martes, 31 de octubre de 2023

Miroslav Vitous & Jan Garbarek - Atmos (1993)



Tenemos la sensación de que un músico como el checo Miroslav Vitous no es tan conocido como debería ya que estamos ante un contrabajista que ha tocado con las mayores figuras del jazz y del jazz-fusión e incluso ha sido miembro fundador de una banda tan influyente como Weather Report. Miroslav empezó a llamar la atención desde niño y, todavía en su Checoslovaquia natal, ya compartió grupo con una futura estrella como Jan Hammer pero fue en Estados Unidos, adonde se trasladó para completar su formación en Berklee, donde empezaría a codearse con los mejores. Allí tocó con Cannonball Adderley, Fred Hubbard o Miles Davis consiguiendo hacerse un nombre al máximo nivel. De otra forma no se entendería que en su primer disco como solista participasen Joel Henderson, Herbie Hancock, Jack Dejohnnette y John McLaughlin. Una formación de ensueño. Tras una interesante etapa en Weather Report, abandonó la banda por diferencias creativas con Joe Zawinul (según el teclista, Vitous era un gran contrabajista pero no para tocar funk, algo necesario para la evolución que estaba teniendo la banda).


A partir de aquel momento, Vitous se tomó su carrera de forma más relajada, alejándose un tiempo de la música y tocando solo como invitado en discos de otros y esto fue así hasta que en 1978 formó un trío con Terje Rypdal y Jack Dejohnnette que le llevaría a firmar con el sello ECM entrando en su etapa más popular o, al menos, en la que nos hizo conocerle. El disco que queremos comentar hoy no es de esa etapa inicial sino bastante posterior y cuenta con la colaboración de nuestro admirado Jan Garbarek como artista invitado y co-autor de un par de temas. “Atmos” se publicó en 1993 y recoge una serie de dúos contrabajo/saxofón en los que podemos disfrutar de lo mejor de ambos artistas en un formato no demasiado explorado en el jazz pero en el que hay algunos discos notables.



“Pegasos” - El primer tema está lleno de misterio. Garbarek toca una melodía muy sencilla con Vitous rasgando las cuerdas del contrabajo como si fuera una guitarra. Luego éste se queda solo un instante antes de la segunda intervención del saxofonista. En determinados momentos, Vitous no se limita a pulsar las cuerdas sino que percute sobre la propia caja del instrumento, todo ello en tiempo real como deja bien claro en las notas del disco, resaltando que no hay post-producción de ningún tipo. Hay varios temas dentro de esta composición, marcados cada uno de ellos por una melodía diferente de saxo lo que termina por conformar una excelente introducción a un disco que, como todo lo que sale de ECM, requiere de una escucha atenta para no perder detalle.


“Goddess” - La siguiente parada tiene forma de diálogo en el que el contrabajo propone y el saxo responde intercalándose momentos de colaboración al unísono. Es fascinante la cantidad de sonidos diferentes que Vitous arranca de su instrumento haciendo que tan pronto estemos escuchando un contrabajo al uso como cambie a tesituras más propias de un bajo eléctrico sin trastes, por ejemplo. La “percusión” tiene aquí un gran protagonismo en la parte central, muy animada e ideal para el lucimiento de Garbarek.


“Forthcoming” - Vitous se encarga en solitario de toda la pieza combinando una interpretación “convencional” con el golpeo del instrumento. A priori, una pieza de contrabajo solo no resulta especialmente atractiva pero en esta ocasión esa afirmación no puede ser más gratuita. Vitous nos ofrece una composición intrigante y llena de tensión que merece la pena escuchar una y otra vez.


“Atmos” - Garbarek regresa para el tema que da título al disco y lo hace llevando todo el peso melódico, acaso para compensar su ausencia en la composición anterior. Su característico fraseo nos lleva por terrenos propios de discos como su “Twelve Moons”, que sería grabado poco después de éste.


“Time Out, Part I” - Llegamos a la única composición del disco que firman conjuntamente Vitous y Garbarek. En ella, aparte del saxo y el contrabajo, escuchamos sonidos orquestales procedentes de la “Miroslav Vitous Symphony Orchestra Sound Library”. El tono general nos recuerda mucho al del “Sketches of Spain” de Miles Davis, con melodías que parece que van a romper en una saeta en cualquier momento y rasgueos aflamencados por parte de Vitous. Muy sorprendente en el mejor de los sentidos.


“Direvision” - Como pasaba en “Forthcoming”, asistimos aquí a otro tema interpretado en su totalidad por Vitous. Construido a partir de breves conjuntos de dos notas que van alternándose, el bajista va sumando diferentes improvisaciones a lo largo de toda la composición. Para escuchar con la luz apagada.


“Time Out, Part II” - Segunda parte de “Time Out”. El aire español de la primera está aquí mucho más difuminado aunque seguimos escuchando la “orquesta” virtual de Vitous subrayando determinados pasajes. Por momentos Garbarek se acerca al “free jazz” de Ornette Coleman pero sin llegar a la locura que suele proponer aquel.


“Helikon” - Continuando con la tenue atmósfera flamenca, los ambientes de esta pieza nos recuerdan al “Siesta” de Miles Davis y Marcus Miller. Es, de nuevo, una pieza en solitario de Vitous pero con algún acompañamiento electrónico de su librería sonora. Muy evocador y nostálgico.


“Hippukrene” - Garbarek se reincorpora para la despedida en uno de los cortes más directos del trabajo. Una melodía muy clara, de tintes cinematográficos que va evolucionando hacia sonidos más folclóricos, especialmente en la parte final en la que Vitous comienza a marcar los ritmos tanto con las cuerdas como con las percusiones. Hipnótico y muy cercano a lo que Garbarek hacía por entonces.



Hasta donde sabemos, el dúo Vitous / Garbarek no volvió a colaborar como tal y es una pena porque aquí funciona realmente bien. Existe un disco anterior (“StAR”) grabado solo unos meses antes como trío con el batería Peter Erskine y mucho más coral en cuanto a su autoría ya que todos los músicos aportan piezas propias (no olvidemos que este “Atmos” es, en esencia, un disco de Miroslav Vitous). También un disco bastante posterior en el que el contrabajista reune a Garbarek con Chick Corea, John McLaughliny Jack Dejohnnette para formar un quinteto de fantasía pero tampoco ahí disfrutamos de las sutilezas del engarce entre saxofón y contrabajo que se dan en este “Atmos”. Por las propias características de la música, no es un disco para escuchar todos los días pero sí para volver a él periódicamente y seguir descubriendo matices nuevos.

lunes, 23 de octubre de 2023

Brad Mehldau - Your Mother Should Know (2023)



Hay un tipo de discos que desde hace un tiempo proliferan en las estanterías de las pocas tiendas que aún quedan por ahí y que nos provocan un rechazo casi inmediato. Se trata de grabaciones con versiones de obras de artistas consagrados en estilos absolutamente ajenos al original. Aquí hay de todo. Desde versiones jazz de Mozart hasta revisiones en clave de swing de AC/DC o inenarrables adaptaciones chill-out de Radiohead. Dentro de esta categoría de lanzamientos, los Beatles tienen una verdadera colección de “tributos” de todo tipo: adaptaciones barrocas, , con ritmo de salsa, bossa nova, infantiles...


La cosa cambia, claro está, cuando el artista que realiza las versiones es alguien igualmente consagrado y mucho más aún si se trata de alguien en cuyo repertorio es habitual escuchar adaptaciones de lo más diverso de músicos de todos los géneros posibles. Pese a todo, la idea de escuchar un disco más de versiones de los Beatles no nos resultaba especialmente atractiva, ni siquiera cuando el encargado de hacerlo era nada menos que Brad Mehldau.




No es la primera vez que el pianista se acerca a la obra del cuarteto de Liverpool. Ya en su primer volumen de “The Art of the Trio”, casi su debut discográfico, Mehldau nos dejaba un exquisito “Blackbird” y en otros trabajos nos ha ofrecido interpretaciones de “Dear Prudence”, “Martha, My Dear” o “And I Love Her”. Es por ello que no sorprende del todo que en el momento en que Brad decide dedicar un disco (casi) en su integridad a material ajeno, la elección sean los Beatles aunque conociendo al pianista, seguro que Radiohead habrían sido unos buenos candidatos también. El disco se grabó en París en septiembre de 2020 en directo pero no fue hasta comienzos de este 2023 que apareció publicado. El repertorio no incluye ninguna de las canciones de los Beatles que el artista había grabado anteriormente y parece escoger de forma intencionada piezas que no están, en su mayoría, entre las más populares del cuarteto con lo que el programa termina siendo mucho más interesante.




Abre el disco “I Am the Walrus”, del “Magical Mystery Tour” (1967) que, en la versión de Mehldau suena tremendamente próxima al original en el inicio, con una particular alegría en el ritmo y énfasis en los pasajes más repetitivos. Es en las diferentes variaciones donde el pianista se suelta un poco y explora terrenos puramente jazzísticos con un final apoteósico. Sin solución de continuidad enlazamos con “Your Mother Should Know”, del mismo disco, que aquí suena con un aire ragtime como sacado de cualquier salón de juego. “I Saw Her Standing There”, del “Please, Please Me” (1963) es convertida por Brad en un divertido boogie sin más complicaciones. La segunda parte del disco comienza con “For No One”, del disco “Revolver” (1966) en la que tras apuntar el tema central, en pianista desarrolla una serie de improvisaciones a gran altura. “Baby's in Black”, sacada de “For Sale” (1964) es convertida por Mehldau en una suerte de himno gospel que funciona sorprendentemente bien. Es una de las piezas en las que el músico se recrea durante más tiempo exprimiendo todas las melodías de la canción original. “Revolver” es el disco más representado en un trabajo que continúa ahora con dos canciones de ese LP: “She Said She Said”, en cuya interpretación las armonías son las propias de Mehldau por lo que el seguidor habitual del pianista enseguida se sentirá familiarizado con el tema y “Here, There and Everywhere” que suena aquí como una lenta balada absolutamente deliciosa, con nuestro músico recreándose en cada pausa. Esto  nos lleva a la única pieza de las escogidas que no firman Lennon y McCartney (al margen de la sorpresa final de la que ya hablaremos cuando lleguemos allí): “If I Needed Someone”, compuesta por George Harrison para “Rubber Soul” (1965). Mehldau hace una versión misteriosa y repetitiva verdaderamente interesante tras la que llegamos al cierre del set con dos canciones de “Abbey Road” (1969). La primera es “Maxwell Silver Hammer” que pasa de ser una divertida composición en el original a una mezcla de blues y gospel aquí, ganando en seriedad con el cambio antes de llegar a “Golden Slumbers”, más jazzy en su tratamiento y que pone un bonito cierre al tramo de los Beatles, que no al disco ya que Mehldau decide que sea David Bowie el encargado de ello con su “Life on Mars?”, pieza de la que el pianista se declara enamorado desde la primera vez que la escuchó, especialmente gracias al trabajo al piano de Rick Wakeman. Quizá por eso, ésta es la composición del trabajo más cercana al original salvo en el espectacular final que se marca Mehldau para acabar en todo lo alto.




Nos encantan los Beatles y siempre hemos admirado a Brad Mehldau pero eso no es garantía de que la mezcla de los dos ingredientes funcione y ejemplos similares los hay a montones. Sin embargo este no es el caso y la música de los Beatles fluye con una naturalidad sorprendente a través de los dedos de Mehldau que insufla nuevos aires a melodías que, pese a no ser las más trilladas del repertorio del cuarteto de Liverpool, o quizá por eso mismo, suenan aquí exquisitamente frescas. Intuimos que es este un disco que tiene una recepción más natural por parte de los seguidores del pianista que por los fans de Lennon y McCartney pero, en todo caso, es un buen trabajo que cualquier melómano puede disfrutar sin esfuerzo.

miércoles, 11 de octubre de 2023

Mike Marshall & Darol Anger - Chiaroscuro (1985)



Uno de los sellos por los que siempre hemos sentido un gran cariño es Windham Hill. La discográfica fundada por el guitarrista William Ackerman fue sinónimo de calidad y buen gusto durante las décadas de los ochenta y noventa y eso se consiguió, entre otras cosas, porque la mayoría de los artistas se comportaban como una familia, colaborando unos con otros y participando sin problemas en los trabajos del resto cuando eran invitados. Muchas de esas asociaciones nacieron en el seno de Windham Hill aunque otras venían ya de antes.


Hoy vamos a hablar de un grupo paradigmático del sello y también de esta forma de funcionamiento que decimos aunque el disco que comentaremos no pertenece, al menos nominalmente, a ese grupo. Todo comienza muy lejos de la California de Ackerman: en París. Allí fue donde Darol Anger (violinista) y Barbara Higbie (pianista) se conocieron y empezaron a tocar juntos. A finales de los setenta, Anger publicaría su disco “Fiddlistics”, que hizo que Ackerman se fijase en él y le ofreciera firmar por su nuevo sello. En ese disco participaron otros músicos que tendrán su protagonismo en nuestra historia algo más tarde, como el mandolinista Mike Marshall o el contrabajista Todd Phillips. Anger y Higbie grabaron su primer disco como dúo para Windham Hill en 1982 y poco después ampliaron la banda a quinteto con las adiciones de Marshall y Phillips además del percusionista Andy Narell. Rebautizados como The Darol Anger / Barbaria Higbie Quintet, la banda tocó en el festival de Montreux y, a partir de ahí, adoptaron el nombre de la localidad suiza como identificativo de la formación aunque el disco surgido del concierto aparecía con el nombre de “The Montreux Band”. La primera grabación de estudio de Montreux como grupo aún iba a tardar un poco en llegar y seguramente hablaremos de ella en el blog más adelante porque ahora nos quedamos en 1985, año en el que aparece “Chiaroscuro”, segundo trabajo de Darol Anger con Mike Marshall (habían grabado otro antes fuera de Windham Hill) pero en el que participaban todos los miembros de Montreux. Aquí hacemos un pequeño inciso ya que, aunque solo hay dos discos publicados con el nombre de Montreux (más un recopilatorio), para mucha gente, tanto el inicial de Anger con Higbie como el directo en Suiza o este “Chiaroscuro” forman parte de la discografía de la banda.


Como decíamos hace un momento, la formación que iba a grabar “Chiaroscuro” estaba integrada por Darol Anger (violín, viola, violonchelo, mandolina y teclados) y Mike Marshall (guitarras, mandolinas, mandolonchelo, teclados y percusión) con la participación de Todd Phillips (contrabajo), Andy Narell (steel drums) y Barbara Higbie (sintetizadores). A ellos se une el extraordinario Michael Manring que más adelante sustituiría a Phillips en Montreux. El título se debe a la admiración de Anger y Marshall por Italia y, en particular, por el arte de ese país lo que se refleja en alguno de los nombres de las distintas piezas del trabajo.


“Dolphins” - Abre el disco una composición de Marshall introducida por una bonita melodía de mandolina con acompañamiento de guitarras. El violín de Anger entra después replicando el tema inicial y nos lleva a la parte central, reposada y con aires folk en la línea acústica de las producciones de la época. Nos gusta especialmente el dúo de violín y contrabajo que podemos escuchar en este segmento y que da paso a la conclusión en la que se recicla el tema central.




“Saurians' Farewell” - El siguiente corte está escrito a dúo por los dos firmantes del disco y es muy diferente, con un pulso muy vivo y protagonismo absoluto del bajo de Michael Manring. Es una pieza nerviosa, con ritmos funkies y fantásticos solos a cargo de Marshall, Anger y el propio Manring revelando una extraordinaria química entre ellos.


“Beneath the Surface” - La segunda pieza de Marshall parte de una preciosa melodía de aire oriental que aparece primero a la mandolina pero de la que enseguida se apropia el violín. Los sintetizadores y las percusiones se hacen notar en segundo plano hasta la entrada de Andy Narell aportando ese toque tan particular de los steel drums.


“Spring Gesture” - La primera composición en solitario de Anger es un espectáculo. Propulsada por las guitarras y un magnífico Manring, parece que en cualquier momento va a despegar en un estallido de bluegrass desenfrenado pero, en lugar de eso, nos ofrece una gran melodía de violín que va derivando en variaciones de corte jazzístico.




“Bach Prelude” - Una cosa que tenían en común muchos de los artistas de Windham Hill era su admiración por los compositores clásicos hasta el punto de que el propio sello editó varios recopilatorios temáticos dedicados a Bach, a los compositores impresionistas o a los románticos. En este trabajo escuchamos hasta dos adaptaciones del citado Bach a cargo del dúo. Esta es la primera de ellas.


“Piacenza” - Escuchamos ahora dos temas escritos por Anger y Marshall. El primero de ellos es una maravilla en la que mezclan el clásico sonido del grupo con ritmos mediterráneos que no terminamos de relacionar directamente con Italia pero en los que queda clara la intención de homenaje.


“Coming Back” - El segundo es bastante diferente y tiene más que ver con la música bluegrass y el jazz con algún toque psicodélico en forma de ecos y reverberación añadidos a la mandolina en momentos puntuales. Lo mejor, en todo caso, el violín de Anger y su mezcla con un Manring que comenzaba a demostrar por qué era el músico más solicitado por sus compañeros para acompañarles en sus grabaciones.




“Dardanelles” - La última pieza de Marshall para el disco es un tema lento que combina jazz con una leve influencia oriental en la primera parte con un final mucho más animado en el que aparecen hasta unas congas para aportar ritmo. No es nuestro favorito del disco pero tiene algún solo notable.


“Bach Bourée” - Volvemos a Bach con una de sus obras más famosas, extraida de sus “Suites Francesas”. Como ocurría en la anterior, el enfoque del grupo es sumamente respetuoso con el original salvando la dificultad de transcribir una pieza para clave a un conjunto de guitarras y mandolinas fundamentalmente.


“Beloved Infidel” - El cierre lo pone una larga pieza escrita por Darol Anger que es el encargado de dibujar los primeros compases con su violín para dar paso enseguida a las guitarras y mandolinas de Marshall. Entra entonces la melodía principal, una de las más reconocibles del disco, y a partir de ahí entramos en una sucesión de variaciones y solos a cargo de todos los miembros de la banda. Un buen cierre para un disco que hay que degustar con tiempo.


Darol Anger y Mike Marshall contribuyeron como pocos a dar forma al sonido de Windham Hill como sello. Ambos participaron en montones de grabaciones de otros artistas de la discográfica (especialmente Anger que grabó para William Ackerman, Alex de Grassi o Philip Aaberg) además de impregnarlo todo con Montreux primero y con sus respectivos grupos algo después ya que ambos montaron sus propias formaciones tras la disolución de la banda: Marshall, el Modern Mandolin Quartet, más centrado en versiones clásicas, y Anger el Turtle Island String Quartet. En todo caso, ambos músicos en todas sus combinaciones han participado en discos que ayudaron a definir la música de toda una época y es que en los ochenta y noventa, la música “new age” (a la que se les asigna, más por su pertenencia a Windham Hill que por otra cosa) en su vertiente acústica gozó de una popularidad que es difícil de entender hoy en día si no se ha vivido aquella época. Tanto si es por nostalgia como por deseo de conocer una música que no escuchásteis en su día, es buen momento para darle una oportunidad a este “Chiaroscuro”.