domingo, 16 de junio de 2013

Michael Hedges - Aerial Boundaries (1984)



Hace un tiempo leímos una crítica sobre el disco que hoy tratamos aquí que comenzaba de la siguiente forma: “Sgt.Pepper, Kind of Blue, Aerial Boundaries”. Al margen del punto de exageración con conlleva una comparación así, lo cierto es que alrededor del que fue segundo disco de estudio del guitarrista Michael Hedges ha ido creciendo un aura de leyenda que lo sitúa como uno de los hitos fundamentales en esa categoría tan relegada hoy en día como imprecisa que fue la música “new age”.

La historia de Hedges no se sale de lo convencional y sus primeros pasos son comunes a una miriada de artistas al margen del género que practiquen: cursó estudios académicos de música en su California natal, se especializó en un instrumento y una vez culminada esa etapa comenzó a buscarse la vida tocando aquí y allá. Hedges era un guitarrista zurdo pero tocaba guitarras normales “para diestros”. Es probable, sin embargo, que esa particularidad suya le llevase a huir de las afinaciones convencionales y, poco a poco, fue profundizando en su forma de tocar combinando todas las técnicas que su curiosidad le llevó a investigar e inventando, de paso, algunas nuevas. Su influencia y magisterio sobre otros guitarristas de cualquier género fue importantísima y artistas de todo tipo como Pete Townsend, Steve Vai o Satriani se deshacen en elogios cada vez que hablan de Hedges. Su campo se redujo fundamentalmente a la guitarra acústica pero su habilidad conseguía arrancarle registros verdaderamente abrumadores al instrumento.

Hedges con una de sus peculiares variantes de guitarra.

Randy Ludge era el propietario del New Varsity Theatre en Palo Alto, California. Cuenta cómo una tarde se le acercó un joven melenudo con la guitarra a cuestas y le dijo:

-         “He oído que este el sitio al que hay que acudir para tocar en Palo Alto” .
-         “Quizá. ¿qué tipo de música tocas?”.
-         “bueno, no me centro en un estilo determinado pero me gusta mucho Neil Young”.
-         “Ya. Tenemos mucha gente ya que toca cosas de Crosby, Stills, and Nash. Realmente no nos interesa otro más así”.
-         “¿Cómo te gustaría que sonase?”
-         “Si me dijeras que suenas como William Ackerman o Alex DeGrassi llamarías más mi atención”.
-         “Ya veo. Volveré mañana”.

Al día siguiente, Hedges se presentó con una maqueta que había grabado esa misma noche. Randy alucinó con lo que ahí sonaba y le dijo que podía tocar en el teatro siempre que quisiera, las veces que quisiera. La noche siguiente tuvo lugar la primera de las actuaciones de Michael.

Poco después de esto, Randy coincidió con William Ackerman, fundador del sello Windham Hill, y le dijo “te invito al cine y después a cenar si vienes un día al teatro a escuchar a este tipo”. Ackerman aceptó pensando que “una película y una cena siempre están bien” aunque no esperaba demasiado del concierto porque escuchaba recomendaciones de ese tipo a diario. Mientras escuchaba tocar a Hedges, Ackerman quedó tan sorprendido que de manera inmediata comenzó a redactar allí mismo, lo mejor que supo, el que sería el primer contrato discográfico de Michael Hedges. Su maestría con la guitarra hizo que el instrumento se le quedase pequeño y experimentó con todo tipo de invenciones, añadiendo cuerdas, variando afinaciones (de hecho, casi nunca tocaba con una afinación tradicional). Lo primero que uno se pregunta escuchando al músico es si realmente sólo hay una persona tocando; el empleo de técnicas como el tapping, el uso de la caja de la guitarra como un instrumento de percusión más y muchas otras innovaciones convirtieron a Hedges en una referencia fundamental en su instrumento.

Versión perfeccionada de la anterior.

Hoy nos encargamos del que fue el segundo LP del guitarrista, aquel sobre el que existe un cierto consenso a la hora de reconocerlo como el mejor de los que grabó nuestro protagonista de hoy. En su grabación intervienen sólo tres músicos: el propio Michael Hedges a la guitarra acústica y el bajista Michael Manring y la flautista Mindy Rosenfeld, esposa del guitarrista en aquellos años como apoyo en dos de los cortes.

“Aerial Boundaries” – Un ritmo pulsante muy propio de su admirado Steve Reich abre el disco sirviendo de preludio a un intrincado tapiz de melodías que se mezclan continuamente sin que consigamos saber dónde acaba una y empieza la siguiente. Hedges se convierte en una orquesta de un solo hombre cuya paleta de sonidos no parece tener límites.

“Bensusan” – Algo más convencional que el anterior es el segundo corte del disco sin que ello reste complejidad a su ejecución. Sí que hay una estructura más sencilla en su construcción lo que nos acerca a la música del propio William Ackerman, más asequible en todos los aspectos. A través de las notas de la guitarra de Hedges se filtra una melodía que se nos antoja enraizada en un folk muy propio de las producciones de Windham Hill de la época.

“Rickover’s Dream” – Quizá el corte más puramente “new age” del disco, muy pausado, relajante y evocador de grandes paisajes y espacios abiertos. Si el sello de William Ackerman llegó a construir un sonido propio que llegó a convertirse en imagen de marca, fue gracias a composiciones como esta y es que Hedges fue, junto a George Winston, el estandarte fundamental del sello en sus inicios.

“Ragamuffin” – Prosigue el disco en una línea muy similar con otra pieza maravillosa en la que el virtuosismo de la interpretación es tal que no nos damos cuenta, lo que a nuestros ojos es una gran virtud. Es fácil exhibirse con veloces solos de guitarra, con los dedos subiendo y bajando por el mástil más rápido que el ojo y todas esas cosas que tantas veces hemos visto hacer a muchos “guitar heroes”. Lo complicado, probablemente, sea tocar como lo hace aquí Hedges.




“After the Gold Rush” – Introduce aquí el músico su particular homenaje a su admirado Neil Young con esta versión del tema central del disco homónimo del guitarrista y cantante. Adopta aquí Hedges un papel secundario y le cede al soberbio bajo de Michael Manring todo el protagonismo melódico y ambos completan una versión excepcional de un tema que, curiosamente, en su versión original era básicamente para piano y voz sin guitarra alguna.

“Hot Type” – El corte más breve del disco es también el que nos muestra la cara más exhibicionista de Hedges que aplica toda su técnica a una pieza extraña llena de golpeos en la caja de la guitarra, armónicos, sonidos de bajo (recordemos que en ocasiones tocaba una guitarra con cuerdas adicionales para reforzar las tesituras más graves). Una rareza que no molesta en absoluto.

“Spare Change” – Continuando con la vertiente más experimental del disco, llegamos a esta auténtica maravilla en la que un Hedges inspiradísimo utiliza el tapping para construir una red de sonido que sostendrá todo el entramado de la composición (volvemos a la influencia de Reich). A partir de ahí, emplea todo tipo de efectos y distorsiones para arrancar a su guitarra sonidos nuevos (recordemos que durante su formación, experimentó con la música electrónica y se hizo un experto en este tipo de tratamiento sonoro).




“Menage a Trois” – El corte más largo del disco incorpora también a los músicos invitados, Manring, en su segunda aparición y Mindy Rosenfeld a la flauta. No es, a nuestro juicio, lo más interesante del disco a pesar de la excelente labor, como siempre, de Hedges a la guitarra y es que, cuando un músico tiene las capacidades de nuestro protagonista, apetece más escucharle sin ningún tipo de acompañamiento por muy bueno que este pueda ser. No se trata de minusvalorar el trabajo de Mindy (de hecho es una reputada intérprete fogueada en importantes formaciones especializadas en repertorio renacentista) pero los mejores momentos del tema son los dúos entre la guitarra y el bajo.

“Magic Farmer” – Cierra el disco Hedges de nuevo en solitario con un tema propio que en su inicio homenajea de nuevo a Neil Young con una breve cita al corte anteriormente revisado. Se trata de un final tranquilo y sumamente apropiado para despedir un disco fantástico en el que no hay ninguna composición de esas que nos atrapan inmediatamente y que no podemos dejar de tararear pero que, a cambio, nos regala una colección de músicas profundas, evocadoras y llenas de sensibilidad y que, al contrario de lo que ocurre a menudo con piezas como las anteriores, seguimos recordando aunque hayan pasado casi 30 años como es el caso.


Michael Hedges falleció en un accidente de tráfico en 1997, cuando sólo tenía 43 años dejando seis discos de estudio y uno en directo, un bagaje que sabe a poco habida cuenta de la excepcional categoría del músico en su doble vertiente de compositor e intérprete. Si buscáis un guitarrista diferente a lo habitual, no podéis dejar de escuchar este disco. Podeis adquirirlo, además, en cualquiera de los siguientes enlaces:

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Como despedida, os dejamos con Hedges en directo tocando, nada menos que "While My Guitar Gently Weeps" de los Beatles.

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