miércoles, 29 de octubre de 2014

Peter Gabriel - So (1986)



Tras una serie de discos notables en solitario, todos ellos publicados con su nombre como único título visible, Peter Gabriel sorprendió en 1986 con la publicación de “So”, uno de los grandes discos de la década y, con toda probabilidad, el mejor de su brillante carrera hasta aquel momento. Fue, además, una verdadera superproducción en la que el cantante se rodeó de un grupo de músicos impresionante, una nómina de tal calado que parecía imposible de reunir de nuevo (hoy sabemos que no fue así ya que posteriores trabajos de Gabriel juntaron grupos humanos del mismo potencial).

Quiso el destino que en aquel 1985 se dieran las circunstancias idóneas que suelen rodear el nacimiento de las obras maestras. Gabriel contaba con un grupo de canciones notables, con un productor como Daniel Lanois en estado de gracia. Los primeros pasos de la creación del disco los dieron el propio Gabriel junto con Lanois nada más terminar la banda sonora de “Birdy”. A las sesiones se incorporó el guitarrista habitual del antiguo líder de Genesis, David Rhodes. Con gran parte del disco moldeado ya por el trío, fueron añadiéndose otros artistas de altísimo nivel como Tony Levin (bajo), Jerry Marotta (batería), Manu Katche (percusiones), Stewart Copeland (batería) o L. Shankar (violín). A pesar de lo trabajado de las sesiones de grabación, el disco en su forma final tenía poco que ver con lo planeado sólo un par de días antes de su finalización. El single más popular de “So”, “Sledgehammer” se grabó a última hora cuando todos creían que el trabajo estaba concluido e, incluso, buena parte de los instrumentos habían sido guardados. Otro de los cortes del disco apareció en el mismo gracias a un cambio de opinión de Gabriel 48 horas antes de mandar el master a la discográfica.

Nada hacía sospechar escuchando el resultado que algunos aspectos del disco habían estado tan en el aire instantes antes de su finalización porque la calidad del trabajo es extraordinaria. Daniel Lanois lo citaba recientemente como una de las producciones de las que más orgulloso se siente y lo cierto es que cada sonido, cada detalle, está cuidado al máximo como ocurre en prácticamente todos los trabajos firmados por Gabriel. Además de los citados anteriormente, participan en el disco los siguientes músicos: Chris Hughes (programaciones), Wayne Jackson (trompeta), Mark Rivera (saxos), Don Mikkelsen (trombón), Richard Tee (piano), Simon Clark (teclados), Kate Bush (voz), Larry Klein (bajo), Youssou N’Dour (voz), Nile Rodgers (guitarras) o Laurie Anderson (voces).

El tracklist que comentamos es el incluido en las reediciones en CD de la discografía de Gabriel de 2002, diferente del original en vinilo en cuanto al orden de algunos cortes,  especialmente de “In Your Eyes”, concebida para cerrar el disco pero situada al comienzo de la cara B del vinilo porque su línea de bajo era más adecuada para sonar en la parte interior del surco en la que la aguja disponía de mayor espacio para vibrar que en el borde exterior. Hasta ese punto llegaba el nivel de detalle con el que Gabriel cuidaba el producto final.

Fotograma del videoclip de "Sledgehammer"


“Red Rain” – El inconfundible estilo del batería de The Police, Stewart Copeland nos recibe en el inicio de una canción poderosa, con percusiones más que notables y una producción exquisita sobre la que Gabriel canta mejor que nunca. Si hay algo que nos fascina de los discos del artista es ese afán de perfección que destilan todas y cada una de las canciones, con cada instrumento ocupando el lugar justo sin que sobre nada. En este caso, sí que es cierto que las partes electrónicas suenan un tanto tópicas, en el sentido de que es fácilmente identificable la época a la que pertenecen (ese omnipresente Fairlight marcó una época) pero en ningún modo desentonan y la pieza suena hoy tan bien como lo hacía casi 30 años atrás.



“Sledgehammer” – Una de las canciones más populares de la discografía de su autor es la enérgica “Sledgehammer”, un auténtico cañonazo marcado por los metales, en especial la trompeta, que ejecutan un estribillo que cualquiera podría reconocer sin esfuerzo. El tema, por lo demás, rezuma sensualidad tanto en los poco disimulados dobles sentidos de la letra como en la guitarra funky que suena a lo largo de todo el tema o en el truculento ritmo continuo que tiene mucho en común con la versión de Joe Cocker del “You Can Leave Your Hat On” que adornaba el mítico strip-tease de Kim Bassinger en la película “Nueve Semanas y Media”, estrenada apenas 3 meses antes de la publicación del disco de Gabriel (que, sin embargo, había sido terminado antes del estreno del film). Mención aparte merece el videoclip de la canción, ampliamente premiado en su momento.



“Don’t Give Up” – A pesar de la fama de los dos cortes anteriores, nosotros nos quedamos sin dudarlo con la sensacional balada que les sucedía en el orden del disco. En ella, Gabriel a dúo con Kate Bush interpretan un emocionante tema en el que se combinan los sonidos más ambientales y exquisitos con ritmos tribales pausados en una producción que delata la mano de Daniel Lanois en segundo plano. Llama la atención cómo ambos vocalistas, Gabriel y Bush, tan dados en muchos instantes a la exageración, se muestran aquí elegantemente comedidos hasta certificar una obra maestra de las que se dan una vez cada mucho tiempo a la que sólo le podemos poner el “pero” de su extraña coda final con el bajo dibujando una melodía que no termina de encajar con el resto.



“That Voice Again” – Si antes hablábamos de sonidos típicamente ochenteros en algún momento, ésta canción está llena de los mismos, especialmente en la parte que se refiere a los teclados y sobre todo en la introducción. Más tarde el tema evoluciona hacia algo que podía recordarnos a los últimos Police (aunque, curiosamente, Copeland no toca aquí) pero siempre con el sello de Gabriel dominándolo todo. No llega al nivel de otras canciones del disco pero sigue siendo una buena canción.

“Mercy Street” – El comienzo más atmosférico de todo el disco va dejando entrever trazas de ritmos africanos que van formando la estructura de una canción memorable en la que la voz invitada de Youssou N’Dour se mezcla con la de Gabriel de un modo magistral. Un dúo construido con el gusto del mejor de los orfebres en el que ninguno de los cantantes interfiere con el otro en busca de un protagonismo absurdo, complementándose a la perfección. Una joya que pasó desapercibida por la gran cantidad de buenas canciones que reunía el trabajo.

“Big Time” – Otro de los singles del disco, que combina la energía y muchas de las características de la producción de “Red Rain” y “Sledgehammer” aunque sin la sección de metales de ésta última. Un tema sólido y convincente con un Gabriel cómodo en registros que domina a la perfección y unos coros femeninos pegadizos como los que estaban en boga en muchos otros éxitos de la época.

“We Do What We’re Told (milgrom’s 37)” – No hay mucho espacio para la experimentación en este disco, contrariamente a lo que ocurría en los anteriores del autor. Quizá uno de los pocos temas que rompe esa tendencia es este cuasi-instrumental con aire de himno en el que una serie de ritmos orgánicos se combinan con los sintetizadores para elaborar una atmósfera fantástica y llena de misterio. Notable alto.

“This is the Picture (excellent birds)” – No es extraño en Gabriel este tipo de intercambios en los que su participación en un disco ajeno trae aparejada la del otro artista en suyo propio. En 1983 Gabriel intervino en el disco “Mister Heartbreak” de Laurie Anderson y ahora la artista neoyorquina le devuelve la cortesía colaborando en este tema en el que se intercala la composición propia “Excellent Birds” que formara parte de aquel trabajo.

“In Your Eyes” – Cerrando el disco encontramos otra magnífica canción de influencia africana, como gran parte del disco. Destacamos en especial, y somos reiterativos en este sentido, la producción de la pieza, superlativa en todos los aspectos, que nos permite disfrutar de un espectáculo de percusiones y voces, especialmente en el tramo final, que nos dejan con el mejor de los sabores de boca posibles.

Hay ocasiones en las que la comercialidad de un disco va ligada a su calidad, aunque muchas veces parezca que el hecho de que un trabajo triunfe a nivel popular sea un raro estigma a los ojos de los aficionados. Sin duda, “So” es un ejemplo de esto que afirmamos: un trabajo excelente de principio a fin que, sin embargo (y nótese aquí el punto cínico) triunfó entre el público en general. Hoy en día lo consideramos un clásico como tantos otros que van quedando de una década como la de los ochenta, tan denostada en muchos aspectos por los aficionados a la música pero que, como todas las anteriores, nos dejó muchos trabajos dignos de permanecer en el recuerdo. Uno de ellos es, sin duda, “So”. Podéis haceros con una copia en los enlaces de siempre:

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Nos despedimos con un videoclip poco habitual por no corresponderse con ninguno de los singles del album. "This is the Picture (Excellent Birds)" con Laurie Anderson:

 

domingo, 26 de octubre de 2014

Goodbye Mountain - Your Helplessness Can Test My Patience (2013)



Antes de la llegada de internet, los aficionados a la música teníamos otras alternativas a la hora de buscar información sobre los grupos que nos interesaban pero que no sonaban en las radios habitualmente ni eran objeto de la atención de las revistas especializadas. Los estilos más minoritarios solían concentrar a sus aficionados alrededor de fanzines, publicaciones en papel, habitualmente distribuidas mediante fotocopias y envíos postales a los “suscriptores”. Muchos de esos fanzines eran la única posibilidad que tenían los artistas que comenzaban para hacer llegar su música a un grupo de oyentes más amplio.

En su momento, nosotros participamos en alguna de esas publicaciones “amateur” que tenían una compensación importante para aquellos que invertíamos nuestro tiempo en su elaboración: si el fanzine llegaba a tener un cierto peso, las discográficas nos enviaban muestras de sus novedades con lo que era habitual juntar un buen puñado de discos todos los meses. De algún modo, blogs como éste son la versión de la época digital de aquellas fotocopias grapadas y, de cuando en cuando, también recibimos algunos trabajos de artistas que buscan darse a conocer.

Ocurría entonces y ocurre ahora que alguna de las muestras del trabajo que los grupos comparten con nosotros son realmente notables y demuestran una categoría por encima de lo habitual y ese es el caso de la banda que hoy tenemos aquí, un trío valenciano de nombre Goodbye Mountain cuya propuesta artística nos ha resultado muy interesante. En su página de Bandcamp no ofrecen excesiva información sobre ellos mismos aparte de la formación de la banda, integrada por Albert B. (batería), Santi C. (guitarras) y Javi R. (música –imaginamos que también teclados-). El trabajo que hoy comentamos apareció en septiembre de 2013 aunque nos llegó hace apenas tres meses. Dada su categoría, nos parece natural hablar de un EP que nos ha encantado desde que le dimos la primera escucha sin tener en ningún momento la sensación de vernos forzados a ello en compensación por su amabilidad al mandarnos el trabajo.

“Somnis Conseqüents” – Comienza el disco con una serie de acordes de piano que destacan entre el sonido ambiente y sobre un fondo de texturas electrónicas y de guitarra muy evocadoras. La melodía de teclado se repite de forma constante cuando entra la batería y las guitarras reparten sonidos etéreos a lo largo de toda la pieza. Entramos en la segunda parte del corte en la que éste evoluciona hacia un estilo instrumental cercano al Yann Tiersen de la parte final de la década pasada cuando comenzó a inclinarse hacia el rock. Un instrumental brillantísimo, en suma, que nos da una idea muy clara de la capacidad de la banda.

“IBEX1883” – Sonidos electrónicos impersonales nos reciben en los primeros instantes de una pieza llena de intensidad, casi de furia post-rockera con referencias de Joy Division o The Cure en algunos momentos. Una energía desbordante que se disuelve poco a poco tras el fulgurante comienzo en un interludio sintético que nos sirve para recargar las pilas antes de afrontar el tramo final, sólido y vibrante con toques de “krautrock”.

“Diàlegs” – La electrónica más orientada al baile parece querer colarse en el tema durante los primeros instantes aunque se mantiene una atmósfera comedida muy de agradecer. Las guitarras suenan realmente bien en un entorno “ambient” como este en el que el uso de la batería como una especie de ancla que evita que el tema se desplace hacia la música electrónica más convencional nos parece particularmente acertado. Otro tema fantástico en un EP que, a estas alturas, nos parece un auténtico hallazgo.



“Nairobi’s Kids Don’t Smoke” – Quizá el tema más inspirado por las estéticas de principios de los ochenta fomentadas por grupos que seguían los pasos de los desaparecidos Joy Division. Las guitarras, especialmente en los registros más bajos acusan claramente esa tendencia pero más allá de aspectos formales, la pieza sigue sonando de maravilla conservando esa influencia de Tiersen (esos teclados que parecen emular las Ondas Martenot que a veces utiliza el francés lo delatan) en algunos instantes combinada con sonidos del estilo de The Cure que evolucionan también en algo similar a los U2 de sus inicios. Esta mezcla en un formato instrumental como el que nos proponen Goodbye Mountain es arriesgada pero la banda sale airosa del reto.



Esperamos que este EP inicial de la banda valenciana no sea sino el primero de una larga serie de trabajos porque nos parece un comienzo verdaderamente prometedor. Goodbye Mountain tienen varias vías de contacto en las que está disponible el disco, desde Facebook hasta Soundcloud aparte de la anteriormente citada página de Bandcamp.

Nos despedimos con un "teaser" del disco:

 

miércoles, 22 de octubre de 2014

Peter Gabriel - Peter Gabriel (1977) -aka "Car"-



Muchos suponían que la salida de Peter Gabriel de Genesis tras la publicación de “The Lamb Lies Down on Broadway” obedecía a discrepancias respecto al rumbo futuro de la banda. El hecho de que el cantante encontrase muchos problemas para imponer sus textos como eje central de aquel mastodóntico disco podía hacer pensar en un deseo de embarcarse en más aventuras de ese calado como uno de los motivos principales de que Gabriel decidiera continuar con su carrera por su cuenta. Nada de eso fue así, realmente, si atendemos a las propias palabras de Peter cuando afirmaba que “quería hacer muchas cosas muy diferentes a lo que había hecho con Génesis”. Ciertamente lo consiguió ya que su disco de debut en solitario nos muestra una mezcla de estilos absolutamente sorprendente en la que Gabriel hace gala de una cantidad de recursos que nunca terminó de desplegar con la mítica banda en la que, no lo olvidemos, la aportaciones meramente musicales solían correr por cuenta de Banks y Rutherford (también de Anthony Phillips en la primera época) siendo la participación del vocalista algo menor en este apartado.

Gabriel, como pronto sería su costumbre, se tomó su tiempo para escribir y grabar el disco de modo que entre su despedida de Génesis y la publicación de su disco de debut, titulado sencillamente “Peter Gabriel”, transcurrieron casi tres años. Un tiempo, eso sí, muy bien invertido, en el que el artista, perfeccionista hasta rozar lo enfermizo, procuró rodearse de lo mejorcito que pudo encontrar en cuanto a músicos y productores. Bajo la dirección de Bob Ezrin, Gabriel consiguió juntar, nada menos que a Robert Fripp, que aprovechaba uno de los clásicos “parones” de King Crimson para grabar con otros artistas como Bowie o Eno, al bajista Tony Levin (había trabajado con Ezrin en “Berlin” de Lou Reed y algo después acompañaría a Fripp en una nueva encarnación del Rey Escarlata), al batería Allan Schwartzberg y un interesante grupo de músicos, alguno de los cuales se convirtió en inseparable de Gabriel en sus siguientes trabajos y giras: Jimmy Maelen (percusión), Steve Hunter (guitarras), Jozef Chirowski (teclados) o el imprescindible Larry Fast (teclados y programaciones). En dos de los cortes del album participa también la London Symphony Orchestra.

Imagen perteneciente al "artwork" del disco.


“Moribund the Burgermeister” – Una extraña combinación de percusiones y sonidos electrónicos abren una pieza que combina el aire burlesco del musical con momentos más cercanos al rock progresivo clásico. La mezcla perfecta para que las múltiples facetas del teatral Gabriel brillen con luz propia. Uno podría perfectamente imaginar uno de los grotescos personajes de Tim Burton bailando al son de la música de Gabriel en esta brillante introducción que, sin embargo, no sirve como pista para lo que el resto del disco nos va a ofrecer.

“Solsbury Hill” – Un repetitivo motivo de guitarra de alegre ritmo abre este clásico de la discografía de Gabriel. Los teclados que aparecen de inmediato han envejecido mal desde la perspectiva actual pero la melodía, casi legendaria, soporta eso y más. “Solsbury Hill” es una canción de esas que justifica por sí sola todo un disco y uno no puede evitar imaginarse ascendiendo la famosa colina en compañía de un Gabriel juvenil con el corazón latiendo sin cesar “bum, bum, bum” como canta Peter con entusiasmo. Una joya sobre la que poco más podemos añadir.



“Modern Love” – Aunque la intención de Gabriel era la de hacer algo diferente, no puede evitar que el rock progresivo se filtre aún entre las rendijas de varias de las canciones del disco y este sería un ejemplo. Con un sonido algo “americanizado” que anticipa lo que vendría años después en forma de “Rock orientado a adultos” o AOR, especialmente en los teclados de Larry Fast, Gabriel nos ofrece este tema sin demasiadas pretensiones, con un riff simple pero atractivo que cumple sin entusiasmar.

“Excuse Me” – Gabriel vuelve de nuevo la vista hacia el teatro musical con una pieza cómica en las formas que revela la atracción que muchos músicos del rock y el pop británico sienten por las músicas que poblaban los escenarios del West End londinense. Con Genesis, Gabriel exploró este mundo especialmente en el aspecto visual y parece que en solitario, también iba a profundizar en las músicas.

“Humdrum” – Otro de los grandes momentos del disco llega con esta delicada balada en la que el Gabriel más expresivo apenas se acompaña de unos suaves teclados durante los primeros instantes. Tras la introducción asistimos a un breve segmento instrumental muy evocador que nos acompañará casi hasta el final con la voz del cantante como complemento imprescindible. La canción va ganando en intensidad convirtiéndose en casi un himno lleno de emotividad.



“Slowburn” – Con el siguiente corte Gabriel se acerca a los grandilocuentes temas de rock en la línea que del norteamericano Meat Loaf comenzaría a popularizar en aquellos momentos. Con todo, estamos ante momento estelar del disco en el que asistimos a cambios de ritmo y secciones absolutamente diferenciadas dentro de la misma canción que demuestran la ambición de su autor.

“Waiting for the Big One” – Dentro de la mezcla de géneros que caracteriza el disco, llega la hora del blues con una muestra absolutamente ortodoxa de este género musical. Acompañado de piano, guitarra, contrabajo y batería, Gabriel se marca un auténtico “bluesazo” con todas las de la ley demostrando que sus capacidades van más allá de las de un simple cantante de rock y haciendo gala de todo su histrionismo (entiéndase esto como algo positivo) en los pasajes en los que la canción lo demanda.

“Down the Dolce Vita” – Faltaba en el disco un poco de sonido clasicista y la fanfarria que abre este tema cumpliría la labor de tapar esa ausencia aunque no pasa mucho antes de que un marcado ritmo disco transforme el tema de arriba abajo en un auténtico cañonazo que bien podría haber sido un single de éxito y un banderín de enganche para aquellos a los que el nombre de Gabriel no les dijera gran cosa en aquel entonces. Había mucho más que esto en la pieza que se atreve a meterse en territorios sonoros más experimentales con el uso de relojes y sonidos electrónicos en un magnífico interludio que culmina con un final grandilocuente digno de los mejores momentos de Gabriel con Genesis.

“Here Comes the Flood” – Cerrando el disco encontramos la segunda gema de la colección; una balada deliciosa y desgarradora en algún momento, en la que el talento de su autor nos desborda por todas partes, especialmente con el estribillo, absolutamente arrebatador. Curiosamente Gabriel no terminó de quedar contento con la pieza que, en su opinión, pecaba de un cierto exceso de producción. Quizá por ello, participó en una regrabación posterior de la canción para el disco “Exposure” de Robert Fripp, tan recomendable como ésta.

Con su primer disco en solitario, Gabriel demostró que había todo un camino por explorar más allá de Genesis y no necesariamente en la misma línea que había llevado su antigua banda. Mientras que Peter opta por una mezcla de géneros muy interesante, sus compañeros trataron de mantener por un tiempo las formas del rock progresivo con las que se convirtieron en leyenda pero terminaron por entregarse a un pop algo facilón como refugio para subsistir en los ochenta. Fue en ese momento cuando la decisión de Gabriel de continuar su camino por su cuenta se reveló como muy acertada, habida cuenta la categoría de sus discos en solitario, alguno más de los cuales será objeto de nuestra atención dentro de no mucho tiempo. No debería ser así pero si algún lector no tiene aún este disco, puede solventar esa carencia en los enlaces habituales.

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Nos despedimos con una particular versión de "Here Comes the Floor" interpretada en directo por Gabriel en un especial navideño de Kate Bush.

 

domingo, 19 de octubre de 2014

Pierre Moerlen's Gong - Leave it Open (1980)



Los últimos coletazos de la década de los setenta fueron un periodo de enorme efervescencia creativa para Pierre Moerlen. Así, unos cuantos meses después de “Downwind”, sus Gong lanzaban al mercado el disco que comentamos hoy: “Leave It Open”. Lo excepcional es que entre uno y otro la banda sufrió una pequeña desbandada de miembros que la redujo a un trío. Éste grabó otro disco en estudio y uno más en directo que quedarían situados entre el recientemente comentado “Downwind” y el que hoy nos ocupa.

En esa primera remodelación, sólo el propio Moerlen y el bajista Hansford Rowe permanecían con respecto a la formación de “Downwind” añadiéndose a ellos el guitarrista Bon Lozaga siendo los tres músicos los firmantes de “Time is the Key”. Apenas unos meses más tarde, y con el objeto de grabar un nuevo disco, la banda se amplió con el regreso de François Causse y la incorporación de Demelza a las percusiones, Brian Holloway (guitarras) y Charlie Mariano (saxofón). Con esas incorporaciones todo hacía pensar que el sonido de la banda evolucionaría aún más hacia el jazz-fusión perdiendo lo que aún le quedaba de rock progresivo y, en cierto modo así fue.

Pierre Moerlen en acción.


“Leave it Open” – La estructura del disco es similar a la de muchos otros trabajos que hemos comentado aquí: una larga suite en una de las caras del disco y varios temas cortos en la otra. El comienzo lo ocupa, en este caso, el tema más extenso. No hay secretos, los vibráfonos van creando la atmósfera adecuada para el resto de la pieza en la que enseguida se hace notar la presencia del saxofón. También los sintetizadores tienen un papel más relevante que en otros trabajos de la banda lo cual no es necesariamente bueno en este caso. El sonido se resiente por la excesiva relación del sonido de los mismos con una época muy concreta de la música popular. Dicho de otro modo: suenan excesivamente “ochenteros” hoy en día. Otro tanto ocurre con las guitarras pero en este caso no lastran en demasía el resultado final. Hay en todo caso un cierto aire conservador que contrasta con la audacia demostrada por Moerlen en otros discos y los vibráfonos no terminan de vibrar con la intensidad y brillantez habituales, afirmación que se podría extender a la batería. Sólo una serie de progresiones en la parte final del tema nos rescatan de la monotonía que caracteriza el desarrollo de la suite.

“How Much Better it Has Become” – Partiendo de las mismas premisas que el tema anterior, la adición de una guitarra y una batería llenas de espíritu rockero parece hacer despertar al propio Moerlen cuya interpretación al vibráfono gana una barbaridad con respecto a la suite inicial. Sin duda alguna, el título de la pieza (“cuánto ha mejorado”) le viene que ni pintado a una composición que mejora mucho a la precedente ganando en dinamismo, energía e intensidad.

“I Woke Up this Morning Felt Like Playing Guitar” – De nuevo el título de la composición es la mejor de las pistas para saber a qué atenernos en la escucha. La guitarra eléctrica es la protagonista principal apoyada por una sección rítmica de bajo y batería discreta pero efectiva. El resultado es un instrumental rock bastante convencional pero que se deja escuchar.

“It’s About Time” – El regreso al jazz-fusión se produce con este tema en el que el bajo sirve como pie para una serie de diabluras a la percusión que anticipan un tema de ritmo funk sorprendente pero muy acertado (no en vano es la única pieza del disco firmada por Hansford Rowe). No deja de llamar la atención que Moerlen aparque sus vibráfonos durante dos cortes consecutivos aunque sea para centrarse en el resto de percusiones, algo que realiza de un modo notable. Sin ser esta una pieza representativa del estilo del Pierre Moerlen’s Gong, tenemos que reconocer que es notable en líneas generales. Al margen de la percusión, destacamos especialmente el trabajo de Mariano al saxo que consigue transformar el sonido de la banda por completo.



“Stok Stok Stok Sto-Gak” – Un cierto toque latino asoma en la siguiente pieza en la que regresa el vibráfono para apoyar a una banda más equilibrada entre todos sus miembros en esta ocasión. Aunque seguimos navegando por aguas del jazz-fusión, algunos fragmentos de guitarra y de los teclados nos ponen sobre aviso del advenimiento del AOR, esa corriente en la que muchos de los supervivientes de los mejores años del rock progresivo se refugiaron en los años ochenta para tratar de sobrevivir en el negocio.

“Adrien” – Cerrando el disco escuchamos una pieza que vuelve a los ambientes truculentos que siempre consigue crear el vibráfono, acompañados en esta ocasión de sonidos electrónicos. El tema tiene un aire misterioso muy logrado y, a pesar de su aparente modestia (uso de pocos instrumentos, ausencia total de épica...) nos deja una de las mejores impresiones de todo el trabajo.


Como suele ocurrir con los músicos cuyo instrumento principal no es uno de los más habituales dentro de las corrientes principales de la música popular, la propuesta de Pierre Moerlen’s Gong tiene un sonido tremendamente particular y original. Sin embargo, en la época en que salió al mercado “Leave it Open”, la fórmula empezaba a mostrar síntomas de agotamiento (recordamos que en apenas año y pico lanzaron 3 discos de estudio y uno más en directo). No sorprende entonces que tras la aparición de este trabajo, Moerlen dejase reposar a la banda durante unos años en los que no publicaron nada nuevo. En cualquier caso, el regreso no consiguió las cotas de calidad de la mejor etapa de la banda aunque eso sería materia a tratar en una hipotética futura entrada. Por ahora, aquellos interesados en adquirir “Leave it Open” lo pueden hacer en los enlaces habituales.

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Como despedida os dejamos un ejemplo de cómo sonaba "Leave it Open" en vivo:

 

miércoles, 15 de octubre de 2014

Pierre Moerlen's Gong - Downwind (1979)



Aunque Mike Oldfield es uno de los músicos con una mayor personalidad y posee una obra en la que una de las características más importantes es la originalidad, especialmente en sus primeros trabajos, la participación de un instrumentista como Pierre Moerlen en su cuarto disco en solitario, “Incantations”, cambió por completo la fisonomía del mismo y su presencia se hizo tan notoria como la del propio Oldfield.

El trabajo de Moerlen, especialmente al vibráfono, protagoniza por completo la cuarta parte de la obra eclipsando todo lo demás y algo así no está al alcance de cualquiera. Nuestro músico había formado parte de la banda francesa Gong y tras colaborar con Oldfield por primera vez, lideró su propia variante del grupo denominada “Pierre Moerlen’s Gong” en la que sus percusiones eran el centro de la música. La banda grabó un par de discos de modo simultaneo a las giras de Pierre con el grupo de Mike Oldfield  y las colaboraciones entre ambos se hicieron tan estrechas que ocurrió lo que tenía que ocurrir, con el multi-instrumentista británico devolviendo las atenciones prestadas y colaborando en el que quizá sea el mejor disco del grupo de Moerlen.

“Downwind” sería el primer disco de la banda en aparecer bajo la denominación de “Pierre Moerlen’s Gong” para evitar confusiones con el grupo “matriz” que seguía activo simultáneamente aunque los estilos de ambos eran a estas alturas muy diferentes. La banda de nuestro percusionista hacía una fusión de jazz y rock muy atractiva con el elemento distintivo del vibráfono que se convirtió pronto en la seña de identidad del grupo. Los Gong de Moerlen estaban integrados por Hansford Rowe (bajo), Ross Record (guitarras, voz), Benoit Moerlen (vibráfono), François Causse (percusión) y el propio Pierre (batería, vibráfono, marimba, timbales, teclados y voz). Participan además en el disco, en calidad de invitados Didier Lockwood (violín), Mick Taylor (guitarra) y la pequeña banda formada por Didier Malherbe (saxo), Mike Oldfield (guitarra, teclados, bajo y percusión), Steve Winwood (teclados) y Terry Oldfield (flautas) que interviene sólo en el corte que da título al disco. Casi todo el trabajo, a excepción de la pieza central, se grabó en el estudio según recuerda Hansford Rowe “prácticamente en directo”. Sólo el tema en el que intervienen Oldfield y compañía se hizo en varias fases, una inicial en el estudio de Mike con Pierre Moerlen y otra posterior en la que se registró la parte de los restantes miembros de Gong.

Pierre Moerlen

“Aeroplane” – Un clásico sonido de órgano “setentero” nos da la bienvenida al disco en una de las dos canciones con textos del saxofonista y teclista Ruan O’Lochlain que aparecen en el trabajo. La pieza no destaca especialmente y podría pasar por un tema más de cualquier grupo de los que abundaban en aquellos años salvo por la batería, algo por encima de la media. Nada, sin embargo, denotaba la excepcional calidad del grupo.

“Crosscurrents” – Esa impresión inicial cambia en cuanto empezamos a escuchar la segunda pieza del disco; una sensacional demostración de jazz-fusión dominada por las marimbas de Pierre Moerlen que se elevan por encima de una batería inmisericorde que martillea con precisión de metrónomo cambiando continuamente de signatura rítmica. Rowe comienza a hacer diabluras al bajo y el violín eléctrico del miembro de Magma Didier Lockwood nos lleva a territorios de la Mahavishnu Orchestra. Es en esta pieza en la que empezamos a apreciar el potencial de la banda que explotará por completo en el siguiente corte.

“Downwind” – El tema más largo del trabajo, con diferencia, es también el más interesante y no sólo por la presencia de Oldfield sino por el extraordinario trabajo de todos los músicos, comenzando por los vibráfonos de los hermanos Moerlen, perfectamente secundados por saxofón y batería en los inicios del tema. De pronto, comienzan a sonar, desatados, los dos hermanos repitiendo una serie de notas de modo hipnótico que anuncian la llegada de algo muy grande. Efectivamente, cuando irrumpe Oldfield a la guitarra (y también al bodhran, percusión irlandesa de importancia capital en esta parte de la pieza) tenemos la sensación de encontrarnos en medio de algo muy grande. Decir que podríamos estar escuchando cualquier sesión de las grabaciones de “Incantations” sería muy injusto para Moerlen pero así como su participación en aquella joya de Oldfield consiguió eclipsar en cierto modo al autor de “Tubular Bells”, Mike (y su hermano Terry a las flautas) se toman la revancha en esta suite absolutamente arrebatadora en la que también la batería raya a un nivel estratosférico. El final, de corte jazzistico, con un gran saxofón es también más que destacable.



“Jin-go-lo-ba” – La siguiente pieza del disco es una versión del archiconocido tema del percusionista nigeriano Babatunde Olatunji popularizado por Carlos Santana en su disco de debut en 1969. Lo cierto es que la versión de Moerlen tiene mucho más en común con la de Santana que con la original e incluso se aprecia cierta imitación del estilo del mexicano en las partes de guitarra. La inclusión de un tema como este puede ser influencia de Weather Report quienes también jugaban en la época con piezas de origen africano y latino. No es lo mejor del disco pero se deja escuchar.

“What You Know” – Segundo tema con textos de O’Lochlain que pasa sin pena ni gloria y del que únicamente destacamos el trabajo de Pierre al clavinet amenizando las partes en las que la percusión no es suficiente atractivo.

“Emotions” – Regresa el vibráfono y con él algunos de los mejores momentos del disco en diálogo directo con el violín eléctrico. En este tranquilo corte escuchamos en plenitud el característico sonido del violín eléctrico que tanto éxito tuvo en aquellos años a cargo de intérpretes como Jerry Goodman o Jean Luc Ponty.



“Xtasea” – Cerrando el disco nos encontramos con una prolongación del corte anterior en cuanto a estilo y atmósfera aunque con la incorporación de bajo y batería al conjunto con lo que la pieza gana en expresividad y se convierte en un excelente final, sin estridencias y lleno de elegancia.


Dentro de la plétora de bandas y músicos que aparecieron en la década de los setenta dentro de las difusas fronteras del rock con pretensiones más artísticas, los Gong de Pierre Moerlen no llegaron a la categoría de superestrellas pero alcanzaron cierta relevancia dejándonos un puñado de discos nada desdeñables. Intentaremos ir dándoles cabida aquí en la medida de lo posible comenzando por la próxima entrada que también estará centrada en un trabajo de la banda. Por ahora, y si queréis haceros con “Downwind”, está disponible una reciente edición por parte del sello Esoteric quienes están haciendo un excelente trabajo de recuperación de este tipo de discos muy difíciles de encontrar hoy en día en sus ediciones originales. Está disponible en los enlaces de siempre:

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Nos despedimos con un exrtacto de una versión en directo de "Downwind" (sin Oldfield):

 

domingo, 12 de octubre de 2014

The Dublin Guitar Quartet Performs Philip Glass (2014)



La guitarra es el instrumento por excelencia en casi todos los estilos populares de música, desde el blues hasta el punk pasando por el rock and roll o el pop. La mayoría de las músicas tradicionales incluyen guitarras o instrumentos de su familia como base de sus composiciones. Un intérprete de guitarra, en suma, dispone de un repertorio tan extenso como quiera a la hora de escoger qué piezas quiere tocar.

Sin embargo, en el campo de la música clásica, el papel de la guitarra es menor y las obras escritas para ese instrumento por parte de los más renombrados compositores son realmente pocas pudiendo aplicarse esto a composiciones de todos los siglos con muy pocas excepciones. En este contexto llama la atención la existencia de un cuarteto de guitarra clásica como el Dublin Guitar Quartet y más aún el hecho de que eviten el repertorio de su instrumento y centren sus interpretaciones en transcripciones propias de obras de compositores contemporáneos.

El cuarteto se formó en el Conservatorio de Dublín en 2001 siendo sus primeros integrantes Brian Bolger y Patrick Brunnock (quienes aún forman parte del grupo), David Flynn y Redmond O’Toole. Los cambios han sido constantes en la formación y ahora el puesto de los dos últimos integrantes citados lo ocupan Tomas O’Durcain y David Creevy. Desde el comienzo tenían muy claro lo que buscaban y no tardaron en comenzar a trabajar en obras de Philip Glass, Arvo Pärt o Kevin Volans. Hoy han añadido a su repertorio piezas de Ligeti, Sofía Gubaidulina, Michael Nyman e incluso de algún grupo rock instrumental como los irlandeses The Redneck Manifesto.

Sus arreglos de música de Glass llegaron a oídos del compositor quien llegó a tocar con ellos en 2008 en una serie de actuaciones en Irlanda. Quizá fuera entonces cuando se empezó a gestar un disco como el que hoy comentamos. En aquel momento, el Dublin Guitar Quartet había incorporado a sus actuaciones habituales dos cuartetos de cuerda del músico norteamericano, los conocidos como “Company” (el número 2) y “Mishima” (el número 3). A partir de 2011 comenzaron a trabajar en el cuarto y el quinto completando así los cuatro cuartetos que en su momento integraron la grabación de referencia que hizo el Kronos Quartet de esa parte de la obra de Glass. “escribir arreglos para guitarra es un asunto muy complicado y tienes que saber muy bien lo que haces. Por eso yo nunca lo he hecho.” Afirma el propio compositor, quien elogia a su vez el trabajo de Flynn y Bolger con sus cuartetos.

Si hemos de seguir el criterio de la mayoría de la crítica especializada, tendremos que concluir que Glass tiene razón ya que el disco del Dublin Guitar Quartet ha cosechado elogios en un gran número de publicaciones. El CD apareció recientemente y está publicado por Orange Mountain, el sello del propio compositor. Dado que el propio grupo ofrece la interpretación completa de uno de los cuartetos en su canal de youtube, hemos decidido utilizar ese material para ilustrar la entrada completa.

The Dublin Guitar Quartet

“String Quartet No.2 (Company)” – El cuarteto escogido para abrir el disco es el titulado “Company” que Glass adaptó de una pequeña obra para cuerdas que escribió en 1984 para acompañar una representación teatral de la obra de Samuel Beckett. Se estructura en cuatro movimientos de breve duración que se adaptan muy bien a la forma de interpretar de la agrupación irlandesa que, incluso, le da un toque aflamencado muy peculiar a algunas partes del segundo de ellos. Con todo, nos parece que el dinamismo propio del cuarto movimiento es el que mejor explota las propiedades del cuarteto de guitarras que saca todos los matices posibles a la partitura.



“String Quartet No.5” – Nuestros músicos no siguen el orden cronológico de escritura de los cuartetos en el disco de modo que al segundo le sucede el quinto. Tras un escueto movimiento inicial, pasamos al segundo de narrativa pausada como la mayor parte del cuarteto. No quiere decir esto que la interpretación esté exenta de músculo como apreciamos en los acordes más enérgicos de este mismo segmento o en todo el tercer movimiento, quizá el más inspirado de la obra. El resto del cuarteto sigue por parecidos derroteros haciendo gala de una inspirada adaptación y de una ejecución perfecta.



“String Quartet No.4 (Buczak)” – Llegamos así al que es nuestro cuarteto favorito, el número 4 de la serie. Partiendo de material original y de alguna pieza compuesta como acompañamiento a un ballet, Glass realiza una música fantástica que reúne sus rasgos más reconocibles pero también un lirismo especial que sólo aparece en momentos muy concretos de su producción. Destacamos la inteligencia de los músicos a la hora de adaptar la pieza respetando los momentos más delicados de la misma en los que no es necesaria la participación de las cuatro guitarras ocupando estas inmediatamente su lugar en cuanto se las requiere consiguiendo sonidos realmente fascinantes en determinados instantes como el final del primer movimiento. En el segundo por su parte, nos sumergen en un ambiente casi mágico destacando determinados elementos que en la partitura original pasaban desapercibidos y que forman parte del Glass más ensoñador. El tercer y último movimiento contiene alguna de nuestras melodías favoritas de toda la obra del compositor norteamericano y lo cierto es que los miembros del Dublin Guitar Quartet saben hacerles justicia con una interpretación notable.



“String Quartet No.2 (Mishima)” - Cerrando el disco tenemos una de las obras más interpretadas de su autor. En 1985 el músico escribió la banda sonora de la película “Mishima” en la que se combinaban pasajes electrónicos con otros a cargo del Philip Glass Ensemble y breves fragmentos para cuarteto de cuerda interpretados por el Kronos Quartet. No tardaron en ser reunidos en una obra que ha conocido diferentes adaptaciones. Como no podía ser de otra manera, la del Dublin Guitar Quartet es magnífica (no en vano, fue una de las primeras obras que interpretaban en sus primeros momentos como grupo).




Es sorprendente la versatilidad que alcanzan estas formaciones compuestas por varios guitarristas y cómo consiguen adaptarse a repertorios contemporáneos (pensamos, por ejemplo, en el California Guitar Trio y alguna versión de Arvo Pärt que grabaron en su momento). La obra de Glass es muy dada a sonar en formatos diferentes del original y de hecho sus cuartetos de cuerda han sido adaptados a otros instrumentos como el saxofón (también en versión de cuarteto) o el piano. El cuarteto de guitarras nos parecía una solución arriesgada porque se pierde la variedad tímbrica del original (dos violines, viola y violonchelo) que tiene fácil equivalencia con la familia completa de saxofones (soprano, alto, tenor y barítono). Sin embargo, y como sucedía también en otras recreaciones de música de Glass a la guitarra que han pasado por aquí como las “Metamorphosis” a cargo de Neil Campbell y Carlo Bowry, el resultado es magnífico.



Como siempre, aquellos interesados en hacerse con una copia del disco lo tienen a su disposición en el siguiente enlace:

amazon.com



miércoles, 8 de octubre de 2014

Clannad - Magical Ring (1983)



Mientras preparábamos esta reseña para el blog, reparamos en un detalle que responde a una pregunta que, de cuando en cuando, acude a la cabeza de muchos melómanos. Tras lustros escuchando música con regularidad ¿cuál será la canción o la composición que más veces habremos escuchado en nuestra vida? Si hemos de ser sinceros, en alguno de esos momentos en que hemos tenido la ocasión de plantear esa cuestión, habitualmente en conversaciones informales con amigos y situaciones similares, han surgido varios títulos que van desde temas clásicos de los Beatles o Pink Floyd hasta algún villancico o canción infantil pasando por temas de grupos españoles de nuestra adolescencia etc.

Probablemente podríamos haber hecho una lista de cien canciones candidatas y no habríamos incluido una que, pensándolo con detenimiento, sería la más firme aspirante a ostentar ese honor ya que la escuchamos a diario durante un buen puñado de años desde mediados de los años ochenta hasta casi el final de la década siguiente. Cada día, puntualmente, a las tres de la tarde, comenzaba a sonar en nuestro reproductor de música “Theme from Harry’s Game” de Clannad, sintonía inolvidable de Diálogos 3, el buque insignia de las llamadas “nuevas músicas” en España cuya ausencia aún se siente como prueba el gran número de webs activas en las que de un modo u otro se recuerda el legado de Ramón Trecet. Contaba el bueno de Ramón que la idea inicial no era la de tener una sintonía fija sino la de usar un tema representativo de lo que quería transmitir el programa y que periódicamente iría cambiando conforme fueran apareciendo composiciones más interesantes. No lo hicieron. Durante todo el tiempo que fuimos oyentes de Diálogos 3, los acordes de Clannad nos dieron la bienvenida sin llegar nunca a cansarnos.

En una entrada anterior dedicada a Enya ya hablamos de los inicios de Clannad como banda dentro del panorama folk irlandés en 1970. En aquel entonces, los miembros del grupo eran los hermanos Brennan (Moya, Ciarán y Pol) y sus tíos, los Padraig y Noel Duggan. En los comienzos, la banda hacía una música puramente tradicional con la particularidad de cantar principalmente en gaélico. Cuando ganaron un concurso cuyo premio era la grabación de un disco con una filial de Philips, esto les dio algún problema ya que algunos directivos no veían claro el potencial comercial de un trabajo en el que la mitad de las canciones no eran en inglés. Con todo, el disco se publicó y la banda comenzó a funcionar como tal, componiendo, grabando y tocando en directo con regularidad. El éxito cada vez mayor de los conciertos hizo que tomasen la decisión de “profesionalizarse” y ya para su segunda grabación contaron con un productor de la talla de Donal Lunny. No sería él sino Nicky Ryan, que tomó las riendas del grupo en el estudio a partir del tercer disco, quien definió las líneas maestras que llevarían a la banda al éxito. Paradójicamente el gran momento de Clannad llegó cuando Ryan dejó de trabajar con la banda llevándose de la mano a la más reciente incorporación al grupo, la joven que más tarde triunfaría como Enya.

Los miembros de Clannad iban a estrenar contrato con RCA componiendo una sintonía para una miniserie de la BBC sobre el conflicto de Irlanda del Norte. La serie se titulaba “Harry’s Game” y la música compuesta por Pol y Moya Brennan (aunque sólo Pol aparece acreditado) se iba a convertir en un éxito mundial. Como no era cuestión de desaprovecharlo, la ya mítica pieza abriría el que sería el nuevo disco de la banda, titulado “Magical Ring”. Participan en el disco, además de los miembros habituales de Clannad, James Delaney (teclados), Charlie Morgan (batería), Frank Ricotti (percusión), Alan Dunn (acordeón) y Ed Deane (guitarra eléctrica).

Clannad en una imagen de sus comienzos.

“Theme from Harry’s Game” – La estremecedora voz de Moya Brennan entona una melodía deliciosa sobre un suave fondo de teclados de tono relativamente oscuro. Instantes después, un coro absolutamente arrebatador, surgido del la duplicación de las voces en el estudio de grabación interpreta un corto estribillo. Los sintetizadores repiten la parte central de la pieza antes de que se repita de nuevo desde el comienzo. Podríamos afirmar, y no estaríamos muy equivocados, que toda la carrera de Enya se iba a basar en lo que hemos escuchado en estos dos minutos y medio que durante años sonaron justo antes de las palabras “saludos desde Diálogos 3” de Ramón Trecet al comienzo del programa. También lo hicieron al concluir todos y cada uno de los conciertos de U2 entre 1982 y 1987, demostrando la enorme capacidad de evocación de una pieza tan simple como maravillosa.



“Tower Hill” – El resto del disco tiene poco que ver con su comienzo pero encontramos muchas cosas de interés. Comienza con esta canción de Pol Brennan que pasaría por un tema pop más con ligeros arreglos celtas y en el que escuchamos de nuevo voces multiplicadas por la tecnología pero sin llegar, ni de lejos, a las cotas de calidad del tema precedente.

“Seachrán Charn tSiail” – Como casi todas las bandas de origen celta que surgieron en estos años, Clannad combinaba temas propios y tradicionales consiguiendo un equilibrio muy interesante en sus discos. Este es el primero de los que rescatan del acerbo cultural irlandés para el disco y lo hacen siguiendo los pasos de otras bandas legendarias de Irlanda como los Chieftains y, especialmente, The Bothy Band, aunque la parte instrumental no llega a desplegar la brillantez de sus predecesores de los setenta. No escuchamos veloces “reels” y jigas pero la factura de la interpretación es exquisita.

“Passing Time” – Firmada por Pol y Ciaran Brennan llega otra canción pop con la firma de la casa que, extrañamente, no fue extraída como single a pesar de ser, en nuestra opinión, mucho más indicada como tal que alguna de las piezas que gozaron de esa oportunidad.



“Coinleach Glas an Fhómhair” – Cuando en los inicios de Capercaillie se les comparaba con Clannad era principalmente por canciones como esta: una balada tradicional en cuya ejecución, la voz femenina es la protagonista absoluta. A pesar de unos correctos arreglos de guitarra y bajo, es evidente que Moya Brennan es el principal atractivo de una canción preciosa que quedó eclipsada por el tema inicial y que, quizá, habría merecido mejor suerte.

“I See Red” – El que fue segundo single del disco era una versión de un tema de Jim Rafferty escrito originalmente para Anni-Frid Lyngstad, vocalista de ABBA y publicado en su disco “Something’s Going On” con producción de Phil Collins. La canción, que en voz de Frida era una especie de “reggae” con toques de Alan Parsons, se transforma en la versión de Clannad en un tema pop aderezado con detalles celtas mucho más interesante, a nuestro juicio, que el original.


“Tá’Mé Mo Shuí” – Al igual que en el anterior tema tradicional, la voz de Moya Brennan cantando en gaélico es lo mejor de esta pieza interpretada con un escueto acompañamiento de guitarra. Si bien, es probable que no sea necesario nada más, los grupos que siguieron la estela de Clannad en los años posteriores y los propios Clannad en los siguiente discos dieron con la fórmula adecuada al acompañar éste tipo de canciones con arreglos más complejos que quizá a costa de desvirtuar las melodías originales, las hicieron más accesibles a un público más amplio.

“Newgrange” – El único tema compuesto al cien por cien por Cioran Brennan fue también el tercer single del disco. Se compone de dos partes bien diferenciadas: una en la que canta Moya acompañada de flautas, guitarra y percusiones y un profundo estribillo en forma de coro que interrumpe periódicamente el desarrollo de la canción. Continúan explorando en esa parte las posibilidades de la voz y su tratamiento en el estudio con gran acierto.

“The Fairy Queen” – En los primeros trabajos de la banda, el arpa era un instrumento fundamental aunque con el tiempo fue quedando relegado a piezas como esta; un delicioso instrumental en la tradición de Turlough O’Carolan interpretado por Moya Brennan con algún ocasional arreglo de flauta a cargo de Pol Brennan. Una preciosidad de esas en las que la tradición irlandesa es abundante.

“Thíos Fá’n Chósta” – Cierra el disco este corte en gaélico escrito por Pol y Cioran en compañía de su tío Padraig Duggan. La canción más “rockera” a su manera de todo el trabajo, con un piano marcando el ritmo continuamente, una batería discreta pero efectiva y algunos solos de guitarra eléctrica que marcan una clara diferencia con el resto del disco pero sin desentonar en modo alguno.

Con el paso del tiempo y por una suma de circunstancias, dejamos de escuchar Diálogos 3. Más tarde supimos que otra melodía había desbancado al tema del juego de Harry como sintonía principal del espacio pero no importaba. La bienvenida de Diálogos 3 siempre sería para nosotros la inmortal pieza de Clannad: probablemente la composición que más veces hemos escuchado a lo largo de nuestra vida.

El disco puede adquirirse en los siguientes enlaces:

amazon.es

play.com

Como despedida os dejamos con el grupo interpretando "Newgrange" en directo en 1997:


 

domingo, 5 de octubre de 2014

Carlo Muscat - The Sound Catalogues - Vol.1, Extraordinary Episodes (2014)



Uno de los grandes avances que ha supuesto la llegada de internet para los aficionados a la música es la posibilidad de conocer artistas que, de otro modo, con los antiguos medios de comunicación y distribución jamás habrían llegado a nuestros oídos. Veinte años atrás habría sido impensable para un saxofonista maltés poder llegar a los oídos de aficionados de todo el mundo salvo que la calidad de su música hubiera sido muy superior a la de sus colegas de las principales potencias en el negocio. Hoy, sin embargo, Carlo Muscat puede hacer llegar su música a cualquier persona interesada en cualquier parte del mundo con un par de clicks de ratón.

Muscat, como decimos, es un músico de jazz nacido en Malta aunque afincado actualmente en París, que lleva unos años detrás de un proyecto muy interesante que recientemente ha sido plasmado en un disco del que hablaremos hoy. La formación de Muscat es amplia e incluye una beca del prestigioso Berklee College of Music lo que es una tarjeta de presentación inmejorable. El concepto del disco implica realmente a artistas de distintas disciplinas, especialmente músicos y fotógrafos y consiste en realizar una serie de piezas inspiradas en determinados momentos históricos. En el aspecto musical, esto se vería reflejado en una serie de discos denominados “Sound Catalogues” de los que hoy tenemos aquí el primer volumen, subtitulado “Extraordinary Episodes”. La idea nació en 2012 en el Festival de Jazz de Malta cuando se formó el grupo de músicos que acompaña a Muscat en la grabación, un sexteto en el que se reúnen artistas de hasta cuatro nacionalidades, formado por el propio Carlo (saxofón), los malteses Sandro Zerafa (guitarra) y Joe Debono (piano), el italiano Daniele Raimondi (trompeta), el húngaro Mátyás Szandai (contrabajo) y el francés Lionel Boccara (batería). Todos ellos cuentan con una amplia carrera internacional a pesar de su juventud y operan principalmente en la animada escena jazzística parisina.

La idea es que cada uno de los “Sound Catalogues” esté inspirado en una serie de acontecimientos, personajes, épocas o movimientos artísticos que de un modo u otro hayan llamado la atención del artista. El primero de los volúmenes, está dedicado a seis sucesos extraordinarios. En palabras de Carlo, la idea surgió como parte de un ejercicio de búsqueda de inspiración durante el cual, el músico buceó en muchas lecturas centradas en los acontecimientos que le habían marcado, especialmente en relatos de testigos directos. La selección final quedó en los citados seis momentos que pasarían a formar parte del disco tras haberlo hecho de una serie de conciertos que culminaron tiempo atrás en una exposición fotográfica.

Carlo Muscat

“Fatman & Little Boy” – El título del tema alude a los nombres de las dos bombas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945. El piano es quien abre la pieza acompañado de una suave batería pero el peso melódico lo llevan trompeta y saxo, al unísono primero y por separado después. La música de Muscat tiene todo el sabor del jazz clásico y tanto él como el resto de intérpretes rayan a un nivel altísimo. Escuchamos algún fraseo realmente bueno por parte del propio Carlo y una excepcional parte de piano situada entre las dos intervenciones principales de Muscat que nos revelan que estamos ante un grupo de músicos realmente dotado.

“(intro to) Dust Bowl” – Tanto la introducción como el tema en sí están dedicados a la gran sequía que asoló norteamericana entre 1932 y 1939, acentuando los efectos de la Gran Depresión. Esta breve pieza consiste en un sólo de saxo, muy melancólico, acompañado de forma sutil por el piano.

“Dust Bowl” – Contrastando con la introducción, el tema central es una animadísima pieza de jazz en la que escuchamos la intervención más notable del disco de Sandro Zerafa a la guitarra. Si hay una virtud que tenemos que destacar en todo el disco es la capacidad de Muscat para transportarnos a una época que parecía lejana en el mundo del jazz recuperando el sonido de los clásicos con un ligero, casi imperceptible, toque contemporaneo. La sección rítmica imparte toda una lección de saber hacer desde el primer momento de la pieza terminando por convertirse en la protagonista de la misma, especialmente en la segunda mitad. Excepcionales el contrabajista Mátyás Szandai y el batería Lionel Boccara.

“To the Last Man” – El siguiente episodio del disco es la conocida como Masacre de Nankín, en la que el ejercito japonés asesinó a entre 100.000 y 250.000 personas según las diferentes versiones durante su ocupación de China a finales de 1937. En las seis semanas que se estima que duró, se cometieron todo tipo de atrocidades contra la población civil, especialmente contra mujeres y niños. A pesar de que la música vuelve a sonar con registros melancólicos hay un cierto poso de esperanza en el desarrollo de la pieza.

“Wilbur’s Rise” – La siguiente parada en este repaso de hechos históricos se produce en los inicios de la aviación con los ensayos de los hermanos Wright, particularmente de Wilbur a quien está dedicada la pieza. La melodía principal nos recuerda mucho a un estándar cuyo título no conseguimos recordar pero en cualquier caso es otra excelente muestra de jazz de calidad en la que tenemos que destacar un impresionante solo de trompeta a cargo de Daniele Raimondi..

“Another Sun” – Continuamos viaje desplazándonos, nada menos que hasta uno de los sucesos más enigmáticos y controvertidos del pasado siglo: la explosión de Tunguska, Siberia, en 1908, de una potencia estimada en 1.000 veces más que la bomba de Hiroshima. Se trata de nuestra pieza favorita de todo el trabajo y está marcada por un ritmo constante de guitarra que recorre toda la pieza tras el solo de contrabajo con el que comienza. Sobre ese ritmo continuo en el que el propio contrabajo tiene también un papel fundamental, escuchamos una breve melodía que se nos antoja muy del estilo de Coltrane y que compone el núcleo de la composición. Al margen de Muscat al saxo, la trompeta de Raimondi nos ofrece por su parte grandes momentos lo que habla, una vez más, de la excelencia del grupo que ha reunido el saxofonista a su alrededor para este trabajo.



“Lt. Onoda” – Como cierre, Muscat se fija en la pintoresca y a la vez trágica historia del Teniente Onoda, oficial del ejército japonés que siguió luchando la II Guerra Mundial escondido en los bosques de Filipinas hasta 1974. Él y otros dos compañeros nunca dieron crédito a los avisos que fueron arrojados en los años 40 sobre dichos bosques anunciando la rendición de Japón por creerlos una trampa del enemigo. En esta situación se encontraron muchos otros soldados pero ninguno de ellos la prolongó tanto como Onoda, quien sólo se entregó tras recibir la orden de un antiguo superior suyo, retirado tiempo atrás y que regentaba un pequeño negocio desde el final del conflicto (en realidad, Onoda fue el penúltimo en rendirse puesto que hubo otro caso semanas más tarde pero el suyo es, quizá, el más famoso de todos). Quizá por la cercanía del hecho histórico en sí, es esta la pieza del disco con un aroma más contemporáneo, sin llegar a alejarse nunca del jazz más ortodoxo.



Es una sorpresa muy agradable comprobar cómo existen hoy en día músicos como Carlo Muscat que hacen un jazz como éste, respetando las esencias de los años que hicieron grande este género. En una época en la que los artistas parecen competir por ver quién llega más lejos y quién realiza la extravagancia más grande, encontramos tipos como este, respetuosos hasta el extremo con una música muy grande y convencidos de que aún hay mucho que decir con el lenguaje de sus mayores. Si todo esto sorprende, lo hace más sabiendo que Muscat apenas tiene 26 años. En el blog solemos valorar todo lo contrario, a artistas inconformistas que, en un momento determinado, rompen con todo lo anterior y buscan nuevos lenguajes pero eso no quiere decir que no nos fijemos en otros músicos que se dedican a algo tan difícil como es hacer las cosas de siempre pero hacerlas extremadamente bien. Muscat es uno de estos músicos.

Además de esto y como corresponde a su edad, nuestro músico es muy activo en las redes sociales y es a través de ellas como hemos llegado a saber de su disco, que está disponible, al menos por el momento, para su escucha completa en soundcloud. Por ahora no parece estar disponible en formato físico aunque en la web de cdbaby.com lo venden como CD-R.

Es el propio Muscat quien explica mejor de lo que nosotros lo podamos hacer su proyecto "The Sound Catalogues" en el siguiente video:

miércoles, 1 de octubre de 2014

U2 - The Joshua Tree (1987)



Algo más de 25 años después de la publicación de este disco, U2 son un grupo legendario que ha conseguido algo que sólo está al alcance de los muy grandes: decenas de grupos de éxito que suenan en las radios de todo el mundo en los últimos años suenan a U2. Forman ya parte de una dinastía del rock en la que sólo se encuentran nombres como los de los Rolling Stones, los Beatles, Pink Floyd, Led Zeppelin, Deep Purple, Queen, The Who, The Doors y pocas bandas más de gran calibre. Meses antes, sin embargo, esto no era así.

A pesar de haber publicado ya un puñado de trabajos interesantes con varios éxitos internacionales, la banda se encontraba en una especie de crisis de identidad. Sus giras por los Estados Unidos y los contactos con otros músicos de renombre habían hecho que apareciesen las dudas. En conversaciones con miembros de los Rolling Stones o con Bob Dylan, por ejemplo, éstos hablaban de las raíces de su música y de cómo era muy útil tenerlas presentes en los momentos de duda. Keith Richards hablaba del blues, Dylan del folk americano... y ¿a dónde podían remitirse los miembros de U2 en busca de inspiración? Los orígenes musicales de la banda estaban en el punk, algo que mediados ya los ochenta, no parecía una referencia demasiado prometedora. Esta especie de complejo de inferioridad frente a otros artistas “con raíces” hizo que Bono y compañía hicieran caso del consejo de Bob Dylan y buscasen sus raíces musicales en la tradición irlandesa y en el folk americano.

A decir verdad, ya con su anterior trabajo parecía que U2 buscaba un giro en su sonido, una evolución hacia algo diferente a lo que habían hecho en sus primeros tiempos. Si en aquel entonces optaron por buscar dos productores como Brian Eno y Daniel Lanois, sería lógico pensar que en su búsqueda de las raíces, en un cambio de sonido tan consciente como el que querían llevar a cabo con “The Joshua Tree”, seguirían probando con nuevos colaboradores que les ayudasen a conseguirlo. La apuesta, sorprendentemente, fue la contraria, es decir: repetir con Eno y Lanois. Intencionadamente o no, lo cierto es que esa decisión fue un acierto de esos que puede convertir una carrera simplemente interesante en otra gloriosa. A los productores se sumó como ingeniero de sonido Mark Ellis, más conocido como “Flood”, con una carrera interesante hasta ese momento colaborando con grupos de pop electrónico pero también con Nick Cave, trabajos estos últimos que llamaron la atención de la banda animándoles a contar con él en el nuevo disco.

Entre giras, grandes festivales y trabajo en el estudio, entre “The Unforgettable Fire” y “The Joshua Tree” transcurrieron nada menos que tres años, todo un mundo en el ambiente del rock y el pop pero la espera mereció la pena ya que el regreso de U2 fue por todo lo alto. Los textos, obra todos ellos de Bono, exploran la dualidad de sus sentimientos hacia los Estados Unidos. Por una parte, el rechazo a sus políticas en Latinoamérica (estamos en plena era Reagan) y por otra la admiración hacia sus paisajes (especialmente los espacios abiertos y los grandes desiertos) y los ideales que alumbraron su nacimiento como nación. Intervienen en el disco, al margen de la formación habitual de la banda, es decir: Bono (voz, guitarra, armónica), The Edge (guitarras, piano, voces), Adam Clayton (bajo) y Larry Mullen jr. (batería), Brian Eno (teclados y coros) y Daniel Lanois (percusiones, teclados, coros y guitarras).

Una de las varias imágenes icónicas del libreto del disco.


“Where the Streets Have No Name” – Un rumor electrónico sirve como introducción a unos acordes de órgano que no sino el comienzo de uno de los himnos más conocidos de la historia del rock en las últimas décadas. La guitarra de The Edge comienza a sonar, inconfundible, formando junto con batería y bajo una sección rítmica difícil de olvidar. Para cuando Bono comienza a cantar el oyente ya está hechizado sin remedio y no tiene más remedio que disfrutar hasta el final de una de las grandes canciones que nos ha dado la música moderna.



“I Still Haven’t Found What I’m Looking For” – Dudamos que haya muchos discos que comiencen con la brillantez de “The Joshua Tree” y es que la fantástica canción inicial enlaza con otra no menos magnífica y que ostenta, como aquella, la categoría de himno. De nuevo esas guitarras envolventes que fueron santo y seña del sonido de U2 en los años de su colaboración con el tándem Eno – Lanois suenan a lo largo de todo el corte, una balada épica llena de magia.

“With or Without You” – Como reza el tópico, no hay dos sin tres y el disco culmina un comienzo de leyenda con el tercer puñetazo directo al plexo solar. Un suave ritmo de batería convenientemente apoyado por el bajo sirve de pie para la guitarra “infinita” de The Edge que aprovecha ese invento tan del gusto de Daniel Lanois, por otra parte. Este hallazgo sonoro tan simple en apariencia sería el equivalente para los ochenta del “riff” que Robert Fripp creó para ese otro clásico que fue “Heroes” de David Bowie y la propia canción está a una altura similar salvando las distancias temporales. Evidentemente, los tres primeros cortes del disco fueron “single” alcanzando un éxito mundial y elevando al disco a la categoría de clásico desde su publicación.
     


“Bullet the Blue Sky” – El único problema que tiene un comienzo tan arrollador como el de “The Joshua Tree” es que, inevitablemente, el oyente tiene la sensación de que el nivel baja en lo que resta de disco. Ciertamente es así pero eso no quiere decir que lo que falta sea desechable. Comenzamos este tramo con una potente canción marcada por un oscuro fondo de bajo, deudor, quizá, del sonido de bandas como Joy Division. Bono combina la narración más o menos convencional con arrebatos de rabia muy acordes con el tono general del tema. Las guitarras incorporan un punto de acidez que no habían mostrado hasta ahora mostrando una variedad de recursos admirable en una banda de estas características.

“Running to Stand Still” – La exploración en músicas como el blues da sus frutos en los primeros instantes de esta suave balada en la que el piano hace acto de presencia por primera vez en el disco con un sonido ligeramente distorsionado que contribuye a reforzar esa idea de búsqueda de una tímbrica más desnuda, más auténtica, algo ciertamente tramposo puesto que el disco tiene un importantísimo trabajo en estudio que es de todo menos espontáneo.

“Red Hill Mining Town” – Otra muestra de ese rebuscar en las raíces que guía el espíritu de todo el disco la tenemos en esta canción en la que podemos escuchar, desde un cierto aire folk (no sólo americano sino también irlandés) mezclado con aires gospel. En cualquier otro disco de la banda, esta habría sido una de las canciones más destacadas pero en este queda relegada a un segundo plano. Hay varias canciones en discos posteriores que alcanzaron un gran éxito partiendo de premisas similares y que son inferiores a esta, en nuestra opinión.

“In God’s Country” – Volvemos con las guitarras envolventes y el bajo “à la Joy Division” omnipresente. La facilidad para construir buenos estribillos de la banda tiene aquí otro ejemplo en una canción potente que, sin ser de las imprescindibles, nos parece muy notable.

“Trip Through Your Wires” – Algo más forzado nos parece este blues con aires country (o irlandeses, que al fin y al cabo es el orígen de aquella música). A estas alturas el disco ya ha perdido mucho fuelle pero aún quedan algunas oportunidades para remontar el vuelo como veremos.

“One Tree Hill” – Vuelve el grupo a las esencias de los primeros cortes del álbum aunque sin llegar a los niveles de excelencia de aquellos. La canción está basada en unos pocos elementos muy simples, especialmente en las partes de guitarra pero sin demasiadas florituras se pueden construir canciones notables como en este caso.

“Exit” – Los primeros momentos del tema sólo nos muestran un lejano bajo pulsando una serie de notas mientras Bono canta en un segundo plano que poco a poco se va haciendo más presente hasta ocupar toda nuestra atención de la mano de las guitarras mas combativas de todo el disco. Quizá sea el tema más arriesgado del disco por lo que se aleja del resto y, desde luego, nos parece uno de los más interesantes.

“Mothers of the Dissapeared” – Como cierre, la banda nos deja un himno reivindicativo con origen en el contacto de Bono con las Madres de la Plaza de Mayo y grupos similares centroamericanos, afectados todos por el apoyo a las dictaduras en aquellas regiones de la administración norteamericana. La canción, como no podía ser de otra manera, es emocionante y contiene un cierto poso esperanzado.


Cuando hoy en día tantas bandas suenan como imitaciones de U2 es porque algo hicieron bien Bono y compañía en su momento. A la hora de hablar de la banda irlandesa en el blog, habíamos pensado hacerlo con un trabajo más afín a los estilos que por aquí tratamos como sería “Zooropa” pero “The Joshua Tree” es tan grande que creímos necesario empezar por él quedando el resto, quizá, para el futuro. Aquellos interesados en adquirir el trabajo, lo tienen a su disposición en los enlaces siguientes:

amazon.es

play.com

Nos despedimos con una versión en directo de "I'm Still Haven't Found What I'm Looking For":

 
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