miércoles, 6 de julio de 2011

Pink Floyd - Meddle (1971)




Hace muy pocas fechas, este mismo trabajo del que hablamos hoy ha sido glosado con brillantez en el blog amigo "otras musicas, otros mundos" en un artículo que no podemos dejar de recomendar desde aquí (leer).

No obstante, y como esta entrada estaba programada tiempo atrás, dejaremos nuestras modestas impresiones sobre un trabajo siempre interesante de una banda fundamental. Probablemente, el de "Meddle" fue el parto más complejo de entre todas las obras de Pink Floyd. Esta vez no había material compuesto previamente, ni canciones probadas en las giras de la banda ni siquiera una idea general alrededor de la que Waters construyera el esqueleto del disco. Los músicos se presentaron en los estudios partiendo de cero, lo que llevó a larguísimas sesiones infructuosas y una gran cantidad de tiempo invertido sin resultados útiles. Se cuenta que hubo sesiones que empezaron por la tarde y no terminaban hasta bien entrada la mañana siguiente. Que se podían pasar horas dandole vueltas a un riff de guitarra o tratando de reproducir algún sonido aparecido casualmente en alguna demo sin éxito. A este respecto, existe una anécdota: a cualquier melómano le resulta familiar el pulso, como de sónar de película de submarinos, que se repite en la introducción de "Echoes". Al parecer, procedía de una nota de piano tocada por Rick Wright que se coló en una de las demos recogida por un micro abierto y reproducida por un altavoz lejano del estudio. La banda invirtió horas y horas de estudio tratando de recrear ese sonido exacto para la grabación final sin éxito, por lo que decidieron utilizar el procedente de la demo.

Incluso se llegó a hacer algún experimento descabellado, como encerrar a cada miembro de la banda en una habitación distinta para que interpretasen lo que se les ocurriera, con algunas ligeras indicaciones como la duración de la pieza, el tono general de la misma, los momentos en que debía haber algún cambio de ritmo, etc. La idea era juntar los resultados de cada uno y ver qué salia de ellos una vez juntos. Como era de esperar, la idea no dio ningún resultado aprovechable. Con estas premisas, los frutos de las sesiones de grabación no podían ser otros que un disco irregular y lleno de excentricidades como el dueto con perro (sic) que es el tema "Seamus" y otras cosas aparentemente fuera de lugar como la inclusión de una grabación de la grada del estadio Anfield Road, en la que la afición local corea el mítico "You'll Never Walk Alone" para apoyar al Liverpool FC. Sin embargo, también nos quedan un par de buenas canciones como son la que abre el disco, "One of These Days" y la que cierra el trabajo, "Echoes". Algunos pensareis: "¿sólo dos canciones? parece poca cosa". Puede aparentarlo, ciertamente, pero sería conveniente mencionar que la citada "Echoes" ocupa en realidad toda la segunda cara del disco con sus más de 20 minutos de duración.

No estamos ante el disco más popular de Pink Floyd, sin lugar a dudas, pero no es menos ciertos que temas como "Echoes" incluyen ya toda la esencia del "sonido Pink Floyd", que aspectos importantes de la entidad del grupo como la guitarra de Gilmour, comienzan a brillar con luz propia en este disco y que, como suele afirmarse por parte de la crítica, "Meddle" es el primer paso importante de la banda de rock psicodélico llamada Pink Floyd hacia el gigante del rock progresivo que hoy conocemos con ese mismo nombre.

La formación de la banda era la clásica compuesta por Roger Waters (bajo y voces), David Gilmour (guitarra y voces), Nick Mason (batería) y Richard Wright (teclados y voces).

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Un fragmento del disco: "One of These Days":

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