miércoles, 2 de abril de 2014

Rene Aubry - Plaisirs D'Amour (1998)



Ha quedado ya muy atrás la primera (y única) entrada que le dedicamos al compositor e intérprete francés Rene Aubry, lo que se nos antoja un error que queremos paliar revisando el disco con el que le conocimos hace ya muchos años, cuando internet empezaba a ser popular pero el ancho de banda aún no daba para descargar discos completos. En viejas listas de correo y gracias a un amigo checo (saludos desde aquí, Jan) tuvimos las primeras noticias acerca de este músico dedicado al teatro y al ballet principalmente pero que también sacaba tiempo de vez en cuando para grabar algún disco y, más recientemente, para ofrecer conciertos.

La música de Aubry comparte ciertas características con la de otros compatriotas suyos como Yann Tiersen o Jean Philippe Goude pero más que un cierto sentido de “escuela”, que no parece existir en este caso, quizá tengamos que buscar una influencia común a los tres. No hay que rebuscar mucho para encontrarla en el minimalismo más melódico: aquel que representan Wim Mertens, Michael Nyman y la versión más reciente de Philip Glass. En el caso de Rene Aubry, la admiración por Glass es declarada aunque la amplía citando a otros dos grandes en campos diferentes: Leonard Cohen y Manos Hadjidakis. Aunque el instrumento favorito del músico francés es la guitarra, algo que se nota en todos sus trabajos, utiliza un amplio número de instrumentos acústicos y electrónicos en sus discos con los que consigue un sonido cálido, evocador y de un evidente sabor mediterráneo en muchas ocasiones.

“Plaisirs D’Amour” es uno de sus primeros discos que nacen como tales, desligados de su trabajo para la escena y está compuesto por 13 canciones sin palabras, como reza en el subtítulo del mismo, incluyendo una versión de George Brassens. Aubry toca guitarras, armónica, percusiones, teclados y se encarga de las programaciones electrónicas además de cantar en algún pasaje. Se hace acompañar, además, en algunos temas por Christophe Guiot (violin), Bruno Fontaine (piano), Thierry Caens (trompeta), Bertrand Auger (saxo soprano) y Nathalie Junker (voz). El encargado de darle forma final al sonido del disco fue, ni más ni menos que Michel Geiss, mano derecha de Jean Michel Jarre en los años más creativos de su carrera.

Rene Aubry.

“Salento” – Una simple melodía de guitarra abre el disco de un modo encantador. El título alude a la comarca que ocupa el lugar del “tacón de la bota” de la Península Itálica lo cual nos dice mucho sobre el aire y el tipo de música que vamos a escuchar: melodías frescas y alegres en las que el violín es el principal acompañante de la guitarra. La composición tiene dos partes, una primera más clasicista y una segunda de tono folclórico y ritmo cercano a la rumba que quizá recuerde a algún oyente a los primeros discos del griego Chris Spheeris.

“Trou de Memorie” – Continúa un disco con un giro hacia una melancolía que tiene mucho que ver con Satie y con algún músico más actual como Roger Eno. Piano, guitarra, armónica, percusiones y sintetizadores se combinan en una delicada mezcla en la que creemos escuchar varias maderas (oboes, clarinetes...) aunque no aparecen acreditadas.

“Zig Zag” – La guitarra marca el ritmo desde el principio de una composición fantástica en la que apreciamos influencias minimalistas y un claro parentesco con el anteriormente citado Jean Philippe Goude, otro de los músicos franceses a los que admiramos en el blog. Quizá sea esta una de nuestras composiciones favoritas del disco y eso es decir mucho dada la calidad del mismo.

“Fil de Verre” – Volvemos a los ambientes impresionistas en este diálogo entre el piano de Bruno Fontaine y las guitarras de Aubry. No hace falta mucho más para dibujar paisajes que dejan huella. Una especie de retrato de un Philip Glass íntimo disfrutando de una copa de vino en la campiña francesa y respirando la brisa del verano. Simple y bello a partes iguales.

“Le Vent” – La única canción de todo el disco es una versión de un clásico de George Brassens. Palabras mayores pero Aubry sale más que airoso del reto llevando a su terreno una canción encantadora. El resultado sorprende porque mantiene la esencia de autor e intérprete intactas, algo nada fácil de conseguir y en lo que fracasan habitualmente muchos de los que se atreven a interpretar la obra de otros.

“Sirtaki a Helsinki” – El título puede llevarnos a engaño puesto que la pieza dista mucho de ser un “sirtaki” convencional y más aún de la música nórdica. Ciertamente suena como una danza animada en el comienzo pero no es hasta su segunda parte cuando adopta formas que nos llevan, ahora sí, a los ritmos inventados por Thodorakis para el inmortal Zorba de Anthony Quinn.

“Demi Lune” – Los orígenes tiran mucho y si hay un lugar en el que un músico francés de las características de Aubry se puede sentir cómodo es en el impresionismo de sus antecesores Satie, Ravel o Debussy. Algo de eso hay en este pequeño nocturno para piano y guitarra con toques minimalistas en el que volvemos a disfrutar de Bruno Fontaine y del violín de Christophe Guiot.



“Scirocco” – De vuelta a las guitarras acústicas, Aubry se introduce de lleno en la música repetitiva combinándola con ritmos de aire latino. Quizá sea la pieza del disco en se pone de manifiesto con mayor claridad su virtuosismo como intérprete. Por ello creemos que se nos hace tan corta: nos deja con ganas de mucho más.

“Prima Donna” – Curiosamente aquí sí que encontramos más fácilmente la relación con un ritmo como el “sirtaki”. Estamos ante la pieza más desenfadada del disco, con una música viva en la que trompetas, guitarras, acordeones etc. se combinan para hacernos disfrutar de una danza que tiene mucho de teatral, lo que nos recuerda de dónde viene el músico.

“Lungomare” – De nuevo viajamos al sur de Italia, en concreto hasta Lungomare de Soverato, en la “suela de la bota”. Basandose en un ritmo característico de la región, Aubry compone una canción deliciosa en cuyos últimos instantes se permite tararear la melodía principal. Ignoramos qué opinará un italiano de la zona de los devaneos de Aubry con sus músicas pero a nuestros oídos suena extraordinariamente fresco.

“La Petite Cascade” – Toma el compositor de nuevo su guitarra para regalarnos una composición magnífica que nos recuerda a otros maestros de las seis cuerdas en estos tipos de música como Michael Hedges o William Ackerman. Una verdadera preciosidad que, como parece sugerir el título de ambas piezas, actúa como preludio de la siguiente.

“La Grande Cascade” – Se incrementa el ritmo de la música y escuchamos una segunda guitarra apoyando al piano para dibujar la melodía principal que no terminaba de despegar en la primera parte de la pieza. Si de un disco como este existiera la posibilidad de extraer un single para su promoción, probablemente habría sido esta pieza por lo definido de su melodía, mucho más directa que en cualquiera de las otras composiciones del trabajo.



“Flow” – El tema que cierra el disco se titula “Flow” como podría haberse titulado “homenaje a Simon Jeffes” por ejemplo. Encierra en sus cuatro minutos una música maravillosa que tiene todas las características de las obras del fallecido músico inglés para su inmortal Penguin Cafe Orchestra lo cual es mucho decir. No podría haber escogido Aubry un final más adecuado para un disco magnífico. Una debilidad personal de quienes aquí escriben que no podía faltar en el blog.


Sentimos mucha envidia cuando echamos un ojo al otro lado de los Pirineos y vemos la gran cantidad de artistas de gran nivel que pululan por el país vecino. No dudamos que un talento similar exista en España pero creemos notar que tiene muchas más trabas para desarrollarse y darse a conocer que en el caso francés. Sea como fuere, lo interesante es poder disfrutar de estas y todas las músicas que están ahí, esperando a ser descubiertas. Si estáis interesados en adquirir el disco que hoy hemos comentado, lo podéis hacer en los siguientes enlaces:

amazon.es

fnac.com


Os dejamos con una versión de "Salento" en directo:


 

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