miércoles, 18 de septiembre de 2013

Porcupine Tree - Stupid Dream (1999)



Hubo un momento en que a Porcupine Tree se le quedó pequeño el sello Delerium y buscaron uno mayor con el que poder llegar a un mayor público, invertir más en la producción de los discos y organizar giras más extensas. Nos viene ahora a la cabeza la repetida frase con la que Debbie Allen daba comienzo a cada uno de los capítulos de la popular serie “Fama”: “queréis la fama, pero la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar: con sudor”. La referencia no es caprichosa y aparece aquí por dos motivos. El primero de ellos explica, a su vez, la procedencia del título del propio disco. ¿cuál es el sueño estúpido? El del joven músico buscando triunfar en el mundo del rock ya que eso conlleva una serie de esfuerzos, sacrificios y renuncias de los que no se es consciente cuando empiezan los ensayos con los amigos del instituto en el garaje de uno de ellos. Buena parte de los textos del disco tienen relación con estas vivencias del propio Wilson. El segundo motivo tiene que ver con el cambio de compañía de Porcupine Tree y las expectativas que eso acarrea, incluyendo la necesidad, consciente o no, de incluir música más accesible, más comercial en el trabajo que pueda complacer a los directivos de la nueva discográfica y que se traduzca en un enganche más fácil para un público distinto del habitual seguidor de la banda (se supone que los fieles lo seguirán siendo). La fama cuesta. ¿cuánto? tanto como estés dispuesto a pagar.

¿Cómo se refleja todo esto en la música? Ya desde el momento en que echamos un vistazo a la contraportada del disco encontramos una importante diferencia con respecto a discos anteriores ya que contamos hasta doce canciones con una duración muy homogénea lo que nos permite intuir que no tendremos aquí largos desarrollos y pasajes instrumentales lisérgicos sino canciones más o menos convencionales, al menos en cuanto a su extensión.

Estilísticamente, la diferencia de “Stupid Dream” con trabajos anteriores es notable. Wilson y compañía se abren a canciones más directas y cercanas al pop en muchos momentos, lo que resultó bastante controvertido para los fans de la banda. Más aún cuando comenzaron a aparecer grabaciones de las demos y maquetas previas al disco y en ellas se aprecia que muchas de las ideas iniciales alrededor de cada canción habían variado sustancialmente en el estudio de grabación. Intervienen en el disco los miembros habituales de la banda, es decir, Steven Wilson (voz, guitarra, piano, samplers), Richard Barbieri (sintetizadores, órgano Hammond, mellotron), Colin Edwin (bajos) y Chris Maitland (batería, percusiones). Como invitados aparecen Theo Travis (saxo y flauta) y la sección de cuerda de la East of England Orchestra.

Portada alternativa del disco.


“Even Less” – El disco comienza con la mejor canción contenida en el mismo y una de nuestras favoritas de toda la trayectoria del grupo a pesar de encontrarse dramáticamente recortada con respecto a su primera versión (que superaba el cuarto de hora). El tema comienza como una canción pop bien construida con un agresivo riff principal y va evolucionando continuamente hasta que en la parte central hay una pausa con una poderosa guitarra próxima al heavy que introduce al hammond y el mellotron para concluir la pieza en un ambiente de rock progresivo absolutamente floydiano.



“Piano Lessons” – Continuamos con la que nos parece la canción más controvertida del disco ya que nos muestra a Porcupine Tree convertidos en una “vulgar” versión de cualquier grupo pop de la época, unos Oasis cualquiera, para entendernos. Entiéndase lo de “vulgar” como un indicativo de lo convencional de la canción y en ningún caso como una crítica al tema en sí, en el que destacan, como de costumbre, los arreglos vocales de Wilson y compañía. Una canción muy efectiva y comercial pero que se encuentra en las antípodas de lo que uno esperaba de Porcupine Tree en aquel momento. No sorprende en absoluto que fuera escogida como primer single del disco si lo que se pretendía era ampliar las fronteras del grupo.

“Stupid Dream” – Cortísimo instrumental que no llega al medio minuto de grabación y que podría haberse integrado perfectamente con el final de la canción anterior.

“Pure Narcotic” – Clásica canción de Wilson con sus habituales temas como son la soledad del adolescente, la incomunicación, o la dificultad por encajar “I’m sorry that I’m not like you. I worry that I don’t act the way you’d like me to”. Fue el tercer single del disco y es lógico puesto que se trata de otro tema pop de gran potencial comercial. Excepcional de nuevo el trabajo vocal y muy interesantes los arreglos, sobrios pero incorporando instrumentos como el glockenspiel que encaja sorprendentemente bien en el tema.

“Slave Called Shiver” – Algunas críticas del disco compararon a estos Porcupine Tree con Radiohead y tenemos la sensación de que canciones como ésta contribuyeron a que surgieran ese tipo de paralelismos. Se trata de una canción con influencias de todo tipo, arreglos electrónicos, devaneos con el rock duro y efectos vocales para ilustrar una relación autodestructiva de devoción exagerada que el protagonista lleva al extremo.

“Don’t Hate Me” – Segunda gran canción del disco a la que le sienta magníficamente bien la aportación de la flauta de Theo Travis. La temática enlaza directamente con la de “Pure Narcotic” (“Don’t hate me, I’m not special like you”) pero lo hace regresando a los ambientes más oscuros e inquietantes de los discos anteriores de la banda, construyendo una canción extraordinaria, en la línea de los mejores clásicos de Wilson y compañía.



“This is No Rehearsal” – Llegamos así a una canción rara. Podríamos cometer el error de catalogarla de pop pero enseguida gira hacia sonidos “metal”. La aparición del mellotrón poco después contribuye a aumentar la confusión. Abundan los cambios de ritmo pero organizados de un modo algo desconcertante. Aunque la hemos oído decenas de veces, no terminamos de cogerle el punto a esta canción.

“Baby Dream on Cellophane” – Hay algo en el siguiente tema que nos recuerda a los últimos Pink Floyd de Roger Waters. Quizá sea el sonido de la guitarra acústica, los efectos vocales o los cambios de volumen. En cualquier caso se trata de otra de nuestras canciones favoritas, especialmente por el excepcional tratamiento de las armonías vocales que ya es uno de los signos de identidad de la banda.

“Stranger by the Minute” – En su momento fue el segundo single del disco y cumple escrupulosamente con las características que se le suponen a una canción promocional y, de paso, con sus compañeras en esa tarea en el disco. Las tres canciones son correctas pero no demasiado acordes con la trayectoria de Porcupine Tree con lo que la sorpresa de los seguidores en su momento se nos antoja justificada.

“A Smart Kid” – Afortunadamente, junto a los singles más o menos comerciales, tenemos canciones verdaderamente interesantes. La que nos ocupa se cuenta entre las pertenecientes a la segunda categoría y vuelve a sumergirnos en el particular imaginario de Wilson, especialmente apocalíptico en esta ocasión en la que nos muestra al proverbial último hombre del planeta, superviviente de una guerra en la que ganan los buenos que trata de explicar la situación a los visitantes del espacio: “I tell them I’m the only one. There was a war but I must have won. Please, take me with you”.

“Tinto Brass” – Intuímos que Wilson se encuentra más cómodo en este registro que haciendo canciones de 3 minutos. “Tinto Brass”, que originalmente se titulaba “Tin to Brass” en un juego de palabras entre hojalata, latón y el nombre del realizador italiano de cine erótico, es un homenaje al krautrock alemán y tiene mucho que ver con la versión que los propios Porcupine Tree realizaron del clásico de Neu!, “Hallogallo”. Se trata de un instrumental dominado por un insistente ritmo de bajo y batería (con un bajo que también nos recuerda a Joy Division) sobre el cual escuchamos solos de guitarra, latigazos “heavy metal” y efectos electrónicos. En el comienzo de la pieza escuchamos la voz de la pareja japonesa de Wilson en aquel entonces, recitando títulos de películas de Brass en japonés aunque la única razón por la que el cineasta aparece en el título es, en palabras del propio Steven, que le gustaba como sonaba el nombre.

“Stop Swimming” – Cerrando el trabajo tenemos una preciosa balada crepuscular, que discurre cadenciosamente consiguiendo que nos quedemos con un magnífico sabor de boca. Destaca el gran trabajo de Chris Maitland en la batería y en la percusión.

La nueva versión de Porcupine Tree suscitó no pocos debates entre los seguidores de la banda, un tanto descolocados ante la perspectiva de perder la esencia de un grupo realmente diferente en beneficio de una mayor comercialidad. Afortunadamente, la calidad de las canciones e interpretaciones mitigó buena parte de las críticas. Por otro lado, tampoco iba a ser esta la encarnación definitiva del grupo inmerso en una evolución continua por lo que, a toro pasado, no merece la pena quedarse en una crítica al giro comercial que supuso “Stupid Dream”. Es comprensible la perplejidad que suscitó en su momento entre los conocedores de la carrera de Wilson y compañía pero analizándolo de forma aislada, no nos queda otro remedio que concluir que “Stupid Dream” es un disco magnífico. Podéis añadirlo a vuestra colección a través de cualquiera de los siguientes enlaces:

amazon.es

fnac.es

Os dejamos con una versión en directo de "Stop Swimming":

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