viernes, 28 de febrero de 2025

Ollivier Leroy & Jean Philippe Goude - Contréo (2010)



En todo este tiempo hemos tenido en el blog artistas con trayectorias de todo tipo pero pocas tan curiosas como la de Ollivier Leroy. Se trata de un pianista y compositor bretón que añade a estas características una extraordinaria voz de contratenor. Hasta aquí, nada parece especialmente sorprendente pero esto cambia cuando descubrimos que es un músico fascinado (diríamos que hasta obsesionado) con la música india. No solo con su vertiente clásica, como ocurrió con otros compositores como el propio Philip Glass sino con su variante más popular, especialmente con las canciones que adornan las producciones cinematográficas de “Bollywood”. Tanto es así que desarrolló varios proyectos dentro de ese estilo como Pandip, Shafali, o el más popular de todos: Olli & the Bollywood Orchestra. En todos ellos colaboró con un gran número de músicos indios e incluso se desplazó para grabar a Calcuta. Sin embargo, esto no significa que Leroy olvidase su formación clásica ya que a menudo ha combinado elementos de ambos mundos en su música. Hoy no vamos a hablar de su querencia por la música India sino de la colaboración que publicó en 2010 con uno de nuestros artistas favoritos: el compositor y multi-instrumentista Jean Philippe Goude. Coinciden así el interés de Leroy en la música contemporánea más próxima al minimalismo y al pop con el de Goude en el registro vocal de contratenor, que ha seguido explorando desde entonces.


Ambos artistas trabajaron sobre un conjunto de canciones escritas por Leroy en 2008 y 2009 a las que Goude aportó la instrumentación y los arreglos con la ayuda de su “ensemble” que son también los que participan en la grabación dando así forma a “Contreo”, título del disco y seguramente nombre también del proyecto ya que es el único que figura en la portada del álbum.




“Oh I Wish” - El inicio del disco es más electrónico de lo habitual en la música de Goude pero enseguida aparece su “ensemble” para contradecir esa idea casi al mismo tiempo que escuchamos la voz de Leroy acompañada del piano. En todo caso, los ritmos sintéticos están presentes y juguetean con las cuerdas y las maderas en una combinación a la que los seguidores de Goude estamos acostumbrados.


“The Departing Train” - El siguiente corte aparece dominado por las cuerdas que, por un lado, marcan el ritmo, y por otro dibujan las primeras melodías acompañadas de ritmos mecánicos, como de reloj antiguo. Con ese fondo va desarrollando su parte Leroy mientras empieza a crecer en segundo plano un ritmo irregular y complejo que podría haber firmado al mismísimo Richard D. James. Una combinación de minimalismo, drum and bass y aires barrocos que funciona maravillosamente bien.


“Sweeter than Roses” - Sobre un texto del geógrafo griego del S.II, Pausanias, el dúo desarrolla una pieza encantadora con el sabor de las producciones habituales de Goude. Una música de cámara muy cuidada con el peso repartido esta vez entre el piano y las cuerdas reservando las maderas para la parte melódica del final en un estilo muy próximo al de Wim Mertens.


“Wither's Rocking Hymn” - Escuchamos ahora una pieza del compositor británico Ray Vaughan Williams, única obra del disco no escrita por ninguno de sus dos protagonistas. Es una balada que en el arreglo de Goude tiene un cierto toque cinematográfico.


“My Friend” - El siguiente corte contrasta mucho con el resto del disco ya que es una canción en la que Leroy se acompaña de una guitarra acústica para cantar un tema que podría pasar perfectamente por una canción de Nirvana o cualquier otro grupo en esa misma línea. Ya en la segunda mitad de la pieza aparece el grupo de Goude pero sin interferir demasiado en el conjunto. En todo caso, es una gran canción.


“The Light of Heaven” - Un piano minimalista nos recibe en esta preciosa balada en la que escuchamos juegos vocales que no habían aparecido antes, con la particular voz de Leroy desdoblándose en diferentes pistas para dialogar consigo misma. Poco a poco se van deslizando sutiles ritmos electrónicos que explotan ya en el tramo final en un inesperado giro de guión que nos encanta.


“Someone” - Maravillosa miniatura juguetona y muy melódica la que escuchamos aquí en la que tenemos toques minimalistas e incluso impresionistas, muy en la línea de nuestros trabajos favoritos de Roger Eno, por poner un ejemplo. 


“Far” - Regresamos a las bases electrónicas en un formato de canción más cercano al pop. No está mal pero el dúo pierde aquí buena parte de la personalidad que adornaba el resto de temas del disco. De lo más prescindible del trabajo, sin duda.


“I'm on the Road” - Para el cierre del disco, Leroy y Goude vuelven a la esencia del mismo con un enfoque neoclásico y todo el protagonismo para la voz y el grupo. Es un tiempo medio de tono profundo en muchos momentos en el que hay influencias románticas que se deslizan entre los tonos minimalistas que abundan en el disco. Con el tiempo se ha convertido en una de nuestras piezas favoritas de la obra.



En los últimos años, Leroy se ha dedicado a poner nueva música a diferentes cortometrajes de animación de todas las épocas dotándolos de una banda sonora que no tenían en su origen o sustituyéndola por sus creaciones, no tan centradas ya en la música india. En su mayor parte lo hace en colaboración con el percusionista Pierre-Yves Prothais con quien realiza giras habitualmente. Goude, por su parte, sigue con su escaso ritmo de publicación de nuevos trabajos aunque en 2023 apareció su primer disco en muchos años. No hemos tenido ocasión de escucharlo aún pero estamos seguros de que terminará apareciendo por aquí.



sábado, 22 de febrero de 2025

Apocalyptica - Plays Metallica by Four Cellos (1996)


Aquellos que seguíamos diariamente el legendario programa de Radio3, “Diálogos 3”, en la segunda mitad de los años noventa nos familiarizamos con un nombre: la Academia Sibelius, de Helsinki. Ramón Trecet empezó a hablar de ella cuando nos presentó a Pirnales y, sobre todo, a Niekku, un grupo de folk finlandés formado en la Academia. Estamos hablando de una institución musical del mayor nivel de la que han salido algunos de los músicos más importantes en todos los ámbitos de las últimas décadas. Allí estudiaron los compositores Einojuhani Rautavaara o Aulis Sallinen, directores de orquesta como Paavo Berglund o Esa-Pekka Salonen pero también músicos de estilos alejados de la música clásica o del folk como el guitarrista de la banda de heavy metal Stratovarius, Matias Kupiainen, el bajista de la banda de rock gótico HIM, Mikko Paananen o la vocalista de Nightwish, Tarja Turunen.


También de la Academia Sibelius salió una banda con una propuesta verdaderamente original. La formaron cuatro violonchelistas con un interés común en la música de Metallica, quizá la formación más popular en el heavy metal de los ochenta y noventa. Eicca Toppinen, Paavo Lötjönen, Max Lilja y Antero Manninen fundaron Apocalyptica como una banda-tributo a Metallica con la que daban conciertos con un reconocimiento creciente aunque sin aspiración, al menos en un principio, de grabar discos y hacer una carrera importante como grupo. “Nos encantaba Metallica y solo queríamos interpretar su música con los instrumentos que sabíamos tocar que eran violonchelos. Tocábamos en un club de heavy metal en Helsinki cuando un tipo se nos acercó y nos preguntó si queríamos grabar un disco. Nos tomamos la propuesta a broma pensando ¿Quién querría escuchar esto en disco?. Bien. Cinco meses después del lanzamiento del disco, estábamos haciendo de teloneros de los mismísimos Metallica. Aún me parece increíble”. Así es como cuenta la historia Eicca Toppinen en la web de la banda.


Ese primer disco es el que vamos a comentar hoy y llevaba el descriptivo título de “Apocalyptica plays Metallica by Four Cellos”. El contenido era exáctamente eso: versiones de varios éxitos de la banda norteamericana con arreglos para violonchelo (con algo de ayuda de la electricidad) en los que encontramos una nueva visión, en algunos casos muy sorprendente, de la música de Metallica.




Abría el disco “Enter Sandman” del disco conocido como “Black Album” de la banda publicado en 1991. Es un arreglo muy rítmico que destaca en la segunda mitad la parte melódica de la pieza con gran virtuosismo por parte del solista. Sigue con el clásico “Master of Puppets” del disco homónimo de 1986 con el cuarteto lanzado a toda velocidad a través de los cambios de ritmo y las intrincadas melodías de una canción poderosísima que no pierde un ápice de energía en su traducción a instrumentos clásicos. El siguiente tema es uno de nuestros favoritos: “Harvester of Sorrow” del disco de 1988 “...and Justice for All”. El ritmo cadencioso de la introducción ejecutado por varios cellos a la vez es hipnótico y los arreglos muy conseguidos explorando todas las posibilidades del violonchelo, incluso como instrumento de percusión. La primera parte del disco la cierra “The Unforgiven”, del “Black Album” y lo hace de forma maravillosa. Es una excelente balada que en los arreglos de Apocalyptica se convierte en una auténtica preciosidad llena de delicadeza en su primera parte pero con mucho filo en la segunda, llena de momentos virtuosos. Si no es la mejor pieza del disco, puede entrar en discusión con cualquier otra. Seguimos con el mismo trabajo para escuchar “Sad But True”, otra descarga de energía que comienza con un tiempo medio muy marcado en el que podemos disfrutar de un excelente solo en el tramo final. El tema más antiguo de la colección es “Creeping Death” del disco de 1984 “Ride the Lightning” que suena fantástico en la versión de Apocalyptica, especialmente en alguno de los solos en los que se recrean con especial acierto. El último corte rescatado del “Black Album” es “Wherever I May Roam”, una pieza oscura que se adapta perfectamente a la tesitura de los violonchelos alcanzando momentos realmente opresivos antes de cerrar el trabajo volviendo al “Master of Puppets” con el tema “Welcome Home (Sanitarium)”, una pieza llena de dramatismo en el original, algo que los miembros de  Apocalyptica consiguen replicar aquí con gran acierto con un final apoteósico.




Una vez superada la sorpresa inicial de la propuesta de escuchar temas de heavy metal adaptados para una formación más propia de la música clásica, resulta que el resultado es menos descabellado de lo que podríamos pensar en un principio. De hecho, entre los músicos de metal suele haber un mayor número de formados en conservatorios que en otros géneros del rock y las estructuras y esquemas de muchos temas del heavy tienen abundantes influencias de la música clásica, especialmente del periodo barroco. Quizá por ello la apuesta de Apocalyptica funcionó tan bien llegando con su disco de debut a ser conocidos en todo el mundo. Disco este que acabamos de comentar que ha conocido varias reediciones a las que incluso se les ha añadido material adicional como un tema del LP de debut de Metallica que no estuvo representado en el disco original. Recientemente han lanzado una segunda parte con nuevas versiones de la banda norteamericana pero que no respeta estrictamente el espíritu del trabajo que hemos comentado hoy al contar con algunos instrumentistas invitados en varios temas, incluyendo miembros de Metallica.


Los siguiente discos de Apocalyptica mostraron el deseo de la banda de no quedarse estancados en el mismo formato. En su segundo trabajo ampliaron el repertorio sumando a las canciones de Metallica otras de bandas como Faith No More, Sepultura y Pantera además de incluir alguna composición propia. En discos sucesivos fueron incorporando cada vez más música original y más instrumentos convirtiéndose en una banda más cercana a la ortodoxia del género aunque manteniendo el violonchelo como instrumento central. Creemos que este trabajo puede gustar a un público muy amplio que va desde aficionados al heavy metal que no acostumbran a escuchar música clásica como el caso completamente opuesto. En todo caso estamos ante un disco original y sorprendente que nos llamó mucho la atención en su día y que, aún hoy, escuchamos con cierta frecuencia. Así se las gastan en directo:




miércoles, 12 de febrero de 2025

Laurie Anderson - Amelia (2024)



De pionera a pionera. Ese podría ser un titular fácil para hablar del último trabajo publicado hace unos pocos meses por Laurie Anderson, la polifacética artista que, de vez en cuando, graba algún disco para recordarnos que la música es la actividad por la que es más conocida. Realmente no hablamos de una obra nueva ya que sus primeras versiones datan de hace más de veinte años pero sí  que es la primera vez que decide grabarla. Hablamos del homenaje sonoro que, bajo el nada rebuscado título de “Amelia”, Laurie rinde a la aviadora Amelia Earhart. Estamos hablando de una mujer que rompió varias barreras en su época y que se convirtió en la primera en cruzar el Atlántico sin escalas entre muchos otros logros que la hicieron extraordinariamente popular y la convirtieron en un mito en la cultura estadounidense. También como icono feminista por su labor en favor de la presencia de la mujer como piloto y en muchos otros campos. Como dato significativo, no adoptó el apellido de su esposo tras casarse y, si en alguna ocasión se referían a ella como Mrs. Putnam ella empezaba a hablar de su marido como Mr. Earhart.




El mito de Amelia se agigantó hasta el nivel de leyenda con su último vuelo, en 1937, en el que pretendía convertirse en la primera mujer en circunnavegar el globo desapareciendo para siempre en algún lugar indeterminado del Océano Pacífico. Pese a todas las teorías sobre su posible destino final, lo cierto es que no hay ninguna prueba definitiva ya que nunca se encontró ningún resto del avión o de sus tripulantes.




Es precisamente en esta última travesía donde nace la inspiración de Laurie Anderson para narrar la historia de Earhart basándose en las crónicas de la última aventura y también en los diarios de vuelo de la aviadora. Si en su aclamado “Landfall”, Laurie se acompañaba de los miembros del Kronos Quartet, aquí tiene como soporte a la Filarmónica de Brno dirigida por Dennis Russell Davies con varios invitados especiales como Ahnoni, quien participa en la narración, o el guitarrista Marc Ribot. El disco es breve, poco más de media hora de grabación, y se estructura en 22 cortes lo que hace que la mayoría de ellos duren alrededor del minuto pero esto no impide que la escucha sea fluida y coherente. La voz de la propia Amelia se puede escuchar en uno de ellos dando un toque extraordinariamente emotivo a ese momento.




El disco comienza con “To Circle the World” y la narración de Laurie acompañada de su viola eléctrica en la que presenta el objetivo de la misión con un ambiente que recuerda mucho a su clásico disco “Big Science”, especialmente con la entrada de la voz procesada. Transcurren los diferentes cortes sin solución de continuidad hasta llegar al primer dúo de la artista con Ahnoni (que dobla la voz de Laurie en “Aloft” con la estremecedora intervención de las cuerdas de la orquesta. Un breve solo de violín nos deja ante otro tramo de narración que va contándonos las diferentes etapas del vuelo, desde “San Juan” a “Brasil”, donde escuchamos la guitarra de Marc Ribot antes de pasar a “Crossing the Equator”, segunda intervención de Ahnoni envuelta en unas cuerdas que parecen mecidas por el viento y las olas y nos regalan alguno de los mejores momentos del disco. Un tono más grave se apodera de la grabación en “The Badlands” cuando comprobamos lo duro de la travesía y cómo Amelia lo tenía todo previsto cuando en la magnífica “The Letter” cuenta como llevaba una carta en un idioma que ni siquiera entendía para el caso de que el avión tuviera un accidente sobrevolando el desierto de Arabia con instrucciones sobre qué hacer y a quién llamar. Volvemos a escuchar a Ahnoni en la preciosa “India and on Down to Australia” que mezcla ritmos de la música india con las clásicas texturas de la música de Laurie, la orquesta y un dúo vocal magnífico a cargo de las dos estrellas. La segunda parte de la obra comienza con la voz de la propia Amelia Earhart hablando del papel de la mujer en el mundo moderno y su relación con los avances científicos y tecnológicos y enlaza con “Flying at Night”, otra de esas piezas de Laurie Anderson que nos recuerdan mucho a su obra maestra de 1982 citada más arriba: “Big Science” y que se cuentan entre las mejores del disco en nuestra opinión. En todo caso estamos en un tramo lleno de piezas muy interesantes que, por su corta duración y por el hecho de estar enlazadas unas con otras, hace complicado destacarlas individualmente pero “Road to Mandalay” es otra de las que merece la pena destacar, con un toque alegre a cargo de Ribot que contrasta con la tensión del resto del disco y el tono trágico que adopta a partir de ahora culminando con “The Wrong Way”, penúltima intervención de Ahnoni y donde empezamos a tener conciencia de que el viaje no va a terminar bien, algo que culmina en la conversación que escuchamos en “Radio” y en la emotiva “Lucky Dime” que cierra el disco con el siguiente texto: “Brilla. Mi avión brilla como una moneda de la suerte. Veo mi sombra en el agua. Lo que más recuerdo es el sonido del motor”. La última frase es la misma que Laurie utilizaba para abrir el disco media hora antes.




Somos conscientes de que utilizamos muy a menudo la palabra “fascinante” para calificar a muchos de los artistas que aparecen en el blog pero en el caso de Laurie Anderson creemos que pocas definiciones se le ajustan mejor. Comprobamos, además, con cierta sorpresa, que no le hemos prestado la atención debida a su discografía por aquí pese a ser una artista extremadamente influyente pero que apenas ha publicado un puñado de discos de estudio en más de cuarenta años de carrera. Trataremos de corregirlo en el futuro tratando de centrarnos en sus primeros trabajos. Mientras tanto, no dejéis de escuchar este viaje sonoro con el que Laurie rinde homenaje a uno de los grandes iconos del siglo pasado. Particularmente, “Amelia” nos parece uno de sus mejores discos en mucho tiempo, a la altura de su anterior “Landfall”.