativo de la faceta más arriesgada de Suso. Se trata de “Un Hombre Oscuro (Live Solo Performances)” que recoge, como su propio título indica, una selección de piezas interpretadas en directo a lo largo de diferentes conciertos. Toda la música está interpretada por Sáiz en directo a las guitarras con diferentes equipos electrónicos con los que manipula y modifica el sonido en vivo además de añadir todo tipo de efectos y sonidos a cual más diverso. Con posterioridad se añadieron las voces invitadas de Pablo Guerrero y Javier Corcobado interpretando sendos poemas escritos respectivamente por cada uno de ellos. El álbum se desarrolla a lo largo de una única pista de una hora de duración pese a lo cual, cada parte viene señalada en el disco con la marca de tiempo del momento en que comienza.


Suso Sáiz


“Vestido transparente” - La primera pieza cuenta con Corcobado como lector de su propio poema. Comienza con una serie de golpes y efectos sonoros que bien podrían sonar en la introducción de cualquier fantasía distópica. El ambiente lluvioso de la estación que nos describe el narrador y lo crudo del texto contribuye a este ambiente terrible que nos sitúa, ya de entrada, en un estado de ánimo tenso. En los últimos instantes escuchamos la inconfundible guitarra de Suso Sáiz que enlaza con el segundo corte.

“De la soledad solidaria” - Suso interpreta su instrumento con una frialdad conmovedora en medio de un fondo electrónico igualmente gélido. Conforme avanza la pieza la guitarra se diluye entre los sonidos sintéticos para reaparecer en el tramo final con un sonido modificado, notas largas, interminables y llenas de distorsión en la linea de su admirado Robert Fripp.

“Es la melancolía de un mosquito” - Sin solución de continuidad, ese tapiz de saturaciones y efectos sonoros entra en el siguiente corte que es una verdadera locura. Más aún si tenemos en cuenta que todo está interpretado en directo sin ningún tipo de retoque en estudio posterior. Una maravilla llena de complejidad en su ejecución en la que apreciamos la gran categoría de Suso como músico.

“Que cruza el horizonte vida” - El siguiente corte, uno de los más extensos del disco, comienza con el repetitivo sonido vibrante de un oscilador en bucle. A partir de ahí se incorpora una agónica respiración electrónica que ayuda a crear un ritmo cadencioso que lo llena todo. Es esta una pieza “ambient” de gran factura basada en el uso de “drones” y más cercana a los planteamientos del Theater of Eternal Music o a lo que por aquel entonces comenzaba a hacer Steven Wilson con su proyecto Bass Communion que al clásico “ambient” de Eno.

“El reflejo de un instante” - Regresamos a la guitarra por unos instantes para acompañarnos en el cambio de tema y nos sumergimos después en una pieza más electrónica que la anterior, con sonidos sintetizados más limpios que contrastan con la “suciedad” de la guitarra eléctrica llena de distorsión que aparece en momentos puntuales. Pese a estas intervenciones el tono general es meditativo y con un punto menos de tensión que los dos temas precedentes y el cierre, con una serie de fraseos marca de la casa, magnífico.

“Para observarse observado” - Suso utiliza el ruido blanco captado por un receptor de radio navegando entre las distintas sintonías para la introducción del siguiente corte. Un sonido convenientemente procesado y puesto en bucle sobre el que volvemos a escucharle improvisando a la guitarra. El resto del tema es pura atmósfera. Una delicia sonora para cualquier aficionado a estos géneros.




“Un hombre oscuro” - Los primeros instantes nos dan un cierto respiro en forma de notas claras dibujando una melodía muy bien definida. Escuchamos entonces la voz de Pablo Guerrero interpretando un poema propio que servirá para dar título a todo el disco que termina difuminándose entre las voces de niños jugando. Termina ahí, aparentemente, la composición y con ella el trabajo pero lo cierto es que el CD sigue dando vueltas en silencio en el reproductor. Por fin, tras varios minutos de espera vuelve el sonido en forma de pieza de “ambient” electrónico clásico que se deja escuchar durante un tramo más bien largo hasta que termina por desvancerse.




En todas las entrevistas recientes que hemos leído, Suso asume que la industria musical prácticamente ha desaparecido y que hoy en día muy poca gente se preocupa por dar un disco ese toque final de calidad que le distinga del resto. El trabajo del productor es prescindible y por eso todo lo que llega a sonar en las radios y televisiones es estándar. Sonidos planos, canciones planas, letras planas. El verdadero terraplanismo que, mira por donde, sí nos ha terminado por conquistar. Hablamos, claro está, de la “industria” que solo busca el retorno rápido de una inversión mínima. Afortunadamente quedan artistas que aún se preocupan por todos los detalles de una grabación y que no tienen el éxito o las ventas como objetivo. Es curioso pero en los últimos tiempos muchos de los discos de Suso Sáiz han sido rescatados por pequeños sellos de fuera de nuestras fronteras. Aunque haya sido en tiradas cortas, ese reconocimiento hacia su trayectoria es tan merecido como necesario. Por nuestra parte, queríamos aportar algo a la visibilidad de la obra de un músico que seguirá apareciendo en el blog, ya sea con sus propios trabajos o con los que ha hecho para otros.