miércoles, 6 de agosto de 2014

Loreena McKennitt - Parallel Dreams (1989)



Aunque “The Visit” fue el primer gran éxito de Loreena McKennitt en todo el mundo y el disco que la dio a conocer como artista para el gran público, ya un par de años antes había grabado un sensacional trabajo que la llevaría a ser muy popular en Canadá, su país. Fue, quizá, el disco en el que la artista se planteó más en serio su carrera discográfica, contando por primera vez con una interesante nómina de músicos, varios de los cuales pasarían a formar parte de forma estable de su banda de acompañamiento en los conciertos y en las siguientes grabaciones. Así, pasamos de dos primeros discos en los que la práctica totalidad de los instrumentos eran interpretados por la artista con algunos colaboradores puntuales a un trabajo más maduro en el que intervienen varios músicos de gran nivel. Además de ello, Loreena escribe por primera vez la mayor parte de las letras del disco.

“Parallel Dreams”, que es el título del álbum, habla de muchos tipos de sueños, desde el de los amantes que viven un amor imposible hasta el de una joven niña huérfana en el Dublin de Dickens que sólo aspira a un techo bajo el que cobijarse pasando por el origen del título: los “sueños paralelos” que unen a los pueblos nativos norteamericanos y a los antiguos celtas. Sueños de libertad, integración y amor en palabras de la propia artista en las notas del disco.

La formación que participa en la grabación está integrada por Brian Hughes (guitarra, bajo, teclados), Oliver Schroer (violín), George Koller (violonchelo, bajo), David Woodhead (mandolina, acordeón), Rick Lazar (percusión), Shelly Berger (bajo, pzud), Patrick Hutchinson (gaita irlandesa), Ratesh Dasj (tabla), Al Cross (percusión). Loreena McKennitt toca el arpa, los teclados y el bodhran además de cantar como muy pocas pueden permitírse.



“Samain Night” – Un simple fondo de teclados y unas notas de arpa que no tardan en versa acompañadas por el violín de Oliver Schroer es todo lo que necesita Loreena para crear un ambiente perfecto para su voz. Esta suena con toda la plenitud a la que nos tiene acostumbrados, despegando unos agudos primorosos. Gracias a la magia del estudio de grabación podemos escuchar a la cantante haciendo segundas voces para completar una combinación maravillosa. La canción, escrita por ella misma, es una deliciosa balada que recoge ¿cómo no? innegables influencias celtas pero que tiene una personalidad tremenda desde el primer momento.

“Moon Cradle” – La artista opta para este segundo tema por un acompañamiento más escueto, interpretado en su totalidad por ella, lo que significa, en la práctica, que vamos a escuchar su arpa y algunos arreglos de teclado muy tenues. Lo cierto es que la adaptación que hace la artista de un texto del poeta irlandés Padraic Colum, parece escrita a propósito para que podamos disfrutar de lo mejor de la voz de Loreena, llena de inflexiones y capaz, por sí misma, de sostener toda la composición.

“Huron ‘Beltane’ Fire Dance” – Recupera la artista a la mayoría de los miembros de la banda para el primer tema instrumental del disco. La pieza comienza con una serie de percusiones entre las que se filtra la voz de la artista entonando un precioso lamento. El ritmo se incrementa con la llegada de los instrumentos de cuerda y la adición de nuevos juegos percusivos hasta convertirse en algo infeccioso con la entrada de la melodía central a cargo del violín. La danza, que muy bien podría bailarse a orillas del lago Hurón como sugiere el título, es un ejemplo perfecto de cómo entiende la artista que debe ser su acercamiento al folclore de sus mayores: respetuoso pero innovador a la vez. Una pieza espectacular que se encuentra entre lo mejor del disco.

“Annachie Gordon” – En casi todos los discos de Loreena encontramos una canción mas extensa de lo normal que suele ser, además, una balada sobre un tema tradicional. En ella apreciamos las excepcionales características de la voz más agraciada del folclore contemporáneo y lo que ocurre en este caso no es ninguna excepción. La artista adapta una canción tradicional escocesa a la que se han enfrentado voces como la de Mary Black y lo hace de un modo impecable. Tiene mucho mérito que canciones tan largas como esta (o como “The Lady of Shallott” en el disco “The Visit” o “The Highwayman” en “The Book of Secrets”) terminen por ser en muchos casos las más recordadas de cada uno de los trabajos pero parece claro que Loreena pone en ellas algo más que termina por hacerlas especiales.

“Standing Stones” – Si este hubiera sido un disco convencional, éste podría haber sido perfectamente el single de presentación del mismo. Loreena pone música a un texto tradicional y se acompaña de todos los músicos del disco, entre los que destaca el magisterio a gaita irlandesa de Patrick Hutchinson y la forma en que un instrumento tan ajeno a la música celta como es la tabla, casa perfectamente con el resto del conjunto.



“Dickens’ Dublin (the Palace)” – Nos traslada ahora la cantante canadiense a la nochebuena del Dublín de 1842 para contarnos una historia de cuento en la que un niño deambula por las calles buscando un lugar en el que dormir e imaginando las cosas que podría tener en el futuro, desde un caballo con el que recorrer la campiña hasta un cachorrillo al que dormir abrazado para calentarse. El hilo conductor de toda la canción es la voz de un niño que recita una especie de salmodia acerca del nacimiento de Jesús. Extrañamente, el infante no aparece acreditado en el disco..

“Breaking the Silence” – Otra de las grandes canciones del disco está dedicada por Loreena a Amnistía Internacional. El texto habla de la situación turbulenta que vivían en aquel momento lugares como Sudáfrica, China o Nicaragua pero no hace falta un gran ejercicio de imaginación para trasladarla a nuestros días, 25 años más tarde, y comprobar qué poco ha cambiado todo con sólo sustituir algunos de esos nombres por los de Siria o Gaza. El tema es aún hoy, uno de los mejores de toda la discografía de la artista canadiense.



“Ancient Pines” – Cerrando el disco encontramos otra pieza cuasi-instrumental (Loreena canta pero sin texto) realmente delicada en la que la voz de la canadiense apenas se acompaña de un fondo electrónico y una preciosa melodía de violonchelo a cargo de George Koller. La pieza, con muchas reminiscencias de artistas como los irlandeses de Clannad, formó parte de la banda sonora de un documental titulado “Goddess Remembered” que profundizaba en los orígenes de las religiones que, en muchos casos, giraban alrededor de figuras femeninas.

Loreena McKennitt es una de las artistas más admiradas por nosotros en el blog, por lo que pronto habrá otra entrada dedicada a su música. Su voz, sus discos y su trayectoria nos parecen admirables y creemos que merece mucho la pena hacerse con su discografía, no demasiado extensa por otra parte, sobre todo si tenemos en cuenta que el primer trabajo que grabó cumplirá pronto los 30 años. Por el momento, os dejamos un par de enlaces en los que adquirir “Parallel Dreams”. No os arrepentiréis.





Nos despedimos con una excepcional versión en directo de "Huron 'Beltane' Fire Dance":

 

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