domingo, 30 de agosto de 2015

Sebastian Wesman - Astronomic Panoram (2010)



Hace apenas unos meses que conocimos la música de Sebastian Wesman a través de su trabajo más reciente, “Otros Parámetros”. Aprovechando que acaba de aparecer una nueva edición (la tercera en Luscinia Discos) del que fue su primer disco, publicado originalmente en 2010 y auto-editado entonces por el propio autor en Estonia, volvemos a traerle al blog para seguir explorando su apasionante mundo musical.

Wesman es un artista total cuya obra abarca varios campos aunque se centra especialmente en la música y en el cine. Como ocurre en muchas ocasiones en los discos de debut, el contenido de este trabajo es muy variado y se combinan distintas configuraciones instrumentales con el protagonismo casi absoluto de Wesman quien toca violín, viola, piano, flautas y percusión, aparte de cantar en algunos momentos. No es esta, sin embargo, la primera incursión discográfica de Wesman, quien ya había publicado su música anteriormente bajo el pseudónimo de "Isabelasnacho". Junto a Wesman, intervienen también en "Astronomic Panoram" la soprano Mai Nuudi y Martin-Eero Koressaar a la trompeta y la tuba.

Sebastian Wesman en una imagen de su propia web (http://www.sebastianwesman.com/homepage/)


“Astronomic Panoram” - Precisamente es el último de los músicos citados el encargado de abrir el disco con una estremecedora fanfarria que da paso a un bellísimo pasaje de cuerdas (viola y violín con acompañamiento de percusión) en el que encontramos influencias medievales, probablemente pasadas por el omnipresente filtro de Arvo Pärt. El sello personal de Wesman lo pone la presencia casi fantasmal de voces etereas en segundo plano. El ciclo se repite varias veces prolongando así nuestro disfrute ante una pieza de gran altura.

“Lágrimas” - La viola marca un ritmo de ascendencia minimalista sobre el que juegan distintas pistas de violín ejecutando una serie de melodías en las que se intuye un importante componente tradicional. El juego de contrapuntos y las notas vocales de Wesman a modo de hitos dibujan un precioso ritmo que bien podría corresponderse con la cadencia con la que brotan las lágrimas del título de la pieza.

“Elsa” - Violín y viola se revisten de una pátina de mayor contemporaneidad en un excepcional dueto en el que ambos instrumentos se desdoblan una y otra vez para componer una intrincada red que se torna laberíntica por momentos para revelarse cristalina instantes después. Fascinante como toda la música de su autor que siempre va un poco más allá de lo que nos esperamos alcanzando un nivel al alcance de muy pocos.

“Underground Rivers” - El recitado de un poema de Diana Norma es la novedad que nos trae esta composición. La entonación, cadenciosa y cristalina se apoya en el ya habitual tapiz sonoro de Wesman, de una riqueza poco habitual. La pieza, que no llega a los dos minutos de duración, se hace muy corta.



“Glory” - Quizá la pieza del trabajo en la que es más evidente la admiración de Wesman por Arvo Pärt, especialmente por piezas como “Tabula Rasa” o “Cantus In Memoriam Benjamin Britten”, dos de las obras más emocionantes del compositor estonio. “Glory” comparte todas las características de ambas y es una de las obras más impresionantes de todo el disco, lo cual es mucho decir.

“Uttu Hääbuv” - El segundo poema que aparece en el disco es obra del propio Wesman y aparece aquí en su traducción al estonio realizada por Anneli Koressaar, quien también es la encargada del recitado. Al violín y la viola se une ahora la flauta como un oficiante mas de una ceremonia exquisita a la que pone fin una efímera intervención de la soprano Mai Nuudi.

“Pact With the Moon” - Ya hicimos referencia en nuestra anterior reseña dedicada a Wesman de su categoría como intérprete, algo que se pone aquí de manifiesto de forma evidente en una ejecución llena de virtuosismo. La composición es vibrante, llena de energía, con una percusión majestuosa y puntuales subrayados vocales que elevan la pieza a alturas inimaginables. Impresionante una vez más Wesman componiendo una música que deja sin palabras.

“Molinos” - El cierre del disco recurre a la polifonía vocal combinando en distintas pistas la voz de Mai Nuudi en un bellísimo contrapunto que nos recuerda de algún modo a composiciones similares del británico Karl Jenkins. Es un broche perfecto para un disco extraordinario que debería ser escuchado por todo aquel que tenga un mínimo interés por este tipo de expresiones musicales.



En una ocasión anterior hablamos de la versatilidad de Wesman que le hace ocupar su tiempo en un buen número de facetas artísticas. Según parece, sus esfuerzos actuales están enfocados hacia la producción cinematográfica pero en un artista como él, eso termina llevando de la mano a su lado musical, que siempre acompaña a sus propias imágenes. Este blog está dedicado a la música por lo que no solemos entrar en profundidad en las otras expresiones de los artistas que aquí aparecen aunque tenemos que señalar que lo que hemos visto dentro de la producción visual de Wesman es tan interesante como su música.

Esperamos seguir disfrutando en el futuro del Wesman compositor e intérprete como lo hacemos de los trabajos que nos ha brindado hasta ahora. “Astronomic Panoram” y sus otros discos están disponibles en la web de Luscinia Discos, sello del que ya hemos hablado en varias ocasiones aquí.



miércoles, 26 de agosto de 2015

Yes - Relayer (1974)



Si hay una banda en el ámbito del rock progresivo que ha hecho del cambio constante de miembros casi una bandera de su estilo, esa es Yes. Es cierto que hay otras bandas en las que la formación ha ido cambiando, incluso de modos más radicales (pensamos en King Crimson) pero es que en toda la trayectoria de Yes no es posible hallar tres discos de estudio consecutivos en los que se mantenga la misma alineación.

Tras completar los que quizá son los dos mejores discos de la banda (“Close to the Edge” y “Fragile”) el batería y miembro fundador, Bill Bruford, decidió tomar otro camino y dejó su sitio en la banda a Alan White. Con esa formación la banda grabó el controvertido “Tales from Topographic Oceans” que supuso el adiós de uno de sus miembros más carismáticos: el teclista Rick Wakeman tras terminar la gira que sucedió a la publicación del disco. Las discrepancias con el resto de la banda sobre el rumbo a seguir y el éxito de sus primeros discos en solitario movieron a Rick a bajarse del barco poco antes de comenzar las sesiones de grabación del nuevo trabajo. Evidentemente, Yes necesitaba reclutar cuanto antes a un nuevo teclista y una de las primeras opciones (la que más visos de cristalizar parecía tener) era nada más y nada menos que la del griego Vangelis, amigo personal de Jon Anderson desde un par de años antes. Vangelis y el resto del grupo ensayaron durante unas semanas pero finalmente el antiguo miembro de Aphrodite's Child rehusó la invitación, en parte porque acababa de dejar un grupo y lo último que quería era entrar en otro y por otro lado, porque su carrera en solitario estaba a punto de experimentar un gran salto al firmar con la discográfica RCA.

El elegido para sustituir a Wakeman fue el teclista suizo Patrick Moraz, antiguo miembro de Refugee, especie de secuela de The Nice en la que Moraz ocupaba el lugar de Keith Emerson acompañando a Lee Jackson y Brian Davison, acompañantes del teclista en aquella banda. Moraz era un virtuoso del teclado con un estilo más orientado al jazz que su predecesor en Yes cuya ausencia consiguió suplir con absoluta maestría.

Prácticamente toda la inspiración para el disco surgió de “jam sessions” entre los cinco miembros de la banda que se mostraron absolutamente compenetrados a pesar del poco tiempo de ensayo que tuvieron junto a Moraz. La mayor parte del trabajo gira alrededor del concepto de la guerra y es que se da la circunstancia de que tanto el teclista como Jon Anderson habían leído “Guerra y Paz” de Tolstoy en aquellas fechas y pasaron largos ratos discutiendo acerca de la novela. El primer tema del disco, que ocupa toda la “cara a” del LP es, de hecho, la musicalización de una gran batalla con su preludio, su carga, sus canciones de victoria y su himno de esperanza final.

Tenemos, por tanto, a una banda ya consagrada con la necesaria inyección de savia nueva y un proyecto en el que todos los músicos están implicados al cien por cien, sin fisuras ni dudas como ocurría, por ejemplo, con Wakeman en el disco anterior. Se reunen en el estudio privado del bajista de la banda: Jon Anderson (voz), Steve Howe (guitarras y coros), Patrick Moraz (teclados), Chris Squire (bajo y coros) y Alan White (batería) para grabar “Relayer”. En nuestra opinión, uno de los grandes discos de Yes.

Yes con Patrick Moraz (de pie a la derecha de la foto)


“The Gates of Delirium” - Comenza el tema con una cacofonía de teclados rota sólo por la guitarra de un Steve Howe en estado de gracia en todo el disco. El primer apunte de melodía que surge de las cuerdas es reforzado por el bajo de Squire mientras las percusiones comienzan a tomar posiciones. Escuchamos un primer coro de aire marcial que conduce a los soldados a la batalla anunciada por un interludio electrónico justo antes de la primera intervención de Jon Anderson. Tenemos por tanto a todos los contendientes en el campo de batalla cuando Howe interpreta el que será motivo central de la pieza. Instantes después, una fanfarria de guitarra anuncia las primeras hostilidades a la vez que los sintetizadores dibujan trazos inimaginables, lejos de virtosismos innecesarios. Asistimos después a un impresionante pasaje que combina lo mejor de la parte instrumental de la banda con un gran Jon Anderson poco antes de adentrarnos en el corazón de la larga suite con los teclados de Moraz dibujando auténticos himnos mientras Howe, convertido en un titán, se debate en en centro de la batalla asestando mandobles por doquier y derribando hipotéticos enemigos a golpe de guitarra. Muchos consideran esta pieza como la que contiene los mejores momentos del guitarrista en la discografía de Yes y, si no lo es, desde luego está en disposición de pelearle el honor a cualquier otra. Entramos entonces en un aparente caos de percusiones, sonidos metálicos desgarrados y ritmo desenfrenado impulsado todo ello por el bajo de Chris Squire quien reivindica su cuota de protagonismo con una fuerza desbordante. Una auténtica locura desde todos los puntos de vista en la que escuchamos a Yes en estado puro. Cerrando la sección, suena un nuevo motivo arrebatador procedente de los sintetizadores de Moraz dando pie a Howe para replicar y engrandecer si cabe la melodía en sucesivas repeticiones. Termina la batalla con un etéreo pasaje electrónico roto por una bellísima melodía de guitarra en la que Howe hace magia una vez más antes de dar paso a Jon Anderson para que ponga la rúbrica a uno de los fragmentos más bellos de la discografía de Yes, que saldría publicado en single de forma independiente bajo el título de “Soon”. Nos cuesta mucho encontrar un cierre tan emotivo para una suite de estas características y sólo encontramos un sucesor de similar altura en “So Long Ago, So Clear”, la maravilla que el propio Anderson cantaba para cerrar la primera parte del “Heaven and Hell” de Vangelis un poco después.



“Sound Chaser” - Patrick Moraz toma las riendas junto a Alan White en el comienzo de la pieza construyendo una magnífica pieza de jazz-rock que sorprendió a muchos de los seguidores de la banda. Cuando entran el resto de elementos, la música vuelve a circular por cauces más propios del rock progresivo pero en determinados momentos, todos los músicos terminan por ceder a su lado más jazzístico. Squire arranca ritmos trepidantes a su bajo antes de ceder los trastos a Howe que se atreve con un solo extraordinario que, en algunos momentos suena algo aflamencado. El acompañamiento de Moraz, sutil, es de una gran delicadeza y termina por llevarnos hasta una breve intervención de Anderson justo antes del cierre con un regreso al tema inicial y al jazz-rock en un final de ritmo creciente que se frena de modo súbito para volver a acelerar antes de que Moraz tome los teclados de nuevo para ejecutar un excelente solo final.

“To Be Over” - La parte más emocional de Howe surge en los minutos iniciales del tema en los que escuchamos el peculiar sonido electrificado de un sitar jugando con los sonidos electrónicos procedentes de los teclados de Moraz. Tras la introducción entramos en la parte más convencional de la mano de Anderson, quien interpreta una tranquila balada alejada de los sobresaltos del resto del disco. Hay, por supuesto, espacio para algunas buenas intervenciones (protagonizadas principalmente por Steve Howe) pero en comparación con los dos cortes anteriores, nos dejan con ganas de más.


Tiempo después de la publicación del disco, Rick Wakeman afirmó que no le había gustado nada y que Yes había perdido el rumbo con ese acercamiento al jazz-rock que no tenía mucho que ver con lo que habían hecho antes. La responsabilidad del cambio hay que achacársela con toda probabilidad a Patrick Moraz y quizá fuera eso lo que motivaba las palabras de Wakeman, algo resentidas y, en nuestra opinión, equivocadas. Moraz no volvió a grabar con la banda (sí participó en la gira posterior) y en el siguiente disco, Wakeman volvía a ocupar su puesto tras los teclados y, efectivamente, todo rastro de jazz-rock desapareció. Habrá tiempo de hablar de ese trabajo en el que Yes, siempre en nuestra opinión, dan un paso atrás pero siempre nos quedaremos con la incógnita de lo que habría sucedido de profundizar en la línea apuntada en “Relayer”, quizá el último gran disco de la banda.

Mención aparte merece la maravillosa portada de Roger Dean, quizá la mejor de las que realizó para Yes en sus años dorados. Para despedirnos, os dejamos con una versión de "Sound Chaser" en directo:

domingo, 23 de agosto de 2015

Genesis - Trespass (1970)



Si uno echa un vistazo a los créditos de los discos de Génesis y a los títulos que mejor valoración suelen obtener por parte de aficionados y crítica en general, puede llegar a la conclusión de que “Trespass”, el segundo álbum de la banda, fue un trabajo fallido más, sobre todo si se atiende al hecho de su poca repercusión comercial en el momento de su lanzamiento y a que dos de los tres miembros de la banda dejaron su puesto a otros músicos tras la publicación del disco.

Si a esto añadimos el hecho de que con la llegada de esos dos nombres, Genesis entró en una etapa absolutamente fantástica en la que lanzaron sus discos más representativos con la alineación que hoy todos consideramos clásica, resulta difícil imaginar que “Trespass” fuera un gran disco y, sin embargo, lo es. La banda debutó un poco antes con un disco de canciones cortas aún carente de personalidad propia hasta el punto de que se llegó a decir que eran una especie de “aspirantes a Moody Blues”. Aquel trabajo, titulado “From Genesis to Revelation” fue el único que la banda grabó para Decca, firmando poco después con el sello Charisma, fundado poco antes por el periodista Tony Stratton-Smith, quien fuera también manager de la banda junto con otras formaciones como The Nice o Van Der Graaf Generator, así como de los Monty Python.

Tras el que fue el disco de debut de la banda, Genesis comenzó un periodo en el que se daban conciertos casi a diario presentando gran cantidad de material nuevo. De hecho, a la hora de grabar “Trespass” había canciones para completar varios discos. En alguna ocasión se ha dicho que algunos de los títulos descartados fueron la razón principal del abandono de Anthony Phillips justo después de la aparición del disco aunque lo cierto es que fueron problemas de salud y un cierto miedo escénico del músico. Algo extraño por cuanto en los comienzos del grupo Anthony era uno de los más entusiastas a la hora de tocar en directo. Fue al ver la dimensión que comenzaba a adquirir Genesis cuando tomó la decisión de no continuar. Con la perspectiva del tiempo, algunos miembros de la banda consideran “Trespass” como el disco en el que más funcionaron como tal, siendo todas las canciones firmadas por los cuatro miembros (John Mayhew no aparece acreditado en ninguna) y habiendo en todas ellas aportaciones significativas de la banda en su totalidad.

En el momento de la grabación, Genesis eran: Tony Banks (órgano, piano acústico y eléctrico, Mellotron, guitarra y coros), Peter Gabriel (voz, flauta, acordeón y percusiones), John Mayhew (batería, percusión y coros), Anthony Phillips (guitarras, dulcimer y coros) y Mike Rutherford (bajo, guitarras, violonchelo y coros).

Imagen de la banda con los integrantes que participan en "Trespass"


“Looking for Someone” - Sin introducciones de ningún tipo, la voz de Gabriel aparece desde el primer segundo de la canción como argumento principal de la misma. Sólo los teclados de Tony Banks le hacen sombra al comienzo antes de la entrada de la banda al completo. Se suceden pasajes intensos con otros más relajados en los que el piano y las guitarras acústicas pasan al primer plano aunque estos son de muy corta duración. Hacia el ecuador de la pieza aparece un enérgico pasaje instrumental abortado por la flauta del propio Gabriel que ejecuta una serie de aires de tono folclórico como preludio al espectacular cierre que recoge las principales señas de identidad del en aquel entonces incipiente rock progresivo junto con referencias de todo tipo (creemos vislumbrar una breve cita del “Moondance” de Van Morrison, aparecido meses antes). En todo caso, estamos ante una carta de presentación excelente para el disco.

“White Mountain” - El siguiente corte comienza con una introducción muy bucólica a base de guitarras y teclados que desemboca en una primera ráfaga vocal a cargo de Gabriel con la sección rítmica a todo gas. Un breve receso con la flauta como protagonista nos lleva a la repetición del estribillo que acusa una cierta monotonía en los patrones de la batería. Un nuevo segmento de aire pastoril nos lleva a la parte final donde las flautas dibujan paisajes idílicos a la vez que la batería marca un ritmo procesional durante unos instantes. Los últimos instantes están ocupados por una nueva repetición del tema central y otro fragmento instrumental que se diluye entre silbidos y un fondo de órgano que preludian a una preciosa sección final a base de arpegios de guitarra y un brillante coro a modo de coda.

“Visions of Angels” - El piano da la señal de comienzo con un breve tema que da paso a los primeros versos a cargo de Gabriel. Los teclados van ganando en densidad y presencia en un primer clímax guiado por la batería. Empezamos a apreciar ya un esquema en las canciones de la banda cuando comprobamos la alternancia de delicados momentos instrumentales con potentes fragmentos en los que, de la mano del vocalista, la batería se viene arriba antes de regresar a sonidos más placenteros.

“Stagnation” - Llegamos a la que, en nuestra opinión, es una de las canciones más elaboradas del trabajo, con un desarrollo impecable, un Anthony Phillips magistral en las guitarras y un Tony Banks sublime con los teclados, escogiendo los sonidos adecuados para cada momento y dejando el espacio justo al resto de instrumentos. Todo en esta canción está equilibrado, especialmente en el sublime segmento central el el que el mellotron, la flauta, los coros y el piano eléctrico se combinan de forma magistral con la voz de Gabriel durante unos compases extraordinariamente bellos. En ese momento empieza a construirse una secuencia de órgano que se desplegará poco después acompañada de toda la fuerza de la banda a pleno rendimiento.



“Dusk” - El tema más breve del disco es una verdadera joya. Gabriel comienza a cantar de una forma muy comedida arropado por unos coros delicadísimos y una selección de instrumentos muy cuidada. Phillips toca la guitarra con una suavidad exquisita y el mellotron suena maravillosamente bien en combinación con ellas y con las voces que pocas veces han sonado tan bien en la discografía de Genesis.



“The Knife” - La gran sorpresa llega al final y es que nada en lo que había sonado hasta ahora hacía presagiar una canción como ésta, un derroche de energía rock que contrasta tremendamente con el aire bucólico general del disco. Parece ser que esta canción se añadió a última hora al disco con la portada del mismo ya terminada. En ella se reflejaba un bello paisaje campestre contemplado por una pareja desde la ventana de una suntuosa estancia. Al incorporar “The Knife” al “tracklist” final del disco se sugirió a Paul Whitehead, autor de la pintura, el retocar la misma ya que el tono general del trabajo con la incorporación de este último corte cambiaba sustancialmente. Al parecer, Paul no se mostró conforme por lo que le sugirieron que rasgase el lienzo con un cuchillo como un modo de incorporar el tema a la portada sin cambiar el concepto. Así se hizo, apareciendo el propio cuchillo al final del desgarro, ya en la contraportada del vinilo.

Apenas unos meses antes de la publicación de “Trespass” había aparecido “In the Court of the Crimson King” de King Crimson, la que podemos considerar como obra fundacional del rock progresivo. El segundo disco de Genesis iba a incorporarse a la lista de discos pertenecientes a esa etapa inicial de un género que iba a alumbrar muchos de los discos más interesantes de la década de los setenta dentro de la música rock. Genesis estaban llamados a ser uno de los grupos capitales dentro de esa corriente y no defraudaron esa expectativa en modo alguno. En el futuro tendremos que hablar de esos discos que hicieron de la banda uno de los tres o cuatro nombres capitales de la escena progresiva pero hasta entonces, recomendamos la escucha de “Trespass” por ser un magnífico anticipo de lo que vendría después.

Como despedida, os dejamos esta versión en directo de "The Knife", ya con la formación clásica de la banda con Phil Collins a la batería y Steve Hackett a las guitarras,