jueves, 30 de abril de 2015

Carlos Izquierdo - Ciel de Lucioles (2014)



Dirigimos nuestra mirada hoy en el blog hacia tierras de Levante, concretamente hasta Alicante desde donde nos llega el segundo trabajo discográfico de Carlos Izquierdo. Se trata de un músico que ha transitado por los caminos más diversos, investigando en el lado más experimental de la música, en el sonido puro que reside en los objetos más insospechados como los juguetes o los instrumentos modificados, en la electrónica y en el puro ruido. También ha coqueteado con el jazz y con la clásica aunque a la hora de grabar se decide, por ahora, por unos estilos y tendencias muy determinados.

Su música actual, la que “fluye” ahora, utilizando la palabra usada por él mismo para hablarnos de ella, describe la trayectoria de un funambulista en su recorrido por el imaginario cable tendido entre John Cage y Olafur Arnalds utilizando a Erik Satie de pértiga. Sin haber escuchado sus trabajos más experimentales, las referencias estilísticas que leemos sobre sus inicios hacen que la mención de Cage no nos resulte extraña. Siendo el norteamericano y el francés dos compositores admirados por nosotros y con cierta presencia en el blog, tanto con su obra propia como a través de su influencia en otros músicos, tarde o temprano teníamos que llegar a conocer a Carlos.

Su primer trabajo apareció el 2013 en el sello Luscinia, una iniciativa maravillosa en la que se dan cita estilos musicales tan minoritarios como fascinantes, nombres aún desconocidos para nosotros y artistas de la talla de Eduardo Polonio. Un digno sucesor en el tiempo de sellos casi míticos hoy como aquel Linterna Música de la década de los ochenta con el que intuimos muchas similitudes estéticas y estilísticas. Hablaremos más adelante, seguro, de ese primer disco para piano solo titulado “Campo Cero” pero ahora nos quedamos con el más reciente. “Ciel de Lucioles” aparece en diciembre del año pasado y recoge seis composiciones para piano y violín. Fue grabado en Canadá con la participación de la violinista Amélia Quessy.

Material promocional de la reciente gira europea del músico.


“Dessiner la pluie” - El piano parece titilar como las luciérnagas del título del disco jugando alrededor de un pequeño grupo de notas. El instrumento tiene un eco particular, quizá fruto de alguna de esas manipulaciones tan del gusto de nuestro admirado Cage. Cuando aparece el violín, gélido, inquebrantable, desgranando notas aceradas y cortantes que consiguen envolvernos en una atmósfera nocturna, tan hostil como la de los bosques canadienses cuyos cielos a buen seguro inspiran este trabajo, se completa el sortilegio.



“Equilibrio” - Sin alteraciones ni sobresaltos continúa el trabajo mientras nos adentramos en la segunda pieza del mismo, una frágil melodía de piano que nos recuerda al Yann Tiersen de la banda sonora de “Goodbye Lenin” en cuanto a su estructura y evolución. Una miniatura (todas las piezas del disco lo son) de excelente factura, muestra clara de que que el talento no tiene mucho que ver con el exhibicionismo vacío y sí con la sensibilidad.

“Pulso camino” - Es prodigioso el modo de construir sus piezas de Carlos Izquierdo, transitando siempre por el estrecho borde que separa lo delicado de lo endeble, sin llegar a caer en lo segundo. El piano aquí insiste una y otra vez en una serie de motivos lentos que se apoyan en largas notas sostenidas del violín para evitar caer al vacío. La influencia de Satie se nos revela aquí de un modo mucho más evidente que en el resto del disco pero nunca entendida como imitación sino como guía de viaje.

“Voces inmensas” - Quizá sea esta la pieza más lírica del disco, aquella en la que se busca de forma más clara esa voz que acompaña a la pulsación continua. Surge la faceta más minimalista de Carlos, especialmente en la segunda parte en la que el piano invita al violín a acompañarlo y este responde con una disimulada queja que se repite obstinadamente como ocurría en otras piezas maravillosas de alguno de nuestros autores favoritos. Pensamos, por ejemplo, en Wim Mertens y su “Multiple 12”.

“La danse des voyageurs” - Otra vez el eco, la reverberación inimitable de un piano afinado de un modo diferente, como quien es despeinado por la brisa mientras mira al horizonte, nos conduce apaciblemente de la mano del violín por una danza onírica, en la que ambos bailarines se elevan sin darse cuenta para terminar flotando en medio de un cielo ¿por qué no? cuajado de luciérnagas.

“Imagina paisajes” - Cierra el disco un tema que invita a pensar en la siguiente etapa del camino, una pieza diferente, más rítmica y concisa. Amanece quizá, y el viajero tiene que recoger sus cosas, levantar el campamento, decir adiós a las parpadeantes luces que lo acompañaron en la noche y proseguir su camino. ¿cómo será la siguiente etapa? el tiempo lo dirá pero como decían los más ilustres viajeros, el destino importa menos que el viaje en sí.

Carlos acaba de regresar como quien dice de una gira por Alemania y Polonia que sirve para darle a su trabajo una proyección internacional que, sin duda merece. El suyo es un nombre que tendremos que apuntarnos en un lugar destacado para seguir sus pasos futuros que no son ya los de una promesa sino los de una realidad verdaderamente interesante a la que no hay que perder la pista. Sus dos trabajos están disponibles en la web de Luscinia y tienen una presentación tan delicada que hace que deban ser tratados con una sensibilidad pareja a la que el propio Carlos pone en sus interpretaciones. No son simples discos sino objetos preciosos a preservar en el lugar más confortable de nuestra discoteca.

Como despedida, citamos un revelador párrafo extraído de la cubierta del disco: “así esta música que no lo muestra todo pero señala el camino”.

Podéis escuchar todo el disco en el canal de youtube de Carlos y adquirirlo el la web de Luscinia. Mientras tanto, os dejamos con una muestra de la música del artista en directo:


domingo, 26 de abril de 2015

Lito Vitale y los Argentinos - Cuentos de la Media Luna (1994)



Tuvimos la oportunidad de ver a Lito Vitale en directo allá por 1992, en la época de mayor esplendor de su Cuarteto. En aquellos momentos no lo sabíamos pero a la formación le quedaba muy poco de vida aunque en aquella gira se coqueteaba con la posibilidad de ampliar el grupo a quinteto con la incorporación de un guitarrista que en aquellos conciertos se unía a la banda en algunos temas.

En aquel momento acababa de aparecer “La Excusa”, último disco del Lito Vitale Cuarteto como tal, aunque más tarde se incorporó “La Cruz del Sur” a la lista del mismo (cuando originalmente se buscó otro nombre para la formación que lo interpretaba. La idea del quinteto no fue olvidada por Vitale quien, tras algunos trabajos en solitario o a dúo con el cantautor Juan Carlos Baglietto, grabaría en 1994 un trabajo extraordinario para esa configuración de músicos que no se denominó, sin embargo, “Lito Vitale Quinteto” sino “Lito Vitale y los Argentinos”. Había una baja notable con respecto a “La Cruz del Sur”: el bajista Marcelo Torres (que se había incorporado a la banda de Luis Alberto Spinetta). Repetían en cambio Manuel Miranda a los vientos y el batería Marcelo Novati. El quinto miembro sería el guitarrista Ernesto Snajer.

A primera vista, la incorporación de un guitarrista parecía cambiar mucho el panorama del sonido de Vitale pero lo cierto es que no fue así y Los Argentinos mantuvieron todas las características del antiguo cuarteto. Ayudó mucho, claro está, que Vitale tuviera preparada una selección de piezas a la altura de los mejores momentos de su anterior banda.

“Tango Obertura” - El comienzo perece un homenaje a a Tchaikovski, compositor admirado por Vitale, quien, tras los acordes iniciales se embarca en una improvisación de piano que comienza con aire de jazz para “aflamencarse” ligeramente algo después. Más tarde nos sumergimos ya en los sabores del tango del título con un fragmento que habría firmado el mismísimo Piazzolla y con el que concluye la introducción.

“La Ribera del Sol” - Casi sin solución de continuidad nos recibe el sonido de un acordeón como presentación de otro de esos temas con el “sello” de Lito por los cuatro costados. La incorporación de la guitarra acerca el sonido al de Pat Metheny, autor con el que, evidentemente, Vitale tiene una gran deuda estilística. El solo de saxo que suena a continuación acerca la pieza al jazz pero Miranda la rescata poco después con sus flautas aportando el ingrediente tradicional que tanto peso tiene en la música de Vitale.

“Cuentos de la Media Luna” - Es reiterativo hablar tanto de Metheny pero es que los primeros instantes de esta pieza parecen extraídos de un disco del guitarrista norteamericano. Sin embargo, todo lo que suena después es una demostración del extraordinario talento de Vitale como compositor. La melodía que se extiende durante los siguientes minutos es magistral como podían serlo las mejores de los discos clásicos del Cuarteto. Empezamos, además, a escuchar a Javier Malosetti al bajo despejando las dudas que siempre suscita quien reemplaza a un músico de la talla de Marcelo Torres en un grupo.



“Desde la Montaña” - Llega el turno para un tema extraño dentro de la discografía del músico, especialmente en sus primeros minutos, en los que asistimos a una verdadera exhibición por parte de Manuel Miranda a los vientos. Es, por otra parte, la única pieza del disco cuyo autoría es compartida por Vitale, precisamente con el único superviviente de todas las etapas del cuarteto original. La pieza tiene un fuerte componente tradicional con Snajer interpretando el charango o el propio Miranda interpretando quenas y sikus pero también un peso importante del jazz y aquí destaca sobremanera la sección rítmica. Una de las piezas más interesantes, sin duda, de todo el trabajo. Que se adentra a continuación en una suite de tres movimientos.

LA SEMANA EN MADRID

“Gente Nueva – En los años previos a la publicación del disco, Vitale alcanzó gran popularidad en España, país por el que giró en varias ocasiones. De ahí la inclusión, a modo de agradecimiento de esta sensacional “suite”. El primer movimiento nos muestra que en sus viajes el músico se empapó bien de músicas como el flamenco brindándonos una pieza magistral que podría firmar perfectamente cualquier músico autóctono como Dorantes o Jorge Pardo. La partitura de flauta es deliciosa; posiblemente de lo mejor de todo el disco.



“Viaje Interior” - El movimiento más corto de la suite es también el más intimista ya que es un dueto de piano y guitarra en su mayor parte al que se suma la flauta en una lánguida intervención final que nos acerca al final del segmento.

“De Regreso, Urgente” - Sigue siendo la flauta la gran protagonista aunque ahora como introductora de otra pieza magnífica y llena de inspiración. Todo el disco tiene una nitidez extrema, una separación perfecta de cada instrumento y cada sonido que en ningún momento interfieren con otro y en eso tiene mucho que ver el hecho de que Vitale opte la mayor parte de las veces por el piano, dejando los sintetizadores para sus clásicos sonidos de flauta en momentos puntuales. El flamenco aparece de nuevo en los minutos finales para cerrar una suite fantástica de la mejor manera posible.

“Bajos Latidos” - El tramo final del disco está marcado por piezas de mayor extensión que el resto en las que Vitale encuentra el tiempo necesario para desarrollar su música sin limitaciones de ningún tipo. La primera muestra es este tema de aire funk en el que sonidos clásicos de órgano, bajo y batería, y ritmos sincopados nos trasladan a cualquier night-club norteamericano, sabor que se intensifica con el extraordinario solo de bajo que tiene lugar en el ecuador de la pieza. Toma el relevo la guitarra con la ayuda de los metales procedentes de los teclados de Vitale hasta llegar a la parte final, más reposada.



“Los Cambios Necesarios (fragmento)” - Enlazada con la pieza anterior encontramos esta brevísima versión de un clásico de Lito Vitale que aparecía en el disco “La Cruz del Sur”. Se trata de una revisión en la que la guitarra eléctrica es protagonista absoluta durante dos minutos escasos de frenesí musical.

“El Milagro” - El jazz más clásico tiene su momento en esta larga composición en la que piano, contrabajo y batería (una de las formaciones imprescindibles del género) se encuentran para improvisar juntos. No olvidemos que una de las grandes cualidades como músico de Vitale es, precisamente, su extraordinaria capacidad como improvisador, algo que cualquier amante del género encontrará en esta composición que, quizá, suene algo fuera de contexto en este disco pero que no por ello deja de ser excelente.

“Camino de Reencuentros” - El saxo de Miranda suena como no lo hacía desde “Ese Amigo del Alma” y, en general, toda la pieza da la impresión de proceder de aquella época de su autor aunque no hay referencias al respecto en el libreto del CD. Es, en todo caso, una pieza muy reposada, con menos energía que el resto del disco y que suena como si se tratase de un tema de relleno que no era del todo necesario puesto que éste alcanza la hora de duración.


Al igual que todas las formaciones que Vitale probó en aquellos años, tampoco Los Argentinos grabaron ningún trabajo más al margen de éste. No obstante, para los seguidores del teclista, este disco tuvo la virtud de rescatar lo mejor de los años del Cuarteto que parecían cosa del pasado. Sólo por eso, merece la pena darle una oportunidad a este trabajo que desde aquí, recomendamos a cualquier lector cerrando, por ahora, una serie de varias entradas en las que Vitale ha sido protagonista en las últimas semanas aunque seguro que no tardará mucho en volver por aquí.

jueves, 23 de abril de 2015

Penguin Cafe Orchestra - Music from the Penguin Cafe (1976)



Existió hace unos años una banda discreta que hacía música deliciosa. Una banda organizada alrededor del talento de su líder, Simon Jeffes, un tipo peculiar e imaginativo, de trato afable y con quien una pregunta en una entrevista podía sigunificar tres cuartos de hora de respuesta. La música que hacían era inclasificable. Tenía algo de clásica, algo de folk, algo de minimalismo y estaba interpretada con instrumentos como el cuatro o el ukelele junto con otros más habituales en la música que todos escuchamos a diario. A pesar de tener un núcleo más o menos estable, la banda experimentaba continuas entradas y salidas de miembros, especialmente en sus versiones en directo. El hecho de que Jeffes dominase varios instrumentos además de la guitarra (el principal de ellos) hacía que de cara a las grabaciones sólo tuviese que recurrir a algunos de los integrantes para aportar las partes que él no podía tocar suficientemente bien.

La historia de la banda concluyó bruscamente en 1997 cuando Jeffes falleció víctima de un tumor cerebral. En los años en que estuvieron en activo los regalaron melodías inocentes e inolvidables e incluso alguna pieza que se convirtió en un clásico ¡de la música celta! en manos de otras bandas de ese género. Su música seguirá siempre con nosotros.

La historia de la banda comienza con una de esas historias que Jeffes iba iba desarrollando y en las que nunca puedes estar seguro de qué parte es real (si es que lo es alguna) y cuál imaginada. Contaba Jeffes que durante una estancia en algún lugar del sur de Francia, ingirió un pescado en mal estado consecuencia de lo cual, pasó un tiempo en cama. En aquellos momentos tenía una visión recurrente: frente a él había un gran edificio de cemento, una especie de hotel o de casa de apartamentos. Podía ver el interior de cada habitación que estaban siendo vigiladas por una especie de ojo electrónico (hacemos un inciso para señalar que la historia se sitúa en 1972 por lo que hay mucho de premonitorio en la misma). En todas las habitaciones había gente. En una, por ejemplo, un hombre se miraba al espejo, en otra, una pareja hacía el amor. Había una tercera habitación en la que un compositor escuchaba música a través de unos auriculares, rodeado de un montón de aparatos electrónicos pero todo estaba en silencio. La escena era para Jeffes de una curiosa desolación ordenada, como si estuviese viendo un lugar sin alma. Una vez recuperado, se encontraba en la playa tomando el sol cuando se presentó en su cabeza lo que parecía el primer verso de un poema: “soy el propietario del café del pingüino. Te voy a contar cosas al azar”. Entonces se dio cuenta de la importancia del azar, la sorpresa, la espontaneidad, lo inesperado e, incluso, lo irrazonable en nuestras vidas como algo muy deseable. “Si prescindes de ello para tener una bonita vida ordenada estás matando lo que realmente merece la pena”. En el café del pingüino, lo inconsciente tiene su sitio. Todo es aceptable allí y eso sirve para todo el mundo. Existe una tolerancia que tiene que ver con vivir el presente sin miedos.

¿Tiene esta historia algo que ver con una banda musical? Probablemente no. Sí que sirve para introducirnos en el universo personal de Jeffes y para entender mejor su enfoque de la música ajeno a todo tipo de prejuicio. El primer disco de la bautizada como Penguin Cafe Orchestra aparecería en 1976 e iba a recoger grabaciones realizadas entre 1974 y 1976. Hay dos bloques diferentes en el disco aunque no aparecen organizados como tales en el orden del mismo. Tenemos cuatro piezas (la inicial y las tres que cierran el trabajo) interpretadas por el llamado Penguin Cafe Quartet, esto es: Simon Jeffes (guitarra eléctrica), Helen Leibmann (violonchelo), Gavyn Wright (violín) y Steve Nye (piano eléctrico). El resto del trabajo lo ejecuta la formación llamada ZOPF que es el mismo cuarteto (en el que Jeffes toca también bajo, ukelele, cuatro, percusión, violonchelo y aporta algunas voces y Wright la viola además del violín) sin Nye, que se limita a tareas de producción y con el añadido de Neil Rennie (ukelele) y Emily Young (voz).

El trabajo se publicaría en Obscure Records, el efímero sello de Brian Eno, quien co-produce el disco.

Simon Jeffes a la guitarra.


“Penguin Cafe Single” - El violín fabrica un fondo con un ritmo repetitivo al que se suma la guitarra de Jeffes interpretando una serie de acordes de gran sencillez. Entra en ese momento el violonchelo y el violín ejecuta una melodía de aire folclórico que bien podría proceder de Louisiana y alrededores. Una introducción sencilla pero muy representativa del sonido de la banda en aquel momento.

“From the Colonies (for N.R.)” - La segunda pieza del disco es de las pocas que luego se establecieron de forma continua en el repertorio de la orquesta. Es una encantadora mezcla de todo tipo de instrumentos que van formando una maraña de sonidos que se entrecruzan, terminando uno la melodía que empezó el otro unos compases antes. La versión del disco es muy breve pero en revisiones posteriores se extendió notablemente.

“In a Sydney Motel” - La primera canción con texto del disco es una pieza melancólica en la que Jeffes canta con el acompañamiento de la guitarra hasta el estribillo que es cuando se incorpora la percusión, el bajo y el resto de la banda. Una deliciosa balada que nos recuerda ligeramente a los King Crimson de “Islands”, vaya usted a saber por qué.

“Surface Tension (where the trees meet the sky)” - Un fuerte sonido electrónico abre la siguiente pista que adopta la forma de trio (violín, violonchelo y piano) con algún aditamento sintético y de piano eléctrico. Es una de las composiciones formalmente más serias y solemnes de una banda poco dada a estas piezas pero es una gran pieza.

“Milk” - Un juego a dos bandas entre el bajo y los sintetizadores, con aportaciones vocales esporádicas forma una de las piezas más vanguardistas y desenfadadas de todo el disco. Es un tema muy difícil de calificar puesto que no se parece a ninguna otra cosa que hayamos escuchado antes pero nos resulta fascinante.

“Coronation” - “The Queen is Dead”, canta una joven de voz aguda en el comienzo de la siguiente composición. La aportación de las cuerdas en combinación con la delicada voz que suena nos remiten a algunas bandas sonoras que la Michael Nyman Band interpretó más tarde con lo que podemos suponer que Jeffes influyó en alguna medida en su compatriota.

“Giles Farnaby's Dream” - Dedicada al compositor británico del S.XVII, esta composición se convirtió en un clásico de la orquesta y en una de sus obras más logradas. Lo que comienza como una pieza renacentista interpretada al clavicordio de va transformándose en una suerte de ranchera mexicana con total naturalidad. Una pieza fantástica de principio a fin.



“Pigtail” - La experimentación electrónica más cercana al trabajo de Eno tiene su sitio también en el disco con esta composición en la que el sonido de las olas se contrapone a diferentes notas de sintetizador que ejecutan una esquemática melodía de corte tenebroso. A nuestro juicio, una de las piezas más notables de todo el trabajo.

“The Sound of Someone You Love Who's Going Away and It Doesn't Matter” - Cerrando el disco escuchamos otras tres composiciones interpetadas por el Penguin Cafe Quartet, como lo fue el primer tema del trabajo. La primera de ellas es la más extensa y consta de varias partes. En la primera, la guitarra suena con gran melancolía ejecutando un tema bellísimo. Tras un par de repeticiones se incorpora el violín para trazar un par de esbozos de otra preciosa melodía y se retira con elegancia para que sea Jeffes quien retome la pieza. El siguiente segmento incorpora a los teclados y el violonchelo de forma brillante desembocando en un pasaje que mezcla cuerdas y electrónica en una especie de alocada interpretación que vuelve a traernos a la memoria a King Crimson; en esta ocasión a los de la etapa en la que David Cross formó parte del grupo. Como cierre, volvemos a escuchar la melodía principal de la pieza.



“Hugebaby” - Jeffes a la guitarra maneja con maestría al cuarteto que actúa como el acompañamiento perfecto. De nuevo un aire pesado, triste en muchos instantes, pesa en el estado de ánimo del oyente invitándole al recogimiento y la escucha atenta. Una “delicatessen” de estas características no merece menos.

“Chartered Flight” - Con un sonido electrónico que, ciertamente, evoca el de un aeroplano, se abre la última pieza del disco. Sobre ese fondo, el violín primero y después el piano eléctrico dejan unas notas sueltas que comienzan a ganar coherencia cuando aparece la guitarra eléctrica a modo de catalizador. Desde ahí hasta el final asistimos a una deliciosa jam-session en la que el cuarteto, sin estridencias, nos brinda una música extraordinaria como sólo puede serlo la que suena el Café del Pingüino.


Tras su primer trabajo, Jeffes y compañía se tomaron mucho tiempo para volver a grabar, antes de lo cual la banda se reestructuró incorporando un gran número de miembros que, por fin, le daban una verdadera apariencia de orquesta. Volveremos sobre esta formación en el futuro ya que fueron una de las propuestas musicales más originales de su época sin lugar a dudas.