Mostrando entradas con la etiqueta Mikael Akerfeld. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mikael Akerfeld. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de julio de 2012

Opeth - Heritage (2011)


El mundo actual, en el que la comunicación es instantanea con casi cualquier lugar o persona, propicia que se den situaciones como la que vamos a contar. Mikael Akerfeld, vocalista y lider de Opeth, era un fan declarado de Porcupine Tree y de Steven Wilson desde que escuchó “The Sky Moves Sideways”, lo que supuso una revelación en sus propias palabras. Wilson, por su parte, escuchó por casualidad a la banda sueca a través de un periodista francés que le dio una copia de su disco “Still Life” en una entrevista en plena gira de Porcupine Tree. Durante las pruebas de sonido de esa tarde, Wilson escuchó el disco y quedó maravillado tras lo cuel tomó la decisión de enviar un e-mail a Akerfeld proponiendole un encuentro para hablar de posibles proyectos. Así, los tres siguientes discos de Opeth (“Blackwater Park”, “Deliverance” y “Damnation”) serían producidos por Wilson y, por su parte, Akerfelt participaría en el disco “Deadwing” de Porcupine Tree.

Opeth son una banda bastante peculiar ya que se han consolidado como referencia en géneros musicales a los que nunca se han ajustado con precisión. Catalogados habitualmente como “Death Metal”, su música ha incorporado suficientes elementos de rock progresivo o incluso del folk como para no encajar del todo en la definición “canónica” del estilo. Tampoco en los aspectos formales ha sido Opeth una banda al uso ya que el empleo de guitarras acústicas, piano e incluso mellotron los acercan por momentos al rock progresivo más clásico o, al menos, al metal progresivo. La propia forma de cantar de Akerfeld ha ido evolucionando desde los gritos guturales de los inicios hasta una interpretación en la que éstos han desaparecido de sus discos revelando al cantante como un excelente vocalista, lastrado quizá por tantos años de excesos vocales.


Opeth en directo con su particular logo presidiendo el escenario



Los suecos han sufrido una gran cantidad de cambios en su formación. De hecho, del quinteto inicial, sólo queda el propio Akerfeld y yendo más allá, sólo el cantante y el bajista Martin Méndez estaban en la alineación de 2006. Desde entonces se han ido incorporando el batería Martin Axenrot, el guitarrista Fredrik Akesson y el teclista Joakim Svalberg, “fichado” para la gira de “Heritage” en sustitución de Per Wiberg, que fue quien participó en la grabación del trabajo (aunque el piano del tema inicial del disco ya lo interpreta Svalberg). Al margen de los miembros de la banda, participan en la grabación el percusionista Alex Acuña y el flautista Bjorn Jason Lindh (ambos en el corte titulado “Famine”. En el “Heritage”vuelve a intervenir Steven Wilson pero no en el rol de productor que ocupó en sus anteriores colaboraciones con la banda sino como encargado de la mezcla final del trabajo.

“Heritage” – El disco se abre con un breve instrumental que pone sobre aviso a todos los seguidores de la facción más dura de la banda de que el disco no va a ir por los caminos habituales. La breve pieza de piano tiene un aire impresionista y se convierte en una introducción notable en todos los sentidos. Como todos los temas del disco, su autor es Mikael Akerfeld.

“The Devil’s Orchard” – El que es uno de los temas más interesantes del disco entra como un trueno con una poderosa descarga de rock duro con elementos progresivos. No menos directa es la irrupción de Akerfeld cantando un texto oscuro y pesimista como los que suelen aparecer en la discografía del grupo “Take the road where devils speak: God is dead”, recita en el estribillo. Tras un comienzo pleno de energía llegamos a una segunda parte más pausada que sirve de puente hacia el final, ya decididamente progresivo con unos teclados y una batería realmente autoritarios.




“I Feel the Dark” – Los elementos folclóricos presentes en la música de Opeth se materializan en los primeros minutos del corte, protagonizados por la guitarra acústica a la que pronto acompañan una tenues notas de mellotron. Cuando se incorpora el resto de la banda, nos encontramos en un tiempo medio cuyo estilo encaja perfectamente en la atmósfera de cualquiera de los otros dos discos emparentados con “Heritage” en palabras de Steven Wilson (“Grace for Drowning” y “Storm Corrosion”).

“Slither” – Uno de los grandes ídolos de Akerfeld a lo largo de su carrera fue Ronnie James Dio, vocalista de Rainbow, Black Sabbath o Dio, entre otros. Su fallecimiento en mayo de 2010, afectó al líder de Opeth que decidió dedicarle este auténtico trallazo de heavy metal sin concesiones. Dio está considerado como uno de los más grandes vocalistas del hard rock y el homenaje de Akerfeld es acorde con la trayectoria del cantante aunque la coda instrumental que cierra el tema, un pequeño juego de guitarra acústica, rompe con esa linea.

“Nepenthe” – Sin duda, uno de los cortes más enigmáticos e interesantes del disco. Tenemos ambientes casi jazzisticos con rasgueos de guitarra que nos transportan a los delirios oníricos de “Twin Peaks” o cualquiera de los lugares que imagina David Lynch en sus películas. No podemos dejar de pensar en Steven Wilson trabajando en las mezclas del disco cuando escuchamos cortes como éste que tantos elementos tienen en común con su propio trabajo.

“Häxprocess” – En una linea muy próxima a la del tema anterior se sitúa éste. De nuevo el comienzo se nos antoja con influencias folk. Las guitarras acústicas llevan el peso durante los primeros minutos con algunos leves apuntes de teclado. A mitad de canción viene el giro hacia el rock progresivo. Queremos hacer referencia aquí a la excelente sección rítmica de Opeth cuyo batería no tiene nada que envidiar a otras estrellas del instrumento de mucho más renombre sin olvidar los elegantes teclados con esos sonidos, predominantemente de mellotrón, únicos a la hora de crear determinadas atmósferas.

“Famine” – Quizá el tema más destacado del disco por su evolución. En los primeros instantes sólo escuchamos unas ligeras percusiones apenas acompañadas por algunas notas de piano. Una triste intervención de Akerfeld parece poner fin a la composición pero comienzan a oirse de fondo unas guitarras eléctricas que van ganando en intensidad hasta convertir la pieza en un alegato en favor del metal. Sin embargo, no está aún dicha la última palabra y nos esperan más giros antes del desenlace final. Un segmento central con un riff de guitarra secundado por sonidos desesperados de flauta precede a una nueva transformación de la pieza en algo cercano al jazz. No podemos evitar encontrar referencias a Porcupine Tree y, quizá, a King Crimson en este tramo final de una pieza realmente memorable.

“The Lines in My Hands” – Nuevamente encontramos diversos géneros combinados en un corte que, si bien empieza como un tema más o menos convencional de hard rock, introduce elementos como una guitarra aflamencada o momentos ya indisimuladamente “crimsonianos” como los arpegios de guitarra que aparecen a partir del minuto dos. Con todo, el tema vuelve a la linea rockera hasta su final y no termina de explotar.

“Folklore” – A pesar de lo que parece indicar el título, no estamos ante un tema particularmente folclórico en sus inicios sino ante algo más convencional. La cosa cambia de forma radical en el tramo final del corte que se convierte en algo parecido a un himno con una poderosa sección rítmica en la que bajo batería y también guitarra construyen una espléndida base sobre la que aparece una melodía de tintes épicos que se repite hasta el final de la pieza. Toda una sorpresa que nos habla de la versatilidad de Akerfeld.




“Marrow of the Earth” – Para despedir el disco, regresamos al mismo punto en que empezamos con otro instrumental, ahora de guitarra acústica, de características muy similares al anterior corte pianistico. En los últimos instantes, cuando la guitarra repite con melancolía una y otra vez las mismas notas, se incorporan el resto de instrumentos a modo de despedida poniendo un broche soprendente pero muy adecuado al disco.

No nos podemos considerar conocedores de la trayectoria de Opeth y esta entrada es, probablemente, la primera que aparece en el blog sobre un grupo o artista del que sólo hemos escuchado el disco que comentamos. No obstante, las excelentes críticas leídas sobre “Heritage” nos hicieron acudir a uno de sus conciertos en Bilbao a finales del año pasado, espectáculo que nos pareció más que interesante en todos los aspectos. Al margen de esto, nuestro interés por el disco nace de la participación en el mismo de Steven Wilson, especialmente cuando el artista lo menciona como segunda parte de la trilogía formada por su “Grace for Drowning”, “Heritage” y “Storm Corrosion” del dúo con Mikael Akerfeld. Habiendo comentado ya aquí los otros dos trabajos, ambas reseñas quedarían incompletas sin la correspondiente al disco de Opeth. No estamos del todo convencidos a la hora de acercarnos a los trabajos precedentes de la banda ya que el death metal, las voces guturales y todo ese sonido en general no tiene demasiado atractivo para nosotros a pesar de algunas aproximaciones puntuales que podemos tener en un determinado momento a esos géneros. Sí recomendamos, sin embargo, éste “Heritage” de Opeth como un disco de rock progresivo con ciertos toques de hard rock como un trabajo disfrutable por aquellos seguidores afines a las músicas que habitualmente aparecen por aquí. Como siempre, os dejamos un par de enlaces en los que adquirir el CD:

amazon.es

play.com


Nos despedimos con Opeth interpretando "Nepenthe" en directo en Sydney:



martes, 5 de junio de 2012

Storm Corrosion - Storm Corrosion (2012)



Los primeros pasos de Opeth como banda fueron tortuosos. En sus primeros días, el vocalista del grupo se presentó ante el resto junto con Mikael Akerfeld, bajista y también cantante en los ensayos presentandole como nuevo integrante de la formación, La discusión que se produjo a continuación fue de tal calibre que David Isberg (el lider hasta aquel momento) y Akerfeld de quedaron como únicos integrantes ante la desbandada general de los demás miembros.

Tras múltiples entradas, salidas y reentradas de distintos músicos, Opeth comenzó a tomar forma. A priori, no parecían destinados a ser más que una de tantas bandas de death metal que poblaban el panorama del norte de Europa en aquellos años pero tenían algo diferente que llamaba la atención. Al margen de los clásicos recursos del género, no tenían problemas en incorporar guitarras acústicas, piano o en dejar de lado en ocasiones los horrendos cantos guturales que eran una especie de marca de la casa en los grupos de esa corriente. Con guiños nada habituales a la música folclórica o al rock progresivo, el particular sonido de la banda fue ganando adeptos y empezó a traspasar las fornteras de su Suecia natal llamando la atención de otros músicos, entre ellos (cómo no, direis algunos) de Steven Wilson, líder de Porcupine Tree y habitual en el blog. De la mano de nuestro viejo conocido, Opeth lanzó su “Blackwater Park”, disco que les hizo populares en Europa y que propició las primeras actuaciones multitudinarias en el continente pero lo más importante para nosotros es que inició una interesante colaboración entre la banda y Wilson que terminaría desembocando en el disco del que hablamos hoy.

Haremos ahora un salto de casi diez años hasta 2010. Wilson prepara su “Grace for Drowning”, ya comentado aquí hace un tiempo y ultima las mezclas del próximo disco de Opeth, con participación destacada de nuestro músico en el sonido final. Comienzan entonces a oirse los primeros rumores sobre una colaboración discográfica entre Mikael Akerfeld y Steven Wilson que estarían comenzando a reunir una especie de superbanda de metal progresivo. El abandono en las mismas fechas de Dream Theater por parte de su batería Mike Portnoy, abonó las especulaciones y la imaginación de los fans comenzó a sumar uno mas uno mas uno llegando a la conclusión de que el resultado, tres, era tan matemáticamente exacto como indiscutible. Las habladurías llegaron a tal punto que Akerfeld tuvo que hacer unas declaraciones en una entrevista en septiembre de 2010 indicando que no había ningún fundamento para hablar de Portnoy como participante en “Storm Corrosion” que era el nombre bajo el que estaban organizando sus nuevas ideas el propio Wilson y Akerfeld: “Siendo honestos, no hay mucho espacio para baterías en el trabajo que estamos haciendo. He hablado con Mike (Portnoy) para aclararselo y le pareció bien. El también está muy ocupado y estoy seguro de que haremos algo juntos en el futuro”. Preguntado Wilson recientemente sobre el particular, su respuesta es meridianamente clara: “La cuestión es que yo llevo preparando este proyecto con Mikael durante años, años y años. Mike Portnoy escuchó algo al respecto y dijo: hey, yo quiero participar. Magnífico, pensamos, es un gran batería y todo eso pero cuando nos juntamos y empezamos a trabajar en el disco nos dimos cuenta de que no necesitabamos a Portnoy. Ibamos a tener muchas cuerdas, maderas y voces pero las partes de batería eran realmente escasas. Si hubieramos hecho un disco de metal progresivo Mike habría sido el indicado pero lo que queríamos hacer no tenía nada que ver con eso.”


El dúo en una imagen promocional.
Conforme pasaba el tiempo, las expectativas de los aficionados eran sólo comparables a la incertidumbre sobre el estilo del disco, habida cuenta de los antecedentes de ambos músicos y de declaraciones como la de Wilson en twitter: “no espereis nada de metal en esta ocasión”.

Lo cierto es que, aunque las fechas de lanzamiento de “Grace for Drowning” de Wilson, “Heritage” de Opeth y “Storm Corrosion” fueron convenientemente espaciadas, la grabación de los mismos se produjo de forma casi simultanea y es que el tercero de ellos, el llamado “Storm Corrosion” se cocinó a fuego lento durante más de un año, entre marzo de 2010 y septiembre de 2011. Entretanto, en enero y febrero de 2011 se grababa “Heritage” y entre enero de 2010 y junio de 2011, “Grace for Drowning”. Por ello, Wilson se ha referido recientemente a los tres discos como una especie de trilogía de la que “Storm Corrosion” sería el cierre por el momento. Intervienen en el disco: Steven Wilson (teclados, voces), Mikael Akerfeld (guitarras, voces), Gavin Harrison (batería, percusión), Ben Castle (vientos) y la London Session Orchestra dirigida por Dave Stewart.

“Drag Ropes” – Comienza el trabajo con una sección de cuerda muy oscura e inquietante a cargo de la London Session Orchestra bajo la dirección de Dave Stewart, lo que conecta directamente el disco con “Grace for Drowning” en el que también participan los mismos músicos. No ayudan a tranquilizarnos las primeras palabras cantadas por Akerfeld: “amigo mío, llegó la hora de pagar por tus pecados: tu sufrimiento empieza aquí”. Unas tenues notas de piano repartidas aquí y allá ayudan a la transición hacia otra sección, con predominio de guitarras acústicas y algunos sonidos electrónicos como preludio a unas interesantes armonías vocales que van in crescendo hasta convertirse en la parte principal de la pieza en su segmento central tras el que nos abandonan para dejar paso a las guitarras de Akerfeld. Hay un extraño aire folk en toda la composición que parece querer abrirse paso entre la oscuridad general. El segmento final parece dar una cierta esperanza con unas cuerdas más luminosas que las del principio aunque la repetición del texto inicial nos saca de nuestra ilusión antes de poner fin a la pieza.

“Storm Corrosion” – Una lejana melodía de flauta nos transporta poco a poco hacia un bello pasaje de guitarras acústicas en un comienzo decididamente folk. Es entonces cuando Akerfeld comienza a cantar en el más delicado de sus registros mientras cambia su guitarra acústica por la eléctrica para esbozar unos punteos que, en este contexto, nos recuerdan de forma inevitable al sonido del mejor Mike Oldfield. Composiciones como esta supondrán una sorpresa absoluta para los seguidores de las respectivas carreras de Wilson y Akerfeld pero son un soplo de aire fresco de una calidad indiscutible. Poco a poco se marchita la tonada inicial y entramos en una parte final mucho más inquietante, con cuerdas afiladas, sonando como sirenas en la lejanía. El mismo efecto de la música de Ligeti que Kubrick hiciera suya en la banda sonora de “2001, Una Odisea en el Espacio” es que nos encontramos en este fragmento que se disuelve como se de una interferencia de otro tiempo se hubiera tratado, antes de cerrar la pieza de nuevo con un formato acústico de guitarra, piano y flautas con un punto bucólico con reminiscencias de los Pink Floyd de “More”, por poner un ejemplo conocido.

“Hag” – Wilson ya demostró en su reciente “Grace for Drowning” que es único a la hora de crear atmósferas depresivas y perturbadoras con muy pocos elementos. Un mellotrón, unas guitarras y unas notas de piano le bastan para construir otro de sus complicados edificios llenos de largos pasillos tras cada curva parece estar esperando algo aterrador. Probablemente estamos ante el tema con más puntos en común con el primer disco de la supuesta trilogía: el citado “Grace for Drowning”. Cerca del final, la cosa gana en dureza entrando en uno de los pocos fragmentos remotamente heavys del disco con la batería de Gavin Harrison aprovechando los pocos segundos que se le conceden en unos pocos compases que podríamos calificar de metal-jazz si algo así pudiese existir.

“Happy” – Como si de una prolongación del corte anterior se tratase, comienza la canción más breve del disco, que no renuncia por ello a las señas de identidad de todo el trabajo. Guitarras acústicas, extraños efectos sonoros y una sensación general de opresión. A mitad de la pieza, sin embargo, entramos en una serie de juegos vocales que dan algo de luz a los instantes finales, en los que volvemos a disfrutar de la guitarra de Akerfeld en su faceta más delicada antes de entrar de lleno en el único instrumental del disco.

“Lock Howl” – Con un leve sonido de sintetizadores vamos adentrandonos en la composición hasta que entramos en una sección rítmica con un bajo continuo, una batería en pleno calentamiento y todos los instrumentos añadiendose poco a poco a la banda incrementando la intensidad del momento. Los arreglos orquestales de Dave Steward encajan como un guante hasta la ruptura central en la que el batir de palmas acompaña a una nueva melodía que parte en dos la pieza. Regresamos entonces al ritmo inicial con la incorporación de un nuevo elemento en forma de vibráfono que repite la melodía principal doblado por guitarras, piano y con el acompañamiento en la parte final del mellotron. Toda la pieza tiene un aire tenso, como de preludio de algo más grande que puede estallar en cualquier instante pero consigue contener toda esa energía hasta su conclusión, dando paso al cierre del disco.

“Ljudet Innan” – Con una introducción vocal en falsete comienza la última canción del trabajo. Los consabidos fondos de mellotron tan Crimsonianos (y también del gusto tanto de Wilson en Porcupine Tree y en solitario como de Akerfeld en los Opeth más recientes) se desarrollan sin prisa alguna durante varios minutos con aportaciones puntuales de las guitarras. La batería se va incorporando casi sin darnos cuenta, como quien se pone a nuestra altura durante un paseo y comienza una conversación. Unos ligeros esbozos de guitarra preceden a Akerfeld cantando sus últimas letras del disco en un final que encajaría perfectamente con esas imágenes clásicas de película antigua en la que dos personas se alejan hacia el horizonte a ritmo pausado, hasta convertirse en un puntito a lo lejos, posiblemente manteniendo la imaginaria conversación intrascendente a la que nos referíamos antes.

Tras el lanzamiento del disco, ambos músicos dejaron claro que no habrá gira ni conciertos de Storm Corrosion e incluso, que no tienen nada planeado más allá de este disco. Akerfeld sigue centrado en Opeth y seguir la pista de todos los proyectos en los que está envuelto es una tarea agotadora. En las últimas semanas han surgido noticias acerca de Blackfield, en los que se daba al grupo como finiquitado. También ha habido declaraciones de Wilson sobre Porcupine Tree en las que afirma que, por el momento, el grupo está en una etapa de inactividad indefinida. Como quiera que tampoco No-Man parece ser un proyecto muy activo, nos quedan sus dos aventuras solitarias: Bass Communion, de la que no hemos hablado aún en el blog y sus trabajos bajo su propio nombre.

La acogida de “Storm Corrosion” ha sido muy desigual. A pesar de las advertencias de ambos músicos, buena parte de los fans esperaban una mezcla de Opeth y Porcupine Tree y, evidentemente, el resultado no tiene nada que ver ni con unos ni con otros. Por ello, un sector de los aficionados han reaccionado con frialdad y lo mismo se puede decir de parte de la crítica. Otro grupo, advertido, esperaba un trabajo de estas características y sus opiniones han sido más favorables. Por nuestra parte, con “Storm Corrosion” nos ocurrió lo mismo que con “Grace for Drowning”. Las primeras escuchas nos dejaron más bien indiferentes pero poco a poco ambos trabajos han ganado muchos enteros a nuestros oídos. No creemos que éste disco de Akerfeld y Wilson llegue a los niveles de excelencia de aquel pero nos parece un trabajo notable. Para abrir boca os dejamos con el sensacional videoclip de presentación del disco tras los habituales enlaces para su compra.

amazon.es

play.com